Carlos Pistelli

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6 de diciembre de 1842: Arroyo Grande, y la “Federación del Uruguay”.

El "pardejón".

El “pardejón”.

  El general Fructuoso Rivera nació el 17 de octubre de 1784 en Durazno, provincia Oriental. Se unió al artiguismo al comienzo de la guerra emancipadora, y se puede decir que fue el niño mimado de Artigas. Craso error del “Patrón Oriental”. Porque Rivera, a un talento innato para la política, le agregaba todas las dosis de picardías propias de un ‘criollo’, y todas las habidas y por haber de un tránsfuga macaneador. Por eso Rozas le pondrá el “Pardejón”(1). A tal punto, que cuando los días de Artigas se extinguieron politícamente en el Plata, Rivera no dudó en escribirle a Francisco Ramírez, para ofrecerse a ultimar al “monstruo, déspota, anarquista y tirano“. Lo que se dice, un muchachito, hecho y derecho.

  A su afición por las transfugueadas, Rivera agregaba una “insaciable sed de dinero”. En ello iba en onda con un oficial brasileño de la región de Río Grande, llamado Bentos Manuel Ribeiro, con el cual los negocios se iniciaron sin igual. Fue portugués cuando la Provincia Cisplatina, Brasileño cuando la “independencia”, y cuando Lavalleja desembarcó con los 33, y lo tomó prisionero en el campo de batalla, un poco más se arrodilló rogándole: “Compadre, no me deje asesinar”, porque era grande el odio de viejos partidarios hacia don “Frutos”.

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  Asi Rivera se ligó a los “orientales”, abandonando a los “imperiales”, pero manteniendo siempre negocios con Bentos Manuel. En plena finalización de la guerra con el Brasil (1828), Estanislao López invade las Misiones Orientales, y se encuentra con Rivera haciendo negocios a título personal, enfrentado con el gdor. Lavalleja. Los viejos enconos saltaron a la palestra, y frente al enemigo en plena guerra. Permaneció un status quo, en donde Rivera mandaba en el interior profundo del Uruguay estrechando lazos con las gentes de Ribeiro, mientras Lavalleja (y Manuel Oribe) rumiaban fastidio en Montevideo y sus inmediaciones. Fijó residencia en Bella Unión, que atinó a fundar, y desde ella tejió los hilos que lo llevaron a su primera presidencia en 1830. Ligado estrechamente a las logias comerciales de Montevideo (siempre antiartiguistas), dio forma a lo que sería el gran partido oriental: el partido Colorado.

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Colorados y Blancos, Federales y Unitarios.

   Todavía hoy resulta inexplicable que Argentina y Uruguay sean dos países, cuando las hermanan casi todo.

  La uruguayisidad es un invento británico con venia de las oligarquías montevideanas. Ni Brasil, ni Argentina quedaron satisfechas con el entuerto. Y está claro que ambas buscaron por cuarenta años “recuperarla”. Ellos la querían de Cisplatina, nosotros de Provincia Oriental. La clave está en que Artigas, llamado muchas veces a volver, se negó reiteradamente, y aún cuando Rivera le daba todo tipo de atenciones para hacerlo.

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   Rivera se ligó a viejos conocidos adversarios de Rosas (gobernador desde 1829), y por intereses comunes anduvo entreverado en levantamientos unitarios en Entre Ríos. Allí pudo tratar lateralmente con un joven llamado a grandes cosas, Justo José de Urquiza, preso por esos motivos en Santa Fe. Para 1835, finalización de su mandato, Lavalleja tenía todos los porotos para mandar, pero Rivera hizo una de las suyas: Mandó elegir, contra la opinión de sus propios partidarios, a Manuel Oribe (2do de Lavalleja), y se aseguró la Comandancia de Campaña para seguir rosqueando.

  Entreverado en otras de sus patriadas junto a Ribeiro, se metió en territorio brasileño para sacar tajadas en la guerra producida por la ‘independencia’ farroupihna. Oribe, alertado por el Brasil, lo destituyó, y Rivera se volvió para derrotarlo. En la batalla de Carpintería, los viejos rivales en pugna lucieron divisas para reconocerse: blancas y coloradas. Las líneas están tendidas. Oribe, blanco, asirá su destino a los federales de Rozas y de Urquiza; Rivera a los unitarios de Lavalle y a las logias que manejaban el Plata hasta la irrupción caudillesca.

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   Desde entonces, y para siempre, colorados y blancos disputaron la Historia del Uruguay. Se recostaban en sus cofrades de la otra orilla. Y en los intereses que los ligaban con la Banda Oriental brasileña: Río Grande. No se entiende la historia oriental, sin las apetencias brasileñas por controlarla como un satélite orbitando a Itamaraty.

