Carlos Pistelli

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Leandro Alem, La Unión Cívica de la Juventud, 1° de Setiembre de 1889.

La Unión Cívica de la Juventud: Leandro Alem.

 

 ALEM El 1º de septiembre de 1889 se logran juntar cinco mil personas dispuestas a escuchar algo distinto. Se juntan, puesto que la corrupción los cansa, la prepotencia ya no los asusta. Muchos van, porque porteños al fin y al cabo, no lo quieren al cordobés provinciano. Otros porque el viejo patriarca liberal lo recomienda, y el viejo es el viejo. Están los que ya no creen en Juárez, pues ya no les asegura ganancias. Se está, y es lo que vale. Adhieren Mitre2 y don Bernardo de Irigoyen. Dan presente Del Valle, Pedro y Miguel Goyena, Delfín Gallo, Juan M Estrada, Vicente y Lucio López, los Gainza, Torcuato y su hijo Marcelo de Alvear, Mariano De María, Adolfo Saldías, Juan B. Justo, Barroetaveña y sus jóvenes: Manuel Montes de Oca, Damián Torino, Joaquín Castellanos y Lisandro de la Torre, entre ellos. Tocó a Leandro Alem cerrar el acto, tras corearse su nombre casi olvidado. Tocó robarse el acto:

“Confieso que no hace muchos meses, en una carta que dirigía a un antiguo y valeroso compañero, le expresaba la profunda decepción que me inspiraba la actitud de la juventud tratándose de la cosa pública. Ya no hay jóvenes en la República –le decía—, los ideales generosos, las iniciativas patrióticas no cuentan con su apoyo ni con su entusiasmo; los que se titulan jóvenes no lo son sino en la edad, porque cuando se les habla de la patria, de los sacrificios patrióticos o del cumplimiento de los derechos cívicos, reciben esas palabras con solemne desprecio, considerando que esos asuntos sólo pueden preocupar la mente de los ilusos, de los líricos, y cuando no de los tontos…

   … Ahora, en presencia de este movimiento iniciado por la juventud, he comprendido mi error, y al comprenderlo, me complazco en exhortar a esta misma juventud valiente y decidida, a continuar con orgullo la senda que señalaron con su sangre y con su ejemplo todos nuestros gloriosos antepasados…

   ¡Ah, señores! Nada satisface más íntimamente y retempla mejor el espíritu que recordar con acentuada veneración los esfuerzos desinteresados y patrióticos de aquella juventud que, abandonando la cuna de sus más caras afecciones, cortando algunos el curso de sus carreras universitarias y despreciando todos sus intereses particulares, corría, llena de bríos y santo patriotismo, a formar filas del ejército que se coronaba de gloria en las batallas libradas por la libertad y el honor nacional…

   Os confieso que mi corazón se llena de alegría en presencia de este movimiento varonil, noble y levantado de la juventud, que así demuestra que posee la más grande cualidad del hombre: El carácter. Conservadlo siempre puro, moral, justiciero; no desfallezcáis en esta grande obra que iniciáis llena de fe y de entusiasmo, y si alguna vez necesitáis la ayuda de un hombre joven de largas barbas blancas, pronunciad mi nombre, y correré presuroso a ocupar mi puesto con el ardor, la fe y la esperanza de los primeros años”.

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  Pero hay muchos que no creen en el flamante y nuevo Pueblo. Alem[1], siempre crédulo, en cambio sí. Y se hace con la idolatría de la agrupación. Recorre los barrios porteños, en tanto el país quiere ver para creer a porteños peleando por el país. Su figura se agiganta en fogones, con rumores, en chismes de mujer. Viste de levita y galera negra, como si guardara luto por la Nación; Barbas blancas, puño apretado al hablar con voz llorosa, que lo hacen quedar como un profeta; Es poeta, bohemio, borracho, Es como yo. No elude los entreveros como macho que es; Las mujeres le arrojan sus pañuelos, y algunas alocadas algo más; Le incomodan la riqueza mala habida, el poder, los que no van de frente; “Escucha, Pueblo, ha osado decir que la Pobreza es una virtud que nos llena de dignidad”. Éste es, finalmente, el Caudillo Popular que tanto necesitábamos. Ha dejado de pertenecer a sí mismo y el Pueblo lo adopta para el combate que se avecina.

 Don Aristóbulo Del Valle, hermano de vida de Alem, más sereno, más realista, más complaciente, si se quiere, será la 2da pata del Movimiento Nuevo. El mitrismo, con sus restos, y su líder que valía más que sus seguidores por sí solo, la tercera. Los dirigentes restantes conformaban una cuarta pata de compromiso. Aunque el rival es Juárez, y Roca, la competencia por el cariz del Movimiento había empezado.

 Alem, y con él mucho mejor su sobrino Hipólito Yrigoyen, plantea la Revolución Popular. Derrocar al gobiDel Valleerno y devolverlo al Pueblo, sí, pero mediante un Caudillo que utilizara las instituciones en beneficio popular. No transar con los corruptos ni con nadie. El plan era “el a realizar” pero cabía la inmadurez del gentío y la falta de personal necesario para “consumar la obra reparadora”. Pronto se abre una brecha estratégica: Alem irá en busca de aquella Revolución una y otra vez, haciéndola imposible; Irigoyen armará fuerzas para hacerla posible.

 Del Valle está con Alem pero difiere en un punto sustancial: La Intransigencia absoluta de su amigo y su creencia en el Poder Popular. Don Aristóbulo confiesa que ceder un poco para ganar mucho no está mal, y que las cosas se cambian sólo estando “arriba”. La vieja troupe republicana que lo tenía como a su líder, le acompaña: Pedro y Miguel Goyena, Delfín Gallo, Juan José Romero, Mariano De María, el historiador Adolfo Saldías. El católico Estrada, antes de fallecer tempranamente, también.

