Carlos Pistelli

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Aguad y su visión del Radicalismo.

En una entrevista “telefónica” publicada por el diario mitrista La Nación el sábado 15 pasado, el diputado nacional por Córdoba, Oscar Aguad (UCR) da su mirada política historia sobre el partido:

Hace poco tuvimos una discusión en el radicalismo. Yo dije que había una diferencia: el radicalismo de Buenos Aires viene de la vieja Convención de Avellaneda, que a mi juicio fue uno de los grandes errores del radicalismo. Aquella convención pretendió correr al populismo de Perón con más populismo. Y ahí se formaron los dirigentes del radicalismo de Buenos Aires (…) Bueno, esta generación de dirigentes que gobernó incluso la Argentina.
http://www.lanacion.com.ar/1672350-oscar-aguad-a-macri-lo-votan-los-electores-clasicos-del-radicalismo

Ni lerdo ni perezoso, el dirigente radical de la línea interna MODESO, Leopoldo Moreau, salió a contestarle por los medios internáuticos:

  En su edición de hoy el diario La Nación trae un extenso reportaje a Óscar Aguad. No me voy a referir a la propuesta explícita que se hace de incorporar al macrismo a un frente electoral común con lo que se denomina UNEN, no porque lo considere irrelevante , sino porque en realidad el fondo de la discusión, que es mucho mas profunda, está en otras respuestas de esa entrevista. En efecto el diputado por la UCR de Córdoba sostiene textualmente : ” el radicalismo de Buenos Aires viene de la vieja Convención de Avellaneda, que a mi juicio fue uno de los grandes errores del radicalismo. Aquella Convención pretendió correr al populismo de Perón con mas populismo. Y ahí se formaron los radicales de Buenos Aires “.
El periodista repregunta : ¿ Por ejemplo, cuales ? El entrevistado responde : ” Bueno, esta generación de dirigentes que gobernó incluso la argentina ” . El periodista insiste : ” ¿ Representados hoy por ….? El entrevistado elude y dice : ” No,no voy a dar nombre porque después me peleo. Son amigos “.
Es obvio que se refiere a nuestra generación e incluso a Raúl Alfonsín que encabezó ese gobierno pero no me voy a escudar en el apellido de Alfonsín para refutar el contenido de esas afirmaciones porque sería un golpe bajo y, además, Alfonsin puede ser criticado como cualquier otro.
A esta altura debo decir que reconozco que Aguad actuó con absoluta honestidad intelectual diciendo lo que piensa a diferencia de otros dirigentes que tienen las mismas creencias pero las ocultan.
En primer lugar conviene señalar que lo que se conoció como el ” Programa de Avellaneda ” fue una resurrección del yrigoyenismo que había sido desplazado por el alvearismo de la conducción partidaria. Desplazamiento que provocó un fuerte éxodo de radicales , que aun antes de la aparición de Perón se habían apartado de las filas partidarias. FORJA es el ejemplo mas visible de esa expresión. Y efectivamente muchos radicales, dirigentes y votantes, acompañaron a Perón por el abandono de las banderas nacionales, populares y democráticas que practicó la conducción de aquel entonces.
Es exactamente al revés de lo que afirma Aguad. La declaración de Avellaneda no corrió a Perón con mas populismo sino que en todo caso Perón levanto banderas del Yrigoyenismo. Hay que destacar que de ese programa de Avellaneda nacieron dirigentes como Moisés Lebensohn, Crisólogo Larralde, Ricardo Balbín, y otros, que fueron hijos de esa generación de radicales como Raúl Alfonsín. Cada uno de ellos dejó una impronta popular al radicalismo que sería muy extenso enumerar aquí. Todos recordamos al Balbín de la Hora del Pueblo , de la multipartidaria y de la reconciliación entre peronistas y radicales. A Crisólogo Larralde y su legado en el artículo 14 bis de la Constitución que consagra lo que ni siquiera el propio justicialismo, a pesar de todos sus aportes a la causa de los trabajadores, se animó a hacer como fue darle categoría constitucional al derecho de huelga. Ni hablar de las contribuciones doctrinarias de Lebensohn para darle a la UCR un fuerte compromiso con las concepciones laicas de los derechos civiles y la promoción de los derechos humanos. De la herencia política y doctrinaria de Raúl Alfonsín no hace falta abundar porque son hechos contemporáneos que están en la memoria colectiva aún fresca.
En realidad lo que plantea Aguad es la vieja tensión entre un radicalismo con inclinaciones liberales o de fuerte raíz nacional , entre un radicalismo solo republicano o un radicalismo popular. En definitiva entre un radicalismo que confía en que la distribución de la riqueza la hace el mercado o, por el contrario, la diseña la voluntad de las mayorías populares a través de políticas públicas y activas. No es una discusión histórica sino de plena actualidad.
El radicalismo no nació, ni se desarrollo en la historia, como un partido de centro derecha . Si se transforma —porque un oposicionismo ciego lo empuja a ese lugar— en una fuerza conservadora, desaparece. Nosotros haremos todos los esfuerzos para que eso no ocurra. Es precisamente lo que hicieron los radicales que se reunieron en Avellaneda en 1945.
El radicalismo nació del pueblo y junto al pueblo debe quedarse.

