Carlos Pistelli

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Ciento sesenta años de la Constitución Nacional Argentina: Juan Bautista Alberdi.

El próximo 1° de mayo se cumplen 160 años de la sanción de la Constitución Nacional Argentina. En tres entregas les contaremos como se fue armando la base constitucional argenta.

ALBERDI.

 ALBERDI

            La Constitución se sancionó el 1­ de Mayo de 1853. Era promulgada el 25, aniversario de la Revolución de 1810. Se juró en toda la Confederación, a excepción de Buenos Aires, el 9 de julio. Se sustentaba la misma en las Constituciones de 1819 y 1826, los tratados interprovinciales previos a 1852, los intentos constitucionales de los gobiernos de turno y el hecho político del Pacto Federal de 1831, institución que unió a la Nación, entre otros estudios. Pero en especial, los constituyentes tuvieron a mano el ejemplar de un libro que tendría larga cola. Tal vez la obra maestra de Alberdi: sus Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina derivados de la ley que preside el desarrollo de la civilización en la América del Sur y del Tratado del 4 de enero de 1831. Es mucho título para una obra tan trascendental. Lo tiene bien puesto.

 Para sorpresa de propios y extraños, Alberdi ha quedado del lado confederal en la secesión. A sus 41 años para 42, escribe la obra que mayor gravitación política tendrá en la Argentina. A su edad, Belgrano triunfa en Tucumán (lo tuvo en brazos entonces), San Martín parte al Perú; Castelli y Artigas pelean en las invasiones inglesas; Moreno ha fallecido; Rosas y Rivadavia ser hacen con el poder en Buenos Aires, en sus segundos turnos.

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    Escribió largo y tendido su programa de acción política que otros debieran llevar adelante. Todavía se entrevé en él, las contradicciones entre un gran intelectual y un ideólogo ajeno a la realidad, pero intelectual al fin y al cabo, entendió con gran tacto las problemáticas de la Nación. Era, como Echeverría y todos los de su generación, un demócrata social creyente del cambio por medio del desarrollo de la educación y una cultura propia. Aun en sus años finales seguirá considerando a la América como germen de las grandes democracias que conquistarán la salud del mundo. Leyendo estas líneas, entenderemos mucho de lo que nos pasa a los hombres y mujeres de esta parte del mundo. Se nos teme, y lo que se teme se odia. Y lo que se odia, se destruye. Como es demasiado exagerado destruirnos, se nos sume en la pobreza y la miseria con la complacencia de muchos de nuestros gobernantes de turno. Aquellos que bregaron por una América libre e igualitaria ya sabemos cómo han terminado.  ¡No por ello nos resignamos al futuro que nuestros ojos divisan!

Pero demócrata y todo, descreía del poder de cambio de los pueblos americanos. Compara al pueblo guaraní (donde Rodríguez Francia, López y su hijo Solano con su barbarie han conseguido eliminar el analfabetismo), con las masas ignorantes de Londres y París. No se comparan, los europeos son más cultos por haber nacido en Europa. Si Alberdi comprendía y sentía los padecimientos de su Patria, buscaba soluciones donde no debiera. Su lucha política lo acercaría a aquellos sentimientos patrióticos más que a su intelectualidad foránea, como si sentimiento e intelecto fueran contraposición. Pero repetimos a Jauretche, rara vez pasa que ambos componentes se unan en uno. Ambos terminan incomprendiendo al otro. Uno, el sentimiento, por no entender que todo tiene una razón. Ésta, por buscarle explicación a todo. Aquel, por representar lo nuestro. Ésta, por terminar inclinada a lo extranjero. Causa y Régimen. San Martín y Rivadavia.

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 Vayamos a detalles de su obra:

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Las “bases” alberdianas.

