Carlos Pistelli

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Rivalidades futbolísticas.

  pelota-futbol

La intensidad con la que se vive un clásico de fútbol suele tener ribetes dramáticos. En el Río de la Plata los mismos nacieron de las rivalidades de distintos orígenes:

  • Barriales, en donde unos se juntaban en una canchita, y otros pibes en otra, y se armaba, por el propio sentido de ‘pertenecer’.
  • Sociales, en donde los que pertenecían a una clase social determinada, se las agarraban despreciativamente con los otros de clases más bajas.
  • Políticas, en donde adherentes de partidos políticos (en especial los socialistas) fundaban clubes (como el caso de Chacarita, Argentinos) y automáticamente recibían el rechazo social.
  • Y hasta de origen “formacional”, en donde los empleados del Ferrocarril se las agarraban con los que pertenecían a colegios más bien “chetos”.

  Ojo que en Europa pasa lo mismo, con condimentos especiales. Por ejemplo en Manchester, el City siempre fue el equipo popular y “anglicano” contra el United, el equipo elitista y “católico”. La Roma representaba los estratos sociales más bajos, y la Lazio, encima, se identificaba con el Fascismo. Ni hablar del clásico Aleti-Real en Madrid, o la rivalidad entre Barcelona con los “merengues” y con el Athletic Club de Bilbao. En cierto modo, el fútbol descubrió identidades regionales confrontativas del ser nacional, como pudo suceder con los propios equipos vascos, o cuando Diego condujo al Nápoli a su época dorada.

Sudámerica, y Río de la Plata.

   Clásicos hay para tirar manteca al techo. La rivalidad geopolítica entre brasileños con argentinos, uruguayos inclusive, derivó en rivalidad futbolística por el ‘dominio’ de la redonda en el Continente. Pero si en Brasil, ser hincha del “Scratch” es de importancia sublime, en Argentina cuesta encontrar hinchas de “La Selección”. Más aún, con lo que significó Maradona para nuestro fútbol. No habrá ninguno como él, a la hora de transmitir lo que significaba ponerse la albiceleste.

   Los chicos de hoy en día sienten pertenecer a algo más que ellos mismos cuando se vinculan a un club deportivo: Tanto los barriales, como los grandes equipos de fútbol. Eso no significa que uno no tenga amigos de otros cuadros; Es más, se los necesita, ¿Si no a quién cargás los lunes cuando los volvés a ver, o cuando termina un partido, teniendo el watsap a mano?. En ese sentido el fúbal es hermoso. Hay historias de rivalidades que merecen un post extra, pero a modo de resumen, las quisiéramos contar:

