Carlos Pistelli

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El decreto 8885. El odio a Yrigoyen. Sus hijas Elena y Sara Dominga.

http://edant.clarin.com/diario/2002/11/03/p-02201.htm

El odio de la Oligarquía.

             Si pudiera establecer un trío de personalidades históricas odiada por la oligarquía argentina, debiera enumerar a:

  • don Juan Manuel de Rosas. No fue un odio que se presentara visible mientras Rozas ejerció la gobernación bonaerense, sino a partir del estudio posterior que se hizo de su vida. Hay una anécdota que cuenta José Ma. Rosa sobre el primer libro serio que se hace sobre su figura, y su época, el de Adolfo Saldías. El libro era el más vendido de su tiempo, pero si uno preguntaba a alguien el haberlo leído, respondía “¡¿Yo?!, Yo no leo ‘eso’!”. El tono despectivo a la obra de Saldías, en función del personaje descrito, le costó a don Adolfo una carrera literaria, y debió refugiarse en los brazos del Radicalismo ‘bernardista’. Todavía hoy cuando cualquiera intenta hacer un esbozo sobre don Juan Manuel, salta algún descarriado, que con las fuentes que se tienen a mano desde la Escuela Mitrista, acusan al Restaurador de las peores cosas existentes.

  • Eva Perón. Me cuenta mi abuela, enconada antiperonista, que su prima menor, cuando le nació el hermanito, le decía en la cuna: “¿Para qué naciste vos, si éramos tan felices nosotros tres? Diputado peronista, Eva Duarte de Perón”. A la pobre niña le habían enseñado que Eva Perón era mala palabra. Nunca mujer en Argentina fue tan amada y tan odiada como Eva, y es posible que hoy en día ya se hayan superado los viejos odios, Pero nunca falta un pelandrún, buen caballero él, que sin chequear una puta fuente ajena a las interesadas, se manda un bastardeo sobre su figura y la de su marido.

  • Hipólito Yrigoyen.

 Yrigoyen.

El caso de don Hipólito es ciertamente para un Congreso de especialistas de todo género. Yrigoyen se atrevió a gobernar para los más, intentando constituir “una Democracia que garantice un mínimum de felicidad siquiera”. Fue demasiado. En su gobierno, porque se llevó a cabo una tarea de derramar hacia el Pueblo, las buenas obras que dejaron los 35 años de “roquismo”, se consiguieron tres hitos argentinos: 1-la quinta economía mundial; 2-la Democracia ejemplar del mundo occidental; 3-el primer país del mundo en eliminar el analfabetismo. Como yrigoyenista, mi humilde entender agrega como logro esencial del Yrigoyenismo, la refundación del sentir nacional argento. Pero pase como un guiño especial hacia mi admirado Hipólito, porque todavía estoy investigando en la materia.Hipolito Yrigoyen

En su vida personal, Yrigoyen mantuvo un tenaz misterio de sus pasos, tanto públicos como privados, toda una definición de sí mismo. Tenía mujeres a montones que nadie le conocía, E hijos con la misma facilidad, que él no reconocía. Sus hermanos le querían mucho, pero la familia del tío rompió con él por sus peleas por la dirección partidaria. Yrigoyen sufrió en silencio el bastardeo de los Alem, que inclusive formaron filas en el antipersonalismo para contrariarlo. El contrapunto de Leandro con Hipólito es más conventillero de lo que uno cree. La hermana de Hipólito, bonita ella, tuvo algunos flirteos con el tío, E Yrigoyen, que amaba a su tío como si fuera su propio padre, cortó con lo sano, rompiendo la vida familiar de treinta y cinco años. Los años posteriores, los llevaron a discutir el rol de la UCR, y a tirarse con munición gruesa, machos cabríos como eran. Una tristeza para quien adora a los dos.

 Hoy cuando se estudia la figura del “peludo de calle Brasil”, y su época, se ponen en igualdad de término de la balanza, sus intentos populistas, y la represión salvaje en la Patagonia (la cual creo ver una responsabilidad de Yrigoyen en la misma, pero sigo entendiendo que él nos buscaba eso. Pero pasó) Creo que es un despropósito. Inclusive su última biógrafa, Araceli Bellota, en una entrevista con Jorge Coccia en canal 9, arrancó la entrevista hablando de “la doble moral de Yrigoyen”. ¡Pavada de reservorio moral tenemos en la República! La oligarquía argentina odió a Yrigoyen por todo. Y las elites intelectuales del país, jamás lo digirieron. Se le llegó a decir, como insulto a ambos, “Hijo de Rosas”. Que es algo así como el hijo de puta de nuestros tiempos. Todo porque el padre, don Martín, trabajó en las caballerizas de Palermo, y la hermana de Alem, Marcelina, fue partícipe de algunas tertulias de Manuelita. Yrigoyen fue un viejo campechano, adusto en sus ademanes, y con un léxico de un tiempo inmemorial, que no se explica bien, hacia donde apuntaba. ¿Por qué se lo odió tanto? Y ese odio tiene un correlato de 34 años más luego de su muerte, que es la pensión que le dejó a su hija.

