Carlos Pistelli

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

El “Decembrismo”.

Juan Lavalle  El general Juan Galo Lavalle fue uno de los militares más valientes de nuestra historia. Ganó cada ascenso en el campo de batalla, y reputa entre las mejores espadas de los ejércitos patriotas desde 1814. Bautizó en batalla en las guerras del Directorio contra Artigas, y justo, muecas del destino, bajo el mando del coronel Manuel Dorrego. Combatió en las campañas libertadoras, y en alguna batalla San Martín lo llamó al orden debido a su impetuosidad. Ascendió a coronel en Perú, pero serias desavenencias de carácter con Bolívar, provocaron su retiro del Ejército y su regreso a Argentina, donde consumó matrimonio. Años ha, prendió de la joven Dolores Correa, mendocina, y no terminaba de consumar la noche de miel, que encabezó un levantamiento militar contra el gobernador legal, para asumir por seis días él mismo el Gobierno, y luego encabezar unas lastimosas elecciones para elegir a su suegro en el poder. Lo que se dice, premonitorio.

  De regreso a Buenos Aires participó en unas incursiones al sur, acompañado del ingeniero Felipe Senillosa, y un viejo amigo llamado Juan Manuel de Rosas. rosas2

Los que le trataron hablan de él como un guerrero sin capacidad de discernimiento. Altanero y decidido, su carácter le nublaba el pensamiento, que algunos califican de limitadísimo. Desconocemos si así fue, pero hemos mantenido el asidero. No creo que a Lavalle le diera el marote para otra cosa que mandar en batalla.

.

Manuel Dorrego.

   DorregoEl coronel, jefe de Lavalle cuando éste bautizó como militar, era un ladino. Hijo de portugueses, gustaba de la jarana, los carnavales, donde era actor principal, y desfilar con minas en pelotas por el centro de Mendoza. Un loco lindo. Participa en la Revolución de Chile, en 1810, donde estudiaba en la Universidad de San Felipe. Cansados los chilenos, y los propios trasandinos Martínez de Rozas y Las Heras de las travesuras dorreguistas, lo mandaron con refuerzos a la Revolución de Buenos Aires. Jefe de los “auxiliares chilenos”, emprende campaña hacia el Norte. 25 años cuenta cuando sirve con valentía y arrojo en la crucial batalla de Tucumán, bajo el mando de Belgrano, al cual quería como a un padre. Pero su carácter irreflexivo de esos años, desafiante, ácido el humor, lo llevaron a Belgrano a separarlo del Ejército. Tampoco San Martín pudo congeniar con él, y pasó a Buenos Aires. Tuvo un duro cruce con Pueyrredón, y fue desterrado de Sudamérica.

  Su estrella estaba llamada a cumplir un rol protagónico en la Historia Argentina. Pero debió esperar hasta 1826 para ocupar su sitial. Una esporádica y extraordinaria gobernación bonaerense terminó en desastre (1820). Y tampoco congenió con Rivadavia, aunque le dio algún que otro apoyo en tiempos de asonadas antiliberales. Ese 1826 Felipe Ibarra, antiguo camarada y por entonces Gobernador de Santiago, lo hizo elegir diputado al Congreso Nacional.

.

  El Dorrego que vuelve a Buenos Aires, acababa de juntar a los caudillos mediterráneos en un mismo bloque (Ibarra, Quiroga, Bustos, el puntal de todos ellos), y recibir sugerentes palabras de Bolívar y de Sucre para auxiliarlo en la guerra con el Brasil, si concurriesen las Pcias. Unidas al Congreso continental de Panamá. Dorrego hizo votos desde la prensa -su pluma era brillante y polémica-, para nombrar a San Martín como jefe de la guerra al Imperio.

  De ahí en más su relevante papel en el Congreso. Le bastaron dos o tres exponencias oratorias, para ganarse al Pueblo, que ya le estimaba por corajudo. Sus tremendas palabras contra la bancada rivadaviana, sus embates periódicos desde los diarios ‘federales’, empezaron a ganarle un lugar preponderante. La sistemática defensa de los que menos tenían, tienen y tendrán, le granjearon el fervor popular. Demagogo hasta el paroxismo, su hora había llegado.

.

  La caída de Rivadavia le brindó su oportunidad. Fue electo Gobernador de la Pcia. de Buenos Aires, que mediante un decreto, don Bernardino había hecho desaparecer como tal. Reestableció relaciones con las provincias, recobró el orden financiero, encabezó investigaciones a la corrupta administración rivadaviana, y su estrella brillaba en el firmamento. Pero un tema no se terminaba de saldar: La guerra con el Brasil.

.

La Guerra.