  Es interesante el debate entablado sin buscarlo, que nos permitirá una reflexión histórica (No radicales, abstenerse)

El Radicalismo, historia de su nacimiento.

    ALEMEl Radicalismo nace como movimiento político en Setiembre de 1889, en la concurrencia juvenil en el Jardín Florida de Buenos Aires. Dentro del mismo concurren desencantadas personalidades heterogéneas, con el liderazgo presidencial de don Miguel Ángel Juárez Celman. Fue también el rechazo porteño a un Celman que representaba los intereses del “interior” argentino. A finales de julio de 1890 el movimiento, denominado Unión Cívica, realiza una asonada cívico-militar, que aunque fracasa, conlleva a la renuncia de Juárez como presidente. En ese mismo año, los cívicos se dan cita en Convención, siguiendo el modismo de los partidos modernos, formulando la candidatura de Bartolomé Mitre a la presidencia de la República, para las elecciones de 1892. Acompañándolo en la fórmula, don Bernardo de Irigoyen. Lo que se dice, un binomio ligado, no por amor, sino por espanto. Mitre y don Bernardo estaban en las antípodas ideológicas uno del otro, pero como el rival era Roca, todo valía. Sarmiento, de haber vivido, hubiera pedido el premio mayor para él.

   Pero Roca, viejo zorro, si los hubo, supo que fraguar elecciones, como se venía haciendo desde la caída de Rosas (1852),  y encima a Mitre (¡el mismísimo Patriarca Liberal de los libros argentinos!) era algo parecido a la imposibilidad. Así que hizo lo que mejor sabía hacer: Deshacer a los cónyuges malhabidos ofreciéndole a Mitre, el concurso de sus fuerzas partidarias para hacerlo “Presidente de todos los argentinos”. El iluso don Bartolus, creyó la volteada, y desarticuló una posible futura presidencia.

  Porque Alem, y con él los más intransigentes cívicos, le saltaron a la yogular: Rompiéndose el novel Movimiento con el alzamiento de los mitristas. El 15 de agosto de 1891, Alem soltó, con su furia de profeta de otros tiempos, Se nos ha llamado radicales intransigentes, y aceptamos el mote con orgullo. Porque no vamos a tranzar como los impacientes, ¡Y no hay quien pueda matar el espíritu de ser radical! Habían llegado los radicales a la historia Argentina.

 Por cinco años Alem condujo al Radicalismo incipiente en un plan de intransigencia y levantamientos armados. Su programa político era básico, pero revolucionario para la época:

  • Austeridad en los cargos públicos,
  • Libertad de sufragio,
  • Impersonalismos de la alianza,
  • Sentimiento Nacional.

