Carlos Pistelli

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Puente de Márquez, 26 de abril de 1829. Batalla y consecuencias.

Es interesante recordar que el ascenso y caída de Rosas se diera en dos batallas ubicadas a pocos kilómetros de distancia. Puente de Márquez, y Morón, en 1852.

López y Rosas.

 Juan Manuel de Rosas, Museo del BicentenarioLa amistad personal de don Estanislao López con don Juan Manuel de Rosas databa de los tremendos años ’20. La guerra de Santa Fe con Buenos Aires tenía enconos pasados que el propio Mitre reconoce de una injusticia por las sucesivas tropelías porteñas cometidas hacia mi provincia, de casi cinco años. El propio coronel Dorrego, cuya muerte originó la guerra del ’29, fue parte de ella, y López lo descalificó en un famoso oficio: “incendiar, robar mujeres, violar jóvenes, arrastrar familias enteras para concluir la población y llevarse los pocos ganados, lo que verificó con tal prolijidad que mi ejército no pudo comer en tres días”. La sed de revancha de los santafesinos hacia los porteños buscaba un encuentro para saldar viejas deudas. Rosas, segundo al mando de Dorrego, pidió un encuentro pacífico hacia López, que el coronel héroe de Tucumán y Salta, no consideró, licenciando al propio don Juan Manuel y sus famosos colorados del Monte. Santafesinos y porteños volvieron a verse las caras en Gamonal. Fue una de las batallas más sangrientas de la Historia Nacional, destacable en episodios de esta naturaleza. López, consternado, ¡Él, el terrible gaucho de la cabeza de Ramírez, y 173 marcas en su lanza de indios muertos por su propia mano!, expresó aquella vez, “La acción de ayer (por Gamonal) fue terrible, en más de diez leguas (50 kilómetros) no se veían más que cadáveres y tal mortandad consterna al corazón más duro”. La derrota de Gamonal, y la imposición de López, provocaron la caída de Dorrego y el encumbramiento de Martín Rodríguez.

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Estanislao LópezRosas, se tomó por sí la difícil tarea de congeniar con el duro corazón del santafesino: “Yo no soy abogado ni hombre de ceremonias. Al contrario, me repugnan las etiquetas y así quiero tratas de paisano a paisano. Éste será nuestro lenguaje y con él arreglaremos cuanto convenga a nuestras respectivas Provincias.” López expreso aquella vez, “… conozco los peligros que nos rodean y sé que la guerra civil nos sepultará muy pronto. Amo a mi Patria y aspiro a su dicha. Si V.E. está animado de iguales sentimientos, si tiene libertad para deliberar, si quiere que cese la guerra, depóngase toda pretensión, acábese con la intriga, respétese a los verdaderos patriotas sin negar ni disfrazar su mérito: desaparezca la vil impostura, no se sacrifiquen más vidas al capricho de los intereses; no se dejen familias inocentes a la mendicidad para satisfacer la codicia de los aventureros y conseguiremos la paz propia de hermanos, digna de americanos y que promete un porvenir lisonjero a todos los pueblos comprometidos por nuestras disensiones”.

  Rosas se presentó en el campamento de López, y se dieron un efusivo abrazo, al calor de las brazas, y el bochinche de las invencibles montoneras santafesinas. Por casi veinte años, la amistad nacida en los campos de Benegas, condujo a la Federación a sus glorias más destacables: Desde sostener la argentinidad del Uruguay, a fortalecer la Unión Nacional, en Confederación de los Pueblos, y castigo a los salvajes que nos desangraban.

   El 26 de abril de 1829, la amistad forjada en los años ’20, dio una nueva muestra de durabilidad. Pero a partir de ese momento, las disidencias, y la cuña del tercer Grande del Federalismo: Juan Facundo Quiroga.

La batalla.

https://carlospistelli.wordpress.com/2014/04/26/puente-de-marquez-26-de-abril-de-1829-prolegomenos/

Como les contaba ayer, Lavalle, por su bando, y López y Rosas, por el federalismo, se vieron las caras para dilucidar el quien manda en la Argentina de entonces. Miren que ecuánime soy que transmito la opinión de una página, la http://www.legionunitaria.granaderos.com.ar/  para narrarles el combate, y un croquis del mismo:

Batalla de Puente de marquez

“El general Lavalle, informado que en el puente de Márquez se hallaba una fuerte vanguardia federal, franqueó el río, en la madrugada del 26 de abril, en un punto situado aguas abajo, sorprendiendo la guardia enemiga que vigilaba el vado, rechazándola e introduciéndose en los campos de Álvarez ocupado por las fuerzas de López. Restablecidos los federales de la sorpresa, el ejército coaligado no tardó en tomar sus disposiciones para el combate: sobre la derecha estaban formados 2.000 jinetes, a las órdenes de Rosas; el flanco izquierdo al mando directo de Estanislao López, estaba constituido por unidades santafecinas (sic), el contingente de Entre Ríos y la milicia de Luján y de Arrecifes. El Puente de Márquez era defendido por un cuerpo de caballería formado por 300 dragones santafecinos, a las órdenes de Pascual Echagüe, que se encontraba en consecuencia a las espaldas del ejército unitario.”