El mayor problema argentino, y sudamericano, pues su obra es continental, pese al nombre, “Es el desierto, Que somos países despoblados”. Ése es el problema a resolver. Y arranca con sus soluciones: “… La santidad de la familia –semillero del Estado y de la República, medio único fecundo de población y de regeneración social−…”

La introducción a la problemática:

Alberdi se pronuncia sobre el atraso sudamericano. Elogia la constitución del entonces Estado de California (dada el 12 de octubre de 1849 en Monterrey, antes de fusionarse con los EEUU), critica ácidamente las de Perú y Paraguay, dubitativamente la de Bolivia, a la cual elogia como ‘liberal’, pero con artículos existentes que la frustran, y le dan todo el poder al Presidente; saluda levemente la de Montevideo.

   El problema argentino de federación o unidad de régimen se resuelve con dos Cámaras Legislativas: −de las provincias, acorde a su población; −de la Nación, con un legislador por provincia. Toma como bases las constituciones de Suiza y Alemania de 1848, que pasan de un federalismo puro, a un federalismo unitario. Una incongruencia existente en nuestro país[1].

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Argentina ingresando al incipiente capitalismo:

   He aquí el fin de las constituciones de hoy día: ellas deben propender a organizar y constituir los grandes medios prácticos de sacar a la América emancipada del estado oscuro y subalterno en que se encuentra. Esos medios deben figurar hoy a la cabeza de nuestras constituciones. Así como antes colocábamos la independencia, la libertad, el culto, hoy debemos poner la inmigración libre, la libertad de comercio, los caminos de hierro, la industria sin traba, no en lugar de aquellos grandes principios, sino como medios esenciales de conseguir que dejen ellos de ser palabras y se vuelvan realidades. Hoy debemos constituirnos, si nos es permitido el lenguaje, para tener población, para tener caminos de hierros, para ver navegados nuestros ríos, para ver opulentos y ricos nuestros Estados. Los Estados como los hombres deben empezar por su desarrollo y robustecimiento corporal. Éstos son los medios y las necesidades que forman la fisonomía peculiar de nuestra época.

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Elogia al Brasil, pero que no sea nuestro espejo. Llama la atención que no mencione la esclavitud, base socio-económica y política del Estado Imperial:

El bello ejemplo del Brasil no debe alucinarnos; felicitemos a ese país de la fortuna que le ha cabido, respetemos su forma, que sabe proteger la civilización, sepamos coexistir con ella, y caminar acordes al fin común de los gobiernos de toda forma: la civilización. Pero abstengámonos de imitarlo en su manera de ser monárquico. “Los nuevos estados de la América antes española necesitan reyes con el nombre de presidentes (Bolívar) Completa que debemos atemperar ese presidencialismo.

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La instrucción en América:

  Belgrano, Bolívar, el chileno Egaña y Rivadavia confundieron la “educación” con la “instrucción”, el género con la especie. Los árboles son susceptibles de educación; pero sólo se instruye a los seres racionales. Ellos no vieron que nuestros pueblos estaban en el caso de hacerse, de formarse, antes de instruirse, y que si la instrucción es el medio de cultura de los pueblos ya desenvueltos, la educación por medio de las cosas es el medio de instrucción que más conviene a pueblos que empiezan a crearse. ¿De qué sirvió al hombre del pueblo saber leer? No pretendo que deba negarse al pueblo la instrucción primaria, sino que es un medio impotente de mejoramiento comparado con otros, que se han desatendido. En los ensayos de Rivadavia, el principal establecimiento se llamó ‘colegio de ciencias morales’. Habría sido mejor que se titulara y fuese ‘colegio de ciencias exactas y de artes aplicadas a la industria’. No pretendo que la moral deba ser olvidada. Sé que sin ella la industria es imposible; pero los hechos prueban que se llega a la moral más presto por el camino de los hábitos laboriosos y productivos de esas nociones honestas, que no por la instrucción abstracta. Necesitamos más de ingenieros, de geólogos y naturalistas, que de abogados y teólogos. Su mejora se hará con caminos, con pozos artesianos, con inmigraciones, y no con periódicos agitadores o serviles, ni con sermones ni leyendas. La instrucción, para ser fecunda, ha de contraerse a ciencias y artes de aplicación, a cosas prácticas, a lenguas vivas, a conocimientos de utilidad material e inmediata. El idioma inglés, como idioma de la libertad, debe ser aún más obligatorio que el latín. El plan de instrucción debe multiplicar las escuelas de comercio y de industria, Nuestra juventud debe ser educada en la vida industrial. El tipo de hombre sudamericano debe ser formado para vencer al grande y agobiante enemigo de nuestro progreso: el desierto, el atraso material, la naturaleza bruta y primitiva de nuestro continente. La industria es el único medio de encaminar la juventud al orden… es el calmante por excelencia… es el gran medio de moralización. Facilitando los medios de vivir, previene el delito, hijo las más veces de la miseria y del odio.

