Carlos Pistelli

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Raúl Ricardo Alfonsín.

ALFONSIN 1 Conocí a Alfonsín personalmente allá por agosto de 1993. Éramos como ciento y poco de muchachos y muchachas que lo íbamos a oír en la Siberia de Rosario. Tomando en cuenta que diez años antes había metido medio millón de personas en el Monumento, daba un poco de cosa tan poca convocatoria. Pero al ser pocos, el encuentro tuvo un cariz casi de tú a tú. Y saludarlo cuando terminó la charla, fue algo que todavía impresiona mis recuerdos. Cuando volví a casa y le conté a mis viejos, sabía que por un tiempo no me iba a lavar las manos. Mi mamá tuvo una situación especial parecida. Cuando era alumna de su colegio, en San Nicolás, visitó la escuela nada más ni nada menos que don Arturo Umberto Illía, presidente de la República: ¡Y el viejo le dio un beso! ¡Qué honor!

  En su discurso de 1993, Alfonsín dio indicios de un regresar a la política tras su presidencia, hablándonos de la Democracia Social, y su crítica personal al neoliberalismo encarnado por Mene*. De sus prevenciones a los intentos reeleccionistas, y que había que prepararse para una militancia dispuesta a reencontrarse con la sociedad, pese a los desencantos de su gobierno.

 En el cierre de campaña en Rosario de la UCR por las legislativas de ese año, su nombre fue coreado hasta el hartazgo, por una multitud impresionante en la bajada Cabral de mi ciudad. Ese día me encontré en la plaza de Mayo al lado de Leopoldo Moreau, como dos militantes más, y me dije a mí mismo: “Éste será mi referente. Está entre nosotros”. Mi papá, que lo conocía, le dio un abrazo. Después comprendí una vieja frase alfonsinista, “sigan ideas, no hombres”, y me perdí en la nebulosa de la UCR.

 Aquel año la UCR no hizo una buena elección, y perdió en la ciudad de Buenos Aires con… ¡¡Erman González!! Men** lo interpretó como un aval a su reelección y propuso un plebiscito. Ni lerdo, ni perezoso, Alfonsín, que acababa de perder una interna con el storanismo en Provincia, por algo menos que cien votos, inició gestiones en casa de Dante Caputo (que luego rompió con la UCR) y acordó con Men** el famoso pacto de Olivos.

 Con motivo de cumplirse los diez años de la recuperación institucional, se realizó un acto conmemorativo en la ciudad de Santa Fe. Allí fuimos otra vez a escucharlo, porque venía a dar un discurso de los de antes. En la improvisada tarima frente al comité provincial, dio una arenga de las suyas. Pero yo, que tonto nunca fui, oí lo que dijo: Era el mismo discurso de agosto, pero ahora con la justificación argumentativa del porqué el Pacto. Me quedó en la memoria.

 La Constitución se juró en agosto de 1994, y en celebración, los radicales hicieron una de sus afamadas cenas para discursear, en Santa Fe. Hacia allá fuimos nuevamente con mi viejo. Comimos como chanchos, y al cerrar los eventos, Alfonsín fue nuevamente a la tarima a hablar. Mi viejo tenía un grabadorcito de esos de antes, con un pequeño cassette de grabación, y me acerqué para grabarlo. Fue impresionante estar a los pies del viejo ladino, lanzado en otra de sus gloriosas arengas… Era el mismo discurso de 1993, ahora trayéndolo como argumento de la Constitución. Pero en un momento me vio, les juro que me vio, y con esa sonrisa cómplice que lo destacó siempre, lanzó al público presente, “¡Por la juventud….!”, con el dedito revoleando al viento, y les juro que casi me orino de la emoción, sino que lloré.

Tenía esas cosas de viejo seductor de tiempos inmemoriables. Su pose lo ligaba más a un Radicalismo de otros tiempos, de aquel que subido en cajones de manzanas arengaba a un público esquivo, y peronista. Fue un hombre de Comité, austero, serio, y cabrón cuando se enojaba. Un militante. Un hombre necesario y respetuoso de las instituciones. Congenió en su ser, el populismo yrigoyeniano con la estirpe liberal, prosapia que el Radicalismo siempre hizo gala. No se mató como Alem, ni fue llevado en andas como Yrigoyen, no se retiró de la casa de gobierno expulsando dos o tres veces a sus golpistas, como hizo Illía. Fue un hombre digno, en tiempos difíciles. Fue una bandera para un Pueblo que la izó con fervor. Como todo hombre público, gozó de las mieles y los sinsabores de la política. Pudo morir contento, rodeado de una multitud que lo despidió con respeto, más que con devoción. En tiempos donde las banderas populares se izan en Puerto Madero, un recuerdo para un viejo caudillo de honor y ética. De sueños inconclusos, de fracasos exagerados. De un demócrata cabal, cuando siempre nos ha gustado el líder omnipotente. De un viejo cabrón que todavía nos roba una sonrisa nostálgica, mientras terminamos el café.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Mis Mentiras Favoritas

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Una chica trotamundos

CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

Pájaro Rojo

El blog de Juan Salinas, (a) "El Pájaro", "Beto", "Juanjo", etc

Ateneo del encuentro

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Proyecto Vertientes

El Blog del Río Paraná

HISTORIA Y DOCTRINA DE LA UCR

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

ESA VIEJA CULTURA FRITA

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Jose Luis Muñoz Azpiri

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

A %d blogueros les gusta esto: