Carlos Pistelli

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Artigas, borrador de mi tesis.

artigas

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Liderazgo de Artigas.

  Artigas surge como “Jefe de los Orientales” a principios de 1811. Su liderazgo está enmarcado en esta infinidad de conflictos que saltan a la palestra con la caída del poder realista en América. Tenemos que agregar la rivalidad heredada con la corona portuguesa. (Si lo sabrá la ciudad que nos da cita). Y, por supuesto, la pelea interna con el puerto de Buenos Aires: Quien desde inclusive su fundación, tiene una actitud “clandestina” y antiprovinciana. La influencia del pensamiento europeo, y de la Revolución Norteamericana, influyeron en los hombres de la época, pero seguramente las necesidades de sus pueblos fueron los que los movilizaron a sus ‘patriadas’.

Detrás del liderazgo de Artigas aparecen los reclamos populares sobre el uso y la tenencia de la tierra. Sobre la incorporación, o no, de los pueblos indios a la vida popular americana. Los conflictos naturales entre la ciudad-cabecera (Montevideo) y la campaña rural. La constante migración social de los pueblos del artiguismo en busca de mejoras habitacionales, de condiciones laborales y de vida digna, fundamentalmente. Y la Guerra, no solamente contra el poder realista, sino ante la apetencia portuguesa, y el desarreglo con las autoridades porteñas, a las cuáles Artigas les debía lealtad.

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Como se verá, no es Artigas el que lidera a un Pueblo “atrasado y bruto”. Como bien dice Norberto Galasso, el estudio de la Historia ha dejado de centrarse en los individuos que la realizan. Es entonces que Artigas es el fiel representante de su tiempo, de su sociedad, que le exige y le impone las condiciones de su Jefatura. Suelo decir que existe un pacto recíproco, a veces tácito, entre Jefe y Pueblo. Y éste es el caso más interesante de analizar. Cómo Artigas conduce a un Pueblo que le exige ser su Jefe. Así podrá decir, en los tiempos de la “Redota”, Síganme cuantos gusten, en la seguridad de que jamás cederé… Yo llegaré a mi destino con este pueblo de héroes. Podemos definir a Artigas, y a su liderazgo, dentro de estos tres ítems:

  1. Como a un demócrata cabal.
  2. Como a un intransigente con respecto a las necesidades de su “gente”.
  3. Como a un creyente de la Libertad en todo su sentido inimaginable.

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Un demócrata cabal.

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  Se burla Salvador Ferla de José Ma. Rosa en su “Historia Argentina, con drama y humor”, sobre el cuestionamiento que hace Pepe a la presentación de Artigas en el Congreso de Tres ARTIGASCruces: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana“. Es que el liberalismo de la formación intelectual de aquellos años, con su formalismo consiguiente, conllevan a Artigas a presentarse de ese modo. No son palabras al viento. Son expresiones genuinas, producto de sus vivencias. Es el Pueblo el que deposita en él, como mandante, y lo elige Mandatario. ¡Cuántas de esas expresiones se oyeron del vozarrón de Juan José Castelli en el Cabildo Abierto del 22 de Mayo! Pero si en Castelli y en Bernardo de Monteagudo, su discípulo mejor, eran brillantes expresiones oratorias, con Artigas se concreta en la realidad. ¿Acaso Manuel García, para fomentar la invasión portuguesa, no dice sobre él: “Sistema exagerado de libertad popular”?. La Democracia Artiguista se construye en la Soberanía Popular, sostén de la Soberanía Nacional. ¿Y qué mejor manera sino con el voto universal? Cuando realiza las convocatorias al Congreso de Mercedes, trunco, y a su ampliado en Arroyo de la China, léase este estrato de su Reglamento Electoral:

” (…) 3.° Los ciudadanos de cada departamento concurrirán desde las nueve de la mañana hasta las cinco y media de la tarde del día subsiguiente á la recepción de la orden de esta data, á las casas que indiquen los respectivos presidentes, á nombrar tres electores correspondientes á su distrito.
4.° El voto irá bajo una cubierta cerrada y sellada: y el sobre en blanco. En la mesa del presidente firmará todo sufragante su nombre en el sobrescrito, que también se rubricará por aquél, y un Escribano que debe serle asociado. El Escribano numerará y anotará los papeles entregados por los votantes, echándolos en una caja, que concluida la hora se conducirá cerrada al Muy Ilustro Cabildo, el cual abrirá las cuatro sucesivamente, y cotejando en cada uno los votos con la numeración y anotación, procederá al escrutinio. (…)”.

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  El sufragio universal masculino es la base política del artiguismo, y lo será en los caudillos federales. Este liderazgo caudillesco de Artigas no deja ser raro, y aún sus mejores lugartenientes (que le fallaron), llámese Lavalleja, Oribe, Rivera, Ramírez, Estanislao López, Marianito Vera, aprendieron todo de él. No eran caudillos a la vieja usanza, “Acá mandamos nosotros y hacemos lo que se nos canta”. ¡No señor!. Tenían una debilidad hacia “los cuadernitos”, como se burlarían Quiroga y Rosas. No cabían dudas que Artigas era el que mandaba. Pero todo se dará en el concurso de las “instituciones” que se creaban. Artigas era el Jefe, sí, pero un Reglamento Constitucional fijaría los límites de su mandato. La Soberanía Popular, cuna de la Soberanía Nacional, se sostenía en el voto universal masculino, y aquí “Naides es más que Naides”. Era un Demócrata, en el genuino sentido de su significado.

