Carlos Pistelli

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El debate que nos deja Chávez: ‘Demócratas’ vs ‘Populistas’.

hugo-chavez

Escribo estas líneas al calor del dolor que me ha producido su partida a Saint Térriens, donde departirá partidas de ajedrez con Simón y José, los libertadores que le precedieron en su lucha. Escribo estas líneas esperando ser lo más claro posible, y lo más fiel a mis ideas que pueda.

La Historia.

Decía Arturo Jauretche, Para una política realista, la realidad está construida de ayeres y de mañanas, de fines y de medios, de antecedentes y consecuencias, de causas y concausas. Véase entonces la importancia política del conocimiento de una historia auténtica: sin ella no es posible el conocimiento del presente, y el desconocimiento del presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro, porque el hecho cotidiano es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será… Se ha falsificado la historia para que la inteligencia nacional estuviese en el Limbo, mientras operaban otras inteligencias al servicio de una política planificada, desde luego porque toda política implica un plan. Pero desde el Limbo no se puede pensar el futuro. Las naciones están en el mundo y no en el Limbo, y desde el mundo -la realidad- construyen su destino. Pasado, presente y futuro, son historia. La política de la historia falsificada tendió precisamente a cegarnos la visión de los fines históricos con fines ideológicos, de no dejarnos ver los nacionales para limitarnos a lo que llamaron ‘institucionales’. De allí nuestros demócratas que no acatan a las mayorías, y nuestros liberales que reprimen la libertad. La libertad se puede reprimir para defenderla mejor, y suspender la democracia para salvarla. (Política nacional y Revisionismo histórico, 1959)

Los orígenes.

Observen lo que dice José Ma. Rosa en su tomo XI de Historia Argentina, Observen lo que dice del Yrigoyenismo: A los radicales no los unía una convicción racional, sino la lealtad emotiva a la agrupación y al jefe. No era un partido, sino “un temperamento”, había dicho Pellegrini en 1898. En el <movimiento>, como llama Yrigoyen al partido, cabían las más opuestas posiciones, siempre que coincidieran con tres postulados básicos: sentimiento patriótico, gobierno por el pueblo y preeminencia de los valores morales sobre los materiales. Que fue, en síntesis, la prédica de Yrigoyen y el programa de sus dos presidencias. En la primera hizo verdad el sufragio con las intervenciones reparadoras (que tanto indignaban a los profesores de derecho constitucional)… La ‘gente racional’ no podía entender el lenguaje ni el propósito del Yrigoyenismo. Comprensiblemente tuvo aversión a Yrigoyen y al Pueblo que lo seguía. La incomprensión y la impotencia son las raíces del odio. 

Lo mismo podríamos decir, en Argentina, del trato de las escuelas de estudio histórico con respecto a Juan Manuel de Rosas. Mejor no hablemos de gente que llegó a escribir”Viva el cáncer”, para cuando los tiempos de Evita.

jauretche y pepe rosa

La demagogia.

Salvador Ferla, en su “Historia Argentina con drama y humor”, nos trae un término vilipendiado por la razón y las buenas costumbres: la demagogia. “Esto de la demagogia es un mito no perturbado, no impugnado por nadie a pesar de su notoria falsedad. ¿Sabe una cosa, lector? . . . La “demagogia es la democracia”. En los tiempos de la guerra por la Independencia usaban ambas expresiones alternada e indistintamente. “Demagogia” es el nombre que la aristocracia y las oligarquías le dan a la democracia sustancial. Es un concepto viejo, como vieja es la intención descalificante de todo intento de reivindicación popular. En la Roma antigua tildaron de demagogos a los hermanos Gracco que propugnaban la reforma agraria . . . Demagogos han sido Artigas, Dorrego, Yrigoyen y Perón. ¡Qué curioso! En una sociedad formalmente democrática y formalmente cristiana, cada vez que alguien desde la función pública o desde la jerarquía política se dirige al proletariado, resulta que no está haciendo un acto de fidelidad a los principios políticos y religiosos, no está haciendo un acto de alta eticidad, sino todo lo contrario, está cometiendo una inmoralidad. Y la inmoralidad no estriba en que el demagogo prometa a los humildes hacerles desempeñar una función legislativa para la cual no están preparados y que ‘no desean’; tampoco en que les anuncie milagros económicos inverosímiles. ¡No!  Nada de eso. El pecado de demagogia consiste en instituir a los humildes como “finalidad de la política”. Señores, dejen que a partir de hoy me llame adscrito a la demagogia.