  • Chacarita vs. Atlanta. Como les contaba, Chacarita nació fruto de inquietudes de un grupo socialista. Atlanta nació en la plaza Independencia, o de Concepción, (donde ahorcaron a Leandro Alén, Independencia y 9 de Julio, aquí también nacio Independiente). Por esas cosas del destino, los pudientes “bohemios”, bohemios porque iban de acá para allá, terminaron construyendo su cancha en Villa Crespo, a… A una cuadra de la cancha de “Chaca”. Nació el clásico. Nuevamente utilizaré las terminología “ribetes dramáticos”: Se odiaban. Los de “Chaca” los veían como unos invasores barriales, y los duelos terminaban mal. A las piñas, mínimo. Encima, Chacarita entró en una grave crisis económica, y debió vender su estadio: Lo compraron unos millonarios de Atlanta, que mandaron derribar el estadio. ¡La miércoles!. Cada vez que vuelven a enfrentarse, es un drama, y eso que Chaca tiene sus instalaciones en el Gran Buenos Aires. Pero la historia no se hace agua.
  • Independiente vs. Racing. Los clásicos rivales de Avellaneda nacieron en la ciudad de Buenos Aires. Los empleados de comercio de la Avenida de Mayo, pronta a inaugurarse, se juntaban a jugar a la pelota en la plaza Independencia, donde pateaban a los de Atlanta. Finalmente se trasladaron a unos terrenos que les facilitó, algunos dicen el propio Barceló, en Avellaneda. Y encima, a menos de doscientos metros de allí, empezó a crecer otro club venido de la ciudad porteña: el Racing Club, fundado por estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires. Los que no han ido a una de los canchas, no puede creer que estén una al lado de la otra, prácticamente. Avellaneda es una ciudad populosa al sur porteño, donde mandaba el conservador Barceló, sin necesidad de cometer fraude para ganarle en elecciones limpias al Yrigoyenismo. Tenía una caterva de rufianes que se fueron acomodando a uno y otro club. El clásico había nacido. Se convirtió rápidamente en el clásico más popular de Buenos Aires. Racing era la elite, el Rojo las clases medias. Pero con el correr de los años esas diferencias se mezclaron, y la rivalidad se tornó tremenda. Encima, consagrados personajes argentinos se vincularon a Racing (Gardel y Perón), y el rojo convirtió su fuego sagrado contra la adversidad. Es campeón de campeones, Racing el eterno sufrido que les hace la vida imposible. Bochini, Cárdenas, Pizzutti, Basile, Erico, son sus máximos ídolos.
  • Estudiantes vs Gimnasia. La Plata acababa de fundarse en 1882 y unos nutridos muchachos de galera refinada, fundaron el Gimnasia y Esgrima, donde se practicaban ambas actividades, forjando su destino en la histórica esquina de 1 y 47. Entre sus fundadores encontramos al futuro coronel Falcón, a un Huergo, al dr. Estanislao López, Ignacio Irigoyen, futuro gobernador provincial, Alejandro Korn, filósofo, Luis Monteverde, futuro gdor. radical, Ezequiel De la Serna, otro gdor, etc. Construyeron su cancha en el “bosque” platense, y de ahí su apodo, “El Lobo”, o los triperos, como se les decía despectivamente. Pero como el fútbol era un deporte ‘pobretón’, dejaron de practicarlo: Unos estudiantes universitarios se abrieron y fundaron su propio club: Estudiantes, “los pincharratas”. Al poco tiempo, un grupo de socios confrontó con la conducción de Estudiantes, y volvieron a Gimnasia. El clásico, había empezado. Encima, como con los de Avellaneda, las canchas están a dos cuadras de distancia, bosque de por medio. La rivalidad creció con el correr de los años, y académicos platenses, realizaron un estudio: Cada vez que se juega un clásico, y los equipos salen a la cancha, hay episodios de temblor escala Ritter en la ciudad. Je!. Estudiantes ha tenido la gracia de ganarlo todo a nivel títulos, pero aun así, Gimnasia les lleva ventaja a nivel hinchadas. Es un clásico reñido en paridad: No se sacaron significativas ventajas por mucho tiempo. Pero el regreso de un hijo de la casa a Estudiantes, como Juan S. Verón, cambió los papeles: Volvieron a ganar todo, Gimnasia se fue a la B, y encima les sacaron 8 partidos de diferencia. En las próximas semanas, por primera vez se cruzarán a nivel internacional.
  • Boca y River. Cosa paradójica, el mayor clásico de la humanidad futbolística tuvo origen en el mismo barrio: La Boca. River nació primero, al fusionarse dos clubes (clubes en el sentido de la época, unos pibes que se juntaban a patear). Boca nació en 1905, cuando Alfredo Palacios se convertía en el primer diputado socialista de América, justamente representando al barrio. El primer clásico oficial se jugó en 1913, y a partir de ahí, la rivalidad fue creciendo como en paralelo. Si Palacios pudo defender a los primeros simpatizantes de ambos cuadros, fue un crudo yrigoyenista quien, a los 8 años presidió la fundación de River: don Leopoldo Bard, “Pongamos nuestra fe en la grandeza de un club que ve la luz el mismo día que nació la patria: 25 de mayo“. Bard compartió cartel partidario con Pedro Bidegain (sanlorencista al máximo) y Ortíz de Zárate o Colombo (club Almagro). Como se ve, hubo yrigoyenistas vinculados al origen del fúbal, no así su Jefe Máximo.
    River se corrió del barrio, y recorrió media Buenos Aires, mientras Boca se hacía fuerte en el sur de la ciudad. Tres estudiantes del colegio Carlos Pellegrini se juntaron con unos amigos del rioba, y dieron origen a Boca, en la plaza Solís, a metros del Riachuelo y la Dársena Sur. Sus primeros colores fueron cambiando, y la derrota con un equipo que tenía la misma, los obligó a buscar una nueva: La bandera del primer barco que llegue, será nuestra camiseta: Y justo vino un barco con la bandera sueca. He ahí los colores “xeneises”. En cuanto a River, algunos hablan que tuvo como origen los colores de la bandera de Génova, otros del Radicalismo (por Bard), pero el propio don Leopoldo nos dice que River jugaba con una camisa blanca, y al enfrentarse con un rival con la misma “indumentaria”, cruzaron una cinta roja comprada a una comparsa, y otros hablan que se las robaron, travesuras de pibe, a un carrero que pasaba siempre por el barrio.
    El clásico se tornó tan popular y extendió los confines porteños. Hoy no hay ciudad en donde Boca y River no tengan más hinchas que los equipos locales: Toda una demostración estadística. Todas las ciudades, menos una:

Ñuls y Central.

    A diferencia de lo que pasa en otras ciudades del país, en donde Boca y River predominan, Rosario es de Central, y de Ñuls. El último cómputo, de la encuestadora Equis, habla de 45% de hinchas “canayas”, contra 30% de leprosos (y 6% charrúas). La cosa se ha emparejado.