En cuanto a la mujer, artífice modesto y poderoso, su instrucción no debe ser brillante. Necesitamos señoras y no artistas. Sus destinos son serios; no ha venido al mundo para ornar el salón sino para hermosear la soledad fecunda del hogar. Darle apego a su casa es salvarla; en estos párrafos, se denota el misogismo alberdiano.

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Todo vendrá de Europa:

  Lo que llamamos América independiente no es más que Europa establecida en América. Nosotros, los que nos llamamos americanos, no somos otra cosa que europeos nacidos en América. Cráneo, sangre, color, todo es de afuera. No conozco persona distinguida de nuestra sociedad que lleve apellido pehuenche o araucano. El idioma que hablamos es de Europa. La mano de Europa plantó la cruz de Jesucristo en la América antes gentil. En América todo lo que no es europeo, es bárbaro; no hay más división que ésta: 1° el indígena, es decir, el salvaje; 2°, el europeo, es decir, nosotros los que hemos nacido en América y hablamos español, los que creemos en Jesucristo, y no en Pillán –dios de los indígenas-.

   Traigamos pedazos vivos de ellas (Europa y los Estados Unidos) en las costumbres de sus habitantes y radiquémoslas aquí. Si querernos ver agrandados nuestros Estados en corto tiempo, traigamos de fuera sus elementos ya formados y preparados, Sin grandes poblaciones no hay desarrollo de cultura, no hay progreso considerable. La población es la medida exacta de la capacidad de nuestros gobiernos. El ministro de Estado que no duplica el censo de estos pueblos cada diez años, ha perdido el tiempo en bagatelas y nimiedades. Haced pasar el ‘roto’, el ‘gaucho’, el ‘cholo’, unidad elemental de nuestras masas populares, por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción: en cien años no haréis de él un hombre inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente.

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La subdivisión americana:

  La división en hombre de la ciudad y hombre de las campañas es falsa, no existe; Rosas no ha dominado con gauchos, sino con la ciudad. Los principales ‘unitarios’ fueron hombres del campo. La mazorca no se componía de ‘gauchos’. La única subdivisión que admite el hombre americano español es un ‘hombre del litoral’ y ‘hombre de tierras adentro o mediterráneo’. El primero es fruto de la acción civilizadora de la Europa de este siglo que se ejerce por el comercio y por la inmigración en los pueblos de la costa. El otro es obra de la Europa del siglo XVI, de la Europa de los tiempos de la conquista.

