Carlos Pistelli

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Cumpleaños de Bolívar.

SimonBolivar21 (1)

“Los Estados Unidos, que parecen destinados por la providencia, a sembrar de miserias la América en nombre de la Libertad”.

Bolívar.

 Ha surgido una figura en Venezuela, que por valor personal y lucidez de pensamiento, más espíritu de hermandad continental eleva a la Nación caribeña al Olimpo. Esa es Simón Bolívar. Y repito algo ya expresado: la simpleza de pensamiento o pasiones alteradas por rencores o envidias siembran un tácito enfrentamiento entre las figuras de los dos Libertadores. Mi condición de argentino no quita que valore, aprecie y admire al Libertador venezolano. Alguno supondrá que para defender la figura de San Martín debo atacar a mansalva a Bolívar. No entraré en el juego de los disgregadores de siempre, personeros y testaferros de la desunión, la intriga y el poder foráneo. No. No es así. San Martín y Bolívar son las más altas figuras del Continente. (Mis observaciones personales agregarían a Artigas, otros al gran “Che” Guevara) Entender a ambos, a los cuales tal vez separaban cuestiones menores, superfluas y en todo caso propia de los defectos humanos (como son la envidia o la desconsideración personal, menores en ellos, agigantadas en el después), es entender la gesta misma, el sueño máximo de un hermano de estas partes del mundo.

 Bolívar inicia su campaña al lado de Francisco Miranda. Ambos han recorrido Europa y se han convencido por amor a sus tierras de la lucha por la Independencia. Al principio les va mal a los venezolanos, cometiendo los mismos errores de un Castelli en el Alto Perú, de un Belgrano en Paraguay. Miranda no la entenderá, pero sí Bolívar. Abandonando inclinaciones a lo foráneo, el llamado patrio inunda en él y sale al combate. Concentra el liderazgo militar y político en su persona, debiendo fusilar al “pardo” Piar y nublar la estrella de Mariño: Pero le era indispensable para lo que vendrá,

Beneficiado por las victorias de Chacabuco y Maipú, vence a los españoles y libera Venezuela y Colombia. Faltándole ganar una batalla para solidificar su situación, recibe refuerzos desde el Perú. Con ellos gana en Carabobo y Pichincha, tras la gran victoria de Riobamba por parte de Juan Galo Lavalle y entra en Quito y luego en Guayaquil. Esto último dolió a los peruanos y a su mismo Protector.

Esos refuerzos bien “valen un perú”. Porque la situación de San Martín se torna difícil. Los criollos que servían a España y se pasan a la Causa, son acusados de ineptos y pierden batalla tras batalla. Las Heras, el gran jefe sanmartiniano, abandona la lucha ofendido, tras intentar complotar contra el Protector, como nos recuerda Mitre. San Martín, acusado de mal gobernante y querer hacerse rey, toma el toro por las astas. Solicita la devolución de refuerzos a Bolívar y envía a su secretario Gutiérrez de la Fuente a Córdoba, para pedirle a Bustos que se venga urgente por el camino del Alto Perú y con el Ejército del Norte a reforzarlo.

Refuerzos, que lamentablemente, nunca llegarían…

Problemas para Bolívar,

             Simón Bolívar es, aunque me duela el orgullo argentino, la figura americana más alta de la historia continental[1]. San Martín, Sucre, Santander, O’Higgins, Artigas, son una constelación de líderes que quedan relegados en comparación. Belgrano, Carrera, el llanero Páez, Santa Cruz, Gaspar de Francia, también. Bolívar reúne en sí al hombre cívico y político con el guerrero y militar: El Estadista y el General: El intelectual más alto por su compromiso con la acción, El estratega más importante por el resultado final de sus planes. Pero tenía una debilidad, cursi, si quieren, pero fundamental: Era arrogante, y reunía tras sí rasgos dictatoriales, que empezaron a mecharle aplausos por murmullos reprobatorios.

En Venezuela, reiterando la vieja frase de Jesús, “No serás profeta en tu tierra”: Páez, Mariño y las reivindicaciones sociales del “pardo” Piar, le habían dejado a contramano, y parecían bien dispuestos a menoscabar sus aciertos políticos. Los “llaneros” del orden y los mercaderes de la capital, querían reemplazar a los españoles a la hora de conducir el proceso, pateando para adelante la necesaria revolución social que Bolívar, por tibieza, evitaba concurrir;

Las crisis en la actual Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, con resquemores localistas hacia su liderazgo exclusivo, le complicaron los asuntos.

