Carlos Pistelli

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“Libertad de Prensa” y Ley de Medios.

Hace rato que quiero hacer un diccionario político argento. Hace rato que quiero adherir, a mis condiciones natas de historiador populista, elementos de un politólogo, Mis limitaciones en ese sentido, y a la hora de narrar casi siempre a las apuradas en el afán de publicar las ideas que se me van ocurriendo, conspiran contra mi posible elocuencia. Pero hay veces que me dejo llevar por la inspiración, y golpeo el mármol casi a ciegas, sabiendo que Moisés está escondido tras los martillazos. Así quel Miguel Angel que llevo dentro saldrá a relucir sus últimas luces de la madrugada.

    La Libertad de prensa en la Argentina ha sido la libertad más respetada de toda nuestra historia. Inclusive cuando se vilipendiaron todas las libertades posibles e  inimaginables, gozó de un predicamento que las demá, no. La base sustancial del Estado Constitucional argentino a partir de 1861 fueron estas tres:

  • El ejército, como garante del cumplimiento de los mandatos del que presidía circunstancialmente. La mitad de las veces para reprimir pobladas, la mitad restante para cometer fraudes electorales escandalosos.
  • El acuerdo político, entre los popes del poder.
  • La libertad de prensa.

  Si uno lee los periódicos de la época, y subsiguientes, observará que los actores políticos de la hora, se tiraban con todo. Pero con todo, todo. La Libertad de prensa fue un poder, en sí mismo. El diario La Nación, como el mejor ejemplo de esa oligarquía que se alzó con el ordenamiento estatal a partir de 1861, es una consagración de esa frase. Nunca fue el diario popular, en el sentido del más comprado, el más vendido, el más leído. Inclusive vivió penosamente en tiempos del propio Mitre en vida, de la¡os subsidios de los gobernantes a los cuáles la editorial del diario atacaba a mansalva. Hubo una etapa negra donde al diario no lo compraban ni cien personas. ¡Ni cien! Pero el prestigio de una editorial en La Nación, condicionaba la política interna, económica e internacional que un Gobierno pudiera tener. Y por supuesto, condicionaba la posibilidad de cualquier persona de acceder a estrados de reconocimiento público, especialmente en el ámbito cultural.

   Hay que hacer, entonces, una mayúscula salvedad. La libertad de prensa estaba vigente. La libertad de expresión, no. No es una mera diferenciación semántica. Es una profunda diferencia política. La libertad de prensa consiste en permitir a personas involucradas en tal proceso político (en un determinado margen de tiempo, grande o chico, para diferenciarlo de lo político, como sustantivo general) decir lo que fuera. Era un derecho fundamental de los miembros de la oligarquía que se repartían los cargos del Estado. Pero guay si Chacho Peñaloza, Felipe Varela o José Hernández intentaban expresar lo que pensaran: La muerte, el destierro, el escarnio público era la sentencia para tamaña ofensa. La libertad de prensa consiste en dejar opinar a los elementos alredor del Poder Real. La libertad de expresión consiste en que todos y cada uno podamos acceder a esa libertad de prensa. A decir lo que pensamos en donde se nos cante, y cuando se nos cante. La libertad de expresión consiste, en fin, en que podamos expresar el derecho a pensar, fuente inagotable del desarrollo y el progreso humano. No existe progreso y desarrollo humano sin esa libertad fundacional de cualquier Democracia.

 Agotaré los baches de la raya histórica. Obviaré a Yrigoyen, a Perón, al Proceso del ’76. Lleguemos al presente. Contando que desde aquellos años fundacionales del Estado, nuestro país terminó de entrar en las fauces del Capitalismo foráneo, como tan bien lo decía Evita en sus actos. Con lo bueno, con lo malo que eso significa.

  Hoy la libertad de expresión está garantizada en la vigencia democrática de la Constitución Nacional. Y cuando de algún modo falla, se le encuentra una vuelta de rosca para profundizarla, para realzarla, para dignificarla. Es posible que en la cruda crisis cultural que nos dejó la Dictadura uno no valore la importancia de esta libertad. Y la rebaje de los derechos humanos fundamentales, tomando en cuenta que el derecho a la vida (con todo el debate que esto puede aparejar), a la educación, al trabajo, a la vivienda, etc. etc, son cruciales para que un individuo sea. Pero les puedo asegurar que un linyera que no tiene casa, empleo, salud, mínimas condiciones de alimentación, habla y dice lo que quiere, aunque todos los veamos como a un loco descarriado. Para mí no hay mayor derecho, quel derecho a expresar lo que pensamos. Es lo que nos diferencia del resto de los seres vivos de la naturaleza. Perdonen, mi exageración apasionada, pero ese es mi genuino sentir.   En todo, en Argentina, la deuda de nuestra Democracia es con los niveles de vida, que alguna vez, dicen, tuvieron de una excelencia envidiable en todo el mundo.

  Entonces nos queda la libertad de prensa. Pero se nos metió el capitalismo en ella. Se nos metió el negocio que es tener un medio de comunicación. Se nos metieron las corporaciones empresariales de uno, varios o muchos socios, que informan con la delicadeza tan grande, de enriquecerse a su vez. Y vuelvo a hacer mi segunda profunda diferenciación. Decimos, reiteramos, “medios de comunicación”, pero no decimos, “medios de información”. Por qué? Porque los medios comunican una noticia, apelando a la línea editorial de su Corporación Empresarial, no que la informan prescindiendo de sus interpretaciones. Esa comunicación general puede bajar línea producto de los intereses financieros de la ‘Corpo’ (no hablo de Clarín), de los intereses políticos que sostenga, de defender una porción estimativa de los que acceden a su manera de comunicar, o de lo que a ustedes se les ocurra.

