Carlos Pistelli

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Respuesta a Romerito*. La Soberanía en tiempos de Rozas.

   En el finalizar de un día agitado, me puse a leer para no pensar. Vieja frase que tiene presente.

   El  mocito Romero lo hace de nuevo. Desde las inmaculadas páginas del diario que fundó el historiador que iba como viajero en los barcos anglofranceses, fustiga nuevamente contra la Vuelta de Obligado, para, de paso, golpear en las entrañas del actual Gobierno Nacional. Del actual gobierno, sino de su instituto Dorrego, saldrán a la palestra, así que me limitaré a sostener los puntos que Romerito no calza, porque la va de historiador, pero como mucho es un lunar deslesnable de un rostro para la piña fácil.

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ROMERITO

ROMERITO

http://www.lanacion.com.ar/1745617-hay-que-adecuar-la-idea-de-soberaniaal-mundo-de-hoy

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El mito de Obligado.

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    Siempre que se habla de OBLIGADO, para criticar, se omite el análisis simplón pero no por ello profundo y conocedor, del Libertador San Martín. ¿Por qué será, no?. Porque así como las palabras de San Martín son valederas para sostener una posición en la cual alguno de nosotros no puede argumentar con fundamentos, ¿Quién puede prescindir de alguno de sus posicionamientos históricos, o de alguna etapa de su vida para agrandarse de visitante?. Pocos. San Martín es garantía de empezar ganando cualquier debate. Ahora vayamos con algunos de los considerandos de Romerito, que son de similar catadura a los que dio el prof. Chiaramonti hace unos años criticando la instalación del feriado:

  “Hay un mito con el combate de la Vuelta de Obligado. No fue una victoria sino una derrota. Para detener a la flota inglesa, Rosas cerró con cadenas el río Paraná e instaló dos baterías. Los ingleses cortaron las cadenas, hubo cañonazos de ambos lados, algunos muertos ingleses y varios centenares entre los soldados bonaerenses. Muertes inútiles, pues los buques llegaron hasta Corrientes. Tampoco es completamente cierto que Rosas defendió los intereses nacionales contra la agresión imperialista. Esto último es correcto, pero los supuestos “intereses nacionales” son algo muy discutible. Por entonces no existía un Estado argentino unificado, sino provincias en guerra, alineadas en bandos políticos y divididas por cuestiones económicas. ¿Dónde estaba la Nación? Corrientes quería comerciar directamente con los británicos y Rosas defendió el monopolio comercial porteño. El antiimperialismo fue acotado, pues el episodio no enturbió una larga historia de relaciones entre Buenos Aires y Gran Bretaña, mutuamente beneficiosas. En 1852, caído Rosas, todas las provincias aceptaron el principio de la libre navegación de los ríos, incorporado a la Constitución.”

  “Este mito de la Vuelta de Obligado, creado por el revisionismo histórico, forma parte de la nueva “historia oficial”, difundida de manera sistemática y abrumadora en la escuela y en los medios. En 2010 se estableció el Día de la Soberanía Nacional, con feriado móvil.”

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   Tienen tantas apreciaciones los enunciados pasados, que da para escribir un libro, más que una nota. Acaso lo termine haciendo. Lo que pasa es que el libro ya lo estoy investigando, y afirmar que escribo un libro para contrarrestar la prédica de Romerito, es anunciar mi fracaso como historiador, mi fiasco como pensador federal.

  En mis acotaciones en notas pasadas que iré sumando al libro, expreso que no sé si Rozas estaba tan al tanto de lo que estaba sucediendo. Si lo movía la conveniencia o la convicción, que en un gran político como Rosas siempre tienen que venir de la mano. Porque si a uno le toca el ancho en varias manos seguidas, no es mérito sacar un par de porotos, sino saberlo usar truqueando al adversario de turno, que no sabe si uno tiene el ancho, o se le está mintiendo. En la política, también se engaña, y en especial cuando hay una guerra de por medio.

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Nación, Estado, Patria.

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  Las relaciones de Rozas, como mandatario en el cual las provincias depositaron muchas prerrogativas (tal vez a regañadientes), con la Gran Bretaña fueron buenísimas. Pero con criterio nativo, sino nacional. “Llevémosnos bien, todos contentos, pero no me cojan, porque ahí se arma”, es la mejor síntesis. En Londres lo habrán tenido como a un salvaje, pero como a un salvaje que les permitía realizar sus pinches ganancias. Cuando en Londres andaba titireteando Palmerston (Inglaterra no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes. Inglaterra tiene intereses permanentes), el tipo-bicho sabía como tratarlo; Cuando aparecía un Aberdeen, les salía lo prepotente, y como siempre llevarse el mundo por delante les iba bien, no reculaban. Menos con el farmer que apenas sabía leer, gobernante de una inhóspita región del acabado sur. Andrajosa del Sur.

  Yo no sé si Rozas conocía lo que calzaba Inglaterra. Lo que sí sabía es que por más que mandaran en el mundo y en los mares, en Buenos Aires se los comía crudo. Tenía en su bolsillo a los súbditos de Su Majestad que manejaban las tiendas comerciales porteñas, y cada tanto le mandaba un yobaca a la reina Victoria. Lo cortés no quita lo valiente. Era un seductor, virtud existencial de un político cabal, y si había que apretar, virtud poco apreciada por muchos, se apretaba, y cómo. Él se reconocía así mismo como un Tirano, definición de un “estanciero” de la antigua Roma, que cada tanto asumía el mando por tiempo indefinido mientras la “Patria” estuviera en peligro. He ahí la palabra en cuestión: Patria.

