Carlos Pistelli

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OBLIGADO.

 Desde los barcos anglo franceses el mayor historiador argentino documenta la guerra soberana. Bartolomé Mitre, quien sino él, siempre mirando a la Patria, desde su costado británico. Mansilla enarboló la azul y blanca y les pudo decir a sus valiente hombres, “Entonemos el Himno Nacional”. La Historia dirá quien de los dos tiene razón, o, si acaso, los dos la tenían.

https://carlospistelli.wordpress.com/2014/11/19/preparativos-soberanos-preparativos-imperialistas/

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Actitud Invasora,

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  En julio de 1845 tropas anglo/francesas desembarcan en Montevideo y se hacen cargo de la ciudad. Erige como jefe de la “Defensa”, Florencio Varela, el doctor de los unitarios.

 Varela es una figura de alto orden en aquellos años pero su temprana muerte nos privó de una vida dedicada con esmero a condenar a don Juan Manuel. Era joven, y tal vez con el tiempo adquiriera mayor patriotismo. 

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  Thiers, el mayor historiador francés, se bate a duelo en el Parlamento franco, para llegar al poder: “El enano sonoro”, bajo de estatura, grande de ambición, gran orador, era cabeza política del chauvinismo y pregonaba contra Rosas. Llega a decir allá lejos y bien cerca, “que Montevideo por la cantidad de franceses residentes, es parte integrante nuestra”. Y que era deber patriótico defenderla del Dictador inhumano. Levantado el viejo sueño imperial de los que añoraban a Napoleón, se vinieron al Plata.

   A Inglaterra llegan las famosas “Tablas de Sangre”, escritas por el escritor argentino Rivera Indarte, llevadas por Florencia Varela. En ellas se les achacan a Rosas todas las muertes habidas y por haber en las guerras civiles, pagándosele al escritor unas cuantas libras por muerte descrita. Se dice, exagerando el hecho de un carnicero que perdió los estribos, que las cabezas de los unitarios se desfilan por las calles y se venden como sandías. Se le achacan las muertes de Dorrego, Villafañe, Quiroga, Latorre, Lavalle, entre otros más. Se tenía a mano el “Matadero” de Esteban Echeverría para darle prosa romántica al asunto. Que Manuelita sirve como postre en las cenas partidarias las orejas de los enemigos. Hasta que Rozas repudió a su madre en su lecho y comete incesto con su hija. Demasiadas pavadas para darles crédito[1]. Pero los ingleses necesitaban razones para venirse al Plata. Porque los “bonoleros”, titulares de los bonos del famoso empréstito de la Baring, estaban con Rosas, quien con una campaña de prensa y difusión enorme y eficaz, los ha puesto de su lado. Sarratea y San Martín en París, Manuel Moreno en Londres, responden a cada injuria con patriotismo y pasión americana.

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Actitud Argentina,

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                Don Juan Manuel se predispone al combate. El 18 de agosto se debate en la Junta de Representes, exaltada por la barra que clama contra los invasores, dando de improperios. En una de sus famosas reuniones con Mendeville, Rosas armó una de las suyas, que asustó al cónsul francés.: Una pueblada clamando contra los “gringos” y resaltando cuando los corrimos en 1806 y 1807[2], “Es evidente que el espíritu patriótico ha crecido desde 1838”, describe José Ma. Rosa. Y era verdad. Si en 1838 algunos caudillos entrevieron una tercada de don Juan Manuel, ahora lo veían digno y fuerte para lo acontecer.

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“Un gobierno prudente, sabio fuerte,

Nuestros destinos en su mano tiene.

Y si él halla la guerra inevitable

¡a batallar intrépido volemos!

Vicente López y Planes.

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   Tres mil combatientes levanta Santa Fe, entre ellos el comandante don Álvaro de Alzogaray: ¡Pero qué loco un chancho combatiendo al extranjero! El 17 de setiembre Rosas ordena romper relaciones y al día siguiente siguió el bloqueo de los ríos interiores. Todo el cuerpo diplomático en Buenos Aires se queja altivamente de la actitud agresora de los invasores. Todo Buenos Aires, y con ella la Confederación entera, se pliega a don Juan Manuel. Porque él significaba la Nación Argentina en defensa de sus prerrogativas e Independencia.

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Plan anglo francés.

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   Las escuadras fondearon en el Plata y desde ese momento se iba a la guerra porque a Rosas no lo intimidaban esos “barquillos”.

Los comerciantes ingleses residentes en Buenos Aires protestaron la acción de su Nación. Para cuando llegó la queja el enfrentamiento había madurado. El plan consistía en varias acciones simultáneas:

-primero bloquear los puertos rosistas y blancos;

-luego decretar la libertad navegable de los ríos;

-tercero, generar la propaganda para convencer a los descontentos de abandonar la Dictadura;

-cuarto vender sus productos en las costas de Paraná;

-quinto, llegar a Paraguay;

-sexto, auxiliar a sus brazos armados (Paz, Rivera y otros que se sumaran ¿Urquiza?), y a sus brazos políticos (Montevideo y gobierno de Corrientes). Brasil y el paraguayo López acompañarían recelosos.

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     Expropiada la escuadrilla de Brown se dio inicio a las hostilidades. La búsqueda de mercados, que pareciera ser la única justificación de lo actuado por las flotas, fue lamentable. El comprador de productos era el gaucho desconfiado de los europeos y sin un peso para extravagancias. En Paraguay y Corrientes tampoco les fue bien. Llamó la atención el buen recibimiento del gobernador delegado de Entre Ríos, Antonio Crespo.

