Carlos Pistelli

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6 de diciembre de 1842: Arroyo Grande, la Batalla.

ORIBE.

ORIBE.

   Manuel Oribe nació en Montevideo el 26 de agosto de 1792, miembro de una familia de abolengo. Para sus veinte años ya anda correteando en el artiguismo, y la lucha emancipadora. Era jefe de un batallón de libertos cuando se inicia la guerra con el Portugal. Pero desavenencias personales con Rivera, el protegido de Artigas, lo llevaron a abandonar la guerra y buscar refugio en Buenos Aires, al amparo de Pueyrredón.

  En Buenos Aires tomará contacto con importantes figuras como Pedro Trápani y Juan Manuel de Rosas, empresarios saladeros, con los cuáles habla de la posibilidad de reunir gente para recuperar la Banda Oriental. Más, tomando en cuenta que se ha desatado la guerra entre portugueses, fuertes en Montevideo, y brasileños, consolidados en el interior. Cuando se entera que Rivera servía entre los ‘independentistas’, no dudò, cruzó el charco y se unió a los portugueses. Por breve tiempo, porque Carlos Lecor, barón de Laguna, ocupó la capital en nombre de Pedro I.

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   Con el decisivo apoyo de Rosas, y de Estanislao López, los emigrados conforman primero en Barracas, y luego en San Isidro, una tropilla de valientes y patriotas, que la Historia conocerá como los Trenta y Tres.

33Bandera de los Treinta y Tres.

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   Los triunfos se suceden, y la Provincia Oriental jura su reincorporación a las Provincias Unidas. Es la guerra con el Imperio. Oribe entra en Montevideo. Y participa de la guerra, combatiendo en Ituzaingó. Desconozco su posición con respecto a la “Independencia”. Avenido al grupo de Lavalleja contra Rivera, eso no le impidió formar parte del gobierno del “Pardejón”. Rivera lo hizo elegir Presidente Oriental en 1835.

  Su presidencia formó el Estado Oriental, pero estuvo plagada de conflictos internos y externos. Rivera protegía unitarios argentinos, y estos le devolvían favores participando de sus luchas; Al mismo tiempo, Rosas, desde Buenos Aires, le presiona por su mano blanda hacia los emigrados. La guerra se inicia, y al principio le va bien. Más los apoyos a Rivera son bastantes, y la propia Armada Francesa se la agarra con su gobierno. En octubre de 1838 debe entregar el mando, protestando y encontrando refugio en Buenos Aires. Prestará servicios al Restaurador en distintas campañas militares, y en el invierno de 1842 está de regreso en el Litoral. Son las vísperas de Arroyo Grande.

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Otra vez Rosas y Mandeville.

   Instruído por Aberdeen, Mandeville vuelve a visitar a don Juan Manuel en calidad de amigo familiar, y funcionario inglés. Acompañado por el francés De Lurde, le dicen:

“… Puede imponer (la situación en el Plata) a los gobiernos británicos y francés el deber de recurrir a otras medidas con el fin de remover los obstáculos que interrumpen la pacífica negociación de los ríos …”.

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  Rosas, por no ser menos, contestó con otra teatralidad:

   Rosas sabía que los resultados de cada entrevista iban a parar a sus enemigos, pues el cónsul mantenía su doble juego. Pero le dejaba hacer. Narra Adolfo Saldías, una anécdota que le contó Antonino Reyes, edecán de don Juan Manuel:
Dentro de poco vendrá Mr. Mandeville; usted entrará a darme cuenta que las divisiones del ejército de Vanguardia están a pie, que no se ha empezado a pasar por el Tonelero los pocos caballos que hay, pero que por esto y la falta de armas el ejército no puede iniciar operaciones. Yo insistiré para que usted hable en presencia del ministro”.
“Media hora después entró Mandeville, cuando se presentó Reyes a dar cuenta de lo que, con carácter urgente, avisaban del ejército de Vanguardia.”
“-Diga Usted –ordenóle Rosas-, el señor ministro es un amigo del país, y hombre de confianza.”
“Reyes habló, y Rosas se levantó irritadísimo exclamando:
“–Vaya Ud., señor, y dirija una nota para el jefe de las caballadas haciéndole responsable del retardo en entregar los caballos para el Ejército de Vanguardia, y otra en el mismo sentido al jefe del convoy. Tráigame pronto sus notas, para firmarlas.”
“Como Mandeville quiso calmarlo, arguyendo que quizás a esas horas ya todo había llegado a su destino:
“–¡No, señor, no puede haber llegado todavía! Y si el ‘pardejón’ supiera aprovecharse: ¡Así es como vienen los contrastes, así es como vienen! –reiteraba agitado.
“Mandeville pidió licencias para retirarse. Inmediatamente Rozas ordenó al capitán del puerto que vigilase los movimientos de la rada. Esa misma noche tuvo parte que salía para Montevideo un lanchón en el cual iba un hombre de confianza de Mandeville. Éste transmitía lo que Mandeville había oído a Rosas”. (1)

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   Sea cierta la anécdota, totalmente posible, o no, Rivera apresuró su estrategia para atacar a Oribe, cuando sus subalternos le aconsejaban demorar la lucha hasta tener certeza de sus tropas y postergar el encuentro al arribo de refuerzos. Rivera no acusó recibo de los mismos.

