Carlos Pistelli

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Garay funda Santa Fe de la Vera Cruz, Vida del Caudillo.

  En las cercanías de la desembocadura del río Carcarañá, Juan de Garay viene marchando. Marcha desde Asunción con destino al Plata. De pronto, una banda de ‘salvajes’ le ataca poniendo en riesgo su vida y la de su tropa. “Mal rayo me parta”, pudo haber expresado. Arma a su ‘gente’, pero el destino parece jugarle una mala pasada, los ensueños de gloria del primer Caudillo del Plata, están por finalizar. Algunos pudieron empezar a rezar, a rogarle al Santísimo y a la ave mária purísima. De pronto, de entre la espesura, surgen gladiadores a salvarle la jornada.

Garay

GARAY

  Son gentes de Jerónimo Luis de Cabrera, el fundador de Córdoba de la Nueva Andalucía. Le han salvado el pellejo; Garay y don Jerónimo, se dan un abrazo histórico, el primero de una larga saga de abrazos históricos en la región. Cabrera acababa de fundar la “ciudad docta”, y bajaba al llano en busca de la Ciudad de los Césares. Planeaba refundar la primitiva ciudad de Sebastián Cabot, y luego ir por Buenos Aires, quien dice.

   Garay, apostado en su bergantín, comprende de la salvada de Cabrera, pero no se amedrenta. “Este sevillano pretende lo mesmo que yo, y no es caso, Lo cortés no quita lo valiente”. No se pondrán de acuerdo a quién le corresponde qué, y cada uno vuelve a su origen. Cabrera, a la muerte, que le espera en Córdoba, por desobediencia al Virrey del Perú (será muerto en Santiago). Garay vuelve pa’ Asunción, pero estando en las inmediaciones de la desembocadura del río San Javier, en un pequeño asentamiento erigido (por él mismo semanas ha) en lo que se conocía como “Punta del Yeso”, sacó la espada, llamó al Escribano, y aquí se ha fundado una ciudad. Era el 15 de noviembre de 1573. Lo apuraron los trámites de Cabrera por quedarse con la margen derecha del Paraná.

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clip_image001_0000( Mapa extraído del sitio:  http://www.delriolujan.com.ar/ )

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  Me ligan hacia Garay afectos pocos dados a un ‘historiador serio’. De purrete viví en la esquina de Alem y Garay, y mis primeras inquietudes históricas fueron las de conocer quien cornos eran estos dos tipejos. Con Alem ustedes ya conocen mi devoción. Y con Garay, también. Mis primeras lecturas provinieron de libros de la Escuela Oficial de la Historiografía, poco dada a resaltar los padecimientos de los pueblos originarios. Y en esas líneas las aventuras de don Juan me sonaban a más reales que a las de Robin Hood o Sandokán, en afán de soñarme emularlas. Garay era nuestro. De grande me ligué al Revisionismo Histórico, escuela historiográfica más bien benévola con la cultura hispánica. De haberlo empezado a estudiar hoy, la palabra Garay tal vez me sonara a mala palabra. A veces, lo que uno aprende de chico, perdura para siempre.

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Vida de Garay en América.

  El vizcaíno era noble y de valiente proceder. Era de embarcarse en aventuras y venía a hacerse un nombre, como todos los españoles de la conquista. Que hubo excesos en la misma, nadie puede negar, pero ya nos meteremos algún día a contar los mismos. Hoy nos adentraremos en don Juan.

  Como les contaba en el ‘post’ anterior, Garay volvió al Plata con el malogrado Nuñez de Prado ( https://carlospistelli.wordpress.com/2014/11/13/garay-funda-santa-fe-de-la-vera-cruz/ ). Siguió su suerte en sus desavenencias con Francisco Aguirre. En su primera incursión, don Diego de Rojas (1543) buscaba la famosa ciudad de los Césares. La empresa llega hasta el Carcarañá, en pleno territorio santafesino. Es de los primeros pobladores de Barco I (la original Santiago del Estero, pero fundada precisamente en donde hoy está San Miguel de Tucumán). Conflictos con el gdor. español de Chile, Nuñez traslada la ciudad 25 leguas al norte, en el actual territorio salteño. Para luego volverse al sur, en donde asienta en la actual Santiago del Estero. Aguirre, capitán de Chile, penetra en la región, aprovecha las desavenencias contra Prado, y asume el poder, trasladando Barco media legua al Norte, para evitar inundaciones. Ha nacido la madre de las ciudades “argentinas”.

  Ya en 1556, Garay reviste en Potosí, siempre bien relacionado, esta vez con el hijo del Virrey de Lima, don García Hurtado de Mendoza, llamado a grande cosas en el futuro. La “villa imperial” era la Perla de la Corona, y don García le encomienda a Garay establecer un puerto de salida en el Pacífico: Arica. De entonces los centenarios conflictos bolivianos-chilenos por su jurisdicción. Y de qué hablar cuando aparece en la región, don Ñuflo de Chávez, heredero de Martínez Irala, quien viene de Asunción en busca de “la ciudad de los Césares”. De ahí los centenarios conflictos bolivianos-paraguayos por su jurisdicción. El conflicto amenaza con armarse la gorda, pero García Hurtado, conquistador, caudillos y mejor político, soluciona todo con un apretón de manos, y unas palmadas en el hombro. Algún despechado con el arreglo perdió la vida por resentido.

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  En 1561 Chávez funda Santa Cruz de la Sierra, y entre sus lugartenientes está Garay, siempre listo. Reside en la novel ciudad, haciendo cada tanto la heroica de ir a Asunción. Su tío Juan Ortíz de Zárate, riquísimo comerciante del Potosí, con conexiones familiares en la “Casa de Contración” sevillana, ha sido nombrado Gobernador del Plata (1565), Garay va en busca de nueva empresa. Al finalizar el 1568, se le nombra Alguacil Mayor de las Provincias del Plata. La gloria, tocaba a las puertas del vizcaíno. Esperará a su tío, nombrado por Su Majestad, Felipe II, Adelantado por “dos vidas”, con la orden de fundar una ciudad en el estuario del Plata.

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Garay en el Plata.

     Cuarenta años cuenta el capitán y sus aptitudes lo predisponen para convertirse, por quince años, en el indiscutido referente de la región. A su llegada, habilídisimo como siempre, se enlaza en relaciones con don Martín Suárez de Toledo, el hombre fuerte de la ciudad, enfrentado con Felipe Cáceres. Don Martín era el padre de nada más ni nada menos que de Hernandarias. ¡Cuánto aprendió el niño Hernando comiendo, quien sabe, con don Juan veladas enteras!.

      Apoyado en el obispo de Asunción y el recién llegado, Suárez depone a don Felipe y lo despacha a España. Garay recorre la región por órdenes de Suárez de Toledo, mientras esperan a Ortíz de Zarate. Su palabra se impone, su carácter templa al más agitador. La eterna llegada de su tío le da poderes inimaginables. Para finales de 1573, el tío avista el Plata, y sienta plaza en la isla San Gabriel, frente a la actual Colonia do Sacramento. Indios charrúas atacan la posición del Adelantado, que pierde cien hombre, y pide auxilios a Asunción. Suárez le remite auxilios por intermedio de su Garay. En esas andaba el capitán, cuando funda Santa Fe.

.Asuncion siglo XVII(Asunción, siglo XVII,  lorenzozucolillo.wordpress.com )

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  Tío y sobrino se dan un abrazo histórico de reencuentro, otro más de la larga saga. Garay acababa de derrotar a los pueblos en San Salvador, en mayo de 1874. Fundan la ciudad “Zaratina de San Salvador” en las cercanías de la actual Dolores, y finalmente arriban a Asunción el 8 de febrero de 1575. Zárate se toma las cosas a la tremenda, y aprisiona a Suárez, por violentarse en el poder contra un viejo dignatario nombrado por él. Ya no será el “Adelantado del Río de la Plata”, sino de la “Nueva Vizcaya”, en honor a su provincia natal. Desaparecido don Martín como el hombre fuerte de la ciudad, el tío adelantado se recostó en el sobrino para mandar. Fue corto su mandato pues se murió al año, testeando la herencia en su hija, cita en Charcas. Nombrado albacea, Garay, ni lento ni perezoso, la hizo casar con un hombre (un oidor llamado Juan Torres de Vera y Aragón) que le debería el acto el resto de su vida. Nuevamente los honores quedaban para uno, mientras Garay quedaba depositario del poder real.

     Garay salió en busca de la hija a recoger los frutos del entuerto. La mala suerte hizo que sus caminos se cruzaran con don Gonzalo de Abreu, el matador de Cabrera, gobernante fuerte y temible del Tucumán. Garay fue tomado prisionero, y por un año y medio obligado a servir a la causa ‘abreurista’. Librado de tan pesadas cargas pudo volver a Asunción, y recuperar el viejo prestigio entre la población. Pero los conflictos entre españoles nunca acaban: El virrey Toledo de Lima, quedó resentido con los procederes, y mandó llamar a Vera y Aragón. A éste no le quedó otra que acceder y depositar en Garay también los honores. Desde ese momento todo el poder lo manejaría el Caudillo.