            “Lavalle, aprovechando su maniobra que lo había introducido en el mismo campo que ocupaba el cuerpo de López, resolvió aprovechar la sorpresa causada en el enemigo para comenzar el ataque. Desplegó su infantería y su artillería, dejando bajo su custodia los caballos de reserva, luego hizo lo mismo con la caballería y a las 6 de la mañana inició con sus regimientos varias cargas por escalones sobre el ala de López. A pesar del arrojo con las cuales fueron llevadas, no tuvieron un éxito decisivo, a causa de la táctica llevada adelante por la caballería federal, que rehuía el choque frontal para moverse sobre los flancos de los escuadrones unitarios.”

            “La táctica federal fue rápidamente evaluada por Lavalle que veía como sus flancos eran amenazados sumándose al enemigo la caballería de Rosas y los dragones de Echagüe, que habían acudido rápidamente a tomar parte en el combate. Después de ordenar a su infantería formar en cuadro, cargo con sus escuadrones sobre los nuevos grupos de caballería federales que llegaban sobre el campo de batalla, tratando de disolverlos. Pero a pesar de lanzar varias cargas sucesivas no pudo batirlos, ya que los federales volvían a reorganizarse para volver al campo inmediatamente.”

           ” Todos los esfuerzos del general Lavalle para obtener un resultado favorable, se vieron frustrados ante la rapidez de las maniobras y la tenacidad de los jinetes adversarios. A medida que pasaban las horas los federales tomaban confianza ante la impotencia de los escuadrones veteranos de Lavalle en sus continuas e infructuosas cargas en el vacío. Como resultado el ejército de Buenos Aires comenzó a verse rodeado por los federales que buscaban estrangular a los unitarios en su misma posición. Alrededor de las 10 hs. Osados grupos de jinetes federales, comenzaron a introducirse entre los cuadros de infantería unitaria que soportaba las cargas de la numerosa caballería enemiga. Como consecuencia de esto, lograron arrebatar la caballada de reserva unitaria y hasta el ganado de silla de la infantería.”

           “De esta forma, a medida que la acción se prolongaba, el triunfo de las tropas de Buenos Aires estaba cada vez más en duda. Lavalle dándose cuenta de la esterilidad de sus esfuerzos sobre el ejército enemigo, decidió interrumpir el combate y emprender la retirada antes que la situación fuera mas crítica y la derrota se convirtiese en desastre, eran las 4 de la tarde. La retirada se efectuó hasta el otro lado del río de Las Conchas, por el Puente de Márquez que fue después inutilizado para que no pudiese ser usado por los federales. Lavalle se situó en los Tapiales de Altolaguirre.”

            “López resolvió que no era oportuno perseguir al adversario, que se retiraba intacto, y además esperaba alguna acción ofensiva por parte del general Paz, estableciendo sus vivaques en la margen izquierda del río en la Villa de Luján, mientras Rosas lo hacia en el Pino, ambos sobre la línea del río de Las Conchas. Mientras que después de dejar el campo de batalla, Lavalle se dirigió poco después a Buenos Aires. Dueños del campo, los federales reclamaron la victoria. Quedando en el campo de batalla unos 150 muertos y numerosos pertrechos de guerra.”

            “El resultado de este combate se debió por: la superioridad numérica de los federales pero principalmente por su táctica de desbordar los flancos del ejército enemigo, con lo cual amenazaba no solo desbordarlos sino el cortar su línea de retirada. Por su parte Lavalle, que había sorprendido de manera audaz a López en su propio campo, baso su táctica solamente en los ataques de su caballería, olvidando de utilizar a su también experta infantería de forma ofensiva, y no marginándola solamente a un papel de vigilancia de sus caballadas en la retaguardia.”

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Consecuencias.

