Carlos Pistelli

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Se rompe la Unión Cívica.

El movimiento “reaccionario”.

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  Los primeros discursos de Alem hablan de “movimiento reaccionario”. Pero no en el sentido actual donde reaccionario es aquel ultraconservador y antidemocrático. Sino en el sentido de “reaccionar”, como le pedía Del Valle a Cané.

 Más no podía pedir el entonces tribuno de Balvanera. Dedicado a conformar el Partido Político e institucional de la nada, deja entrever sus planes: Constituir al caudillo popular que utilizara los resortes constitucionales para hacer un gobierno decente. No podía, ni debía, criticar a fondo la situación colonial de dependencia extranjera porque le iba en juego varios apoyos. Por eso se limita a pedir honorabilidad en los cargos públicos y a reclamar una libertad electoral casi imposible.

ALEM Inevitable era confrontar con el poder. Y justo él, tan alejado de las sensualidades que genera el ser gobierno. El despertar cívico arraigaba algo más profundo, en verdad: El renacer de la nacionalidad mutilada en Morón, acabada en Pavón. Que la gente “reaccionara” contra los atropellos de los menos. Alem no lo podría saber nunca: Junto a sus largas barbas blancas, estaba recreando al Pueblo Argentino, a su imagen y semejanza. Ésa ha sido, la gran obra del Radicalismo para la Historia Argentina.

 Cruzada libertaria y moralizadora, casi de sesgo religioso, la fe ciega en la militancia política ha sido la gran enseñanza de Leandro Alem. Sus campeones políticos eran una especie de caballeros de otros tiempos, decentes y austeros, bien dispuestos al entrevero y la confrontación por el solo hecho de mostrar coraje. Rodeado de jóvenes liberales que no estaban del todo de acuerdo con el significado “alemiano”, se dio a la tarea magna de conformar el Movimiento Popular que la Argentina necesitaba. Con Alem, el “Bautista”, el “precursor”, se adivinaba la huella: Con Hipólito Yrigoyen, al Realizador.

 DeLatorre,Alvear,Justo

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Muchos actores se incorporaban a la política para romper el cerco elitista que desde 1852 era la regla en Buenos Aires.

 El doctor Juan Bautista Justo, fundador del Partido Socialista en 1896, era uno de ellos. Nacido en 18**, se incorporaba a la Unión Cívica, que hacía honores a su nombre, por respeto a Alem. El 1° de mayo participa de la primera marcha obrera conmemorando el día del trabajador.

Compañeros de aulas del Nacional del Rosario, abogados flamantes, Marcelo de Alvear y Lisandro de la Torre, cada uno por su lado, acompañarán el Movimiento de reacción, para hacerse un lugar en la política porteña. El salteño Joaquín Castellanos, el médico Damián Torino, Oscar Liliedad y uno de los Montes de Oca, rodeando a Barroetaveña, completan el cuadro.

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    Políticos en ciernes, periodistas de fuste, la pluma y el trabuco, eran la síntesis de esos compadritos sin chiripa pero de fogoso sentir nacional. Era el renacer de la argentinidad.

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Accionar de la Unión Cívica.

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     Alem renace a la UC tras el fracaso en el Parque. Es el único entusiasta en la Agrupación y pretende darle seriedad a la militancia.

 Después de 1880, acaso antes, las Agrupaciones Partidarias eran una ficción. Un grupo de dirigenzuelos, muchos de ellos presentes en la UC, se aglutinaban en torno a una sigla para concurrir a la elección, y sin importar el resultado del comicio, se disolvían al día después. El PAN era la voluntad del Presidente por intermedio de su ministro del interior. El  mitrismo siquiera era un partido formal más allá del diario La Nación.

   Alem se dio a la difícil tarea de organizar una Agrupación Política Orgánica con principios, ideales, estatutos, programa, organismos internos: un Partido Político, o una Institución Cívica, como gustaba decir Yrigoyen, puesto que la misión radical era mucho más que ocupar o ejercer el poder: Entraba ello en el carácter de movimiento y creador que quiso darle a la UCR. Ambos, tío y sobrino, construyeron al Partido desde el llano, enfrentados al oficialismo y con la expectativa de constituir una autoridad constitucional, honorable y popular. Todo lo que Roca, Mitre y Pellegrini no eran.

