Carlos Pistelli

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Leandro Alem.

ALEM

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El Caudillo de largas barbas blancas lo observa todo desde la ventana del Comité de la Unión Cívica. Luego se sienta en un viejo sillón, encendiendo un cigarro. Mira sus manos envejecidas. La melancolía le ha vuelto con mucha más fuerza: ve a su padre muerto, el disparo que lo derribó en Paraguay cuando la guerra, la madre muerta y su cuerpo extraviado, la derrota en los debates de 1880, las mujeres que abandona, el chico que le salva la vida días antes en el Parque. El cuerpo y el alma le piden ginebra, mas se resiste a beberla. Debiera descansar, pero no. No puede, no quiere, no debe. Tiene que continuar, aunque el camino le depara fracaso y defecciones. Su vida ya no le pertenece: la ha entregado a la muchedumbre, y los gajos de ella se reparten por la República. Jóvenes de ciudad siguen su idealismo; ricachones que vieron alterar sus ganancias culpa del mal manejo de Juárez, creen en su liberalismo político; antiguos compadritos están con él porque la Unión Cívica les asegura pleitos; la masa va siguiéndole porque es macho, y eso gusta a los hombres, y desmaya a las mujeres; los inmigrantes pobres, decididos a arraigar, acompañan para no quedarse solos en sus casas, y  a la vez participar de algo lindo y heroico. Pero son pocos, casi ninguno, los que entienden porque hay que luchar. Entonces no puede dejar de pensar en el sobrino. Cierra los ojos un momento y lo recuerda criatura, gritando por las calles cuando salía con su padre en el carro de ventas, cuando juntos vendían los dulces de doña Tomasa. Luego abre la mirada, echa la bocanada de humo y ordena:

– Cuelguen crespones negros de las ventanas de los comités. A Juárez no lo derribó la Revolución. Sabemos que fueron las intrigas de Palacio lo que se llevó puesto al Presidente. El régimen permanece intacto.   
Juan se sobresaltó:
– ¿Qué quiere decir con esto, doctor?
– Que nada ha cambiado, mi amigo, pero no lo ande divulgando.
– ¿La misma mierda con distinto olor, dotor? – preguntó Pereyra.
    Alem sonrió.-
¿Y qué propone usted? – inquirió Nacho.
    Alem pensó un instante:
– Participar de la farsa electoral, pero conspirar, conspirar siempre, para preparar una nueva tentativa revolucionaria… Tenemos que generar un caudillo popular que disponga de las instituciones y resortes del poder y los utilice en beneficio del pueblo.
    “Imagino que no pertenezco a ese pueblo”, pensó el aristócrata Nacho.
– Debemos regenerar a la República, deponer al sistema por la fuerza o por las vías electorales, y generar una Democracia con libertad electoral, honestidad en los cargos públicos, impersonalismos en la alianza y sentimiento nacional y popular.
– ¿Y quién es ese caudillo? ¿Usted? – preguntó con malicia Ignacio mientras abandona la habitación en busca de Pablo.
    Alem continuó su perorata. Fue Barroetaveña, su joven y gran amigo, el que preguntó:
– ¿Con el General Mitre de candidato presidencial?
    Y Alem, sintiendo la ausencia del sobrino para sacarlo de tal brete, dio la callada como respuesta.

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LEANDRO ALEM había nacido el 25 de febrero de 1842 en la Ciudad de Buenos Aires, aunque algunos confunden su fecha con la del 11 de marzo: Había nacido, el mismo día quel Libertador San Martín, pero 64 años después. Y ciento ocho antes de Néstor Carlos. Su padre, un pulpero medio loco se junta con doña Tomasa, una media india, y forjaron el temple de don Leandro; A los 11 años presencia el colgamiento público de su padre acusado de un crimen, se sabría después, no cometió. Pero Leandro Alen, así con N, era rosista y simpatizaba con los mazorqueros, la patota parapolicial que Juan Manuel de Rosas usaba contra sus enemigos, y eso en los tiempos posteriores a Caseros o Morón, era causal de desprecio en la nueva sociedad porteña;

 Cursó sus estudios vendiendo los dulces que preparaba su madre: Quien le acompaña a todos lados, es su inseparable sobrino, y diez años menor, Juan Hipólito Yrigoyen. Hijo de su hermana y del vasco Yrigoyen, los opositores a ambos dirán que el borracho del tío siempre supo que el sobrino era hijo, en verdad, del mismo Rosas, y eso, en los tiempos de entonces, era algo así la muerte político y social;

 Pero ambos se repusieron del desprecio social: Leandro se cambia el apellido, se inventa su segundo nombre (Nicéforo) y sale a la lucha política que lo motiva y desvive. Combate en las batallas de Cepeda y Pavón, en la guerra del Paraguay, donde casi muere. Es patotero y jefe de los compadritos. Como dice el historiador JOSÉ Ma. ROSA, el ser tan reacio a los conciábulos del poder, convirtió a Alem en un matón, en un puntero político, y finalmente en un Caudillo Parroquiano, bien dispuesto para el entrevero, con pasta de poeta e intelectual, y defensor de la Causa de los Desposeídos. Se opone a los acuerdos a espaldas del pueblo, Su intransigencia y su verba inflamada le ganan la multitud. Pero después de su derrota de 1880 donde se opuso a la capitalización de Bs. As. (es como poner la cabeza del león en el cuerpito de un ratón) se retira al recato público.