    Lavalle no reconoció la derrota, que tampoco fue terminante en el curso de la guerra. Dio un manifiesto al pueblo de Buenos Aires, otorgándose la victoria. López, en cambio, modesto en sus ademanes, le envió a su ayudante Manuel Yupes, con la siguiente carta: “… Vuelvo a proponerle la paz. Yo la quiero sinceramente y creo que V.E. deseará también porque todos la necesitamos. Ya hemos combatido y no puedo quejarme de mi fortuna: pero tengo el dolor más vivo por la sangre que se ha derramado y por las vidas que se han perdido. Al cabo la guerra civil ha de conocer un término, tengamos nosotros la gloria de ponerlo, general Lavalle”. Pero el general Lavalle le contestó arrogantemente, y el conflicto continuó. Partidas sueltas de los federales irrumpieron en la ciudad, hasta llegar a la Recoleta, llevándose armas y el oficial que las custodiaba. Seiscientos! Sí, seiscientos, Quinientos diecinueve personalidades más de las que votaron angustiosamente para elegirlo Gobernador, pidieron sus pasaportes y se fueron del país. Lavalle flotaba en el aire de su arrogancia, apenas acompañado por Carril, y algunos más. Una nueva comisión de López, por intermedio del dr. Oro, le abrió una posibilidad. Meter una cuña entre los aliados (López y Rosas), ante el penoso momento de carestía de alimentos que vivía la ciudad.

   El dr. Oro ha sido catalogado de muy malos modos por distintos historiadores, porque se tomó a pecho el lugar de delegado de López, incluso yendo más allá de las órdenes de don Estanislao. No he estudiado en profundo el tema, sobre Oro y su accionar, la cuestión es que consiguió:

‘1-Las tropas del gobernador de Santa Fe evacuarán el territorio…
‘2-El gobernador de Santa Fe llevará dos caballos por hombre en su retirada…
Secreto, se acordarán al Gobernador de Santa Fe (ahora con mayúsculas), por una sola vez, diez mil pesos en metálico… Don Juan Manuel de Rozas (con Z) saldrá del territorio de la provincia de Buenos Aires…” etc., etc.

    El preacuerdo dejaba a Rozas en “orsai”, cosa que no creo estuviera dispuesto a aceptar, y a López abandonando a su aliado y amigo, por un puñado de metálicos, cuestión que lo hubiera desacreditado entre los federales, a los que aspiraba conducir. Creo que Oro, Mansilla, Baldomero García y Mena, los firmantes del acuerdo, con el aval de Carril, se arriesgaron creyendo que el viejo gaucho “bruto” de Santa Fe se dejaría comprar, única meta de su carrera. López no habrá podido llevar al plano nacional sus ensueños federales de organización constitucional porque le faltara ‘creatividad política’, pero no era un mercenario de opiniones. Por otro lado, para solventarlo en los malos días, siempre lo tuvo a don Juan Manuel. Pero es mi opinión personal.

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    Lavalle estaba en una encrucijada, y ofreció retirarse del gobierno, delegándolo en el general Tomás Guido. No se le aceptó la propuesta. Su opinión pendulaba entre la “rama intransigente” de los Carril, y la “conversadora” de los ‘hombres de bien’, que se reunían en un Consejo de Estado (Díaz Vélez, Pueyrredón, Martin Rodríguez, Álvarez Thomas) que le sindicaban una conciliación con Rosas, directamente, prescindiendo de López. Carril era opuesto al Consejo: “Pienso que nosotros necesitamos hacer la paz separadamente con uno solo de los enemigos y quedarnos con el otro. Prefiero a López, porque aunque la guerra a Santa Fe es dispendiosa y desigual, pero López es al mismo tiempo el enemigo más popular que V. pudiera escoger. Sin guerra, no tendremos paz, ni gobierno“. La suerte cayó de su lado: El 22 de abril, cuatro días antes de Márquez, Paz deshacía a Bustos, y la situación santafesina necesitaba de su Gobernador. El ‘Patriarca de la Federación’, con cierta desilusión, delegó el mando en Rosas, y se retiró de Buenos Aires. Todo estaba dado para un encuentro cumbre entre los hermanos de leche.

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El dulce de leche.