  ”Rivera no conocía esas tropas porque jamás las había visto, ni a los jefes que las mandaban, -dice el general riverista César Díaz, refiriéndose a las fuerzas correntinas y santafesinas que se incorporaron días antes de la batalla de Arroyo Grande- ignoraba su importancia respectiva y no podía por consiguiente darles una aplicación oportuna en las horas solemnes del combate. Necesitaba haberse tomado algún tiempo, algunos días al menos, para inspeccionarlas, conocer su espíritu, habituarlas a su mando y uniformarlas al régimen de los demás cuerpos; establecer en suma la confianza mutua que debe existir entre el general y el ejército, sin la cual es muy difícil vencer; y en una palabra, hacer todo cuanto la estrategia prescribe y la responsabilidad del mando aconseja, antes de decidirse a la operación más terrible y trascendental de cuantas se conocen”. (Véase Memorias del general César Díaz, página 48).  En libros de Pepe Rosa y el blog de los Revisionistas.

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Arroyo Grande, la Batalla.

 

Actual ciudad de San Salvador, cercanías de la Batalla

Actual ciudad de San Salvador, cercanías de la Batalla

  8.000 mil hombres cuenta Rivera, con 16 cañones. César Díaz, Manuel Hornos, los hermanos Madariaga, Benjamín Virasoro, Martiniano Chilavert revistan en su oficialidad. Oribe cuenta 8.500 buen armamento y excelente caballada (Rosa). Su hermano Ignacio, Urquiza, Pacheco, Servando Gómez, José Ma. Flores, Costa, héroe de Martín García,  son sus oficiales principales.

  Desconcertando a los suyos, Rivera atacó presurosamente en la mañana del 6 la posición de Oribe. Creyendo en una información impagable, se creyó vencedor. Las memorias de sus oficiales se desconcertaron con un ataque tan inconsulto y poco preparado. Así fue: Chocó con el orden confederal, y fue destrozado. No fue digna la actitud final del pardejón. Arrojó sus chaquetas bordadas, su espada de honor y sus pistolas. (Rosa) Llegó a Concordia a las 4 de la tarde, se arrojó al Uruguay, ancho de siete cuadras, y a las 5 había ganado el Salto Oriental. Oribe conquistó todo el parque y la mayoría de la caballada. Montevideo quedaba desprotegida y en Corrientes se produjo la disparada general. De la Federación del Uruguay, si existió tal idea, no quedaron ni los tratados firmados.

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  Don Frutos tenía otra información a mano que ni siquiera Rosas conocía. La misma le venía por intermedio de su viejo compañero de andanzas, Bento Manuel. Con la entronización de don Pedro, el Brasil estaba dispuesto a liquidar el asunto riograndense, con una paz general, y evitar la “balcanización” imperial. Apurarse el tranco en la contienda, pues le iba la suerte en ello. Por otro lado, la virtud, si llamarla así, de Rivera, fue siempre la de caer bien parado, jugando a troche y moche toda su vida pública con todos. Y aunque todos conocían que botas calzaba el Pardejón, se las lustraban bien igual. La Federación del Uruguay, fue una de las tantas andanzas de Rivera para salirse con la suya contrariando sus planes presentes con otros futuros y así y así, en una rueda de nunca acabar. Solamente Rozas, que le combatió sin denuedo, le conocía en profundidad para saber donde saldría disparada una nueva de sus jugarretas.

  Rivera es, para quien esto escribe, la figura más importante de la Historia del Uruguay “independiente”. Por ahí Batlle y Ordoñez lo equipare. Como me dice el gran historiador y amigo oriental, Alberto Umpiérrez, a Rivera le han dado con un caño desde varios lugares: el Rosismo, porque obviamente era el enemigo; el Batllismo, porque era un caudillo rural (en eso el Batllismo sigue a Sarmiento); y también desde el Partido Nacional (blanco) por las mismas razones que el Rosismo. Y más recientemente también el Frente Amplio le ha dado leña. La matanza de Salsipuedes marca un hito en su carrera política. Y también la criollada que se manda para sacarle plata a los franceses en su primera incursión. A veces uno hace juicios de valor sobre determinadas figuras históricas, y se ensaña por razones políticas con alguna en particular. Es el caso de Rivera, que si por 35 años talla su muñeca en la Historia Oriental, es porque es una persona que ha tenido un rol preponderante durante tantos años en la historia. Esa preponderancia tiene una razón, porque yo creo que los pueblos no mascan vidrio, si siguen a alguien es porque le tienen confianza, algún valor debía tener. (Umpiérrez). Soy de su misma idea. Eso no descarta mi aprensión hacia sus andanzas.

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Entonces.

  Oribe desfiló triunfal por todo el Uruguay hasta las puertas de Montevideo, a la que esperaba tomar en breve. Hubo alguna que otra intentona que no prosperó. Rosas afianzado en la orilla occidental, pese a las amenazas anglofrancesas. Paz a cargo de la defensa de Montevideo con Garibaldi, otro aventurero que obvié en estas lineas. Y el Brasil preocupado de la alianza forjada entre orientales y argentinos. No había con que darle, al Restaurador.

  Por diez años más, y alguito más, Rivera y Oribe siguieron peleando por el Uruguay. De esas guerras surgía un nombre que estaba llamado a poner coto a la política dominante en el Plata y darle salida a los ensueños imperialistas contra la política soberana del Plata.

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  Estaba asomando, Justo José de Urquiza.

Los 3.

https://carlospistelli.wordpress.com/2014/12/06/6-de-diciembre-de-1842-arroyo-grande-y-la-federacion-del-uruguay/

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(1) Pepe Rosa, Historia Argentina 5, página 60.

1 comentario

  1. Carlos Pistelli

    Reblogueó esto en ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?y comentado:
    La batalla que pudo torcer la historia oriental.

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