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Nociones de Patria,

 Con la revolución americana acabó la acción de la Europa española en este continente; pero tomó su lugar la acción de la Europa anglosajona y francesa. Siempre es Europa la obrera de nuestra civilización. Es tiempo de reconocer esta ley de nuestro progreso americano. Los libertadores de 1810 nos enseñaron a detestar bajo el nombre de ‘europeo’ a todo el que no había nacido en América. Error, dirá, la patria no es el suelo: la patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización, organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Las nociones de patriotismo, el artificio de una causa puramente americana, nos dominan y poseen todavía. San Martín en 1844 aplaudía la resistencia de Rosas a reclamaciones accidentales de estados europeos: la gloria militar, que absorbió su vida, los preocupa más todavía que el progreso. La gloria no debe tener más títulos que la civilización. Ha pasado la época de los héroes; entramos en la edad del buen sentido. El tipo de grandeza americana no es Napoleón, es Washington: Es el héroe del orden en la libertad por excelencia. Su título a la inmortalidad reside en la constitución admirable que ha hecho de su país el modelo del universo. Rosas tuvo en su mano cómo hacer eso en la República Argentina, su mayor crimen es haber malogrado esa oportunidad[2]. Reducir en dos horas una gran masa de hombres a su octava parte por la acción del cañón: he ahí el heroísmo antiguo y pasado. En cambio, el heroísmo del estadista moderno es la grandeza de la creación, en lugar  de la grandeza salvaje del exterminio. El censo de la población es la regla de la capacidad de los ministros americanos. La Europa del momento no viene a tirar cañonazos a esclavos. Aspira sólo a quemar carbón de piedra en lo alto de los ríos, que hoy sólo corren para los peces. Decid adiós al dominio de vuestros pasados.

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Plan alberdiano[3]:

 Tratados extranjeros: Firmad tratados con el extranjero en que deis garantías de que sus derechos naturales de propiedad, de libertad civil, de seguridad, de adquisición y de tránsito les serán respetados. Los tratados de amistad y comercio son el medio honorable de colocar la civilización sudamericana bajo el protectorado de la civilización del mundo. Cuantas más garantías deis al extranjero, mayores derechos asegurados tendréis en vuestro país.

 Plan de inmigración: la inmigración espontánea es la verdadera y gran inmigración. Nuestros gobiernos deben provocarla.

 Tolerancia religiosa: Si queréis pobladores morales y religiosos, no fomentéis al ateísmo. Si queréis familias que formen las costumbres privadas, respetad su altar a cada creencia. El dilema es fatal: o católicos exclusivamente y despoblados; o poblada y próspera, y tolerancia en materia de religión. Llamar a la raza anglosajona y las poblaciones de Alemania, Suecia y Suiza. Desde octubre de 1825 existe en Buenos Aires la libertad de cultos, pero es preciso que esa concesión provincial se extienda a toda la República Argentina por su Constitución. De no hacerse, se multiplicarán las concubinas en vez de las esposas, llenando toda nuestra América de guachos, de prostitutas, de enfermedades, de impiedad, en una palabra.

 Inmigración mediterránea: los grandes medios de introducir Europa en los países interiores de nuestro continente en escala y proporciones bastante poderosas, para obrar un cambio portentoso en pocos años, son el ferrocarril, la libre navegación interior y la libertad comercial.

 El Ferrocarril: es el medio de dar vuelta al derecho lo que la España colonizadora colocó al revés en este continente. El ferrocarril innova, reforma y cambia las cosas más difíciles, sin decretos ni asonadas. Él hará la unidad de la República Argentina mejor que todos los congresos. Proteged al mismo tiempo empresas particulares para la construcción de ferrocarriles.

 Navegación interior: los grandes ríos, esos ‘caminos que andan’, como decía Pascal, hacerlos del dominio exclusivo de nuestras banderas indigentes es como tenerlos sin navegación. Proclamad la libertad de las aguas. No más exclusivismo en nombre de la Patria. Si queréis que el comercio pueble nuestros desiertos, no matéis el tráfico con las aduanas interiores. La aduana es la prohibición; es un impuesto que debe borrarse de las rentas sudamericanas. Y arriesga en 1852 con una obra nunca concretada: sobre las márgenes pintorescas del Bermejo levantará algún día la gratitud nacional un monumento en que se lea: ‘Al Congreso de 1852, libertador de estas aguas, la posteridad reconocida’.

 La Constitución debe dar garantías de que sus leyes orgánicas no serán excepciones derogatorias de los grandes principios consagrados por ella, como se ha visto más de una vez.

