Carlos Pistelli

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Apuntes para analizar la Deuda Externa, Parte II.

https://carlospistelli.wordpress.com/2013/10/05/apuntes-para-analizar-la-deuda-externa/

1827-1852, los federales.

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            La Deuda ha llegado a su punto máximo, y no hay fondos para pagarla. Dorrego, a la sazón gobernador de Bs. As. pretende realizar una política de saneamiento económico, pero se encuentra con la cruda oposición de esa “Aristocracia del Dinero”, como la llama, “Aristocracia Mercantil”, la llama Rosas. Su asesinato es fruto de intentar investigar el cómo se hizo ese negociado.rosas2

             Tocó a Rosas concluir el berenjenal. Nacionalizó el Banco creado por el “rivadavianismo”, en 1836, estableció una Ley de Aduanas con caracteres proteccionistas, y hasta tomó una iniciativa, criticada por muchos historiadores: Pagar la Deuda, aumentada en dos millones (de aquel un millón concertado), con las Islas Malvinas. Eso significaba que el Reino Unido reconocería la soberanía nacional sobre las islas del Sud. No se llegó a nada.

        Para cuando Rosas cayó, en 1852, la situación de la Deuda se mantenía empantanada. Y sin el “auxilio” del crédito extranjero, Buenos Aires, la provincia administrada por don Juan Manuel, vivía un momento de esplendor productivo. Igualmente, el conflicto latente y de vieja data, entre el Puerto y la Nación, se mantenía, y Rosas no pudo resolverlo.

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La Confederación, 1852-1861.

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urquiza             Urquiza derrota a don Juan Manuel en los campos de Morón, del lado brasileño, y se pone al comando de la Confederación. A los pocos meses, la provincia de Buenos Aires se “secesiona” de los trece ranchos. Fue un duro golpe para el liderazgo nacional de Urquiza. Argentina perdía su principal ingreso: la Aduana del Puerto. En su primer momento victorioso, don Justo, el “Libertador”, dispuso nacionalizar los recursos aduaneros, y declarar a la ciudad-puerto, capital de la República. No lo consiguió. Por nueve años la Confederación, con sede-capital en Paraná, vegetó esperando momentos mejores. Mariano Fragueiro, un notable economista al servicio del urquicismo, intentó paliar la situación. Pero tampoco pudo. Su libro, que Hipólito Yrigoyen tenía entre sus primeras consultas, “Organización del Crédito”, y una ley de “Derechos Diferenciales”, por la cual los productos que venían de ultramar, y paraban primero en Montevideo o Bs. As., benefició el auge de la ciudad de Rosario, pero no así del resto de la Nación.

               En la batalla de Pavón, de septiembre de 1861, los ensueños de una organización nacional, federal y popular, culminaron con la entrega de la batalla. Estaba surgiendo, el paladín de los intereses ingleses en el Plata.

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El país de Pavón, 1861-1880.

         MITRE          Bartolomé Mitre se hace cargo de la organización del Estado Nacional. Hereda una Deuda Externa que le dejan los caudillos del Federalismo, de unos diez millones de pesos de la época (tomando como inicio, aquel primer millón del Empréstito Baring) Su plan político lo resumí de la siguiente manera:

El plan político del general Bartolomé Mitre es convertirnos en una factoría inglesa. No me quedan mayores adjetivos. Nos adentramos en el mundo, en la llamada división internacional del trabajo, como proveedor agropecuario del Imperio Metrópoli. ¿Qué necesita Inglaterra? Materias primas. ¿Qué nos ofrece? Productos manufacturados. ¿Cómo lo hacemos? Nosotros, ingleses, les ofrecemos créditos para que ustedes puedan generar una estructura acorde a nuestras necesidades. ¿Y cuáles son esas ‘necesidades’? Miren, nosotros les daremos los vagones de tren, para constituir vías ferroviales que unan la pampa con el Puerto. Ustedes dennos una legua a la redonda de por donde pasen tales vías. Ustedes garanticen que el servicio funcione porque al principio será deficitario con créditos blandos a los gerentes del Ferrocarril. Liberen el comercio, nada de trabas a las mercaderías que les venderemos. Y si al principio no les cierran las cuentas, les volveremos a dar empréstitos a pagar ‘cuando puedan’. Ayúdennos, de paso, a erradicar ese mal ejemplo que es el Paraguay. Entendemos que no tienen técnicos a la altura de la hora, Hemos formado en nuestras aulas al mejor economista que pueda entender la situación: Norberto de la Riestra[1]. Y además, necesitaremos abogados que velen para que a nuestras empresas no las toque algún desquiciado con arranques de Rosas. Déjennos distribuir bancos privados que tengan el control monetario de la divisa argentina: permítanles la emisión de billetes de distintas índole, que sirvan para ganar algo de todo lo que estamos haciendo para desarrollarlos. Libre importación de productos nuestros, que no se genere una industria competidora, solamente produzcan granos, lanas y cueros. Es lo que nos hace falta, hoy por hoy. Ya les diremos, en el futuro, que más necesitamos. Ah, y olvídense de reclamar la soberanía de las Islas Malvinas. De este tema no se habla más.

