Carlos Pistelli

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Saltinbankis que nunca faltan.

Massa-Morales   Cuando en 1911 Roque Sáenz Peña, presidente de la República, mandó votar la Ley Electoral que lleva su nombre, en el seno del Radicalismo se desató un debate inusitado en función de apoyarla y levantar la mítica abstención revolucionaria. Hipólito Yrigoyen, a la sazón el líder partidario, y su figura más extraordinaria, aún a nuestros días, se opone. Inexplicablemente se opone. ¿Acaso no cabía la posibilidad de ocupar gobiernos para ir por el premio mayor?. Yrigoyen se lo reconoce a ese fiel ladero rosarino llamado Ricardo Caballero, “El poder, sí, cómo qué no lo he ambicionado, Pero no así, No de esta forma”. La Convención Nacional partidaria se reúne y levanta la abstención. Yrigoyen acepta la decisión a regañadientes. Los radicales de Santa Fe, rótulo que tantos problemas va a generar en el futuro inmediato, sale disparada de regreso a su provincia, porque en un mes se vota a Gobernador, prueba piloto de la nueva ley. Yrigoyen los llama aparte, un instante.

  Cambió la bocha, les pudo decir en “pistellismo” léxico, Hasta hoy nuestra militancia política era más que nada una conjunción de amistad y religiosidad. Con la nueva ley, entramos en el terreno de lo electoral. Desde este momento, se buscará ganar elecciones: De un lado tendremos al correligionario fiel, que siempre ha estado con nosotros, y lo seguirá estando. Pero ahora se vendrán, del otro brazo, los que se nos sumen por el solo hecho que da la posibilidad de ocupar cargos públicos. Ante esta nueva perspectiva, es menester seguir siendo fieles a nuestros principios, a la trayectoria que nos trajo hasta aquí, y tomando en cuenta lo que se viene. Sólo les puedo aconcejar una sola cosa: Trancen lo menos que puedan con la realidad.

  En 1916 la misma Convención vuelve a juntarse y lo proponen como candidato a la segura Presidencia. Yrigoyen, nuevamente, se opone tajantemente.Un gobierno no es más que una realidad tangible, mientras que un apostolado es un fundamento único, una espiritualidad que perdura a través de los tiempos. Nadie le quiere creer, y su renuncia es abucheada. Una delegación concurre a su casa a reiterarle el ofrecimiento, e Yrigoyen exagera el rechazo. “Entonces váyase al carajo, y disolvemos el Partido”. Piensa un instante, y se resigna de modos increíbles: Hagan de mí lo que quieran. Con ese ánimo llegaba a la Presidencia de la República.

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¿Qué mierda le pasó al Radicalismo?

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   Yrigoyen en Entre Ríos   Entre las primeras cosas, le pasó que tipos como yo, entre mi generación, a modo de ejemplo, dejó de militar. Y así no se puede. Los que creemos en un Radicalismo Yrigoyenista, superador claramente de lo que ofreció el alfonsinismo alguna vez, austeros, honestos, comprendedores del camino patrios y sin ser gorilas hacia el peronismo, dejó de militar. Yel rol de conductores partidarios, peleados con las bases que reclaman viejas esperanzas ochentistas, es claudicante, en el mejor sentido de la palabra. El problema del Radicalismo es que está vacío, en términos generales. Pero no vacío de contenido, Está vacío de personas. Y los que están, realizando proezas militantes para que el partido perviva, se ven traicionados, una y otra vez, por esos dirigentes que tranzan con la realidad, y que creen que la política es apenas ocupar cargos públicos. Y así no se puede, No se debe, en verdad.

   Cuando uno se va, dirá la canción, queda un espacio vacío, que automáticamente ocupa otro. Yrigoyen podía darse el lujo de abstenerse 15 años de buscar cargos, porque sabía que “las brevas no estaban maduras”, y que “el futuro era nuestro”. Más tarde que temprano, el Pueblo se volcaría al Radicalismo y estaba dispuesto a esperar. Como dijera su tío al dar vida a la UCR, No vamos a transigirr con la ambición de los impacientes. Para construir, hay que ser paciente. Para llegar sin perder de vista las convicciones que nos llevan en el camino, hay que estar dispuesto a perder alguna que otra ‘elección’. Es la mayor elección que una persona pública debe tener en cuenta. Saber construir, amén de quedarse “solo con la bandera abandonada, en la certidumbre que volverá a ser levantada, que es la virtud de un demócrata”. Pero hoy, lamentablemente, todo eso no pasa.

