Carlos Pistelli

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Manuel Dorrego. Navarro.

NAVARRO.

En una hora me intiman a morir…

Que mi muerte no sea causa de más derramamiento de sangre

(Extracto de las cartas del coronel Manuel Dorrego a su esposa y a don Estanislao López)

Dorrego

Manuel Dorrego, federal doctrinario y gobernador bonaerense.

 

Dorrego y la hora federal.

             López y Planes, llama a reunirse la legislatura de Buenos Aires, con lo que volvía a existir el extinto estado. La legislatura elige gobernador al federal del momento: Manuel Dorrego.

Ya nos hemos referido a la agitada vida de Dorrego[1]. No así a sus definiciones doctrinarias y de principios.

    De grandes pensamientos, privilegiaba la acción militante o sus joviales años en el ejército. Era hombre de acción pero su labor gubernamental no le quedaría en saga. Fue el digno continuador de Mariano Moreno y Castelli, incluso con más realismo que estos. Comprendió los males de la Nación. “La aristocracia del dinero”, el 5% de la población que sostenida por los bancos extranjeros manejaba los asuntos de la Patria con escaso tacto y amplia mentalidad colonial. El Régimen mismo. Pagó caros sus defectos: Era porteño y soñaba con ser el gran caudillo enfrentando a los aristócratas financieros terminando lo iniciado por Artigas: esto lo llevó a confrontar con Bustos y Rozas. Y era ingenuo si pensaba que le iban a perdonar las ideas esbozadas en el Congreso: Navarro lo demuestra.

    Fue intransigente con cuestiones que no toleraban tranzas. Confrontó contra quienes pensaron en él como un continuador de Rivadavia. Fue un patriota, más allá de ciertas trastadas. Su patriotismo lo llevó a la muerte ordenada por otro patriota mucho, pero mucho más ingenuo.

 Tres temas urgían resolución: La terminación de la guerra, las relaciones con los caudillos y la gravísima situación financiera del país que Buenos Aires por ser la “hermana mayor” debía resolver por sí. A todas afrontó a la vez, sin delegar funciones ni nada. Otros temas de índole provincial los acogió con mismas miras: Las investigaciones a la administración anterior y la problemática de los malones.

 La hora de los caudillos.

             El federalismo argentino nacido de las entrañas mismas de la Patria poco tenía que ver con el federalismo de los Estados Unidos pese a tener su mismo nombre. Representaba en la Argentina la vocación democrática de los pueblos, intuición popular más que una doctrina al estilo Hamilton. Lo foráneo era foráneo en aquellos tiempos. Lo nativo era nativo. Digo nativo porque en aquellos tiempos la palabra nacionalista no tenía los ribetes del hoy. La escuela de la Independencia había dejado países independientes entre sí pero generadores de una solidaridad continental. Los primeros en abandonar tal hermandad serían los argentinos. Pero eso sucedería después de Pavón.

            Era la hora de los caudillos. Era la hora de las mayorías. Dos grandes figuras se disputarían la jefatura del federalismo y por ende la organización institucional: Dorrego y Bustos. Con el primero, federal doctrinario y estudioso de Hamilton irían los orilleros de Buenos Aires, las provincias del litoral y los hacendados de la campaña bonaerense con Rosas a la cabeza. Detrás del segundo se encumbraban las provincias del interior, con su puntal fundamental: Juan Facundo Quiroga. Pronto se comprendería que los fundamentos políticos unían a Bustos y Quiroga con Rozas mientras Estanislao López y Dorrego entraban en un federalismo continuador de Artigas. Los razonamientos económicos dividirían las aguas y serían los forjadores de las disidencias posteriores en la guerra civil.


[1] Hijo de portugueses, es el alma de la revolución chilena de 1810. Al comando de chilenos regresa a Buenos Aires y presta combate en Tucumán y Salta, destacándose por su coraje y liderazgo. Dejos de indisciplina lo separan de Belgrano, primero, a quien quería como a un padre, y de San Martín, de quien se burla crudamente. Desterrado en 1816 por insolentarse con Pueyrredón, regresa en 1820 para convertirse en el campeón del pueblo de Buenos Aires y la causa federal. Solía desfilar desnudos con dos mulatas por Mendoza, a modo de rebeldía sin causa. Uno de los nuestros, absolutamente.

1 comentario

  1. Marcos

    Sin dudas el Cnel. es el gran prócer olvidado…..en su visión se concentraba la clave del truncado ulterior desarrollo de Argentina…las miserias , la estrechez de miras, opacaron su vida……

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