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     yrigoyenAl terminar el convulsionado ’90, Pellegrini ha defraudado a las mayorías y la voz de los cívicos renace. Del Valle se muestra propicio a un entendimiento común con el “Gringo” pero Alem le sale al paso. Entonces don Aristóbulo propone la candidatura del anciano patriarca liberal como bandera de lucha. Es ahora Yrigoyen quien lo ‘para en seco’: “Las candidaturas del movimiento de opinión deben surgir de una Convención reunida a tal efecto”. Y que no cuenten con él para acompañar a don Bartolo: “¿Cómo quiere que me haga mitrista? Es como hacerme brasileño.” Por esta respuesta se lo nombra Ciudadano Ilustre del Libro.

    El 17 de enero de 1891 la Convención Nacional de los cívicos se reúne en Rosario y elige la fórmula Mitre–Bernardo de Irigoyen. Una fórmula que apoyan Del Valle, los mitristas, Estrada, Dídimo Pizarro, Goyena, Saldías, Alvear, Barroetaveña, Castellanos, De la Torre, y el Pueblo. Alem hará gira por ellos e Yrigoyen se vuelve a su casa, por un tiempo, pues sabe que la fórmula no correrá mucho.

   Roca y el Gobierno quedaron perplejos. Un fraude a Mitre, y en esos momentos, era inconcebible. Cuando en marzo del ’91 las elecciones a Senador por la Capital dan triunfo canónigo a Alem y Del Valle, la suerte pareció echada. Pellegrini llama a conferenciar a del Valle y Roca procuró agudizar el ingenio. Pero esta vez, el Tribuno niega el concurso ofrecido desde la Presidencia, y denuncia: “La mala política engendra mala economía”.

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Suena un acordeón.

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Roca-Mitre.

      Se publica en el diario La Nación: “Solución nacional para evitar la lucha, o reivindicación de la libertad del sufragio si ella era negada”. Bartolomé Mitre tenía claro a quien dirigía la frase. Roca, ducho para esas cosas, también. En la Unión Cívica, medio que no la entendieron.

 La heterogénea fuerza cívica tenía una discusión interna pendiente. Tres supuestos cívicos (Costa, Gutiérrez, López) habían entrado al gabinete a título personal pero de hecho abandonaban la oposición. A un reproche de Alem al ministro de hacienda, se encendió el debate. Era una desobediencia a los principios originales de la UC, pero las posturas no estaban, todavía, del todo claras. Al menos no para los mitristas, y algunos más. La política de principios debía estar por encima de los personalismos desconocedores de la voluntad mayoritaria. Alem se lo recordó a Mitre apenas bajó éste del barco que lo trajo de regreso de Europa. Don Bartolo le devolverá la visita cuando la enfermedad de Leandro días después. Pero el recuerdo de Diciembre de 1853 pesaba en el corazón de Alem mucho más que principismo alguno. Yrigoyen, cerca de él nuevamente, argumentaba que Mitre se les iba a piantar en la primer vuelta de esquina.

   Y así fue nomás. Mitre se reunió con Roca y éste le sugirió cambiar de vice, reemplazando a don Bernardo por el salteño José Evaristo Uriburu, del paño suyo. El ‘zorro’ endulzó la vanidad del viejo patriarca, y lo sedujo con una fórmula ‘nacional’. Era el acuerdo,

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   Era la ruptura. El 26 de junio los mitristas arman rancho aparte, formalizando la UC Nacional. El PAN se pliega detrás de él, mientras Pellegrini desestima, ya, la candidatura del viejo López. Era una bofetada a las voluntades mayoritarias.

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La Unión Cívica Radical.

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            La UC reunida en el Jardín Florida y en el Frontón Buenos Aires gana mucho más de lo que pierde con la salida del mitrismo. En el invierno del ’91, los cívicos intransigentes se dan a la tarea de reorganizar su agrupación. Pasan a llamarse radicales, eligen la fórmula Irigoyen3—Juan M. Garro para las presidenciales, y proclaman su plan de lucha:

“La UC no se había formado alrededor de ninguna personalidad determinada, ni se proponía como objetivo de su programa ni de sus ideales la exaltación de un hombre al mando. Se nos ha llamado radicales intransigentes –exclama la ronca voz de Alem– y aceptamos el mote con orgullo. Porque no vamos a tranzar con las ambiciones de los impacientes y no hay quien pueda matar este espíritu llamado radical”.