 El derecho civil sudamericano debe dar facilidades a la industria y al comercio, reglando el plan de enjuiciamiento sobre bases anchas de publicidad, brevedad y economía:

1°Remover las trabas e impedimentos de tiempos atrasados que hacen imposibles o difíciles los matrimonios mixtos;

2° Simplificar las condiciones para la adquisición del domicilio;

3° Conceder al extranjero el goce de los derechos civiles sin la condición de una reciprocidad irrisoria;

4° Concluir con los derechos de albinagio, dándole los mismos derechos civiles que al ciudadano para disponer de sus bienes póstumos por testamento o de otro modo.

 El crédito privado debe ser el niño mimado de la legislación americana, toda ley contraria al crédito privado es un acto de lesa América.

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 Vida de Alberdi, luego de Pavón:

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            ¿Qué habrá pesado en el sempiterno exilado para volcarse a las mayorías populares que siempre había despreciado?

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   Tucumano de setiembre de 1810, es un hijo vivo de la Revolución de Mayo. Tanto que el generalísimo Manuel Belgrano lo tuvo en brazos, y el chicuelo Juancito vio pasar miles de veces al entonces coronel San Martín por la esquina de casa. Provinciano como era, creció al amparo del federalismo. Alejandro Heredia, el doctor de los caudillos y gobernador provincial, tutela sus estudios porque ve ‘talento’ en la promesa coterránea. No se recibe de abogado, aunque se las da de tal. Por un amigo cordobés se hace dar un título intermedio y con eso joderá el resto de su vida.

   Se vuelca al Salón Literario y escribe en ‘Moda’. Es un rosista inentendido por don Juan Manuel: Huye a Montevideo cuando el conflicto francés. Desde el exilio combativo oriental, lidera las plumas contra el Restaurador. Las victorias de la Soberanía Nacional debieron generarle un dolor de cabezas tremendo. Lavalle lo ha llamado la “madama”, Con los viejos unitarios no se entiende. Tampoco con sus camaradas que lo ven ablandecer sus viejos blasones. Así que se va a Europa a purgar su alma en 1846.

             Llega a Europa en medio de la crisis que desembocará en 1848.

    Queda azorado. Su perspicacia política no debió entrever la huella del gaucho pícaro subsidiando diarios en su favor: ¡Francia del lado Argentino! El socialista utópico, que leyó a traducciones malas a Proudon, Saint Simon, se encuentra con el materialismo histórico y el socialismo comunista de Mark y Engels. Debió visitar a San Martín: el gran guerrero se mantiene con Rosas. Se pone a escribir un libelo donde defiende a Rosas, y se gana la enajenación de sus viejos amigos de trinchera. Por eso, y algo que le andaba pasando a su pecho, cuando regresa va a Chile, y no a Montevideo. De ahí sus polémicas con Sarmiento.

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           Trabaja como agente minero y del “progreso capitalista”. William Wheelwright lo auspicia financieramente y él lo exalta como el agente del futuro. Cuando las guerras de 1852, queda del lado urquicista. Para él escribe las Bases, y será su embajador todo-poderoso para conseguir la aceptación de la Confederación por el mundo. Algo consigue en EEUU, Inglaterra y Francia. Pero algo es muy poco. Tras un fracasado tratado con España por el reconocimiento de nuestra independencia, en 1856, sus acciones bajaron en la consideración del ‘Castellano’, y renunció. Urquiza, político veleidoso, pero político al fin, se la rechazó y lo mantuvo entre sus asesores.

urquiza

Alberdi, que nunca hizo política partidaria, entrevé las zancadillas de los duchos para los enjuagues diarios. De los celos que debe generar su nombre al lado del Presidente. Supone que sus fracasos políticos no son errores propios sino exageraciones ajenas. Permanece en Europa, entonces, esperando el dictado del porvenir.

             La noticia de Pavón lo sobresalta. Gutiérrez, urquicista hasta antiayer, vuelto al porteñaje hace hoy, le escribe al respecto. De allí sus palabras en son de enojo, reproducidas anteriormente: “Urquiza realizó tres batallas: Caseros para ocupar el poder; Cepeda para hacer una fortuna; Pavón, para conservarla”. Ahora no tiene de quien asirse. Nuevamente es libre para decir lo que siente sin necesidad de rendirle cuentas a nadie. El viejo de cincuenta y un años, ha redescubierto la nacionalidad, entre-vista en su largo peregrinaje en el mundo, Y como argentino patriota, visita a Rosas.