Austero hasta la miseria, como los grandes jefes populares, decide jugar la gran carta bajo su manga: La Unión Americana, bajo el arco de una gran Confederación de pueblos y naciones:

Congreso de Panamá,

            El Libertador convoca a reunión plenipotenciaria. Concurren agentes de todo el continente. Faltan sólo de las Provincias Unidas, Chile y el Paraguay. Inglaterra y Yanquilandia le mueven el suelo: Se andaba buscando unir América mediante un gran Congreso Intercontinental bajo la defensa del Libertador Caraqueño. Los británicos bribones no estaban interesados en ello. Menos los del Destino Manifiesto.

Al mismo tiempo que las desinteligencias internas y el boicot argentino, a Bolívar se le sumó que los ingleses anduvieron dando créditos financieros a las nuevas repúblicas con tal de desligarlas entre sí.

Acuciado, Bolívar pierde la iniciativa. Quiénes la ganan para su provecho son los estadounidenses, quienes declaran su célebre “América para los americanos”, que quiere decir, “América para… nosotros, norteamericanos”. Era la llamada doctrina Monreau que entraba en la lógica del “Destino Manifiesto”: Según ellos, los límites yanquis iban desde el Cabo de Hornos hasta Alaska, de norte a sur; y del Atlántico al Pacífico, de este a oeste. Argentina se les opondría ciento cincuenta años sostenida por nuestra buena amiga Inglaterra.

Todavía Bolívar y los congresales juegan una última movida. Trasladan el Congreso a México donde continúan las sesiones. Pero la temprana muerte de Bolívar nos privó de lo que hubiera sido la conclusión de la gesta emancipadora. ¡¡Queda en nosotros, terminarla!!

 “Guayaquil”;

(Tras ir a presenciar la obra teatral de Pacho O’Donnell sobre el Encuentro de Guayaquil con actuaciones de Lito Cruz y de Rubén Stella en 2007, escribí estas líneas que agrego al libro)

El autor de la obra parte de lo poco que se sabe de dichas entrevistas y de conjeturas personales para llegar al clímax de la última hora de sus encuentros: En ella San Martín le solicita a Bolívar la devolución de la ayuda militar enviada con anterioridad y le reclama una fuerza considerable para sostener su endeble situación en Lima; Además reclama que Guayaquil tenga libertad de acción para decidir su futuro; Pero particularmente, el argentino hasta se ofrece a ser el segundo de Bolívar, que don Simón rechazó;

Lo que ambos Libertadores comentaron sobre su encuentro, es lo siguiente: Bolívar le escribiría a Francisco de Paula de Santander sobre lo conveniente de unir a toda América bajo una misma égida, que lo hablaron con San Martín, pero que difirieron en los modos, porque lo nota demasiado “monárquico” a don José: San Martín, en tanto, le mandará una severa carta posterior al Caraqueño por no devolverle las tropas prestadas, “robarle” Guayaquil (El Protector del Perú la consideraba parte de su territorio) y no creer en su decisión de ponerse bajo su mando; San Martín se quejará posteriormente sobre los chismes traídos por Bolívar contra su persona, y a Bolívar se le escaparán bromas contra San Martín….

Es difícil,

Eran dos grandes hombres, totalmente diferentes, pero con la misma pasión: Ver la libertad de sus pueblos.

El encuentro de Guayaquil es el más importante y misterioso que se tenga memoria: Hablaron de democracia, de mujeres y de problemas comunes: No se pudieron poner de acuerdo;

Bolívar era aristócrata en sus modos y caribeño en su personalidad: Le gustaba la parranda; Orgulloso hasta la arrogancia, era el tipo (lo es, todavía) más lúcido que haya luchado por la América Libre: Y aunque en Argentina me van a insultar por estas palabras, Es la figura más importante de la Historia Americana;

San Martín, era adusto y más bien modesto, aunque se le subían ciertos aires de soberbia: Era vulgar en sus procederes y le gustaban el vino y el laudano, que le calmaba su úlcera estomacal; Era un talentoso y valiente militar que cometió un error político insalvable: Permitir que en Buenos Aires se encumbraran sus adversarios políticos, que le escamotearon apoyos para, finalmente, caer rendido en Lima; había regresado de Europa en marzo de 1812, tras pasar casi veinticinco años de su vida fuera del continente que decía venir a liberar: Sus cofrades, los masones británicos, lo mandaron para el Plata, sosteniendo que el americano mestizo y castellanizado, volcaría la situación en su provecho;

(Del libro “¿Vale la pena ser argentino? Tomo I:)

Como se supone por tradición, los ritos de las logias masónicas se inician en la antigüedad. Los masones creían ver en los hijos de Caín al creador de las órdenes. Y justamente, la Biblia no habla muy bien del asesino de su hermano Abel. Los ritos como los conocemos hoy se inician en el siglo XVIII, cuando los escoceses las crean para crear el descontento contra la corona inglesa. Pero al crearse el Reino Unido de la Gran Bretaña en 1800, como que a los escoceses se les escaparon sus orígenes.