 Hay periodistas, cuyo prestigio ganado en años de trayectoria, pueden darse el lujo de contradecir la línea empresarial del Medio. Me viene al caso, Víctor Hugo en Continental, radio y grupo que juega con que tiene en sus medios distintas voces para que uno juegue a quien cree más, o se informa en un popurri que le permite a uno balancear opiniones y llegar a la propia. Hay otros que se sienten muy a gusto siendo los loros barranqueros del CEO del medio. Hay otros que quedan fuera de todo. Y hay los que recién empiezan, que se adaptan a las oportunidades brindadas, callando sus posibles convicciones a la hora de lo que soñaran de su profesión.

  Llegamos, al fin, entre tanto desvarío, a La ley de Medios Audiovisuales.

 Llegamos directamente a esta Ley que es una estaca al corazón de esa Corporación chupasangre llamada “Grupo Clarín”. Este verdadero Drácula de la Democracia vigente. Esta Corporación que ha vulnerado, ha negociado, ha presionado, ha conspirado contra los gobiernos de turno, quedó en tela de juicio. Creo que muchos sabemos qué significa Clarín en la Argentina. Pareciera ser que los que lo sabíamos, éramos unos cuantos en 2002, y hoy somos una gran mayoría entre los argentinos. Porque pareciera que hay montones de argentinos que se niegan a pensar. Para ellos que no les vengan con ideas que no afectan sus vidas diarias, Estas cuestiones no están en sus mentes. Tal vez la crudeza de sus vidas diarias les impiden tener un mayor esfuerzo de razonamiento más allá de las limitaciones que les provocan los problemas económicos de la hora. Son imparciales, Levantan los brazos como a neutrales que no les interesa este debate interesante. Vagan de aquí a allá, creyendo que estas cosas solo pueden estar en las mentes de los interesados, de los corruptos, de los ilusos, los líricos, y cuando no de los pelotudos que creen que pensando puedan llegar a cambiar algo.

  Pero Clarín nos quiere correr del centro neurálgico de lo que se debate. Recurre a argucias de buen trampero. Apela a una ley inviolabe del Capitalismo: la propiedad privada. Que importa como se adjudicaron las licencias, el artículo 161 de la Ley viola la propiedad privada. He ahí, el quid de la cuestión. Porque entramos en un terreno fangoso, donde uno piensa que aquí tambien tienen la de perder. Se verá que sucede.

  Como con todo, hay que preguntarse partiendo de las preguntas que se hace el doctor Moisés Lebensohn con todo: ¿Quién se beneficia con esta Ley?

  • En primer lugar, el Gobierno Nacional, que se sacaría de encima a un poder poderosísimo que condiciona la agenda comunicacional del país.
  • En segundo, los socios del Gobierno Nacional, que avanzan a despecho de su propio incumplimiento de la ley, al hacerse con los restos del posible naufragio.
  • La Democracia futura, que necesitaba de esta ley, para eternizarse en la profundización de los derechos y garantías del pueblerío todo, y que no venga ningún patrón a decirnos que votar, que consumir, cuando y con quien casarnos.

 Los monopolios vulneran toda posibilidad de Democracia Profunda, cualesquiera fueran. El de los medios de comunicación, particularmente, porque condicionan con sus titulares, con sus repetitivos y machacados titulares, la opinión genuina que uno pueda hacerse de determinado tema. Y si al mando del Monopolio Comunicacional, está un astuto y sombrío personaje, las cosas peligran todavía más. El problema, también, de esta posible y maravillosa ley, es que los que la quieren vigentes, mienten con sus alcances, y se dan ganadores cuando falta un largo trecho. Y que con los que la critican, u objetan algo de lo que se votó democraticamente, van a hacerlo a los canales, radios, y diarios, del Grupo que justamente mayormente se jacta, de jamás querer cumplirla. Entonces todo termina siendo una farsa, una pequeña gran farsa más, de tantas que conocemos los argentinos.

El decreto de Macri.

En el medio de todo este berenjenal, que arrastra casi cuatro años de una Ley de Consenso Nacional impedida en la Justicia, el ing. Mauricio Macri saca un decreto de necesidad y urgencia en la ciudad que gobierna. El espíritu unitario argentino renace, y Macri, lacayo de la Corporación Mediática, saca un DNU propicio para quedar bien con los que buscan el Capriles argentino. Hermes Binner, el otro elegido, siempre termina siendo un sospechoso. Macri, en cambio, es ideal para este tipo de aparatozas y abombadas acciones. Se la juega por proteger la “libertad de prensa”, reitero, la libertad del Poder, no la del pueblo, el mismo que reprimió a trabajadores, de la prensa inclusive, semanas atrás. Es una joda, y que agregue este párrafo a la nota, es para burlarme del “doctor Macri”, como lo llama sarcásticamente, el GEO de Clarín, la versión trucha de Magnetto en tuitter.

clarin

2 comentarios

  1. Carlos Pistelli

    Reblogueó esto en ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?y comentado:

    Sobre el DNU de Macri.

Trackbacks

  1. Lecciones políticas: El DOGMA CLARÍN. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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