El presente.

Los “demócratas” de hoy, como ayer y siempre, hablan las mismas nociones vacías. Respeto a las Instituciones, a la Constitución, a las Leyes, y ponderan a la Corte Suprema de Justicia, casi siempre integrada por miembros cercanos a sus mismas ideas. La historia de las cortes supremas en el páis (como dice el negro Olmedo) tiene un legado que contradice todo lo expresado, solo contando la “acordada” del año ’30. Se quedan en el hilo discursivo perdiendo lazos con la realidad. Por supuesto que critican las exageraciones y las extralimitaciones del que gobierna, cuando les toca ser oposición. Pero no ofrecen mayores alternativas superadoras si les tocara ser gobierno. Es muy sencillo a los “demagogos populistas” ubicarlos juntos con la oligarquía o el Imperialismo, denostación característica de estos grandes líderes.

No es sencillo gobernar y construir una estructura de poder que los mantenga en el Gobierno sin recurrir a medidas denominadas ‘demagógicas’. ¿No tiene raíces demagógicas de distracción de la realidad las “bicisendas”? El tema, entonces, a quien están direccionadas las decisiones demagógicas de los Gobiernos.

Los populistas en el Gobierno.

Por esas muecas del destino, cuando los populistas llegan al gobierno, es porque la sociedad está harta de los “demócratas”. Y siempre que llegan, hay una favorable situación económica que les permite realizar su obra y acción de gobierno. Es imprescindible, pues, tomar nota hacia donde dirigen el reparto de la plata que les sobra. La primera observación que surge de su paso gubernamental, es que consiguen eliminar el analfabetismo de raíz de sus sociedades. Yrigoyen y Perón, al menos en Argentina, lo consiguen de plano. La UNESCO, a quien ninguno de nosotros puede llamar pro-populista, ha reconocido que Venezuela eliminó el analfabetismo por primera vez en su Historia en esta década que pasó. El segundo dato, estadísticamente hablando, es que logran ingresar a grandes estratos marginales a la sociedad capitalista, tras años de empobrecimiento material y cultural. En una primera etapa, constituyen un Frente Nacional, más que nacionalista, de conglomerados sociales, de caracteres abarcativos, y en algunas ocasiones, totalizadores. Las oligarquía, o al menos sus dirigentes más preponderantes, las minorías racionales, el gran pueblo, la Iglesia, las fuerzas vivas, se postran tras sus liderazgos, convertidos en solución nacional a la herencia adquirida. Mas cuando los populistas desandan sus caminos, empiezan las contradicciones internas, casi siempre resueltas con una brillante política exterior. De ahí a las peleas internas, un paso. Que casi siempre se resuelve con blanquinegros extremistas, por el cual los que quedan de lado y contrarios al ‘populismo’, son lacayos traidores a la Patria Grande. Algo de eso hay. Algo exagerado, también.

La gran situación de los populistas se presenta ante la inminencia de una crisis financiera, cuando no económica. La torta a repartir se achica, y hay que decidir. Los actores quedan resumidos, económicamente hablando, a tres entes sustanciales. El Estado Nacional, la Oligarquía financiera, los Organismos Internacionales del Crédito. Es entonces que tienen que decidir. O mantienen su clientela electoral y social, o ajustan, y se pierden para siempre. Apelan al fraseo gastado de épocas mejores, y se ponen las botas de la guerra, y los zapatos austeros, para recorrer las barriadas donde se sienten más a gusto, quen sus propios despachos. La situación les aprieta el cogote, y entonces, finalmente deben ceder. Es el momento cúlmine de sus luchas y peleas, de su fraseología ideológica. Casi siempre resuelven de la misma manera: Acuden al crédito externo, para no ajustar el presupuesto social, aunque de sus propias filas los acusen de defeccionar, y no tener que tranzar con los elementos de poder local. Es preferible sentarse con el FMI, ejemplo, a tener que pedirle de prestado a los mismos que los acusan de todo lo habido y por haber. De un acuerdo financiero con el exterior se puede volver, De sentarse a dialogar con las oligarquías, no.