    Cansado de los tires y aflojes, de las deslealtades de su camarilla, Lavalle realizó uno de sus temerarios arrestos de honor. Se presentó en el campamento federal con su sola almita. No encontrándose Rosas, se echó a dormir en su cama, a la espera del Jefe que revistaba tropas en otro punto. La amistad de vieja data, compartieron la nodriza en sus mocedades, llevándole don Juan Manuel cuatro años, que se fortaleció en una campaña de investigación a las ‘tolderìas’ en los años anteriores, le permitía esas confianzas. Rosas RosasyLavallellegó más tarde, y lo dejó descansar. Entonces sucedió el episodio alimenticio más importante de la Historia Mundial:

Una criada que preparaba al fuego la “lechada” (leche con azúcar) matutina, para cebarle mate de leche a su patrón, al ver la actitud del enemigo del “Restaurador”, alborotada fue a dar aviso a los guardias. Al llegar Rosas, dejó que Lavalle descansara un buen tiempo más, y cuando éste despertó, pidió que les cebaran el mate de leche. En ese momento la criada tomó conciencia que no había prestado más atención de la leche azucarada que continuaba hirviendo desde temprano. Cuando fue a buscarla encontró que se había convertido en una sustancia espesa y marrón oscura. Llorosa fue a plantearle a Rosas lo sucedido, y don Juan Manuel probó lo que había en el recipiente aún humeante, le agradó el gusto, lo convidó a su enemigo político… y de ahí en más se conoció este fruto de la casualidad como Dulce Criollo… que fue el nombre con que lo bautizó el Restaurador de las Leyes y que más adelante iba a ser conocido como Dulce de Leche pilar de la industria láctea argentina.

 (fuente: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/13341463/Lavalle-Rosas-y-la-historia-del-Dulce-de-Leche.htmlv )

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   Despierto Lavalle, conferenciaron entre mate y mate, como buenos viejos amigos. Al general decembrino todavía le quedaba una carta, que era influir en un próximo gobierno, pues su moral y prestigio estaban por los suelos. Rosas, aunque dueño de la campaña, no tenía pie en la ciudad, y el partido federal todavía era dominado por el dorreguismo.  Una ‘componenda’ con Lavalle le pareció la mejor salida; No se debe confundir al Rosas de Junio de 1829 con el que sería después. Aunque su temple ya estaba formado y listo para actuar, en las veces de la política vernácula, todavía le faltaba un poco. Y confió en Lavalle: Como Jefes de la Campaña y de la Ciudad, se pusieron de acuerdo en votar una lista común para una nueva Legislatura, que elegiría a Félix de Álzaga como gobernador.

  Las cosas no salieron como se esperaban. Paz acababa de vencer a Quiroga en la primera de sus grandes batallas, y los ‘unitarios’ se envalentonaron en las elecciones desconociendo el acuerdo. Rosas, traicionado, endureció el sitio a Buenos Aires, y Lavalle, ya un alma que cualquier viento lo arrastraba, firmó rendido en Barrancas, el 24 de agosto de 1829, el final de su ciclo político. Todo, todo, se tornó color de Rosas.

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Apostillas.

   En el medio de este berenjenal, sucedió un episodio que pone al desnudo el estudio de la Historia Argentina. El Visconde de Vénancourt, jefe de la flota francesa en el Plata, hostigó a la flotilla ‘nacional’. El 12 de mayo a las 12 de la noche, “se sintió repetir el tiroteo… y a la media hora se vio que el bergantín Argentina estaba ardiendo“. El capitán de fragata Vénancourt se apoderó de los barcos de la ‘escuadra argentina’. Ese conflicto, nacido desde que Lavalle ordenó a los ciudadanos franceses a prestar servicio militar en la defensa de la ciudad, había llegado a una situación de “casus bellis”. Lavalle protestó de forma, pero es la actitud de Rosas la que entra en discusión al respecto.

 Los historiadores vinculados a la Escuela oficial, y los diferentes antirrosistas, han denunciado la poca feliz actitud de don Juan Manuel: “El abajo firmante (por Rosas) se dirige: Primeramente que la escuadra tomada a los insurrectos no sea devuelta, pero sí guardada cerca y en seguridad; que se tomen los buques nacionales que se encuentren en el Paraná; que se haga toda especie de hostilidades contra los que hoy día mandan ilegalmente en Buenos Aires; que se permita al suscrito genetal una entrevista que puede tener lugar en la Ensenada; que se comunique todas estas resoluciones al Cónsul General y, para abrir una comunicación con el susodicho, el Comandante de la escuadra facilitará los medios de comunicación necesarios, en la Ensenada, en donde el infrascripto pondrá a disposición del Comandante francés toda la carne fresca necesaria…”. Lavalle, apurado, liberó a los franceses de cumplir servicio, pero Vénancourt no devolvía los barcos. A su vez, Rosas exigía se los entregaran, como fiel representante de la máxima autoridad de la tierra de los argentinos, como lo era la Convención de Santa Fe, que es a lo que se ajusta José Ma. Rosa para argumentar la posición rosista.

