Carlos Pistelli

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Vale la Pena ser Argentino?? Volumen 1

Habla el autor,

 

Cuando uno advierte y sufre el presente que vivimos empieza a preguntarse cómo llegamos hasta hoy. Cabría pensar entonces, cómo empezó la cosa. Y para qué empezó…

“¿Quisieron los fundadores de la nacionalidad segregarse de España para crear simplemente un país más?

Otra es, por fortuna, la magnitud de nuestra revolución. Su grandeza reside en el aliento universal que la posee, en la decisión de confundir en un ideal nacional, el ideal de enaltecer la condición del hombre. En el conflicto milenario que enfrenta al mundo de las cosas, y del poder de la fuerza que le son ajenas, con el mundo moral de los hombres y su ansiedad y angustia de justicia, el pensamiento de Mayo alza las banderas de una vida nueva, en la que resplandece límpida la dignidad del hombre, y despliega un proceso paralelo de emancipación nacional y de emancipación humana. Por eso no se detiene en los confines del país y se lanza hacia otras latitudes para combatir por la misma esperanza. Nadie revela el latido íntimo de la voluntad revolucionaria, con tanto vigor expresivo como San Martín, que proclama la independencia de Chile ante «la confederación del género humano» y define, en Perú, la causa Argentina como «la causa del género humano»

Esta identificación con una causa, erigida en móvil de la nacionalidad, nos caracteriza y distingue de los países europeos, que fueron preexistentes a los ideales que prevalecen en su seno. Un europeo puede contrariarlos, sin dejar de ser patriota, porque su patrimonio fluye ante todo, de su amor a su tierra natal. Un francés sigue siendo buen francés al margen del legado de la Gran Revolución, pues Francia, antes del 89, era ya Francia con propia significación, por su desarrollo histórico y sus aportes a la cultura y al progreso de la civilización.

La situación Argentina es distinta. Un argentino no puede ser buen argentino en oposición a las inspiraciones que promovieron nuestra formación nacional, porque la patria Argentina se constituye precisamente para realizar la concepción de vida formada en esas inspiraciones. El patriotismo argentino no es sólo el sentimiento que nos vincula al rincón del mundo en que vimos la luz primera y nos liga en un haz indestructible a sus tradiciones, recuerdos, perspectivas y emociones. Es todo eso, pero fundamentalmente a los principios de justicia y libertad que dieron nacimiento a esta tierra, a «las finalidades de la Nación», al decir de Yrigoyen. Antes de esos principios no existía la Argentina; existía la Colonia. Suprimidlos; suprimiréis el origen y la razón de ser de nuestra patria. Regresaría el sentido de la vida contra el cual ella insurgió; es decir, la negación de la Argentina.

A través de las generaciones frustrase el destino argentino; ora los mirajes europeizantes de quienes desconocen la índole de nuestro pueblo; ora el rebrotamiento de las raíces coloniales en la contrarrevolución agazapada o convertida en tiranía. En los pródromos del 80 concluye el ciclo de los partidos que contienden desde la caída de Rosas, y se consolidan en un régimen los grupos oligárquicos, – «variantes de una misma ignominia»-, que, prevalidos de los resortes del poder, privan al pueblo de su derecho y desvían a la comunidad de sus fines. Como una bandera ensangrentada por el sacrificio de tres generaciones queda la Constitución, que condensa la filosofía política de Mayo y delinea en su preámbulo y en su ordenamiento jurídico las direcciones y los métodos de la República. Pero es una ficción más, en el conjunto de ficciones grato al «régimen falaz y descreído», que gusta enmascararse con el ropaje de las instituciones y recita las formulas de la Constitución, mientras la torna en cuerpo inanimado vedando al pueblo el ejercicio de la soberanía.

He aquí trazadas las líneas divisorias. Por una parte, el «Régimen», con sus «figuraciones y desfiguraciones», con el aparato del Estado en sus manos, con todo lo que significa riqueza, fuerza, goce y usufructo; de la otra, «la Causa», el esfuerzo de los que se apartan del poder y sus grandezas, se repliegan en su conciencia histórica y ratifican en la abstención, o en la apelación heroica a las normas, su fe en la Argentina, que no es un mero país, sino un programa y un sentido de vida, cuyo protagonista debiera ser el pueblo redimido en su personalidad”.

Moisés Lebensohn

(Político radical fundador del Órgano de la Juventud, Convencional Constituyente en 1949, motor del Movimiento de Intransigencia y Renovación, concejal de Junín en el período 1936-40, fundador del diario Democracia, y amigo de Eva Perón, Nacido en Bahía Blanca en 1907, falleció en 1953)

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