Carlos Pistelli

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“Los Caudillos”: Papel de la Iglesia en la formación nacional.

   Debo hablar de la religión que profeso, aunque confieso que protestando. En general, con los papas que nos han tocado en suerte y la actitud de la Iglesia en Argentina durante el Proceso del ’76 y en adelante, uno está tentado, con razonamientos justos y sentimientos profundos, a tener rechazo por la Piedra donde Jesús edificaría su regreso; Sólo la fe en él, en quienes creemos en él, y la esperanza que me da el saber que volveremos estar juntos todos los seres queridos en la otra vida, me mantienen cierto respeto hacia curas y arzobispos,

Alguno de esos graciosos que nunca faltan, podrá decir, “¿No sé por qué los llaman curas si son la misma enfermedad?”

La Iglesia siempre —en la Argentina, al menos— siempre ha mostrado complacencia con el poder y rechazo a la multitud que la idolatra; No ha sabido interpretar (en su doble versión de actora y analista) su rol en la vida de los argentinos; Podríamos agregar, como le dijera Fidel Castro a Juan Pablo II en 1998, “Sabrá, Su Santidad, que en nombre de la cruz, se mataron a millones en América”. La iglesia tuvo su etapa oscura y todavía tiene de que arrepentirse; Pero como nuestra Argentina, disculpando la excesiva comparación, quien nació para liberar espíritus y dar felicidad a los hombres, no puede ni debe ser la imagen actual que transmite. En nombre de la cruz se cometieron atrocidades con nuestros pueblos originarios: Cuando uno de los caciques derrotados en la Conquista muere en la hoguera, todavía un buen cura le pedirá que arrepintiéndose de sus pecados llegará al Paraíso: el insolente, valiente y tierno quemado le contestará, “Si en el cielo están los españoles, prefiero irme al infierno”. Pero también es lícito decir que en nombre de la Fe perdida, se combatió por la Libertad y se la ganó para la posteridad;

Nuestros pueblos tienen una veneración especial por María, la madre de Dios, de la cual la Iglesia hizo negocio; Bajo su advocación se iba a la guerra y al combate; En el México lindo de 1810, el cura Hidalgo y el general Allende levantaron a los pueblos convocando con la imagen de la virgen de Guadalupe. Los realistas, contestan con otra imagen.

La general de los ejércitos nacionales, la virgen de la Merced, fue invocada por Belgrano, conocido religioso y de fina intuición de la creencia de los pueblos, tras el triunfo de Tucumán, 24 de septiembre, día de la virgen; Otro ejemplo de fe, Mariano Moreno, tan estigmatizado, suprime al traducirlo al castellano, el capítulo sobre religión del Contrato Social de Rousseau porque chocaba con su fe católica; De los más católicos practicantes, el terrible secretario de la Junta muere fiel a su mujer, y no hay constancia, que sobran entre sus cofrades, de haberla engañado nunca; Era más bien un “puritano”, como lo fueran Cronwell en la Revolución Inglesa del Siglo XVII o Robespierre en la Francesa del 1789;

Los sacerdotes del catolicismo no marchan unidos en la gesta patria; Los hubo patriotas y tildados de sanguinarios (Aldao, Castañeda, Amenábar) que jugaron junto a los caudillos del federalismo y Rozas (los más); y los que queriendo reformar el oscurantismo eclesiástico (Agüero, Valentín Gómez, Gorriti), cayeron en las fauces del entreguismo (los menos) y no olvidamos a los que estuvieron bien con dios y el diablo (deán Funes, ej.) Donde hubo gobiernos populares estuvo la Iglesia adornando el panorama; y dónde no, pegaron el grito en el cielo.

Perdiendo la interna entrerriana (donde las sotanas juegan del lado de “Pancho” Ramírez y López Jordán; mientras Urquiza los corre desde sus grados masónicos) pierden por completo a la llegada  de Mitre, Sarmiento y Roca; Después se convertirán al poder de turno; Siguió siendo poderosa pero ya no absoluta, y Rock y Marcelo de Alvear se darán el gusto de romper con Roma;

Cuando se daban discusiones políticas de cualquier tenor, los “tradicionalistas” se enorgullecían católicos; los “reformistas”, les harán la contra desde su laicismo agnóstico; de los gobiernos populares, el “peludo” Yrigoyen, nunca se les animó, acaso porque pertenecía a los “tradicionalistas”; y al romper con ella, Perón se fue al caño… a la cañonera que lo trasladó fuera del país,

Respetando todo tipo de creencias, sostengo que aquellos que creemos con fe en un mundo mejor y bajo la advocación de Jebús (como dice Homero Simpsons), levantamos al viento la vieja enseña rosarina por un país justo y mejor para todos;

El programa de Mayo y la Fe cristiana son, para mí, tan indisolubles como que Dios es argentino[1]


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