Carlos Pistelli

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IV- Sarmiento, los últimos años.

Aquí, los post previos a la última nota sobre el tremendo sanjuanino.

https://carlospistelli.wordpress.com/2013/02/10/sarmiento-tu-grato-nombre/

https://carlospistelli.wordpress.com/2013/02/11/ii-sarmiento-escritor/

https://carlospistelli.wordpress.com/2013/02/13/iii-sarmiento-presidente/

Sarmiento deja el gobierno el 12 de octubre de 1874, pero con motivo del levantamiento mitrista que desconoce el resultado electoral, sigue dando órdenes como si nada hubiera pasado; Avellaneda, su sucesor, que carece de carácter, debe solicitarle a don Adolfo Alsina que se imponga. Los seis años de Avellaneda son los mejores de la carrera política de Sarmiento.

11-SARMIENTO

Con el mitrismo siempre levantándose en armas, o conspirando para derrocar al gobierno constitucional, Sarmiento es tenaz, pidiendo hasta el fusilamiento para Mitre. Pero Avellaneda quiere gobernar tranquilo, y Alsina asegurarse su preciado tesoro, la presidencia de 1880.

Una de esas cosas de la historia lo produce todo. Ha muerto don Juan Manuel de Rosas en Southampton en marzo de 1877. Las víctimas de la tiranía realizan un funeral histórico al respecto, y Alsina y Mitre aprovechan el convite, y se dan un abrazo histórico. Ha nacido la conciliación. Antimitristas convencidos rompen filas: Simón de Iriondo, en Santa Fe; el joven general Julio Roca, a la expectativa, en Cuyo; los republicanos, escindidos del tronco autonomista, y capitaneados por Leandro Alem, Aristóbulo Del Valle y Dardo Rocha, donde entra lo mejor de la Generación Universitaria de1869 porteña (la mejor generación de egresados de esa escuela de estudios), entre ellos Juan José Romero, los De María, los Goyena; Carlos Pellegrini, decide esperar. Entre los más jóvenes, Roque Sáenz Peña e Hipólito Yrigoyen.

Para cumplir la Conciliación, Avellaneda manda al Senado la devolución de los grados militares al general Mitre. Y como sabe que Sarmiento, senador nacional, va a oponerse, manda el ascenso militar para él. Desde entonces, firmará como “General Sarmiento”.

Sarmiento estrena su grado en Santa Fe, donde desea conocer en una tertulia al escritor Ramón Lassaga, primer biógrafo de Estanislao López.

-General, usted ha dicho que López bebía ginebra en mate, pero no es así: López era abstemio, Un colaborador suyo era: Pascual Echagüe.
-Si yo digo que ese gaucho ladrón de vacas era borracho, así quedará.

Y así quedó, muchos años.

Sarmiento no tiene partido detrás. Pero tiene su brillante pluma y las páginas de “El Nacional”, periódico de la época. Convertido en la ilusión de los republicanos, los apoya en todo. Dice de la Conciliación. “Las conciliaciones al redor del Poder se hacen para suplantar la voluntad del Pueblo, por la de los que mandan”. Nuevamente brillante.

El debate de la hora, no solamente es entre conciliados y republicanos, sino entre librecambistas y proteccionistas, desarrollándose un gran debate porteño entre intelectuales de todas las graduaciones. En su antimitrismo, Sarmiento no duda en proteger a los proteccionistas, y plantea la crucial elección a Gobernador de Buenos Aires de diciembre de 1877, entre el “saladero”, por Carlos Tejedor, y los “libros”, por el candidato republicano Aristóbulo Del Valle, acompañado en la fórmula por Alem. Pero Alsina, viejo ducho para los enjuagues electorales, vuelca las urnas en favor de Tejedor. Sarmiento, no ocultó su despecho hacia la victoria de sus antiguos compañeros de gabinete (Alsina, su vice; Tejedor, su canciller)

Pero Alsina muere imprevistamente, y se abre un compás de espera. Su vacío político, todos lo quieren llenar. Desde Tejedor, pasando por Bernardo de Irigoyen, Sarmiento y el propio Julito Roca. Para unirlos a todos contra el mitrismo, Sarmiento convoca y organiza, en 1878, el Partido Autonomista Nacional. Termina sus discursos y sus artículos períodisticos, con una frase en inglés “the man right”. Con un poco de tino político, que nunca tuvo, tal vez vuelva a presidir el país en 1880.

Carlos Tejedor, gobernador bonaerense, tenía un carácter hosco y era un tipo a-popular. Pero el renacido localismo porteño que desprecia a los provincianos que gobiernan el país (Avellaneda, Roca, el propio Sarmiento) lo encumbran popularmente. El primer problema surge con la famosa campaña al desierto propiciada por el ministro de guerra (Roca) Tejedor entiende que las tierras patagónicas pertenecen a la jurisdicción porteña. Choca, con Roca, que entiende que no. La cosa se pone espesa. Se le tirotea la casa a Avellaneda, a punto tal que no se lo trata en las tertulias como presidente constitucional. El débil carácter del Presidente, encima, no se la juega por su coterráneo (Roca y él eran tucumanos) y busca la “solución nacional” al disenso. ¿Quién, sino él?

Avellaneda convoca a su casa particular al principal promotor de la candidatura Sarmiento (Del Valle) Pero el joven republicano entiende que debe entregarle el ministerio del interior, directamente a Sarmiento. Y Avellaneda se resigna: Ha sonado, nuevamente, la hora del “padre de las aulas”. Inclusive recibe a Juan B, Alberdi, del regreso al país, con un abrazo histórico. Corre 1879.

Pero Sarmiento era el hombre menos a propósito para el cargo. Debía manejarse con tino, muñeca, seducir a propios y extraños, halagar a Tejedor, separarlo de Mitre.  Pues hizo todo lo contrario. Su caída en menos de un mes, revela un Sarmiento genio y figura. Discutiendo con el gobernador jujeño por una trivialidad, le exige respeto a su cargo. Le telegrafía órdenes militares, pero el ministro del Gdor. le informa que éste se encuentra de vacaciones en Perico. Para Sarmiento es una burla. Desconoce que existe una localidad con ese nombre. Y manda la intervención. Roca y Mitre, salvando sus diferencias personales, lo hacen saltar del gabinete desde el Senado Nacional que manejaban. Sarmiento lanzó la renuncia indeclinable, despidiéndose de la política grande, para pasar a ser un enconado antiroquista.

Aunque participa de los debates de la Ley 1420 de Educación, y critica con dureza la época roquista, sus años de esplendor están finalizados. Es recibido en triunfo en Asunción del Paraguay, el pueblo que ayudó a exterminar, donde fue a buscar un clima benigno para su deteriorada salud.

Allá en Asunción, el que dijera, “donde empieza el guaraní, termina la civilización”, fue a encontrar la muerte uno de los argentinos más grandes de la Historia. Y lo recordamos, como se debe, polemista, gigante, y como él mismo dijera, “Van a pasar muchos presidentes, pero Yo, Sarmiento, seré recordado eternamente, porque no hay nadie como yo”. Ególatra, pendenciero, y brillante, dejaba una historia, para que nosotros, en el presente, nos sentemos a reflexionar.

1 comentario

  1. juan jose guardia

    JAJA…Y PENSAR QUEHOY HAY TANTO BOLUDO PIDENDO UN MONCLOA.

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