Homero Manzi, un indispensable pensador y magno hacedor cultural argentino, se reunión con un grupo de jóvenes en los albores del ’30 en el domicilio particular de Yrigoyen, El viejo cansino los recibió en ropa de calle, y les habló de la importancia de dar la pelea callejera para defender su política petrolera, de la defensa nacional del monopolio de la explotación de la riqueza del subsuelo nacional. Manzi, tuvo el atrevimiento, él mismo lo dice, de preguntarle, “Pero doctor, la tierra no la vamos a tocar?”. Yrigoyen lo miró con esa picardía que le habían ganado más mujeres que elecciones, y le respondió, “Joven, del subsuelo al suelo, hay un tantito así”, haciéndole el gesto con el dedo pulgar y el índice. Por eso cayó Yrigoyen, Porque viejo, cansino, y vapuleado, no quiso ceder. Cayó con las botas puestas, pero cayó.

La encrucijada de los pueblos.

La mayoría de los mortales del siglo XX se informaban noticiosamente por medios comunicativos casi siempre reacios al Populismo, y no pocas veces, opositores al mismo, y hasta conspiradores del mismo por verlo caer estruendosamente. Interné en el tercer milenio nos ha permitido nivelar la balanza. Pero mayoritariamente, somos tendientes a creer la desinformación que crean los Medios de Comunicación (y no de información, véase mi nota: https://carlospistelli.wordpress.com/2012/11/30/ley-de-medios-a-mi-manera/ ) que a revisar minuciosamente qué nos informan. Es la famosa bajada de línea, que sumada a loritos parlantes de ideas que les debieran ser ajenas, dejan a los pueblos sin el ropaje necesario para entender de lo qué está pasando.

Entonces, los pueblos, o se someten, o se resignan, o se rebelan. La asonada cívico-rural de 2008 y la famosa 125, describe mejor que otras, situaciones de este tipo de momentos.

La lucha por la América Libre.

Hugo Rafael Chávez Frías es el primer caudillo de las libertades americanas que brindó la mayor lucha por liberar culturalmente a los pueblos de la América Libre, valga la redundancia. Hay, determinados vocablos que sintetizan, mejor que explican, una idea, una plan, un proyecto, la Historia de una Sociedad. Ese vocablo mayúsculo en la comprensión de nuestras tierras, es Latinoamérica. Los estadounidenses se han apropiado del término “americanos”, que muchos loritos, cipayos, antinacionales, reiteran sin, ni querer, darse cuenta. Arturo Jauretche dio en la tecla de la cuestión. Ha sido, tal vez, el mayor aporte cultural de don Arturo a la Historia Mundial. “Tenemos que dar vuelta el mapa mundis, como Marx dice que hizo con las ideas hegelianas”. Hay que poner patas para arriba el globo terráqueo, ubicando a Argentina, Sudáfrica y Australia arriba, Europa y EEUU abajo. Porque en un huevo terráqueo como es nuestro planeta, no existe, ni debe existir, nadie que esté arriba, nadie que esté abajo. Como también es una mentira absoluta y absurda, el hecho que la mayoría de los mapas tienen un garrafal error de escala métrica favorable “a los estados centrales”. Por ende, Europa, que es un continente perteneciente a un continente mayor, Eurasia, tiene proporciones enormes, Vean sino, a recuerdos mentales rápidos, que grandes son Alaska o Groenlandia en esos mapas mundis geográficos, que difieren estruendosamente, de la verdá de la mandarina.

Chávez quiso dar la pelea en un terreno totalmente imprevisto. Ya mucho que peleaba por las mejores sociales de su Pueblo, y la Unidad Continental, para “quencima” diera vuelta esa tortilla de añares: Quiso darle a nuestro subcontinente, un nombre más propicio, y fue el de “Indoamérica”. Batalló por doquier intentando ganar la partida. No me viene al recuerdo si él llamó ‘americanos’ a secas a los estadounidenses. Lo importante es que dio una batalla olvidada que nos obliga a retomar fundamentalmente. Basta de llamarnos cipayamente ‘latinoamericanos’. “Llamémosnon”, americanos a secas. Ese nombre, nos pertenece por sobre todas las cosas.

El hijo del Estado Demagogo y Populista.