 Elena y Sara Yrigoyen.

      Nadie sabía que la sirvienta que atendió al “Viejo” sus últimos treinta años, era su hija, de nombre Elena. La cuestión que cuando Yrigoyen falleció en los primeros días de julio de 1933, y pasó el duelo, sus hijas se presentaron en lo que era la “Anses” de su época a pedir la pensión por ser hija de un ex presidente. El ‘Hombre’, que había sido de los más ricos estancieros de su época, no le había legado nada. Porque no le había quedado nada, empeñado su vida en la política militante. El mandatario de la cual dependía la “Anses”, era nada más ni nada menos que un viejo antiyrigoyenista, Agustín P. Justo. Le negaron la pensión, claro que sí. Yrigoyen no había completado los años de aporte. Y encima, tampoco le computaban los sueldos que donaba puntualmente en la Sociedad de Beneficencia. Se le dio una pensión de mala gana, por ‘mujer pobre’. ¿Pagaba en ella, Justo, el hecho que Yrigoyen, presidente, le negó auspicio oficial a su presidencia en la Comisión por el centenario del nacimiento del general Mitre? Pongámosle que no. Justo fue solidario con Elpidio González, cuando éste quedó en la calle. Es decir que hombría de bien, dentro de sus dislates como político, tenía.

Pasaron los años con la mujer (Sara) embargada viviendo casi con lo puesto, sin cansarse de reclamar para recibir lo que le correspondía. Llega a la administración del Estado, el campeón de los descamisados. Pero once años de Perón manejando los servicios sociales, no hicieron mella en otorgarle la justa pensión que merecía la hija del viejo caudillo. No consideremos los años de la Fusiladora, claro. En 1958 asume un encomiable ‘yrigoyenista’, don Arturo Frondizi. Pero al yrigoyenismo dual que tuvo el frondicismo en el poder, tampoco le mereció el apunte la pensión del viejo líder. Dejemos de lado al amigo Guido. Llega al gobierno el más encomiable yrigoyenista de todos los que tuvo el país: el viejo Illía!! Tampoco entendemos porque se le pasó a don Arturo un acto de reparación histórica hacia el fundador de su Partido.

¿Qué hizo este Yrigoyen para merecer tanto desprecio? ¿Tanto daño les hizo para que lo odien así, y tres líderes que se sindicaban seguidores de su doctrina no le llevaron el apunte a la hija?

Terminó siendo Onganía el que le dio la pensión merecida a la ya anciana mujer. El 27 de noviembre de 1967, el decreto 8885 le otorgó a Sara la tan ansiada pensión. A título de “Hija de”, sin mencionarlo. ¡Sin mencionarlo! La hija no habrá sido una caudilla del Pueblo como el padre, pero tenía los genes de su dignidad. Y renunció altivamente a cobrar tamaña ofensa. No sabemos como falleció. Los radicales le debemos una disculpa histórica, y en esta nota, el inicio de un recuerdo, a quien tal vez haya sido, una gran y digna mujer.

 

 

4 comentarios

  1. Carlos Pistelli

    Diego Barovero:

    La única hija con la que Yrigoyen convivió hasta su muerte fue Elena Yrigoyen, habida con la criada de la familia Alem-Yrigoyen: Antonia Pavón, que abandonó a su hija a la crianza de su padre natural. Sara Dominga y Eduardo eran hijo de don Hipólito con Dominga Campos. Luego, de la relación con Luisa Bacicchi, engendró a Luis Herman Yrigoyen (agregó su apellido sin accionar judicialmente y así fue reconocido en la Cancilería donde se desempeñó por largos años. En el proceso de filiación y sucesión, sustaciada a la muerte de H. Yrigoyen, Elena presentó dos calificadísimos testigos: Marcelo T. de Alvear y Martín Torino que acreditaron que Elena había recibido trato filial desde siempre por parte de Hipólito. Eduardo y Sara tuvieron tiempo de reconciliarse con su padre antes de su muerte (habían sido criados por la familia Campos a la muerte de su madre).

    • Alexis

      Diego como estas. Estoy haciendo un trabajo sobre el sistema provisional durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen. Se ve a leguas que sabes mucho de este prócer. Podrías decirme donde encontrar información puntual sobre el sistema provisional durante su presidencia. Te estaré agradecido

      • Carlos Pistelli

        Estimado Alexis. Te pido que me pases tu mail así te pongo en contacto con Diego. El doctor Barovero es el vicepresidente del Instituto Yrigoyeniano.

  2. Carlos Pistelli

    LA FOTO DE LA HIJA DE HIPOLITO RECIBIDA POR ILLIA

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