   La plataforma radical la dice Alem ese 15 de agosto de 1891, vaya cosa, el día de mi cumpleaños:

1— Libertad Electoral;

2—Honestidad en los cargos públicos;

3– Impersonalismos de la alianza;

4—Sentimiento Popular”.

Con ella sale a recorrer el país mientras don Hipólito lo hace en provincia de Buenos Aires. “Contra todo lo creado desde Pavón”, analiza José María Rosa. Y desde Morón, también. Como dijera Yrigoyen años después, “la Nación misma en busca de su destino”.

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   Del Valle Ya no está Del Valle[1]. El tribuno renuncia a su banca y a la política porque cree errónea la ruptura y lo ve a Roca regodeándose del cisma.

 Don Aristóbulo estaba preocupado porque veía la consolidación del régimen en la ruptura. En las reuniones de la Convención Cívica propone evitar la ruptura a cambio de que los mitristas acepten los principios radicales. Y con ello ganar la Presidencia de la República. No corre. Se reúne el Comité Intransigente y se empatan los postulados: 22 votos por la tesis Del Valle, 22 por las de los sectores intransigentes, encabezados por Joaquín Castellanos y el coronel Espina. Tocó a Alem, presidente de la Asamblea, desempatar. Y el caudillo de largas barbas blancas vota dando vida al Radicalismo. Del Valle, y sus historiadores, expresarán que don Hipólito estuvo aquella vez acompañando su tesis. Posiblemente Yrigoyen, tan principista, quería asegurarse que la ida del mitrismo era causa de su falta de principios. No por una cuestión de “tacto”, como intentaba explicarle del Valle a Alem y su gente. Por otra parte, Yrigoyen terminará más intransigente que sus dos maestros en la política.

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    La salida de Del Valle consolida el liderazgo interno de Alem, que desde entonces debe propagarse para constituir al nuevo partido político. Produciéndose el conocido desgaste.

ALEM

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¿Se frustra el acuerdo?

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     La popularidad renacida de Mitre se viene a pique y sin el auxilio genuino de Roca, renuncia a la candidatura. El mismo “Zorro”, se retira a la intimidad de su casa. Es el 15 de octubre. Pellegrini llama a conferenciar puesto que los mitristas abandonan el Gabinete. Invita a Mitre, a Roca, a del Valle, a Bernardo de Irigoyen, a Manuel Quintana, a los presidentes del PAN y la UC Nacional, y no estando Alem, presidente de la UCR, a Hipólito Yrigoyen[2].

 Es el 17 de octubre. Pellegrini quisiera reestablecer el acuerdo pero Yrigoyen lo interrumpe. “El domicilio del Presidente de la República, por cuestión de principios, no es lugar a propósito para discutir tales cuestiones”. Y que no habría acuerdo, pues la UCR “que es mayoría, quiere concurrir al comicio” con las garantías del caso. “Como quiere que lo haga si me quema la cara la revolución que su partido prepara”, replica el Presidente. “Cumpla usted con su deber de Presidente de la República, garantice los comicios y verá que ninguna revolución radical le quema la cara”. La conferencia se da por terminada.

Uno de los del tertulio (don Manuel Quintana) se queja a viva voz del iracundo sobrino de Alem. Mitre, el mismo don Bartolomé, prendiendo el cigarro y llevando sus manos a su famoso bolsillo donde escondía su reloj no menos legendario, le responde: “Ese mocito, llegará lejos”. Entreveía, acaso, quel caudillo del Radicalismo iba a tirar abajo con todas las prerrogativas del orden liberal—conservador por él levantadas. Y aceptaba la derrota, hasta complacido.

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  ¿Don Bartolo, usted también se vuelca al Populismo?. Mm…

3Don Bernardo rechazó la candidatura en pos de su gran amigo íntimo, Luís Sáenz Peña, entonces presidente de la Suprema Corte de Justicia, y padre de Roque.

[1] La salud de don Aristóbulo no era buena y debió someterse a dos operaciones riesgosas para su vida. De la que quedó algo “enclenque”.

[2] El “gringo” conocía el temperamento del sobrino, y buscaba separarlo del tío. No lo consiguió, pero el resto de sus días no dejó de buscarlo.

2 comentarios

  1. Carlos Pistelli

    Reblogueó esto en ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?y comentado:

    1891, EL AÑO “RADICAL”.

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  1. ROCA, centenario de su fallecimiento, Bolilla II. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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