  El pueblo de Buenos Aires adoró al gran y viejo Leandro, pero sus desencantos políticos y personales, lo llevaron a una tremenda decisión, la de quitarse la vida el 1º de julio de 1896 de un balazo en la sien. “Buenos Aires se quedó sin Alma”, narra su gran biógrafo, Álvaro Yunque. Su muerte, acaecida en momentos definitorios de la vida pública de Leandro, se daba en un momento de tensión y confrontación por el liderazgo partidario con su sobrino, y casi “el hijo que me faltó parir”, Hipólito Yrigoyen. Muchos historiadores venturan que en el ‘testamento político’ de Leandro se deslizan acusaciones a don Hipólito, y acaso sea posible. Pero quien se atrevió a hacer públicas tales acusaciones, terminó tajado en la cara de dos sablazos, en lo que fue el gran duelo de caballeros que vivió la Argentina un año después de la desaparición física de Alem. Yrigoyen se convertía en el gran líder de la UCR, y en la figura más emblemática de toda su Historia. No se entiende Argentina, y la UCR en ella, sin el liderazgo señero del viejo Peludo de calle Brasil.

yrigoyenFilosofía de la UCR.

  Con la muerte de Alem, pero desde antes, quedan tendidas las grandes líneas internas del Movimiento “de reacción”, como lo llamaba Leandro al partido, pues descreía que el Radicalismo fuera solamente un partido, aún en el estilo moderno de la palabra. Y en este caso voy a discrepar con don Leopoldo, que habla, como todos los historiadores, que la UCR tuvo, y tiene, dos grandes líneas históricas, la “popular” y la “conservadora”, a grandes rasgos trazadas. En mi humilde opinión, el Radicalismo tuvo tres grandes ramas, a saber, “la populista”, “la liberal”, y “la conservadora”. Paso a detallarles.