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1842.

  El finalizar de 1841, y el comienzo de 1842, fue un año de mucho sosiego en la región.

El 'manco' Paz.

El ‘manco’ Paz.

  •   Para Rozas, muy complicado puesto que Paz acaba de vencer en Caagazú (29-11-41) a Echagüe, provocando la alianza de Corrientes (Ferré es Gdor), Rivera, presidente oriental por segunda vez, más la pérdida de Entre Ríos, y las sospechas del pronunciamiento de Juan Pablo López, gdor. santafesino.
  •  Para Rivera, porque Manuel Oribe venía de regreso de sus campañas por el norte argentino con ánimos de revancha.
  •  Para Paz, que no hacía pie en Paraná, y serruchándole el suelo sus propios aliados.
  •  Para López, descubierto en la conjura, quedando en orsai ante Rozas.
  •  Para Echagüe, sin gobernación, y perdido el prestigio ante Rosas, que igualmente lo hará elegir gobernador de Santa Fe.
  •  Para Urquiza, gobernador entrerriano, pero desde Buenos Aires, donde debió buscar refugio.
  •  Para los farrapos, causa a punto del desastre.
  •  Para los brasileños, que no terminan de acabar con los farrapos, y apuran la entronización del Emperador para acabar con una desastrosa regencia.
  •  Para el Paraguay, porque ha muerto Francia, y Carlos Antonio López, destinado a sucederlo, todavía no toma las riendas.

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  En medio de semejantes berenjenales, que no escapaban a la norma continental, hubo un miting, en la ciudad de San Fructuoso, actual Tacuarembó. En ella Rivera, viejo paisano de andar por la campaña, se encuentra con uno de los viejos líderes farroupilhas, Bento Goncalves. Arreglan andar juntos hasta lo que venga. Y lo que venga se produce en Paysandú, en los días de octubre de 1842. Están todos: Rivera, anfitrión, Paz, Ferré, López y Goncalves. Algo se sabe de lo que se juramentó, entre fantasmas que se pisaban las sábanas, y algo supieron Rosas, Oribe y Urquiza, como tambien los agentes del Pedro II.

    Rivera tomó la palabra. Se sentía el Jefe y el mejor dotado para serlo. Contaba, o creía contar por la parentela que le manejaba los asuntos en Montevideo, con la venia anglofrancesa para expresar, “un todo compacto para el buen éxito de la lucha contra el tirano Juan Manuel de Rosas”. Dicen los autores, cuya documentación no encontrose, que en Paysandú el 14 de octubre de 1842 se “formalizó” la Federación del Uruguay, que integrarian la Banda Oriental, la república riogradense, Entre Ríos, Corrientes, las Misiones, y hasta Paraguay y Santa Fe si así lo quisieran, y López estaba alli para eso. Paz, el vocero argentino de la política brasileña, se hizo a un lado, en desacuerdo con el Pacto. Dice en sus Memorias que encontró en la reunión encontrados intereses hacia la Argentina.

Liga FederalSimilitudes entre la Federación de Rivera con el Protectorado artiguista.

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   Todos esos ensueños, otra palabra no describe mejor mi mirada al respecto, quedaron frente a frente con el ideal confederal de tiempos inmemoriables, en Diciembre de 1842. Oribe venía llegando, y Rivera, se decidió a una batalla total que cambiara la historia del Plata.

Continuará…

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(1) Pardejón, tipo de mulo salvaje, difícil de amaestrar.

2 comentarios

  1. FZ

    Voy a hacer un comentario muy polémico sobre este asunto y algo que me llama mucho la atención es que la Federación del Uruguay se planeó que ocupara el mismo espacio que la Liga de los Pueblos Libres de Artigas. Esto me recuerda a las falsas acusaciones que se le hacen a San Martín, de ser un agente inglés porque a su plan Continental le atribuyen un parecido muy fuerte con un plan atribuído a un marino escocés llamado Thomas Maitland, siento que algo parecido sucede con Artigas. En todo caso sabiendo que tanto los ideales de San Martín como los de Artigas eran contrarios a los intereses británicos, creo que los ingleses aprovecharon los resultados que estaban obteniendo ambos, para llevar sus planes a cabo, por cuestiones de geopolítica y geoestrategia básica. Era muy conveniente para los intereses británicos tener las Provincias Unidas y la Liga de los Pueblos libres separadas, tanto como tener la Confederación Argentina y la Federación del Uruguay

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  1. 6 de diciembre de 1842: Arroyo Grande, la Batalla. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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