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BROWN.  El 'viejo Bruno'.

BROWN.
El ‘viejo Bruno’.

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La Vuelta de Obligado.

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  Ocupada Martín García se internaron en el Paraná. Rosas encargó la defensa de la Soberanía a su cuñado Lucio Mansilla. El general héroe de las guerras de la Independencia y del Brasil los esperó donde dobla el Paraná, cerca de San Pedro. Nombramos a los jefes subalternos, merecido reconocimiento histórico: Alzogaray, Eduardo Brown, Francisco Erézcano, Felipe Palacios, Juan Bautista Thorne, quien queda sordo por el combate, Facundito Quiroga, el irlandés Tomás Craig, el coronel Crespo.

               El 20 de noviembre de 1845 se libró combate. El heroísmo criollo al compás del himno patrio queda para la historia.

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   Los invasores llegaron al recodo del río por la mañana y se encontraron con el “ensayo” de defensa rioplatense. Encima, el viento que arrastraba sus veleros quedan estancado: “Dios es argentino!”, exclama José Ma. Rosa. Se dio inicio a un combate donde se batalló con el ardor de los que se jugaban la Patria, desconcertando a los extranjeros. Una bala rompió el ancla de la nave capitana inglesa, quien fue arrastrada por la correntada río abajo. El poder de fuego de las naos hizo el resto. Cortadas las cadenas que les detenían el paso, franceses y británicos siguieron viaje. Elogiando la valentía argentina se comenzaban a preguntar si habían hecho bien en enfrentar a obstinados defensores de su Independencia. Nueve horas de combate arduo donde la sangre argentina pintó de honores la enseña azul y blanca[5]: seiscientas bajas cuentan los nacionales, un poco más de cien las extranjeras.

Cuarenta días permanecieron los invasores en Obligado, reparando los daños del combate. Tiempo justo para reiniciarles las hostilidades por todo el Paraná.

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     Noventa  buques mercantes, veinte de guerra, veinte de guerra. A las anchuras del Quebracho, de aquí  no pasan, de aquí no pasan, Que lo tiró a los gringos navegar tantos mares, Venirse al cuete, que digo, ¡Venirse al cuete!, cantarán los paisanos corriendo el tiempo la letra del gran Miguel Brascó.

 

Repercusión americana,

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    Todo el continente se anoticia de la batalla de Obligado. “Triunfe la Confederación Argentina, o acabe con honor: al ilustre defensor de la causa americana, el grande hombre de América, sea que triunfe o que sucumba”, dicen los diarios brasileños: ¡Brasileños!. Todo el Continente rindió pleitesía al Hombre de la Soberanía, desde Chile y Bolivia hasta México y los mismos Estados Unidos. San Martín lo expone con grandeza criolla desde Europa, los extranjeros saben hoy, que “los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca: en mi opinión (la guerra por la Soberanía y Obligado) es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.

 Muchos unitarios que cruzaban lanzas contra Rosas, debieron llamarse a reflexión. Martiniano Chilavert, tras arderle el corazón afligido, cruza el charco y se pliega al Rosismo. Con él la mayoría de los emigrados. La Patria estaba en juego y no era hora de diferencias partidarias.

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   Toda la América que había expulsado europeos cuando las guerras de la Independencia, liga su destino al Héroe Máximo. Solamente las eminencias logistas y los escritores románticos quedan del otro lado.

  Los invasores se agarran la cabeza. ¿Para esto nos hemos metido en semejante berenjenal? Las potencias cunas de Shakeaspeare y Napoleón rindiendo honores al tirano del sud!! Dónde habrase visto!! Es el acabose.

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 ¡Salve Rosas!, padre de la Nación! Perdón por haber nacido en estos tiempos que corren y no vestirme de rojo punzó, cantando el Himno, y repeler el ultraje invasor!

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ROSAS4.

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[.1] José Rivera Indarte era miembro emérito de la Sociedad Popular Restauradora, y como tal escribió una recordada oda a Rosas. Esperó que el gobernador le indultara tras unas estafas y el robo de la corona de la virgen de la Merced. Al no conseguirlo, se pasó a la oposición. Vicente López lo describe magistralmente: “tenía mucho talento y un alma de lo más vil que pueda imaginarse. Era un canalla, cobarde, ratero, bajo, husmeante y humilde en apariencia como un ratón cuya cueva nadie sabía”. No sé porque me hizo acordar a Guillermo Moreno, el funcionario oscuro, por lo menos, que ha tenido el kircknerismo en los tiempos que corren.

[2] Rosas, el primer historiador. Cuando las guerras con Inglaterra, Rosas manda imprimir en sus cartas y documentos públicos, diarios, etc., las fechas insignes de la Patria: las guerras con los ingleses de 1806 y 1807, la semana de Mayo, el Pacto Federal, y agrega una fecha que hasta entonces no se celebraba: El 9 de julio de 1816. Imponía la declaración de Tucumán, como la celebración de nuestra Independencia. Tal vez desconocía la de Arroyo de la China de junio del ’15.

[3] Baldomero García bien lo dice en sesión posterior en la Legislatura: “La única bandera de guerra que flameaba en las costas de Obligado, la bandera de la explanada, la bandera de mi Patria, nunca fue rendida, sino hecha pedazos!”. Por las dudas si algunos conseguimos viajar a Europa y encontramos retazos de trapos argentos en la Tumba de los Inválidos, donde descansan los restos de Napoleón.

1 comentario

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    1. #ROZAS. La Soberanía Nacional. Combo de notas. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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