            La Argentina “liberal” mitrista, no pasa de ser, una colonia británica.

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            En 1860, 1865, y 1870, el siguiente cuadro especifica el presupuesto del Estado Nacional, y el del Estado de la Pcia. de Buenos Aires.

1860
$4.312.227
$90.584.236
1865
$8.595.037
$40.415.123
1870
$14.486.995
$57.918.897

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  No existía competencia posible. La administración de la Aduana seguía siendo el único ingreso de las finanzas argentinas, y la misma, la seguían manejando los porteños, en detrimento del país. A Mitre, que no se atrevió a capitalizar la misma, ni su sucesor Sarmiento, no le quedó otra que gobernar de la siguiente manera: Ajeno a los sentires de una Organización Nacional acorde a la constitución de los pueblos que la habitan, no pregonó un proyecto de desarrollo productivo, nacional, regional, y popular. Eso no entraba en sus cabales. Pero claro, ¿Qué ingresos financieros tendría el país, entonces? La apuesta total a una buena cosecha, y engrosar el Tesoro de 100, supongamos, con un crédito de 50, para pagarles 80, en cómodas cuotas, hasta que en cinco años, entrábamos otra vez en complicaciones, y el Tesoro de 120, necesitaba un crédito 70, para pagarles 120. Y así, y así, y así. Eso, en algún momento, tendría que estallar.

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Avellaneda, poco carácter, pero primer estadista.

            El déficit fiscal era incontrolable, el presupuesto pautado a cada años, no alcanzaba con lo que se producia, y la Deuda arañaba ya los 70 millones. Nicolás Avellaneda (presidente 1874-1880) tomó el toro por las astas. Una severa crisis financiera asolaba en el mundo, y repercutía en nuestro país. Existía un tremendo conflicto político entre las elites mandantes (mitristas contra alsinistas), y el Presidente, que revestía entre los últimos, buscó el concurso de los primeros, sin resultados promisorios. Amén que las patriadas populares en las provincias le seguían dando dolores de cabeza. Pregonó el ajuste total. No se pagarían sueldos, chau obras publicas, etc. “El hambre y la sed de dos millones de argentinos”, pregonó aquella vez, “honrarán el pago de la Deuda”. ¡Tamaño estadista, que frase te mandaste!

            En esos duros años de 1875, 76, 77, surgió una nueva elite que cuestionaba el Modelo centralista, agropecuario, librecambista, probritánico, con una salida nacional proteccionista. Surgen los primeros “industrialistas”, y los nombres de Vicente Fidel López, Rafael Hernández, Carlos Pellegrini, empiezan a tallar en el país. La Juventud alsinista, que comandan los muchachos de las viejas familias federales, Alem, Del Valle, Sáenz Peña, milita junto a ellos. Con esos apoyos, Avellaneda instrumentó una ley de aforos, que redundó en mejoras en la situación del país. Pero el siguiente cuadro, demuestra que la “grieta”, permanecía.

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1875
$21.426.890
$159.918.897
1880
$18.479.514
$131.907.904
        

La pcia. de Buenos Aires seguía siendo más poderosa que nunca. Avellaneda mugía respeto a su investidura, en una ciudad que lo trataba como un mero “huésped”. No había forma de vencer a la oligarquía porteña. Y mucho menos trastocar el estado semicolonial del país.

Nota al Pie.

