Carlos Pistelli

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Semana de don Juan Manuel

Rosas

En charlas con el doctor Ricardo Caballero y otros correligionarios, Yrigoyen soltará en una conversación sobre el viejo tirano: “Cuando ustedes estudien la personalidad del general Rosas, dirijan las investigaciones a destacar la nobleza y la altivez de su vida solitaria en el extranjero. Es para mí ese período de su existencia azarosa, el que ilumina con mejor luz el fondo de su recia personalidad”.

           Rosas vivirá su largo exilio en solemne austeridad. Como hicieron con Napoleón, su crucial enemigo de la hora, los ingleses acogieron a don Juan Manuel.  Apenas se carteará con algunos amigos y viejos colaboradores. Vivirá modestamente de sus granjas, de ahí su apodo farmer, y por algunos dineros que le manda Urquiza, a quien aconsejará paternalmente sobre cambiar sus actos, que lo llevarán a la muerte si sigue así. Y volverá al país recién en 1989, ciento veintidós años después de su muerte. Pero ni su regreso le hace merecido honor a su grandeza: Se andaba en los planes de indultar a Videla y cía, y el arribo de sus restos entraban en la falsa lógica de la pacificación nacional esgrimida por el entonces presidente Menem.

               Así se fue Rosas. Al menos pudo mandar a callar desde el más allá a José Mármol, quien dijera Ni el polvo de tus restos la América tendrá. No volverá a formar familia pese a que intentó llevarse a Eugenia Castro, su “querida”. Tal vez ella se hubiera convertido en su “Isabelita”, y se dejaran retratar posando con algún perro caniche. Tuvo su 17 de octubre en 1833, de la mano de su “Evita”, Encarnación Ezcurra. Montoneros morían y mataban por su vieja causa, y asesinarán a Urquiza, su Aramburu. Su López Rega, Cuitiño, morirá antes de tiempo. Si pronunció las máximas Me llevo conmigo las más maravillosa de las músicas…  ya no podríamos decir.

                    Manuelita le tomó las manos frías cuando se moría, “Cómo se siente tatita?”, No sé, mi niña, y así se nos fue el Padre de la Nación.

               Algo más, que vale contar. En la última carta que se le conoce, todavía comenta de su decisión de haber fusilado al cura Gutiérrez y a Camila O’Gorman. Al pobre viejo, evidentemente, todavía le pesaba en la conciencia el haber mandado a matar a la chica embarazada…

3 comentarios

  1. Alejandra

    Rivera Enrique, Cuadernos de Indoamérica..p.22-25
    Rosas expresa la resistencia nacional de todo el país a convertirse en colonia…pero no va más allá, es decir, no asume la bandera de transformación del país en un país capitalista independiente..

    • Carlos Pistelli

      Gracias Ale, vos siempre tan elocuente para afirmar algo que le faltó a don Juan Manuel.