  La propia guerra por la Emancipación política, y nacional, trae aparejada su incipiente emancipación social. Es un tema que estoy estudiando, y no quisiera meterme de lleno en el mismo, porque sé que estaremos en presencia de expertos en la materia. Pero la reforma agraria, y el Reglamento de 1815, engancha precisamente con este proceso democratizador. Artigas tenía ventajas para llevarla a cabo, con respecto a un Güemes en el Norte, un Dorrego en Buenos Aires, pero “no le escapó al bulto” para concertarla. Este es un tema que realmente merece la pena tratar con detenimiento Y que seguramente lo escucharemos en el correr de las disertaciones del Congreso.

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Un intransigente con respecto a las necesidades de su gente.

 ¿Fracasa Artigas por qué es traicionado? ¿Por qué su sistema estaba adelantado para la época? ¿Era imposible subsistir a tantos enemigos juntos? ¿O por qué no supo congeniar con líderes símiles a su pensamiento?

No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad“, será su sistemática respuesta a propuestas non sanctas. Desde los realistas que quieren aprovecharse de su enfrentamiento con el porteñaje. Desde el porteñaje que quiere, para evitar la guerra, desembarazarse de él. Hasta el último rechazo a la propuesta de un oriental, y su famosa respuesta, “Dígale a su amo, que artigascuando se me acaben los hombres, lo enfrentaré con mis perros cimarrones“. Hay una constante en su accionar. Y es su intransigencia. Su intransigencia popular. En el medio de la invasión portuguesa, se le hacen varias ofertas al respecto, y el propio Cabildo montevideano firma un acuerdo con Buenos Aires. Pero él no acepta. Porque no es su posición personal la que está en juego. Es la de su Pueblo. La de su Pueblo que lo ha elegido. Él no puede transigir en función de traicionar las necesidades de sus mandantes. Ese toma y daca tan propio de un recinto representativo, en un Congreso, tiene su lógica. Pero habiendo una guerra donde los más débiles son los que la sufren, no se puede aceptar. Por eso se va de la Banda, de su Banda Oriental, cuando el acuerdo con Elío. La famosa “redota”, para no decir otra cosa. Porque si estamos combatiendo la autoridad de un Rey, para formar una nueva Nación, ¡Qué sentido tiene aceptar sus leyes un tiempo hasta que las cosas “se arreglen”! “Buenos Aires abandona esta Banda a su antiguo opresor. pero ella enarbola a mis órdenes el estandarte conservador de la libertad. Síganme cuántos gusten, en la seguridad de que jamás cederé…”. Prefieren ser libres sin tierra, los que le siguen. Están definiendo la concepción central de la epopeya americana: San Martín la llama en Los Andes, “La Confederación del Género Humano”. Están haciendo Patria, creo que sin entrever que lo están haciendo. La Libertad, como premisa absoluta del espíritu de las naciones que empiezan a forjarse.

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  Entonces, hete aquí, el problema de Artigas. El inevitable conflicto con Buenos Aires, no se salda sino con su derrota. Y en menos de diez años, con la emancipación oriental de las Provincias Unidas. No me quisiera equivocar cuando digo, para no ofender a un Pueblo grande como el oriental: ¿Pero acaso el 25 de agosto, celebración uruguaya, no tiene que ver con la “Independencia” del Brasil, para volver al seno de las Pcias. Unidas?. El conflicto de Artigas con Buenos Aires, como el del Litoral argentino con el Puerto, tiene un tercer actor. Siempre un tercer actor. Y es el de las provincias, con sus referentes, de más allá de Santa Fe. ¿Quién era el referentes político de esas provincias en tiempos del ’16, ’17, en adelante? Manuel Belgrano. El conflicto Artigas-Belgrano, donde el creador de la Bandera orbita dentro del gobierno de Buenos Aires, provoca el desastre. Hoy, a doscientos años de distancia, todos reivindicamos a Artigas y a Belgrano por igual. Lamentamos que no se pusieran de acuerdo, y que se combatieran. Pero ese conflicto, existió. Y es menester de los historiadores, contarlo. Porque sino estaríamos haciendo “mitrismo artiguista”. Ninguno cedió un ápice. Y así terminaron los dos. Y Güemes. Y San Martín.

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La Libertad en todo su sentido inimaginable.

  Con este análisis que venimos sosteniendo, el intransigente y demócrata, tiene su sustento final: “La libertad en todo su sentido inimaginable”, como dicen sus instrucciones famosas a los diputados concurrentes a la Asamblea del Año XIII. Hace unos años, se celebró el bicentenario de la Asamblea con un acto público en el Cabildo de Buenos Aires. Esa Asamblea no sirvió para nada más que concertar el ascenso meteórico de la estrella de Carlos Alvear. Se tomaron medidas interesantes, pero con el fondo de la cuestión, la razón de su convocatoria, no pasó nada. No hubo Declaración Independentista, no hubo organización constitucional de los pueblos emancipados, y mucho menos: ¿Qué organización estatal íbamos a tener ya emancipados?. Todo quedó pendiente. Recrudeció el conflicto ‘civil’, entre los que querían todo esto enunciado, y los que daban largas al asunto. Y el conflicto se terminó tornando violento. La guerra de Alvear a Artigas, y sólo la caída del primero, posibilitó una paz efímera donde se desarrollará el teatro de operaciones para que Artigas pruebe, en los papeles, su programa de gobierno. Estamos hablando del Congreso de Oriente.

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