Hace unos días me tocó estar en el acto de inicio de clases de mi, digamos, de mi hija. Se entonaron las estrofas del Himno Nacional. Fue uno de los episodios más desagradables que me hayan tocado asistir. Un desgano obligado, y un CD de audio, que, o se saltaba, o se caía el sonido, En fin, un despropósito. ¿Por qué será que cantar el Himno en una cancha nos enciende los corazones? Porque el fútbol, aun con su violencia simplista, ha reemplazado en los corazones de los habitantes de los Hogares argentinos, el sentido de Patria o Nación, el famoso y nunca mejor ponderado sentimiento nacional. Es que los chicos que iniciaban el ciclo lectivo, sus profesores y autoridades, son hijas del Des-Estado liberal del Menemato. Yo vengo de una generación anterior.

De esa generación anterior en la cual los pibes nos matábamos para ser San Martín o Belgrano en los actos homenajes vísperas del feriado.

De esa generación anterior que aprendía la Historia de los librecos, que provenían, justamente, de los que descreían de contarla mejor que no fuera en afinidad a esa idea de Democracia sin Pueblo, de Instituciones sin calor democrático y popular.

Básicamente porque provengo de los últimos zarpazos del Estado del Bienestar, en procura de saldar las desigualdades sociales en beneficio de los más.

Provengo de una familia de clase media baja, que mandaba a sus cuatro hijos a comer al Comedor Escolar los mediodías, inclusive en vacaciones. Es decir que nos la pasábamos almorzando con los famosos “negros”, los “cabecitas negras”. Jugábamos con ellos. Y adviértase el “jugábamos con ellos”, como si nosotros cuatro viniéramos de la aristocracia más fecunda del Mundo. ¡Por favor! Si me dan a elegir entre esta, nuestra clase media, que desprecia a los “negros” ayudados por el estado populista y demagogo, en términos generales, advierto, y ser un “negro”, Pues bien, yo me sostengo un negro de veras. Porque negros eran los que seguían a Artigas a la hora de constituir la Independencia, a Belgrano y San Martín, a los caudillos y a Rosas, a Yrigoyen, a Perón, a Evita y al propio Chávez.

Negros seremos, en esta ‘Indoamérica’, como la llama Chavito, América a secas, como debiéramos llamarla al fin. No soy de los que dejan sus convicciones en las puertas de la Casa Rosada, como dijera alguno tan importante para nuestro suelo, Como aquellos que hacen política militante saliendo por canales televisivos por cables, olvidándose de sus trayectorias de años, para no ofender a Su Excelentísima Majestad.

No soy partidario de los blanquinegrismos, porque no ayudan a nada. Pero si me dan a elegir entre Demagogia Populista, y Demócratas Liberales, ya sabrán donde me encontrarán. Si en mis escritos, donde despliego con lealtad mis ideas personales de investigación histórica, sostengo a Artigas contra el Puerto; a los Caudillos contra el linaje unitario; a Rosas; a los vanos intentos de Urquiza; a Alem y a Yrigoyen; a Evita, más que a Perón, al Illía que expulsa a los que lo deponen; al Alfonsín, contrariado y confuso, que se expone a sí mismo como el baluarte de una síntesis de los términos esbozados, Yo debo honrar la memoria de don Hugo Chávez Frías. Porque es un compañero de nuestra indómita causa. Porque soy hijo de los mismos que llevaron a cabo sus ideas en mi Nación circunstancial, la Argentina, pero a la que abrazo con denuedo y pasión.

Al fin y al cabo, porque a mis 34 años y medio, sigo creyendo en que Hombres como Chávez, ayudan mucho más que empeoran, a Ser mejores personas, a ser libres de veras, alentando con firmeza y convicciones sustanciales, levantando al viento, la vieja bandera emancipadora, Ésa que no se mancha, Ésa que él izó cuando parecía todo perdido.

Salud, Chavito, nadie como tú!

 

4 comentarios

  1. madifazio

    Este es el mejor Pistelli, el que esta al lado del pueblo, el que comprende cabalmente que es lo que mas le conviene a todos los habitantes de este hermoso, prospero, trabajador, lleno de oportunidades suelo americano.

  2. Carlos Pistelli

    Reblogueó esto en ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?y comentado:

    Apuntes sobre la Democracia.

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