  El siglo XVIII tiene tres fuerzas políticas internacionales: La Iglesia, los Jesuitas, y las logias británicas. A mediados de ese mismo siglo los jesuitas caen víctimas de una conjura política propiciada por los curas, las coronas europeas y las logias. Habían acumulado mucho poder, formando un estado dentro del estado. Eso despejó el camino para católicos y masónicos, que se disputarán el poder desde entonces. Entre bastidores, aclaro yo.

 La mayoría de los actores que volvían al Plata para servir a sus Patrias eran iniciados en los ritos masónicos: Miranda, Bolívar, San Martín, Alvear.

Dos consideraciones sobre la gran Logia Americana. Una de ellas, la que creí por cierta hasta hoy, daba a Francisco de Miranda como iniciador de las logias que darían la libertad a la América hispana, siempre del brazo inglés. Pero una investigación a la cual nunca había accedido (la de Enrique de Gandia, traída al presente por Jorge Lanata) revela otra hipótesis, que tiene mucho que ver con una vieja tesis personal mía: Que el verdadero hacedor de la Independencia Americana no fue Inglaterra, la gran beneficiada, sino el mismísimo Napoleón Bonaparte. El pequeño gran corso había deslindado en sus últimos días escapar a América y unirse a los revolucionarios de esta parte del mundo. Masónico también, entreveía que tras la batalla marítima de Trafalgar, Inglaterra, la tierra de los “tenderos” como la llamaba despectivamente, se haría con el mundo. Y que mejor manera que arrebatarle colonias y mercados que independizando nuevas naciones que se aliarían con el gran Imperio Francés. José Bonaparte, el Pepe Botellas tan satirizado por los españoles, era el Gran Maestre de las logias napoleónicas.

Si las logias británicas reclutaban adeptos en la Marina, su fuerte, las francesas lo harán en el Ejército. San Martín tenía empleo en ambas ramas de las Fuerzas Armadas Españolas. O los ingleses lo tocaron cuando servían juntos en la defensa del territorio español. O los napoleónicos tocaron su fibra americana, Una de dos fue el origen de su retorno al suelo patrio.

 Rey de España desde 1808, José Bonaparte se habría relacionado con variados actores criollos. Los incitaba a dar el gran paso. Uno de ellos era Carlos de Alvear, fundador de la Gran Logia de Cádiz, luego reproducida en Londres, donde estuvo Bolívar. No eran Alvear y San Martín los que se unían a la gran Logia de Miranda; sino que ésta, desaparecida, se fundía en la nueva. 

  Desde entonces el papel de las logias será fundamental en la Historia del Plata. Al menos donde no hubieran Pueblos conducidos por Caudillos populares. Alvear y San Martín organizarán la primera, luego será Pueyrredón el que tome las riendas, declarada la Independencia. El triunfo de los federales los llamará al recato bajo los lineamientos de Valentín Alsina. Y éste será el iniciador de las nuevas generaciones: Mitre, Sarmiento, Urquiza, y con ellos toda la gente de Pavón. Perdiendo poder con el ascenso de un masón bastante simulado como Roca, lo perderán por completo cuando el ascenso popular de 1916.

 —

San Martín empieza a sentir la Patria, al recorrerla, al padecer en carne propia los padecimientos de los hijos de la tierra; Y empieza a desligarse de la logia que ha fundado: Quien la gana para su provecho, es Carlos Antonio Alvear; Las diferencias con su supuesto medio hermano[1] se empiezan a sentir: En 1815, Alvear llega al límite de su patriotismo: Le pide a la Gran Bretaña hacerse cargo del gobierno argentino, y al fracasar, le escribe a don Fernando VII, volver al seno español, renegando de su argentinidad: Contra estos tipos lidiaba San Martín;