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  Mitre seguía siendo el de Pavón, No cabía esperar otra cosa de él, eso lo entendía mejor Yrigoyen. Decían los artículos de La Nación, “Solución nacional para suprimir la lucha”.

 La cuarta pata, heterogénea, como toda la Unión Cívica, tenía en don Bernardo y en Vicente López sus referentes. Era la vieja política porteña no mitrista, desengañada de Roca y Juárez, alejada de Alem y lo nuevo. Los dirigentes porteños de Alsina confiando en Irigoyen la conducción política, y en la capacidad de López, como garante para la Baring.

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  Alem impone sus tantos en la calle, y en momentos sin calma, los calmos y serenos no eran otra cosa que moderados. Los Radicalmos se llamarán en lo venidero. Su error, gravísimo, fue confiar la Revolución en los mismos que no la querían profundizar, desoyendo el reclamo de la multitud que estaba dispuesta a jugársela por entero. Muchas cosas nos hubiéramos ahorrado…

Leandro Alem (1842—1896)

Caudillo popular, Fundador del Radicalismo, mi héroe favorito, un macho de aquellos, un romántico, y un soñador: ¡un argentino, carancho!

 

El movimiento “reaccionario”.

     Los primeros discursos de Alem hablan de “movimiento reaccionario”. Pero no en el sentido actual donde reaccionario es aquel ultraconservador y antidemocrático. Sino en el sentido de “reaccionar”, como le pedía Del Valle a Cané.

  Más no podía pedir el entonces tribuno de Balvanera. Dedicado a conformar el Partido Político e institucional de la nada, deja entrever sus planes: Constituir al caudillo popular que utilizara los resortes constitucionales para hacer un gobierno decente. No podía, ni debía, criticar a fondo la situación colonial de dependencia extranjera porque le iba en juego varios apoyos. Por eso se limita a pedir honorabilidad en los cargos públicos y a reclamar una libertad electoral casi imposible.

  Inevitable era confrontar con el poder. Y justo él, tan alejado de las sensualidades que genera el ser gobierno. El despertar cívico arraigaba algo más profundo, en verdad: El renacer de la nacionalidad mutilada en Morón, acabada en Pavón. Que la gente “reaccionara” contra los atropellos de los menos. Alem no lo podría saber nunca: Junto a sus largas barbas blancas, estaba recreando al Pueblo Argentino, a su imagen y semejanza. Ésa ha sido, la gran obra del Radicalismo para la Historia Argentina.

  Cruzada libertaria y moralizadora, casi de sesgo religioso, la fe ciega en la militancia política ha sido la gran enseñanza de Leandro Alem. Sus campeones políticos eran una especie de caballeros de otros tiempos, decentes y austeros, bien dispuestos al entrevero y la confrontación por el solo hecho de mostrar coraje. Rodeado de jóvenes liberales que no estaban del todo de acuerdo con el significado “alemiano”, se dio a la tarea magna de conformar el Movimiento Popular que la Argentina necesitaba. Con Alem, el “Bautista”, el “precursor”, se adivinaba la huella: Con Hipólito Yrigoyen, al Realizador.

  Muchos actores se incorporaban a la política para romper el cerco elitista que desde 1852 era la regla en Buenos Aires.

  El doctor Juan Bautista Justo, fundador del Partido Socialista en 1896, era uno de ellos. Nacido en 18**, se incorporaba a la Unión Cívica, que hacía honores a su nombre, por respeto a Alem. El 1° de mayo participa de la primera marcha obrera conmemorando el día del trabajador.

  Compañeros de aulas del Nacional del Rosario, abogados flamantes, Marcelo de Alvear y Lisandro de la Torre, cada uno por su lado, acompañarán el Movimiento de reacción, para hacerse un lugar en la política porteña. El salteño Joaquín Castellanos, el médico Damián Torino, Oscar Liliedad y uno de los Montes de Oca, rodeando a Barroetaveña, completan el cuadro.

  Políticos en ciernes, periodistas de fuste, la pluma y el trabuco, eran la síntesis de esos compadritos sin chiripa pero de fogoso sentir nacional. Era el renacer de la argentinidad.

 .


2 Su lavaje popular no corrige su pasado pero le permite volver a ser nombrado.

[1] “Lo rodea una aureola de intelectual distinguido, de bravo hasta la temeridad y desinteresado hasta la miseria, su barba blanquea prematuramente… Hay en él una inspiración mística hacia algo superior, indefinido; entretanto es un rebelde, imperioso, arbitrario. No lo halaga ni la fortuna, ni la mujer, ni los puestos públicos, ni la vida misma. Se dice que está afectado de una tuberculosis crónica que combate con frecuentes dosis de alcohol. No ha formado hogar. Ha cerrado su estudio profesional refugiándose en el de Del Valle. Es un tipo con pasta de poeta, de caudillo y de mártir: ¡Allí estaba el jefe ideal de la revolución soñada!”, lo ve Juan Balestra en su extraordinario e imprescindible “El Noventa”.

1 comentario

  1. AZUCENA

    HONORABLE. (AD HONOREM. GRATIS.POR AMOR A LA PATRIA.).√√√SEÑORES QUE SE EMOSIONABAN AL SER ELEGIDOS PARA TAN NOBLE TAREA !!!DIOS”””. QUE VUELVAN LOS HONORABLES

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