Carlos Pistelli

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¿Qué pasó entre Belgrano y Artigas? Conjeturas personales.

   manuel-belgrano-5Ustedes saben que me unen hacia don José Gervasio de Artigas y hacia don Manuel José Joaquín del Sagrado Corazón Belgrano el mayor de los respetos, el amor más irracional que siento hacia próceres algunos, con lo que puedo definirme artiguista/belgraniano en mi forma de pensar. Pero lamentablemente, la historia que les tocó convivir en los últimos cinco años de Belgrano (1815-1820), fue de dura discrepancia entre ellos, y hasta tremendos enfrentamientos.  Belgrano llegó a decir de él:

“Tucumán, enero 18, de 1818,

Excelentísimo Juan M de Pueyrredón,

   Detestando como es demasiadamente justo la abominable e insolente perfidia de Don José Artigas en haber declarado la guerra a esa Capital y presintiendo que apurará sus conatos para multiplicarse difundiendo su mortífero veneno por éstas leales provincias con el negro designio de aumentar el número de los enemigos y el de sus prosélitos, he tomado las providencias que he creído oportunas a la impenetrabilidad de sus perniciosos intentos por toda la comprensión de esta Capitanía General como me lo previene V.E. en suprema orden del 27 de diciembre,

   Dios guarde a V.E. muchos años,

Manuel Belgrano.”

La amistad.

  Cuando Mariano Moreno escribió el ‘Plan de Operaciones’ en base a los borradores de Belgrano en tiempos de la Junta de Mayo, aparece el nombre de Artigas y sus parientes. Efectivamente, la flia. Belgrano tenía campos en Mercedes, Banda Oriental, y de allí Manuel tuvo tratos con ellos, especialmente con Manuel (primo del Caudillo) con quien anudó una amistad duradera. Tras la derrota en su campaña al Paraguay en 1811, Belgrano recibe órdenes de pasar a combatir en la Banda Oriental, revistiendo Artigas (José Gervasio) como su segundo al mando.

  Relegado del mando Belgrano, y llamado a Buenos Aires para dar informes sobre su desempeño militar en el Paraguay, nunca más volvieron a verse las caras.

Crece Artigas en la opinión.

  artigasEl sucesor de Belgrano terminará siendo el triunviruno Manuel de Sarratea, quien le hizo la vida imposible al Caudillo, provocando la ira de Artigas: “¿Yo llamado traidor?!: Retírese Ud. ya mismo de la Banda”. Con el consentimiento de los oficiales “sarrateístas”, Sarratea fue despachado de la Banda. Pero el conflicto de Artigas con Buenos Aires ahondó con el tiempo. Con motivo de la Revolución de Octubre de 1812, y la convocatoria a una Asamble General Constituyente, el ‘artiguismo’ emitió sus famosas instrucciones, en donde el punto “La capital del gobierno estará precisa e indispensablemente, fuera de Buenos Aires”. La totalidad de las mismas fueron rechazadas, y el 20 de enero de 1814 Artigas se retiró del sitio de Montevideo, provocándose la guerra civil ante el enemigo español. Fuera de la guerra por la Independencia, Artigas desarrolló su estrategia política en las provincias mediterráneas, quien en todo ese año XIV lo sindicó como su Jefe Máximo. Posadas, jefe de Buenos Aires, lo calificó traidor y puso precio a su cabeza: seis mil pesos. Era la guerra.

Belgrano, el héroe del Norte.

  Tras enarbolar bandera en Rosario el 27 de febrero de 1812, Belgrano recibió la orden de esconder la bandera, y hacerse cargo del Ejército del Norte, acantonado en Yatasto, pcia. de Salta. Con el mando efectivo, recibió sucesivas órdenes de retirarse hasta Córdoba, pero al llegar a Tucumán en Setiembre, y ante las protestas locales decidió dar batalla a los realistas que le perseguían.

NOTA AL PIE: Tanto Artigas como Belgrano encabezaron dos epopeyas populares, que fueron consagradas con la palabra de “éxodo”. En octubre de 1811 las autoridades de Bs. As. han firmado un pacto de no agresión con las de Montevideo (realistas) y Artigas se va de su tierra natal: “Buenos Aires abandona esta Banda a su antiguo opresor; pero ella enarbola a mis órdenes el estandarte conservador de la libertad. Síganme cuantos gusten, en la seguridad de que jamás cederé… Yo llegaré a mi destino con este pueblo de héroes. Nuestra suerte es idéntica a la de nuestros hermanos de esa provincia. Sea cual fuere la suerte de la Banda Oriental deberá transmitirse hasta esa parte del norte de nuestra América. Pueden contar con este gran resto de hombres libres para la consolidación futura de la obra que mueven los pasos de los seres que habitan el Mundo Nuevo“. Por eso se van los orientales de su patria chica que pertenece a España. Escogen ser libres sin tierra, siguiendo a su Líder, ante un acuerdo que pone fin a la argentinidad esbozada en Mayo de 1810.