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  Es decir, que como siempre, el ‘partidismo’ entre nuestros historiadores impiden esclarecer un hecho suelto de esos días, pero no por ello importante de dilucidar Qué pasó. Reitero que el Rosas del otoño de 1829, no era el posterior. No tanto por su temple y visión política, sino porque carecía de las prácticas políticas y lo que se llama ‘Hombre de Estado’. Pecó de arrebatado, en un tema candente, metiendo en el quilombo argentino, a un francés, siempre imperialista, que aprovechaba la volteada para sacar tajada. Pase como hombre, y no como santo.

4 comentarios

  1. Pablo Rohr

    Muy bueno!a mi entender todos tuvieron aciertos y errores.Pero estoy convencido que la figura de Don Juan Manuel fue vapuleada y lo sigue siendo por muchos historiadores hasta el día de hoy,no dándose cuenta estos la importancia que tuvo para evitar que nos transformáramos en republiquetas,su firmeza frente a los embates de los países mas poderosos,su gobierno que fue ejemplo de austeridad y grandeza,la unión perfecta de los argentinos su gran anhelo,base fundamental para las grandes causas y sobre todo Don Juan Manuel nos regalo nuestra identidad y nuestra conciencia como nación.

  2. Para darle contexto a la excelente nota de Pipo: Tras la caída de la presidencia de Bernardino Rivadavia, el jefe del partido federal, Manuel Dorrego, fue electo gobernador de la provincia de Buenos Aires. Pero una alianza del partido unitario con los jefes del ejército que había hecho la guerra contra el Imperio del Brasil lo derrocó el 1 de diciembre de 1828. Días después, Dorrego era derrotado en la batalla de Navarro y fusilado por orden de Lavalle, por instigación de los líderes del partido unitario.

    Quien era jefe del ejército de campaña de Dorrego, Juan Manuel de Rosas, se retiró hacia la provincia de Santa Fe, desde donde el gobernador Estanislao López ya marchaba hacia Buenos Aires, a vengar el crimen y deponer a los unitarios. Lavalle se adelantó e invadió Santa Fe, pero López lo dejó sin caballos y lo obligó a retroceder. Varios caudillos menores del sur de la provincia de Buenos Aires obligaron a dividir las fuerzas unitarias, por lo que éste tuvo que retroceder hacia la capital de la provincia. Lavalle quiso impedir el avance de los federales en un punto que se pudiera defender, y eligió el Puente de Márquez, sobre el río de las Conchas (hoy llamado Río Reconquista). Allí esperó con sus 1.000 hombres, veteranos y bien armados, a los 4.000 milicianos de López y Rosas, que venían acompañados por tres mil indios del Chaco y la Pampa.

    El 26 de abril a las 6 de la mañana comenzaron los ataques de ambos lados, con lo que lentamente los federales fueron dominando la acción. Poco antes de las 10 de la mañana, una ruidosa carga de los indios espantó a los caballos de repuesto del ejército de Lavalle, que ya tenía los suyos muy cansados. La caballería unitaria fue rápidamente arrollada, mientras la infantería debió retirarse, cruzando el puente y destruyéndolo. De allí siguió su retirada hacia el actual partido de La Matanza, mientras López se estableció en Luján y Rosas en los alrededores de Cañuelas. La batalla dejó muy disminuidas y sin movilidad las fuerzas de Lavalle. Si bien Estanislao López se vio obligado a regresar a Santa Fe debido a que el general Paz había derrocado a Bustos, gobernador de la provincia de Córdoba en la Batalla de San Roque y podía intentar atacar Santa Fe en cualquier momento. Rosas sitió a Lavalle en la ciudad de Buenos Aires, cerrando cada vez más el cerco y dejándolo sin provisiones desde el campo. Meses después, Lavalle tuvo que firmar un tratado de paz con Rosas, que en definitiva sería elegido gobernador en diciembre de ese año.

    La batalla de Puente de Márquez fue una victoria federal que hizo posible que ese partido se hiciera con el gobierno de Buenos Aires y llevara la guerra contra los unitarios al interior del país, contando de su lado los enormes recursos económicos y humanos de la provincia de Buenos Aires. A fines de 1831, el partido unitario sería derrotado en todas las provincias.

    • Aurora

      Hola! me gustaría saber la bibliografía de este material?? Podrá ser? Gracias

  3. Carlos Pistelli

    Reblogueó esto en ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?y comentado:
    Batalla que definió una época.

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