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A toda Santa Fe, le nace una Buenos Aires.

    Libre de toda tutela, Garay mandó en la región por espacio de cinco años. Hay que “Abrir puertas a la tierra”, que era la frase-política de los españoles, la cual hizo suya. Por eso a principios de 1580 parte con destino sur, como aquella empresa trunca del ’73. El 29 de mayo recala con su gente en la boca del Riachuelo. Y el 11 de junio:

“(…)  YoGarayfunda Juan García Garay, teniente de Governador y Capitán General y Justicia mayor y alguacil mayor en todas estas provincias, por el muy Ilustre el Licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, del Consejo de su magestad, y su oidor en la Real Audiencia de la ciudad de la Plata en los Reynos del Pirú, Adelantado…, y en lugar del dicho señor Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragóon… estando en este Puerto de Santa María de los Buenos Ayres, hago y fundo una ciudad… La iglesia de la cual pongo su advocación de la Santísima Trinidad… y la dicha ciudad mando que se intitule Ciudad de la Trinidad.”

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  Ha nacido la ciudad de todas las discordias, y todas las pasiones: Trinidad, puerto de Santa María de los Buenos Aires. Desde entonces, llamaré “trinideños” a los que me caigan bien, y “porteños” a los que me caigan mal. El nombre del puerto, prevaleció al de la ciudad.

  Hasta octubre Garay y su hijo Juan “el mozo”, permanecieron mandando, y combatiendo a los ‘salvajes’ que no querían saber nada con la ciudad, ni el puerto, ni los Garay. Pega la vuelta a Santa Fe y regresa en febrero siguiente, para partir con destino sur, llegando a la actual Mar del Plata. Siempre buscando “la ciudad de los Césares”, fabulosa leyenda no exenta de ensueños de riqueza absoluta.

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El primer “General”.

   Nombrado teniente general a despecho del virrey Toledo, Garay es amo y señor de la región. A poco el “General” le queda como apodo. Si se sacó las pilchas, haciéndose el descamisado y extendió los brazos en el Fuerte de Bs. As., no sabríamos decir.

  El Pueblo le quería y le seguía porque, amén de sus desplantes, sabía mandar. Pero ese mismo 1580 de la fundación porteña, el gobernador tucumano Abreu, su enemigo personal, a instancias de Toledo, intriga en la región: Contacta a algunos mancebos de la tierra, pocos pero resueltos, a intrigar, deponer y matar al General. Es “La Revolución de los Siete Jefes”. La mesma se enllena de palabrerío antieuropeo, antigaraycista, y antiparaguayo; repartir mejor las tierras; y elegir un gobernador nacido en Santa Fe. La población los derrotó, ajustició a 4 de los siete, y Garay pudo volver en triunfo. No termina el año sin conocer la muerte de Abreu por su sucesor, y posible aliado para lo que vendrá. Ha prevalecido.

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  No había con que darle a Garay. Su viaje que termina en Mar del Plata, hablan de su idea permanente de extender los dominios del Rey. Don Felipe II, engreído, católico acérrimo y verticalista sin remedio, está dominado por sus problemas europeos. Pero como buen hijo de su padre, el magnífico Carlos I, deja que todo fluya en América con tal de enriquecer sus caudales. Le llegan veinte protestas contra Garay. Pero el Rey, de fino olfato para los que le son fieles de enserio (y amante del éxito, por sobre todas las cosas), dejará hacer al vizcaíno, porque lo sabe un buen patriota.

  En uno de esos tantos viajes de aquí pa’lla, Garay encuentra la muerte, en las cercanías de la actual puerto Gaboto. El mismo sitio, casi, en donde diez años antes Cabrera se la salvara. En la noche del 20 de marzo de 1583, sorprendido, Juan de Garay murió en combate, tal vez desprevenido de que le pudiera pasar.

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  Apurado por la muerte de su Hombre, Juan Torres Vera y Aragón se volvió cuando pudo a Asunción. Tenía familiares directos en quien confiar el mando. Pero no fue con ellos con los que contó: Encontró en el hijo de Suárez Toledo, aquel pibito que comiera con Garay en sus mocedades, al hombre fuerte en quien sostenerse para mandar: Está surgiendo, el nuevo caudillo del Plata: don Hernando Arias de Saavedra.

Continuará…

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