https://carlospistelli.wordpress.com/2013/10/10/la-redota-para-no-decir-otra-cosa/

  Belgrano, en tanto, con el mismo fervor patriótico realiza el llamado “Éxodo Norteño”: “¿Qué lleva a millares de gentes a abandonar sus casas, las cunas de sus más caras afecciones, perdiéndolo todo, quedándoles nada, arriesgando sus propias vidas y la de sus familiares? ¿Qué certidumbre tienen del porvenir, pues supongo que no lo recuperarán jamás? Patriotismo, anhelos de libertad, Manuel Belgrano. Los pueblos del norte dejan sus vidas detrás para escribir la Historia Grande de la Patria. Los conducía su patriotismo, una genuina abnegación, sus ganas de recuperar lo perdido en la esperanza que da el saber del triunfo final de la más grande de las causas.  Esa que llevaba adelante con tanta pasión el doctor Belgrano y sus compinches, los gauchos de Güemes. ¡Era la Patria misma que negaban Rivadavia y los suyos!”.

Las consecutivas victorias de Belgrano en Tucumán y en Salta, pero sus posteriores derrotas en la “incursión” al Alto Perú, generaron su relevo del mando, y nuevas órdenes ministeriales de ir a Europa en misión diplomática.

El desencuentro.

  Belgrano regresa de Europa en 1816, y con la honestidad que le da el saber del deber cumplido, no tiene empachos en contar a qué fue a Lauropa. Artigas ya conocía el cometido de esas misiones; Y, a su vez, Belgrano conocía del mal paso del Caudillo en los meses de su ausencia. De aquí el desencuentro, de aquí el conflicto que los llevará a confrontarse mutuamente:

  AlvearEn Buenos Aires mandaba desde 1812, sin el mando efectivo pero con toda la influencia, el “Napoleón del Plata”, nuestro queridísimo Carlos Alvear, que merece un libro pues su vida es de novela. No hace falta inventar nada, Apenas contar todas las que se mandó. Para finales de 1814, el conflicto de Buenos Aires (Alvear) con las provincias del Litoral (Artigas) han tomado tal estado de ebullición y confrontación, que ambos van a tomar decisiones que serán determinantes en el futuro venidero de la Patria: buscar en el extranjero auxilios para la guerra interna.

 Las famosas instrucciones de Alvear a Manuel García, “el pecho frío para los asuntos de la Patria”, eran las de consagrar un protectorado inglés en el Plata para combatir a la anarquía (por Artigas) Pero las misiones que recibieron Rivadavia, Sarratea y Belgrano provenían de otras lógicas.  Las de terminar consiguiendo el auxilio político inglés a los pueblos en emancipación. Como no encontraron apego en Londres a sus ideas, se embarcaron en un plan aventuresco por la gracia “muchachil” de un tal Cabarrús: El de consagrar en el Plata, con la venia de Napoleón, el verdadero, y el propio rey depuesto de España, Carlos IV, la unción de un hijo de éste, y hermano de Fernando VII, como rey español en los confines del mundo. Un ejército europeo vendría al Plata a poner orden (al artiguismo) y el propio Belgrano redactó una Constitución para el Reino del Plata, en una noche de corrido. Fue un despropósito tan grande como nuestra historia. Belgrano, entendiendo que su misión había terminado, regresó al Plata, donde los tantos habian cambiado (ya no mandaba Alvear, depuesto en abril de 1815) pero es posible que al pasar por Río, de regreso a Buenos Aires, el propio Alvear, exilado allí, o don Manuelito García, el pecho fresco, le hayan contado de las últimas aventuras de Artigas: Belgrano se indignó, seguramente, porque desde entonces lo llamó traidor.  Aún más, repuesto Fernando VII en su trono, envió una comunicación al Plata, ascendiendo a Artigas como capitán de sus ejércitos. Es decir, todos seducían a todos, en procura de sus proyectos políticos.

      Artigas, entonces, enterado del calibre de las misiones diplomáticas, sintió una afrenta a la Patria, y cometió la mayor imprudencia de toda su carrera política, sino la única: Buscó el concurso del Portugal.

Artigas y Portugal.