 Pero Alem, vuelve. Vuelve en 1889 para dar el discurso que encendió los corazones de la Juventud Universitaria porteña, y alimentó la Esperanza de una Redención para los pobretones del país, en esos fogones apasionados de discusiones y juramentos;

Les contaba de Alem, porque toda mi vida viví sobre la calle Leandro N. Alem (Que significa la N?, dirá una vez, N de nada) La primera vez que me supe parte de algo más grande que mi familia y el fútbol, fue investigando quien era este Alem que daba nombre a mi calle. Mi viejo era alfonsinista así que investigar sobre el fundador del partido de Alfonsín me hizo creer que me acercaría más a él. Yo me enamoré de Alem, cuando soltó una frase, precisamente en Rosario, en lo que fue el primer esbozo de biografía sobre él. Cuando un hombre está en el poder, necesita el consejo, el apoyo, el cariño y el aliento de sus gobernados, que han de ser sus amigos, no sus vasallos ; pero si ese hombre se olvida que se debe al pueblo y no respeta derechos ni constituciones, el pueblo tiene la obligación de recordarle los deberes de la altura, e imponerle su soberanía, si no por la razón, por la fuerza!

Alem era revolucionario, radical, romántico, y se mató de un balazo porque ya no podía más consigo mismo. Álvaro Yunque, su biógrafo mejor, recuerda que cuando el maestro de su escuela se lo contó al estudiantado en clase, sintió que a Buenos Aires le faltaba su alma.

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Leandro_N._AlemSu discurso en Setiembre de 1889 en el ´Jardín Florida, me lo se de memoria, porque siempre me conmovió: En una carta escrita no hace mucho a un viejo y querido amigo, le decía que ya no hay jóvenes en la República. Los titulan serlo, no lo son más que en la edad, los ideales generosos, las iniciativas patrióticas, no cuentan con su apoyo ni con su entusiasmo; cuando se les habla de la Patria, los deberes patrióticos y el cumplimiento de los derechos civiles, toman esas palabras con solemne desprecio, considerando que esos asuntos solo pueden ocupar las mentes de los ilusos, de los líricos y cuando, no, de los tontos:


 Os confieso que mi corazón se llena de alegría al presenciar este movimiento varonil, noble y  levantado por la juventudor que así desmuestra tener la mayor virtud del Hombre: el carácter. Conservadlo siempre puro, moral, justiciero. No desfallezcáisen esta obra grande que inciáis llenos de fe y de entuasmo Y si alguna vez necesitáis la ayuda de un hombre todavía joven, de largas barbas blancas, pronunciad mi nombre, y correré presuroso a ocupar mi puesto con el ardor, la fe y la esperanza de mis primeros años
,” La tribuna se vino abajo y su nombre fue coreado hasta el Hartazgo. Esas frases sobre el desinterés de la juventud por los asuntos de la Patria tienen tanto asidero en el presente, que me da vergüenza llamarme argentino, vivir en su calle y considerarme alemnista.

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Quise enfrentar la montaña, y la montaña me aplastó
´Para vivir inútil estéril y deprimido, es preferible morir:
¡¡Sí, que se rompa pero no se doble!!

Ah! Cuánto bien ha podido hacer este partido si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores…¡No importa! Todavía puede hacerse mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra. ¡Deben consumarla!.
¡¡Adelante, los que quedan!!

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Esas frases sacadas de su testamento político, me obligan, por cuestiones de decoro, a completarlas: Ojalá pueda, alguna vez, cumplir con tanto que me juramento….

 

9 comentarios

  1. Morlo

    gigante Alem, una calle le queda chica. Por suerte a un parque muy lindo con su nombre.

  2. Otro que nació el 25 de febrero es el ex presidente Kirchner;

  3. Adrian

    me llena de orgullo que halla gente como vos, soy un estudiante universitario de tercer año, y cuando estudio por las noches mas de una ves sigo motivado por sus fraces, y mas que todo por ese parrafo que vos marcaste de su testamento, soy un radical, radical de alem, y se que algun dia voy a poder defender sus ideales y sus colores en al politica y lo voy a hacer con mucho orgullo, espero contestes a mi correo, saludos amigo de ideales.

  4. Teniente

    “Toda mi vida acepté, a regañadientes, que la valentía era un recurso temporario de los jóvenes. Acercale a la Sra. Presidenta, si no implica molestarla, mi respeto por su templanza y su firme determinación juvenil. Para vos, un abrazo con buenos presagios. Indio”.

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