    Manuel_DorregoPor extraño que parezca, la primera guerra con el Brasil no ha tenido el estudio significativo que otras tuvieron en el transcurso de la Historia Argentina por parte de las distintas escuelas historiográficas. Siempre me ha llamado la atención, ese ‘descuido’. La guerra tuvo cuatro momentos característicos, a saber:

  1. La rebelión oriental, aprovechando la guerra brasileño-portuguesa, donde la lealtad a Lisboa confrontaba con el grito independentista de Pedro I. Santa Fe había firmado un acuerdo de honor con distintos orientales, pero fue Rozas el que les dio su apoyo decisivo. Los “treinta y tres” se hicieron a la mar y se dio inicio a las hostilidades.
  2. La brillante campaña terrestre conducida por el general Carlos Alvear, donde campearon como héroes Lavalle, Mansilla, Paz y Brandsen.
  3. El notable desempeño del almirante Brown en las aguas del Plata venciendo todos los obstáculos.
  4. La campaña de Estanislao López, con apoyo de Dorrego, por las antiguas Misiones, en el invierno de 1828.

.

  Esa campaña sonó a afrenta en el Ejército Regular argentino, sumados a los recelos hacia el oriental Lavalleja, y su amigo, y adversario, Fructuoso Rivera. Dorrego no la llevaba fácil.

  El amante de la amante del rey británico está en Buenos Aires. Se lo conocerá como Lord Ponsonby. Movió cielo, mar y tierra para verlo caer. Y Dorrego, que no era fácil de amedrentar, le constestó, “Me cagó en Ud., en el Emperador y en Su Majestad”. Su mano derecha hasta entonces, Manuel Moreno, viejo crápula si los hubo, entró en alguna conjura para deponerlo, y debió expulsarlo del Gobierno. En los dias previos al regreso de las tropas argentinas a Buenos Aires, el propio Rozas, comandante de campaña, le echó la renuncia.

.

El Golpe.

  Las tropas volvían descontentas por el destrato, el no pago salarial, y conjurados tras los pasos de sus oficiales contra el Gobernador, y todos los federales juntos. Dorrego, iluso en ese momento crucial, acuciado en todos los frentes, nunca creyó que lo depusieran. Le daban los nombres de los comprometidos, y se burlaba negando que éste o aquel, pudieran entrar en una deposición de su mando. Rosas, cansado, le advirtió una última vez. Dorrego, que conocía del carácter del subalterno por medio de su hermano Luis, dijo aquella vez el “Gaucho Pícaro, no picará su asador en el fuerte”.

  Los conjurados se reúnen sin que Dorrego monte una mínima vigilancia. En casa de Valentín Gómez desfilan Agüero, Carril, los Varela, Martín Rodríguez, Álvarez Thomas, Rauch, Brown, Ramón Larrea (el hermano de Juan), el goyo Gómez, Gallardo, Pico, algunos dicen haber visto la silueta regordeta de Rivadavia, Lavalle. Las reuniones llegan a oídos del Gobernador: “Ya verán ustedes –le dice a sus ministros-; Lavalle es un bravo a quien han podido marear sugestiones dañinas, pero dentro de dos horas será mi mejor amigo“.

 Rozas vuelve a advertirle, como siempre, pese a las profundas ysilenciosas desavenencias que los ligan entre sí. “Mire, Rozas, que Ud. me de lecciones políticas es como que yo le de a Ud. lecciones sobre administrar estancias”. Era un patriotas y un valiente, pero no tenía las dotes necesarias para saber dar y saber callar. Las palabras eran contraproducentes y herían el orgullo de un Pícaro dispuesto a dejar decir que se lo había herido. Se le escapó, en carta a Lavalle, “yo no sé que hace Ud. en la otra Banda, en esa gran Estancia. Dorrego es un loco indigno de presidir la Provincia, y es menester del Ejército sacarlo a las patadas”. Mucho lamentó esas palabras.

.

   Eran horas finales y finalmente comprendió. Mandó a su edecán a entrevistar a Lavalle. Es la noche del 30 de noviembre de 1818. Lavalle, quien ha asumido la jefatura “revolucionaria”, le manda decir, “Digale V. al gobernador (sic) que mal puede ejercer mando sobre un jefe de la nación como es el general Lavalle, quien como él ha derrocado a las autoridades nacionales para colocarse en un puesto del que lo haré descender, porque tal es la voluntad del pueblo al que tien oprimido. Dígale que en menos de dos horas iré a echarlo a patadas con mis coraceros de un puesto que no merece ocupar“. Al menos le reconocía como Gobernador.

  Desde esas horas finales del 30 de noviembre, y las primeras del 1º de diciembre, el Gobernador ve llenarse la Plaza de tropas. Su ciclo, ha terminado. Pronto, ni él lo sabe, su vida se terminará también.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Rocker Judicial

Sol Rodriguez Garnica (@SolRGarnica)

Mis Mentiras Favoritas

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Una chica trotamundos

CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

Pájaro Rojo

El blog de Juan Salinas, (a) "El Pájaro", "Beto", "Juanjo", etc

Ateneo del encuentro

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Proyecto Vertientes

El Blog del Río Paraná

HISTORIA Y DOCTRINA DE LA UCR

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

ESA VIEJA CULTURA FRITA

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Jose Luis Muñoz Azpiri

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

A %d blogueros les gusta esto: