Carlos Pistelli

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Estampas del Che II

che

Alguien que estaba a mi lado me mostró al Che, señalándolo con la mano. Allí estaba, en efecto. Delgado, el pelo hecha una maraña, el brazo en cabestrillo, el uniforme raído. Cualquiera lo hubiera tomado como el más humilde de sus soldados sino fuera por su mirada penetrante, con un inusual fulgor en medio del rostro fatigado, lo ve un testigo de la batalla de Santa Clara. Che no durmió esos tres días de combate más que cinco horas. Estuvo todo el día en combate, aún con el brazo herido, viendo morir al mejor de sus combatientes, llamado el vaquerito.

            A las diez de la noche del 31 de diciembre de 1958, el General en Jefe de Santa Clara le informaba a Batista de la caída de Santa Clara. Cinco horas después, el Dictador huía de Cuba. Estaba empezando, la Revolución Cubana.

  —

 II 

Che estaba en la madrugada del 3 de enero de 1959 instalado en la Cabaña, un fuerte de La Habana desde donde se controlaba la ciudad. En los meses que hizo la campaña desde la sierra a la capital, Che había logrado que todos los movimientos insurreccionales cubanos reconocieran la supremacía de Fidel y le siguieran a él los métodos de guerra. Había serias desconfianzas entre los distintos movimientos y la permanencia de Che en La Cabaña, como distante de los demás jefes revolucionarios que no pertenecían al Movimiento 26 de julio, podía mucho significar. Se ha nombrado un gobierno provisional con político moderados, y fuera de él han quedado Fidel, Raúl, Che, Camilo y casi todos los combatientes.

 Che sabía que eso podía pasar, y confiaba que Fidel no se dejaría engatusar. No se había peleado tanto para que manden otros, pero empezaban los recelos entre los triunfadores. Fidel viene desde el sur a marcha lenta, pueblo por pueblo, para asegurar el triunfo popular de la guerra. Che lo encuentra en el famoso pueblo de Camagüey, y algo entre ellos quedó confirmado. El 8 de enero ingresa Fidel a La Habana, asegurando el liderato revolucionario. Da el famoso discurso con la paloma blanca que se posa en su hombro, y logra conciliar a sectores opuestos. Finalmente, en los primeros días de febrero, asume el mando supremo de la Revolución.

 Será en ese enero de 1959, donde algunos ataques de asma someten a Che a cama permanente por varios días, cuando le visitan el periodista argentino Masetti y el chileno Salvador Allende. También de las preguntas de la población a qué se deben esas explosiones de ráfagas que se oyen detrás de los muros de La Cabaña. Son los fusilamientos a los esbirros del régimen depuesto, en juicios sumarísimos que Fidel, para sacarse de encima las críticas, manda plebiscitar en un acto ante un millón de almas. El verdugo de La Cabaña, como se lo terminará llamando por los exilados de Miami, empezaba a ser el alma fuerte de Cuba, detrás de Fidel.  

  —

 III 

En febrero se le otorga la nacionalidad cubana. Todo 1959 los contratiempos revolucionarios someten a duro examen a los revolucionarios. Finalmente, Fidel puede organizar una reunión de gabinete, donde le esperan Che y otros jefes. El argentino dormitaba, y Fidel empezó a comentar como organizaría su gobierno:

– ¿Hay algún economista entre nosotros?

            Che alzó las manos diciendo, Yo, mientras todos se reían de cómo se había despertado.

– Bien, resuelto ese tema, se dijo Fidel extrañado.

            Al finalizar la reunión le llamó aparte y le preguntó si se daba cuenta en la que se estaba metiendo

– Jue puta, dijo Che, pensé que preguntaste si había algún comunista

– ¡¡En manos de quien he dejado la economía!!, se rió Fidel.

 Se da inicio a la nacionalización de los bienes extranjeros y a la reforma agraria. Pero Che debate con algunos socialistas soviéticos que empiezan a rodear a Raúl, como el referente ruso dentro del Gobierno. Es el famoso tema de la centralización, o no, de los medios de producción; y de los incentivos morales o materiales para la formación del “hombre nuevo”. Para sacarse de encima a tan pesado intransigente y pensador, Fidel lo envía constantemente de viajes por el mundo a difundir la prédica socialista cubana pero sin molestar a Moscú. Algo que Che, se acostumbraría a desobedecer.