  2. Prudencio Martínez Zuviría

    Como bien decía don Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen Alen, hijo de don Martín Irigoyen y de doña Marcelina Alen, hermana de don Leandro Antonio Alen, conocido como don Hipólito Irigoyen, quien fuera por dos veces Presidente de la República Argentina, y sobrino de don Leandro Nicéforo Alem, fundador de la Unión Cívica Radical (UCR), quien se cambió la última letra de su apellido (la ‘M’ por la ‘N’) para que no sea discriminado el resto de su vida por lo que su padre pudo haber hecho durante la gobernación de Juan Manuel de Rozas.
    Caído Rozas en la traición de Caseros, los mazorqueros, el señor coronel don Ciriaco Cuitiño y don Leandro Além, fueron llevados a juicio por los unitarios y sentenciados a muerte, los mismos sabían que no podrían apelar la sentencia, ya que en el mes de octubre, dos meses antes, habían sido fusilados y colgados por la misma causa, dos mazorqueros llamados Manuel Troncoso y Silverio Badìa
    Cuitiño y Alem fueron ejecutados a las 9 de la mañana, del 29 de diciembre de 1853 sobre el paredón de la iglesia de la Concepción en Tacuarí e Independencia y luego los cadáveres de ambos se exhibieron colgados por un lapso de cuatro horas ante la vista de todos, en la Plaza de la Concepción (actual Plaza Alfonso Castelao, Avda. Independencia y Bernardo de Irigoyen, en el barrio porteño de Constitución). Asistieron espiritualmente a los condenados el franciscano fray Nicolás Aldazor y el dominico fray Olegario Correa. Concurrieron a presenciar la escena miles de vecinos. Cuando un coronel unitario de las fuerzas que debían ejecutarlos se acercó a Cuitiño y le preguntó por su último deseo, le dijo con toda serenidad: “Denme una aguja e hilo”. Y cuando le trajeron dichos elementos, empezó a coserse tranquilamente el pantalón a la camisa, lo que explicó: “Como después de fusilados nos van a colgar, no quiero que a un federal ni de muerto se le caigan los pantalones”. el pequeño Leandro estaba en la Plaza esa mañana para ver morir su padre, con una profunda tristeza y mucho miedo.
    Hubo todavía un último acto macabro, cuya finalidad consistía en borrar ante los ojos del pueblo todo vestigio de la administración de Juan Manuel de Rosas: el cuerpo de Ciriaco Cuitiño fue escondido durante varias décadas en una fosa común, en las sombras de la definitiva derrota.
    Tambien es bueno dejar en claro, que don Juan Manuel, vivió con mucha dignidad y una profunda austeridad los últimos años de su vida solitaria en Burguess Farm, en Southampton, en el frio sur de Inglaterra. Junto a él vivían sus servidoras Alice y Mary Ann Mills, a ésta última a quien le guardaba mucho cariño le deja en su testamento todos los muebles que tenía en su casa, descontando los muebles o pertenencias que todavía había en la chacra de propiedad de Manuelita.
    También la vida del Restaurador era alegrada por sus dos perros Soto y Gulót y su loro Bagard, que se los deja a su yerno Máximo Terrero.
    Hay que dejar en claro que don Juan Manuel mantiene una fluida y muy larga correspondencia con amigos y viejos colaboradores, sabido es por los que han investigado sus papeles, que mantuvo una larga y fluida correspondencia, y con respecto a que el general Urquiza le mandaba algunos dineros, la verdad es que don Justo José de Urquiza solamente le envió una remesa que le había prometido a Rozas, de 1000 libras esterlinas, fue la primera y la última y medio enviada contra su voluntad, ya que tardó más de un año en enviarla y lo hizo forzado por la correspondencia y la exigencia de doña Josefa Gómez,conocida como “Pepita Gómez” amiga de ambos, quien insistió hasta el cansancio a Urquiza para que cumpliera el ofrecimiento, remesa que llegó viia España por un banquero o comerciante amigo de Urquiza.
    Algunas personas han opinado en el pasado y siguen opinando en el presente, sobre los supuestos hijos de Rozas con Eugenia Castro, quien era hija del Comandante don Juan Gregorio Castro, quien a su muerte nombra albacea y tutor de su hija de 13 años a Rozas quien la lleva a vivir a su residencia, junto a su mujer Encarnación Ezcurra y su hija Manuelita, siendo Eugenia una más de la familia. La hstoria dice que en el año 1886, los hijos vivos de Eugenia Castro Nicanora, Justina y Adrián Rosas, ya que Emilio y Ángela casada con un señor de nombre Adrián Gaetán, habían muerto años antes, inician un pleito ante el Juzgado Civil a cargo del Dr. Basualdo sobre petición de herencia contra los herederos de don Juan Manuel de Rosas, a la sazón Manuela Rozas de Terrero y el nieto Juan Manuel Ortiz de Rozas, a quienes representa don Máximo Terrero, marido de Manuelita. Los demandantes hijos de Eugenia Castro, tienen como abogado a Santiago Calzadilla., el juicio no pudo probar que fueran hijos naturales del Restaurador. Don Juan Manuel de Rozas, en su testamento le dedica a Eugenia Castro los Codicilos:
    12ª –A Eugenia Castro en correspondencia al cuidado con que asistió a mi Esposa Encarnación, a habérmelo ésta recomendado poco antes de su muerte, y a la lealtad con que me sirvió asistiéndome en mis enfermedades, se le entregarán por mi Albacea, cuándo mis bienes me sean devueltos (800$) ochocientos pesos fuertes metálicos.
    13ª –A la misma Eugenia Castro, pertenecen la casa que fue de su finado Padre, el Coronel Dn Juan Gregorio Castro, cita, de la Concepción para el campo, la que le entregué cómo de su legítima herencia; y un terreno contiguo, que para ella compré y regalé.
    Las escrituras de aquella y de éste, las mandé al Señor Dn. Juan Nepomucéno Terréro. Entiendo haber éste engregádolas ya a Eugenia.
    14ª -Son de la misma los (41.9740 ps. 51/2 reales) cuanta y un mil noveciéntos setenta, cinco y médio reales, que según mi carta fecha ocho de Febréro de mil ochociéntos cincuenta y dos, al Sr. Dn. Juan N. Terréro, deposité en su poder, como propiedad de dicha Eugenia.
    15ª –Entiendo también que ya asimismo, a entregado dicho Señor, ese dinero a la misma Eugenia. –A Vicente, su hermano, corresponden (20.958 ps. 21/2 rs.) viente mil novecientos ochenta y cinco pesos y medio reales, de su herencia y réditos, durante yo la manejé.
    Su padre solamente dejó la casita en mal estado, de la que tasada que fue, la parte que tocó a Vicente se la adjudiqué en dinero, del correspondiente a Eugenia. –Así quedó la casa, toda de Eugenia puramente.
    Estos 20.985 ps 21/rs. Los deposité también en poder del Sor. Dn. Juan N. Terréro, para que los tuviera a la disposición del Vicénte, según mi referida carta al mismo Sor. Escrita el 8 de Febrero de 1852. –Y entiendo del mismo modo que ya también ha entregado ese dinero a Vicente.
    Me quedo pensando en la historia de los supuestos hijos naturales de don Juan Manuel de Rozas, y si realmente lo habrán sido, y encuentro la respuesta en su testamento, en el que pone su apellido completo y el que comienza así:
    “En el nombre de Dios todo poderoso, y el de María su santísima Madre, yo Juan Manuel Ortiz de Rosas, y López, por el presente renuevo éste mi Testamento, que escribo en mi entero juicio, con mi propia mano, y completamente bueno.”,
    En la última reforma de su testamento de fecha 22 de junio de 1873, manifiesta lo siguiente respecto a sus hijos en el Codicilo 19º:
    “19ª –Declaro, que jamás he tenido, ni conocido, más hijos, en persona alguna, que los de Encarnación, mi Esposa y míos Juan y Manuelita.”

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