            Pero el Libertador debe lidiar consigo mismo, ante todo. El amante del orden y el bienestar convive con una tierra en ebullición, dispuesta a la democracia y la revolución, que lo erige en su máximo líder: Liderato que San Martín, una y otra vez, declina y en pos de la oligarquía portuaria, que encima, le aborrece como persona: ¿¿Por qué el Libertador cede a sus enemigo políticos de la hora?? El hombre, tratado como un sudaca en España y como gallego en América, debe además rogarles ayuda para sus planes emancipadores a los mismo que lo despreciaban por no pertenecer a la sociedad como uno; Pero San Martín, declina, una y otra vez, el erigirse en Dictador populista (como Bolívar) y unir bajo su mando, no solamente su gesta y patriotismo sino a Güemes y a Artigas, que se muestran reticentes a Buenos Aires;

Al cruzar Los Andes, lleva consigo esa maldita cruz: Cuyo y Chile sostienen sus campañas libertadoras mientras el Gobierno Argentino que él ha puesto en Buenos Aires gasta los recursos del estado en destruir a Gervasio de Artigas[i] y abandonar a su suerte los predicamentos de salteños y altoperuanos, a las órdenes del gaucho Martín de Güemes[ii] y el general Manuel  Belgrano[iii]; Así, el 12 de febrero de 1817, al triunfar las huestes patrias en la cuesta de Chacabuco (triunfo fundamental que cambia la historia de la guerra emancipadora) tropas lusitanas/brasileñas destruyen Yapeyú, la villa natal del Libertador: Un dato para nada paradójico; La guerra a tres frentes (Los Andes, el Norte y el Uruguay)  por la Independencia, se va perdiendo poco a poco, y mientras San Martín puede desembarcar en suelo peruano en septiembre de 1820, la Patria de Mayo, dividida y aniquilada se destruye a sí misma, para regocijo de portugueses y británicos bribones: Es en ese momento que vuelve al Plata, el nuevo interlocutor inglés que desde Londres nos mandan a poner orden: Bernardino González Rivadavia[iv];

 

            San Martín, golpeado desde todos los frentes, apenas puede mantenerse en Lima en el invierno de 1822: Por eso, cabizbajo y débil, debe concurrir al encuentro de Guayaquil en julio del mismo año; Bolívar había encontrado su momento de paz para resolver ciertos asuntos y San Martín estaba vencido, antes de emprender la lucha: Su segundo al mando, Bernardo de Monteagudo[v], ha caído en su ausencia y todo ello, lo lleva a la renuncia y a su retiro final del teatro de operaciones en 1824, primero, y 1829, después. No quería desenvainar la espada para ser verdugo de sus compatriotas, pero terminará aplaudiendo, con sus reservas, la energía inclaudicable y soberana de Juan Manuel de Rosas[vi];

 

            “Es la tormenta que llega al puerto”, alcanza a susurrar ese 17 de agosto de 1850 en Boulogne-Sur-Mer, cuando se moría ciego, tuberculoso y con una úlcera que lo tenía a mal traer desde siempre: El amante del orden y el bienestar, extrañaba su Mendoza y los años en Lima, cuando pese a todo, se había sentido pleno y feliz, americano y revolucionario…


[1] Según investigaciones recientes, además de sostenerse la hipótesis sobre el origen mestizo de San Martín (hijo de la india Rosa Guarú) habría que agregar que también lo sería de Diego Alvear, padre de Carlos, entonces medio hermano del Libertador;


[i] Artigas (1764-1850) patriota de la Revolución de Mayo, el “Patrón de la Independencia”, el tipo con la mayor audacia y claridad de liderato de todos los líderes de la época;

[ii] Güemes (1783-1821) patriota argentino que defendió el norte de los avances realistas: Fue el lugarteniente mejor que San Martín puso en funciones;

[iii] Belgrano (1770-1820) el mejor intelectual de los actores de Mayo, y combatiente que no ponía reparos cuando el país lo necesitaba;

[iv] Rivadavia (1783-1846) horrible representante de la ciudad de los acomodados, falleció a sueldo de las empresas británicas que lo utilizaron de operador político en el Plata;

[v] Monteagudo (1789-1824) el más lúcido intelectual americano de la Revolución, Asesinado oscuramente, entre sus pertenencias se encontraron el plan que San Martín y Bolívar se aprestaban a realizar después del encuentro de Guayaquil;

[vi] Rosas (1793-1877) gobernador bonaerense con atribuciones dictatoriales para el resto del país, fortaleció la unión nacional y enfrentó las tropelías imperialistas: Fue derrotado en 1852 por el Imperio Brasileño;


[1] Ustedes dirán una redundancia poner la figura americana más grande del continente: Pero, ejemplo, Rivadavia, es más una figura británica del continente; Satisfecha la explicación, sigamos con el gran Simón;

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