  Central nació en el Cruce Alberdi, fruto de los trabajadores del Ferrocarril Central Argentino, en la víspera de Navidad, en 1889. Un orador fogoso, escocés, qué esperanza, llamado Colin Calder fue su primer presidente. En un principio Central fue un club sólo con asociados del Ferrocarril, pero finalmente se abrió la convocatoria, y un aluvión de personas empezó a asociarse al incipiente Clú. Las primeras camisetas fueron roja y blanca, a bastones, azul y blanca, a bastones, y finalmente en 1904 Central empezó a usar sus colores actuales.

  Ñubels nació fruto de los estudiantes del Colegio Comercial Anglicano Argentino de la ciudad, que dieron nombre a su clú honrando al fundador del mismo, Isaac Newell. El Colegio quedaba en Entre Ríos “al fondo”, y fue el hijo de Isaac, otro crudo dirigente radical, llamado Claudio, quien organizó al nuevo club, con los colores del Colegio, rojo y negro. Los “egresados” de Newell’s, buscaron un campito en donde jugar. Y, hete aquí, fueron a parar a los campos canayas. Nacía la rivalidad histórica.

  Se suele decir que Central empezó siendo el Club del Pueblo, y Ñuls el de la Oligarquía, pero no es tan así. Central era el clú de los obreros y la “bohemia” rosarina, más tomando en cuenta los años ’30 y el barrio Pichincha, y el mote de “la Chicago Argentina”. Ñuls era el equipo de los graduados universitarios, de la elite intelectual. El tema también tomó ribetes políticos. Don Claudio radical de los de Santa Fe, opuesto a Yrigoyen, formó pata ancha entre los conductores políticos de la Ciudad (llegó a ser su intendente), Mientras Central se llenó de bochincheros yrigoyenistas, amén de anarquistas que se pistoleaban con estos últimos. No pude encontrar a cual equipo adherían las máximas figuras políticas surgidas del seno rosarino, el dr. Ricardo Caballero y don Lisandro De la Torre. Aunque algunos hablan que don Lisandro ‘tiraba’ para Ñuls. Además la ubicación incidió en las procedencias sociales de ambos. Ñubels se instaló en el parque municipal de ribetes franceses que creó ese gran intendente que fue Luis Lamas. Central se hizo desde la periferia, de quinteros y maleantes por doquier, changarines que revestían entre la tropa de Caballero. La cuestión es que con el advenimiento peronista, Central se hizo Pueblo, y Ñuls, a grandes rasgos, de la “gente bien”. Hasta entrados los años ’90, la diferencia era notoria entre unos y otros, pero ya hoy uno no distingue a un “morocho” canaya de un “leproso”, y todos estamos mezclados, y en el mismo barro.

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  Es un clásico que divide a una ciudad, que se vive con una intensidad enorme. Ser de Central, especialmente, o ser de Ñuls, definen una norma cultural de vida. Ya estamos excendiéndonos de la mera competencia deportiva. Estamos hablando del sentido de “pertenecer”. De sentirse parte de algo más importantes que de uno mismo, de sus familias, de los amigos escolares. Ser de Central es conjugar la irreverencia del mal vivir. En Ñubels todavía encontramos destellos de aquellos que creen que es una escuela de fútbol, del buen jugar. Y para las chicanas, y las bromas pesadas, están destinados a ser. La rivalidad pervive en cada suspiro de aire que se exhala. Nadie puede ser indiferente a Central o a Ñuls viviendo en Rosario. Es posible que Central genere más simpatías, y Ñubels más admiración. Pero esto es sólo una apreciación personal. A Ñuls le vienen sonriendo los éxitos deportivos, Central se aferra a la mística de una cultura que nunca se va a acabar. Yo pertenezco a la pleyade auriazul. Y no me caen mal los leprosos, aunque no quiero que les vaya bien, obvio. Porque ser de Central, es ese sentido único que te da, el simple hecho de vivar y sufrir por esos colores que son magia para el pintor, suspiro para el compositor musical, deleite para el escritor. Por algo se enamoran de su camiseta, jugadores que la visten. Porque tiene un extraño sabor particular, ponerse la camiseta de Central. Yo intento ser objetivo en estas líneas, amén de que no soy neutral. Pero no encuentro parcialidad fubolística alguna, que se compare a la de Rosario Central. Glorioso Dios que me has hecho canaya, producto de una impropia evangelización.

  Nada más lindo que el fútbol, y nada mejor que ganarle a tu eterno rival.

  Salú!

2 comentarios

  1. JesúsCortés

    ..Que gimnasia tiene más hinchada que Estudiantes? Te invito a que investigues los rankings y encuestas de hinchadas a nivel nacional de los ultimos años y el numero de socios de cada club y observaras que no es lo que se autoploclama la hinchada tripera..

    Saludos.

    • Carlos Pistelli

      Desconocia. Gracias por la aclaracion.

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