   “El ejemplo del general Rosas, de refugiado digno, resignado, laborioso, en Europa, no tiene ejemplo sino en la vieja Roma. Ni el mismo San Martín llevó con más dignidad su proscripción voluntaria.”

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Se mantiene en Europa. No quiere regresar al Plata. Hace veinte años que no pisa sus costas, pasarán veinte años antes de volverla a pisar. El mitrismo lo declara reo de lesa patria: Acabado Rosas, todos los denuestos se dirigen al errante pensador, el errabundo del pensamiento nacional, mitad errante, mitad inmundo. Y Alberdi no es de los de se amilana. Teme los “puñales” del liberalismo, pero les devuelve, guantazos por guantazos. Ha batido el parche, Ha dejado de ser un “ideólogo”, como dice Arturo Jauretche (alguien que ama la idea como idea, como abstracción, pero no la cosa en sí) y se ha tornado el intelectual mayúsculo de la Historia Nacional.

Lo dice muy bien Norberto Galasso, trayendo al recuerdo sus palabras, en su “Historia de la Argentina, ediciones Colihué, 2008, página 424”:

Hay dos puntos para definir lo que es patriotismo y lo que es traición en este país… Dos grandes intereses que combatieron, el uno contra otro, en Caseros, Cepeda, Pavón, y que, en esta división, la patria que peleó por Buenos Aires no es la misma patria de los que defendieron las provincias.

   Los liberales pueden soportar y lo soportan todo; lo que no pueden soportar es la contradicción, la oposición, es decir, la libertad.

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  Ha entendido que en la Argentina coexistían dos maneras de entender la Patria, Lo dirá muy bien en 1880: “La Historia Argentina, se define en Historia del Puerto de Buenos Aires e Historia de la República Argentina”. Clarísimo. 

      Había hablado con palabras mayúsculas. Había hablado con cojones bien puestos, Su transformación ha sido completa, ya no es el ideólogo de los mercantilistas que creen en constituciones para salvar las apariencias, Ya se ha tornado al pueblo que debe empezar a releerlo: Ya es, el intelectual de la argentinidad.


[1] Alberdi confundía como casi todos los pensadores argentinos, el federalismo doctrinario con el significado del federalismo argentino: americanista y democrático.

[2] Esteban Echeverría, su amigo y competidor de los tiempos de la Asociación de Mayo, dice lo mismo: “Rosas hubiera puesto a su país en la senda del verdadero progreso… No lo hizo; fue un imbécil y un malvado.”

[3] El plan político de Alberdi pretendió ser una solución a los problemas de desarrollo de la Confederación, pese a su “europensamiento”. Era la contracara al proyecto oligárquico porteño de Mitre y cía. Urquiza lo llevó adelante en su gobierno, pero tuvo plena vigencia en su provincia, y el colegio de Concepción es prueba sublime de ello. Roca, egresado del colegio, llevaría los lineamientos alberdianos al máximo desde 1880. Pero en sí, Urquiza estaba ligado de pies, manos, bolsillo y corazón al Brasil. Ha aceptado la usurpación de las Misiones Orientales, la independencia del Paraguay y la libre navegación de los ríos: “Éste (Argentina) deberá ser el país comercial y con libre navegación”. Alberdi exulta de entusiasmo desde Chile, y el Presidente le devuelve el gesto, nombrándolo plenipotenciario de la Confederación ante Europa. Buenos Aires, en tanto, escoge al yerno del Libertador San Martín, como su representante. Napoleón III, a la sazón emperador de los franceses, no entendía “un joraca” porque un mismo país tenía dos legaciones. E invitó a Rosas a vivir en su Palacio. El Restaurador desechó la invitación.

1 comentario

  1. Carlos Pistelli

    Reblogueó esto en ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?y comentado:

    ALBERDI, aquel pensador itinerante.

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