   La política entre los popes del Radicalismo pasa por recuperar un espacio público perdido hace añares en una seguidilla de horrores políticos, que contradecían la matriz original del Partido. Todo mal. La impaciencia por ocupar lugares, formando partes de conglomerados partidistas que poco tenian que ver con su historia, por el solo hecho de llegar a algo, e impedir que sus clásicos rivales lleguen antes. Sus clásicos rivales, más prácticos, con la cintura necesaria, llegan, sin importar el luego. Los radicales que conducen su destino, intentaron copiar la fórmula renegando hasta de como se hace. Y todo sale mal. Como el partido no existe a nivel nacional como actor preponderante, es menester el cualquier cosa con tal de llegar en las provincias, y tomarse cuatro años más para llegar, si es que nos interesa llegar, al Balcarce 50. Todo vale, total todo pasa. ¿Qué nos pidan coherencia, quiénes, los mismos que hasta ayer significaban algo que hoy no y mañana otra?. Vamos, muchacho, hay que llegar al “poder”. Confundiendo en “poder”, palabra tan significativa la mera cuestión de administrar un Estado, es otra cosa. En el léxico exagerado de Yrigoyen, es “una realidad tangible”. Y claro, porque don Hipólito creía en su Pueblo, aún en sus defectos, y sabía muy bien que las cosas debe cambiarse, también desde el llano. La política implica solamente cambiar las cosas cuando se “está arriba”. ¿Y entonces para qué se está abajo?. Para pasar el tiempo. La vida es eso que pasa entre Mundial y Mundial: Entonces la política es esperar que pasen elecciones presidenciales en elecciones presidenciales. Y mientras pasa, los años también. Y mientras tanto, no se construye un carajo, y se apela a soluciones mágicas, participaciones periodísticas reculando ante los medios dominantes, y arreglando con algún candidato que nos resta algún que otro voto que alguna vez nos perteneció. Es la declinación de toda ideología. Es el pragmatismo más absoluto, pero también el más estúpido, porque no salió bien, nunca. Entonces, ¿Qué queda?.

Hay que luchar, luchar, y luchar.

   Hay que volver a militar. Hay que volver a sacrificar tiempo con la flia, y abrir un Comité. Establecer desde el primer momento que ese Comité se abre para la sociedad en donde se circunscribe. Que no somos iluminados, y que tampoco “nos conformamos con el futuro que nuestros ojos divisan”. Hay que militar. Se arrancará en un café, con algunos conocidos, que tal vez se enojen con la nota, porque parecen las palabras de alguien que los exorta desde una posición privilegiada de sabérselas todas. Y que venga la crítica, porque así se construye. Si se quiere mandar, ser el primero, en todo. Si se quiere acompañar, a no faltar, porque se requiere anudar esfuerzos mancomunados. Y se quiere triunfar, volver a enamorar. Porque no se llega a grandes cosas sino se está dispuesto a prometer, grandes cosas. Escuché hace poco, “nadie milita por déficit fiscal cero”. Se milita, al menos desde los que creemos en la militancia, para aportar a un proceso que transforme la realidad. Desde el llano. Y si viene el cargo, que venga, Pues seguiremos predicando las mismas fórmulas que nos llevaron a ocuparlo. Macri SanzEs una tarea difícil para una época que se nos presta a poder hacerla. Nadie nos persigue, Nadie nos va a meter presos, Nadie nos va a desaparecer como. en otros tiempos. Son tiempos de Democracia Institucional. Es tiempo de convertir a la República, en una Democracia en serio.

  Sean mis palabras un disparador de emociones que lleven al debate, y a volver. Porque no hay nada más lindo que volver a casa, y decirle a tu hijo, “Papá quiere ser el mejor papá que tengas, porque milita en los mismos valores en los que te educa”. Alguna vez, hagamos realidad nuestros sueños. Que nuestroas hijos se sientan orgullosos de tener padres que se las juegan. Y que cuando juguemos a la pelota con ellos, al grito de “Viva Central”, también esconda la posibilidad de ser mejores como Pueblo, y como Nación.

  Sean mis palabras, Sean.

 

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