           A finales de 1814, y principios de 1815, Artigas y su segundo, el coronel Ortigués, enviaron sendos delegados a la corte portuguesa de Río (la corona portuguesa afincaba en su colonia mientras se resolvían los asuntos europeos) con una premisa: “Los porteños vienen por nosotros (los orientales) pero miren que la quieren seguir hacia Uds.” ¡Tremenda decisión de Artigas el de avivar a esos truhanes que siempre habían ambicionado conquistar la cuenca del Plata! ¡¡Él justo él, que había desdeñado el ofrecimiento de Pezuela con unas máximas patriotas!!:

Han engañado á V. S., y ofendido mi carácter, cuando le han informado que defiendo á su rey, y si las desavenencias domésticas han lisongeado el deseo de los que claman por restablecer el dominio Español en estos países con teorías, para alimentar sus deseos, la sangre y la desolación de América la ha causado la ambición Española por derecho supuesto: esta question la decidirán las armas. Yo no soy vendible, no quiero más premio por mi empeño, que ver libre mi Nación del poderío Español; y cuando mis días terminen al estruendo del cañón dejaran mis brazos la espada que empuñaron para defender la Patria. Vuelve el Enviado de V. S., prevenido de no cometer otro atentado, como el que ha proporcionado nuestra vista.
Campamento y Julio 28 de 1814.

José Artigas

       Y más tomando en cuenta que en 1812 sus tropas se tirotearon con la invasión lusitana aprovechando el conflicto de España con sus colonias. ¿Qué lo llevó a tomar tal decisión? No lo sabemos en sí. Sólo podemos aventurar que sabía que tarde o temprano la invasión se daría, y que era mejor dárselas de poderoso para aplacarlos, cosa que no consiguió. La ambición portuguesa de limitar sus dominios en el río Uruguay, y hasta el Paraná, si me corren, era de siglos ha, y no iba a ser el Hidalgo Blandengue el que se los impidiera. Fue un apresuramiento el de Artigas, porque las noticias corrieron rápido en Río, y García tuvo efectimamente de primera mano la información. Raro país el nuestro, en el cual en las antesalas de la Corte de Río, se encontraban emisarios de sus vecinos del sud, con proposiciones similares: Contar con su apoyo para dárselas al otro, y con todo. Los emisarios artiguistas no tuvieron ninguna respuesta favorable. Pero quedaron en Río, ciudadanos orientales, y el propio García, que empezaron a movilizar la idea de la invasión portuguesa al Sur, y agitando el apoyo porteño a la medida.

            Artigas quedó preso de sus propias palabras, y Belgrano, enterado de primera mano, lo calificó de traidor. Ninguno de los dos lo era, ¡Por favor!, pero ya no hubo caso entre ellos. No terminó de arribar a Buenos Aires, que el héroe de Mayo aceptó la comandancia de un Ejército, precisamente mandado para combatir al artiguismo. Desde entonces su carrera civil y militar, fue la de contener a todo trance que el “artiguismo” se propagara por el país, buscando aíslar de la mejor manera posible el liderazgo del viejo amigo. Artigas, en tanto, buscó el concurso de Martín M. de Güemes, a quien le escribió en febrero de 1816,

“El tiempo es el mejor testigo y él admirará ciertamente la conducta del Jefe de los Orientales. Yo me tomo esta licencia ansioso de uniformar nuestro sistema y hacer cada día más vigorosos los esfuerzos de América. Ella ciertamente marcha a su ruina dirigida por el impulso de Buenos Aires;”.

Les dejo, entonces, para mañana, la conclusión del asunto…

continuará…

3 comentarios

  1. Javier Garin

    Además de las diferencias personales y políticas, había otras de tipo militar. Tanto Belgrano como San Martin tenían una concepción militar basada en la unidad de mando y eran hom,bres de orden y disciplina y por eso no les gustaban los caudillos y los movimientos autónomos. Promovieron la guerra de guerrillas en el Alto Perú porque no había otra forma de luchar allí despues de la derrota de los ejércitos regulares, pero no era lo mismo en las “tierras bajas” donde se suponía que los ejércitos regulares tenían el control. San Martin dijo en 1815: “No se hable más de libertad hasta que no hayamos derrotado a los enemigos”. Belgrano pensaba igual. Ambos creían que debían posponerse las discusiones políticas y sectoriales hasta después de derrotar a los realistas. Ambos, tambien, eran parte del gobierno porteño, tenían alianzas con la burguesía comercial porteña, y veían como un estorbo y un debilitamiento las justas reinvindicaciones de Artigas. Por eso Belgrano lo tachaba de traidor. Además, en la correspondencia de Belgrano con Güemes, hay una obsesiva inssitencia con el tema de las traicionesde Artigas. Esto se debía a que Belgrnao quería evitar a toda costa que se contagiara al Norte la rebeldía litoraleña. Se esforzaba por preservarlo a Güemes de la influencia de Artigas, a la que aquel se sentía naturalmente inclinado. Tambien era pos motivos miltiares, ya que Belgrano temía que se le indisciplñinaran las fuerzas a su mando, como la guerrilla de Guemes. Artigas era percibido como un elemento disociador. De hecho, el alzamiento de 1820 derrocó el gobierno de la Logia y lo dejó a San Martín privado de recursos propios para continuar su campaña al Perú, la que se vio obligado a hacer bajo financiamiento casi exclusivo de Chile. Un abrazo.

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