  • La populista. Cuenta Juan Balestra en su extraordinario “El Noventa”, que en las reuniones que se fueron dando en la conformación del Movimiento, Alem no paraba de soltar: “Tenemos que constituir un Caudillo que imponga la voluntad del Pueblo por intermedio de las instituciones”. Se denota la tradición ‘federal’ de Alem, hijo de un viejo partícipe de la Mazorca, asesinado por un crimen, se supo después, del cual era inocente. Alem tenía una predicción por el Pueblo, “artífice de su destino”, “la Causa de los desposeídos”, que sólo tiene parangón en nuestra historia en Manuel Dorrego (a quien admiraba) o en Evita, y “sus descamisados”. Aunque las diferencias de estilo personal con el tío, son merecedoras de una nota extra, Hipólito Yrigoyen continuó la tradición de Alem en ese sentido. Algunos amigos pertenecientes al círculo de Leandro, criticaron duramente el “personalismo” de Hipólito, tomando la palabra del viejo programa alemiano. Pero Alem no se refiere al personalismo propio que todo caudillo impone a su liderazgo. Sino al de aquellos líderes, como Mitre, al cual va el dardo, que asumiendo una especie de tutoría del Pueblo, que no tiene discernimiento para tomar decisiones, toma decisiones desoyendo lo que las voces populares enuncian. Alem era tan personalista como Yrigoyen, en ese sentido de líderes machos y bravos, pero siempre puso como antelación a sus ambiciones personales, sus nociones de Nación y Pueblo.
  • la liberal. Don Aristóbulo Del Valle, hermano de la vida de Alem, maestro político de Hipólito, era uno de esos eruditos de la vida argentina dedicado de lleno a la política. Y popular. Cuando el Radicalismo nace, aceptando el rompimiento con el mitrismo, Del Valle renuncia a seguir participando en política (y a su senaduría nacional) puesto que descree de la ruptura, y ve a Roca regodeándose de la misma. En ésta Yrigoyen estuvo con él, pero por razones distintas a las expresadas por don Aristóbulo. Del ValleDel Valle era un romántico, un conciliador por naturaleza, en el buen sentido de las expresiones dadas, creía que no se podía perder la oportunidad de tomar el poder con Roca casi desahuciado. Era un tipo que creía que las cosas se cambian estando en el poder, y que en el llano uno cumplía rol de oposición honesta. En cambio, Yrigoyen veía esas posibilidades como “realidad tangible”. Es decir, Don Hipólito creía fervorosamente que desde el llano también pueden concretarse propuestas que ayuden a dignificar profundamente la vida argentina. Y el poder, era apenas una herramienta al respecto. Del Valle es alguien que cree, que con una mano honesta, y la Constitución en la otra, se hacían las cosas en Argentina. Yrigoyen, más pícaro, más ducho, más pragmático, si se quiere, veía las cosas de otra manera. Ese modismo de gobernar “con una mano honesta, y en la otra la Constitución”, ha sido la norma de trayectoria del Radicalismo “progresista”, desde la muerte de Yrigoyen, en 1933, y la irrupción del Peronismo, que vació de clases populares los comités rojiblancos. La Convención de Avellaneda, a la que hace alusión Aguad en la entrevista, estaba formada por yrigoyenistas de vieja ulsanza, y jóvenes promesas partidarias, que le disputaría al peronismo las cuitas en el futuro venidero, y no siempre con las mejores armas en la mano.
  • la conservadora. Bernardo de IrigoyenDetrás de la línea conservadora de los primeros tiempos radicales, están las manos de ese viejo gran hombre llamado don Bernardo de Irigoyen; Llamar ‘conservador’ a don Bernardo me da un poco de vergüenza, puesto que no lo era. Inició su vida política siendo secretario privado de don Juan Manuel, y fue una, sino la mejor,  de las grandes promesas del Rosismo. Desterrado de la vida pública por no renegar de Rosas, don Adolfo Alsina lo atrajo a sus filas, conociendo de la pericia jurídica y su honorabilidad personal. Siendo canciller en tiempos de Avellaneda, don Bernardo volvió a pronunciar en documentos públicos del Estado Argentino, la palabra “soberanía”. El viejo pícaro retirado en Southampton, pudo esbozar alguna sonrisa antes de morir, al ver renacer sus viejas banderas. Por un tiempo permanece Irigoyen entre los autonomistas roquistas, hasta pegarse una tremenda decepción personal, y pasar a revestir en la oposición. En ella estaba, cuando acudió al llamado de los cívicos. Alem le tenía una vieja gran estima, y fue su caballito de batalla largos años. Detrás de don Bernardo se encolumnaron viejos mañeros del alsinismom, que veían con preocupación el chusmerío juntado en los comités. Mas la posibilidad de alcanzar algún carguito era más grande. Don Bernardo cometió el tremendo error de aceptar una gobernación bonaerense en tiempos de la 2da presidencia de Roca. Sus deseos de gobernar, pensando que podía moverle el suelo al Zorro, tal vez lo lanzaron a la posibilidad, “pero no había ambiente para un gobierno de su volumen”, como expresara su ministro, don Adolfo Saldías, padre del Revisionismo Histórico.
    En estas líneas conservadoras, y anti-yrigoyenistas, surgieron los hombres y las ideas que impulsan a don Oscar Aguad, el “cabo”, a creer que el Radicalismo es un partido de derecha y bien, pero bien gorila.

Alguna vez, Moisés Lebensohn, el más grande cuadro intelectual radical, expresó, “Llegará el día, puede ser, le pasó al partido Republicano de Lincoln, que el Radicalismo abandone sus banderas populares. Ése será el día en que los radicales debamos formar un nuevo partido prescindiendo de las viejas siglas”. Lamentablemente, muchos correligionarios seguimos levantando al viento, la vieja bandera radical, olvidando este premisa fundamental, dada por Lebensohn, allá por los años cuarenta. Tal vez debiéramos tomar el Partido a lo Alem e Yrigoyen, a lo guapo, sacando a los tiros a todos los entreguistas que nos conducen, actualmente.

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