  Con el ingreso argentino a la “Div. Internacional del Trabajo”, y al incipiente Mundo Capitalista, llegaron los trenes al país. Es interesante analizar, que el único Ferrocarril que funcionaba de “perlas”, con horarios ajustados, tarifas baratas, buen trato al pasajero, dando ganancias en todos sus balances, era el Ferrocarril Oeste manejado por el Estado pcial. bonaerense. Los demás, manejados directamente por gerencias britanas, andaban como quería, eran caros, se destrataba al ‘criollo’ que lo utilizaba, y daba suculentas pérdidas que el Estado Nacional, debía subsidiar. Lo que se dice, mentalidad cipaya, eso que todo lo que viene de afuera, funciona mejor.

4 comentarios

  1. Un apunte más sobre deuda que desencadenó una tragedia.
    Algunos años antes, en 1872, el gobierno de la provincia de Santa Fe contrató un empréstito con la firma Murrieta y Cía de Londres, siendo el apoderado de esta empresa en nuestro país el Dr. Lucas González. El pago del empréstito y servicios tuvo problemas. Ante gestiones realizadas por el apoderado del acreedor, el Poder Ejecutivo provincial envió un proyecto de Ley a las dos cámaras sobre autorización para contratar con Murrieta y Cía el pago de lo adeudado por el empréstito. El autor del proyecto de Ley fue el Dr. Lucas González. Sancionada la ley el 5 de octubre, se encargó la ejecución a una “persona idónea” que resultó ser… si señor, usted tiene razón, el negociador de la provincia resultó ser el Sr. Lucas González. El acuerdo alcanzado entre el Dr. Lucas González (apoderado de Murrieta y Cía) y el Dr. Lucas González (representante de la provincia). Esta trágica comedia de enredos siguió con la entrega a Murrieta y Cía de la propiedad de 668 leguas cuadradas de tierra. Entre dimes y diretes el Dr. Lucas González continuó con la venta a precio vil a su representada Murrieta y Cía de algunos algunos centenares de leguas cuadradas adicionales. En síntesis, se produjo la entrega de unos 2.000.000 de hectáreas de bosque de quebracho colorado en el Chaco Austral (norte de la provincia de Santa Fe, sur de la provincia del Chaco y noreste de la provincia de Santiago del Estero). Allí se asentó La Forestal, un estado británico dentro del estado argentino. Allí se desarrolló un desastre ecológico descomunal, allí se midió la voracidad británica a costa de la devastación de los trabajadores argentinos.
    La legalización de la farsa de la negociación ocurrió bajo la fiscalización y aprobación de quien llamo el Roca de Santa Fe, Simón de Iriondo en su segunda gobernación. La similitud no es política sino de personalidad y realizaciones contradictorias. Así como aprobó la estafa al estado santafesino, también tuvo su costado progresista.
    Fuente: La Forestal, de Gastón Gori donde se detallan archivos provinciales y nacional, incluyendo escrituras del proceso y actas de la sesiones del Seado provincial.
    La referencia a Simón de Iriondo es responsabilidad del comentarista

  2. Carlos Pistelli

    El presidente Luis Sáenz Peña, que asumió en 1892, continuó la negociación con los bancos acreedores iniciada por su antecesor Carlos Pellegrini. El 3 de julio de 1893 Romero logró un arreglo con Rothschild en Londres. Los intereses de varios títulos argentinos se reducían (el promedio de reducción fue algo inferior al 30 %) por cinco años. Durante el período de reducción de los intereses, el Gobierno argentino se comprometió a pagar cada año una suma de 1 565 000 libras al Banco de Inglaterra.
    Los méritos principales del arreglo logrado por Romero fueron que resolvió el problema de las deudas provinciales ―asumidas por el Gobierno nacional― y puso fin a las garantías ferroviarias otorgadas por el Gobierno argentino. En enero de 1896 el Congreso Nacional autorizó una emisión de bonos de 50 millones de pesos oro al interés del 4 %, con amortización del 0.5 %, con el objetivo de pagar todas las cuentas pendientes derivadas de las garantías y rescindir todos los contratos de garantías ferroviarias posibles mediante la negociación. Como resultado de estos esfuerzos del Gobierno argentino, cinco compañías aceptaron abultadas sumas en reemplazo de las garantías estatales y dos fueron compradas, logrando reducirse las posibles demandas por garantías ferroviarias en un 50 %. Después de 1905 no se acordó garantía o subsidio de ninguna clase a las compañías ferroviarias.10

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