 —

 IV 

Rioplatenses que simpatizan con la Revolución le visitan. Osvaldo Bayer comenta que tuvo la irreverencia de cuestionar una idea del Che de armar guerrillas en las sierras de Córdoba y que éste le devolvió una mueca de odio y desprecio. Eduardo Galeano comete otro desliz: Le muestra una foto al Comandante bateando éste, el deporte yanqui por excelencia, en contraposición del fútbol, el juego popular rioplatense. “Traidor”, le dice, entre sonrisas. Se hace un silencio tenso, en donde la seguridad del Che teme lo peor. Éste se repone, apenas un instante: “Eres el primer hombre que me llama traidor y vive para contarlo”, y no se habló más. Galeano debe haberse meado en las patas.

 —-

 V

En abril de 1961 los Estados Unidos invaden Cuba por Playa Girón apoyando una vieja idea de la CIA, Eisenhower y los emigrados cubanos de Miami. Fidel, en un movimiento estratégico genial, los derrota, humillando al joven presidente JFK. Che ha trocado sus primeros puestos revolucionarios en Embajador itinerante, y como tal, viaja a Punta del Este a tratar con Arturo Frondizi, presidente argentino, una posible salida política a la rivalidad yanqui-cubana. Habla pestes del plan yanqui para aislar Cuba del resto de las naciones americanas. Es recibido como un héroe por la juventud oriental, al grito de “Cuba sí, yanquis no”. Su halo legendario se extiende por todo el continente.

 Su famosa entrevista secreta con Frondizi termina de la peor manera. Con Frondizi derrocado meses después. Finalmente se suceden los días de la hecatombe. La llamada crisis de los misiles, donde queda claro la extrema creencia arraigada de Che. Prefiere morir en su ley con sus revolucionarios (la totalidad de la isla de Cuba) a someterse a los yanquis. Cuando Nikita Krushev tranza con Kennedy a espaldas del Gobierno de Fidel, se desató una ola de griteríos contra los rusos, que Fidel aprovechará para sacarles ventajas comerciales. “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita”.

 Pero para Che, sería un camino que ya jamás desearía recorrer. Y el fundamento de su final, apenas cinco años después.

  —

  VI

En ese viaje fugaz a la Argentina de 1961, ultra-secreto, Che tiene un momento de distensión con el chofer que lo lleva a Olivos.

– Oiga, don, a usted le gusta el rugby?

– Pues, no, Comandante

– Entonces no me sabrá decir como le va al SIC… y Oiga, sabe como anda el Rosario Central?

– Ah!! Esos sí que andan buenos, Le hicieron cuatro a San Lorenzo el otro día. Hay que hacerle cuatro a San Lorenzo, Comandante,

             Se sonrió para sí. Buenos augurios si el Club de sus amores, lograba vencer justo cuando él estuviera de visitas. De esa fugaz y última visita a su tierra natal. Se comerá un churrasco que le prepara la mujer de Frondizi y visitará a su tía querida en Arenales 2208. Para luego irse al Brasil, y no volver nunca más.

 —-

 VII 

En uno de sus viajes, deposita en París. Allí le dice a unos amigos, “Con Fidel, ni divorcio ni casamiento”, con lo que quería decir que era el final de su estadía cubana. A partir de entonces recorrería el mundo en pro de la Libertad, y encontrará oscura muerte en Bolivia, años después. El egipcio Naser se lo intentó explicar, pero no le oyó: “Quiere ser usted Tarzán, ayudando a los monos africanos. Usted nunca será recibido bien aquí, lo tendrán como blanco, en este continente de negros”. Lo mismo le sucedería en Bolivia, país que había descrito magistralmente en sus viajes en motocicletas, cuando escribiera, “están tan sometidos que ni ánimos de queja tienen”. Pero fue en busca de la lucha armada, en tiempos distantes que parecen no querer volver. Y encontró la muerte valientemente, cuando le necesitáramos con vida muchos años más. Contaba 39 años, la misma edad con la que cayeran asesinados Emiliano Zapata y Augusto Sandino. Regras Debray cuenta una anécdota de aquellos días finales que define al personaje: “Oye, si tuviéramos apenas para comer dos terrones de azúcar y fuéramos diez combatientes, ¿qué harías tú?”, ¡Pues los sorteo entre dos de nosotros!. “Eres un come-mierdas, lo dividimos en diez partes, porque de ningún modo generaremos una oligarquía entre nosotros: Sería la claudicación de nuestra causa”.

 “Era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazo, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir”, lo describirá el general Perón al conocer su asesinato. Con sus palabras nos quedamos para definirlo mejor.

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