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   Cuando Romerito, y Chiaramonte antes, hablan de  “Por entonces no existía un Estado argentino unificado, sino provincias en guerra, alineadas en bandos políticos y divididas por cuestiones económicas. ¿Dónde estaba la Nación?“, tienen razón. No había Estado como se conoce, aún en la época, ni significado de Nación, tal cual lo podemos conocer hoy, lo que todavía es difícil de dilucidar. Pero había Patria. Eso que se llama sentimientos patrióticos, y algunos autores reconocen preexistentes a Mayo del ’10. Yo no sé si el croto de Buenos Aires, el de Santa Fe, donde se vence al invasor, por otro lado, entendía por qué cornos Rozas combatía la invasión. Pero todo argentino bien nacido entendía, aún cuando el adjetivo sustantivista argentino no tuviera los ribetes del hoy, entendía, reitero, que vengan unos chambones a meterse en tu río a cañonazos porque la tienen más grande… Acaso no lo dice con sabiduría excelsa Sarmiento, “El gaucho se cree lo más grande porque un inglés no resiste el córcovo de un caballo”, ¿Van a venir con unos barquitos pedorros a ganarme a mí, que volteo caballos con boleadoras??. Per favore!.

   Y si Rozas exaltó ese criollismo anti-gringo en su favor, ¿Qué’?. ¿Le vamos a quitar la posibilidad de vestirse de azul y blanco en el mejor momento para demostrarse así mismo que era más argentino que el dulce de leche?, inventado por él, por otra parte.

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    Cuando Alberdi, resignado, admite en 1847 que Europa habla de Rozas más que de Washington y Bolívar, que ve en su gorrión rojo la escarapela de Belgrano, ¿Qué admite?. Admite que existe una Patria que el no acepta como está conformada, pero que existe. Por eso se fue, por eso no vuelve, por eso no volverá. Pero la Patria tira más cuando la bandera es cañoneada por unos malvados. Si lo sabremos los argentinos, que llegamos a vivar a un borracho cuando recuperó nuestras Islas Malvinas.

  La Patria no es un armazón que se construye de la noche a la mañana, ni en diez ni en cincuenta años. Es una Historia, son tradiciones nobles e innobles. Es una madre que le enseña a su hijo a caminar correctamente, Es un padre que lo viste con la camiseta cuando llega el Mundial, Es la maestra que te enseña a entonar “Coronados de gloria”, Es el territorio que caminamos reconociéndolo como nuestro, Es la “la cuna de sus más caras afecciones” (Alem), es ese espíritu que anida en las sociedades que indisponen a un individuo a sentirse parte de algo más que ellos mismos, a algo más que sus seres queridos, sus familias, sus amigos, sus barrios, hasta sus clubes deportivos. Es eso que no se puede determinar describiéndolo porque se siente. Se siente dentro, Se siente dentro hasta los tuétanos del dolor. Porque sí, porque duele ser argentino. Como debe doler ser oriental, Como debe doler ser nacional de algún país que valoro como hermano, aún el inglés.

  Yo no sé, qué les puedo decir de algo que siento profundamente. Porque nacido circunstancialmente argentino, me enervo hasta las lágrimas de saber que hay quienes atentan contra nuestra condición de tales. Porque Argentina es una Causa que se lleva en la sangre, como dijo San Martín en la altura de Los Andes, y hay quien lo llama agente inglés, todavía.

  Yo no sé, ¡Qué voy a saber!. Pero educare a Simoncito, vaya que sí, con Dana y Zoe, para que se sienta orgulloso de ser un nacional argentino. Que aprenda a ser un patriota. Que sienta el Himno en lo más profundo. Que se valore así mismo, y que entienda que muchos de nuestros males, parten de la cruda cultura de inculcarnos que somos más malos de lo que realmente somos.

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  Yo no sé si Rozas hizo bien o mal en combatir en Obligado, y vencerlos en Quebracho, con su cuñado, el que le comía su hermana más linda, el padre del cuentista al que le dijo en sus días finales previos a Caser… Morón, “Qué ricos estaban esos arroz con leche”.

  “Algo de eso decía Rosas en 1845, cuando convirtió la defensa de intereses sectoriales en una gesta nacional, en la que estaba en juego la soberanía (…) “Todas estas cuestiones sobre la soberanía, que debemos discutir, derivan de la idea de nación. ¿Qué es la nación? No tenemos un conocimiento directo y experiencial. Creemos en ella, afirmamos que es de una cierta manera y construimos representaciones, con palabras o símbolos. Pero a diferencia de una religión, no hay un texto sagrado que consagre una verdad al que remitirse. Se trata de una cuestión opinable, que es de la más alta importancia. Por ejemplo, algunos creen en una nación plural y diversa, tolerante e institucional, y otros, con igual convicción, en una nación homogénea y unida, que se expresa en un liderazgo fuerte.”

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Yo no sé si somos plurales, diversos, institucionales, homogéneos, unidos bajo un liderazgo fuerte. Sólo sé que entre el Rozas de Obligado, y el Romerito de La Nación, me quedo con don Juan Manuel. ¡A Dios gracias que sí!.

 

*Romerito, apodo que le ha dado el historiador y jefe de la carrera de la UBA, Rodríguez Otero.

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    1. #ROZAS. La Soberanía Nacional. Combo de notas. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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