Carlos Pistelli

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Cien años del PDP, martes 23 de julio de 1935.

PINEDO

PINEDO

   Tarde del martes 23 de julio de 1935. El Senador por Santa Fe, continúa en el uso de la palabra. Las tensiones están a flor de piel. Nadie toma en cuenta a un pequeñito hombrecito que ha entrado una y otra vez al recinto, por influencia del ministro Duhau. Federico Pinedo, ministro de hacienda, le ha llamado mentiroso y ‘mulatos’ a los que le aplauden. De La Torre, vivado por la barra, acomete nuevamente contra el ministro de agricultura: “El gusto por la mentira”. Duhau se enerva, golpea la mesa:

-¡No permito eso, señor Presidente!.

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Presidente del Senado (Bruchman):

-Ruego al señor senador que guarde estilo en sus expresiones.
-Y a lo que no es cierto, ¿Cómo se llama?, inquiere De La Torre.
-Inexacto.
-Se llama De La Torre, sonríe lacónico, Pinedo.
-¡El ministro de Hacienda dice eso porque es tan insolente como cobarde!, espeta Lisandro, y se levanta pesadamente de la banca en busca del autor de la frase, entre el escandalete lógico.

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    De La Torre le grita cosas que a Pinedo, que no se transcriben entre el quilombo general, pero algo se alcanza a escuchar de lo que se dicen, pues Alfredo Palacios pide un poco de mesura a Bruchman. Cronistas del diario La Nación, otras versiones dan cuenta al revés del episodio, hablan que Lisandro le dijo “impotente”, entre otros improperios, y Pinedo le contestó “confesiones de su madre”, lo que enervó más el asunto. En esa circunstancia el senador Santamarina ocupó su banca y dirigiéndose a la presidencia expresó, con referencia a un calificativo empleado por el señor De la Torre:

Señor presidente, el señor De la Torre ha pronunciado una palabra que el señor ministro no ha oído…
¡Sí, la ha oído! ¡Sí, la ha oído!, exclama Lisandro.

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El senador riojano Gómez Iramain hace una moción de orden, reclamando por faltas de respeto de Lisandro a los ministros.

-¡Pero si usted es un botarate!, la sigue Pinedo.
-Para rehuir un incidente personal con él ¡Con él! Si es para reírse…, le explica De La Torre a otro Senador.

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Pinedo pide la palabra:

-Pido la palabra para poner al embustero De La Torre en su lugar. ¡Si la dignidad y la honra de una persona estuvieran expuestas a desaparecer y ser lastimadas por lo que digan irresponsables, podría ser que mi honra estuviera al alcance del señor senador!.
-¡Ya le he dicho que es tan insolente como cobarde!, responde De La Torre, acercándose a su mesa.
-¡Insolencia y cobardía me atribuye!. El señor senador por Santa Fe es capaz, señor presidente, de retarme a duelo, porque sabe que, por mis convicciones, yo no me bato, exclama Pinedo.
-Y usted es capaz de no batirse por cobardía.

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Pinedo quiso seguir hablando, pero ya tenía a De La Torre pegado detrás suyo. Palacios alcanzó a decir:

Señor presidente, si seguimos en este camino de injuria tras injuria, no podrá continuar el debate. Las cuestiones personales no se ventilan en el recinto.

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   Pinedo con su cuerpecillo de truhán se acobacha en el escritorio, con pícara sonrisa, mientras De La Torre algo le dice. Duhau se para y empuja haciendo caer a  Lisandro, pero tropieza él mismo al suelo. Enzo Bordabehere, senador demócrata progresista, al que no le acreditan sus títulos para asumir, se acerca a la posición a defender a su Jefe. Y entonces aquel hombrecito mencionado saca un arma en el recinto y dispara sobre De la Torre, haciendo impacto en Bordabehere, dos tiros en la espalda, un tercero al darse vuelta, en el pecho; otro va a dar en la mano de Duhau, que además se fisuró unas costillas; y un quinto a un diputado latorrista en el público. Intentando escapar, golpeó al doctor Meabe en su huída, pero Palacios lo capturó antes de lograr su cometido. Otras versiones difieren al respecto. Bruchman le dio los primeros socorros al senador malherido, mientras Fresco, médico y presidente de la cámara baja, lo hacía con Duhau. Lisandro se encontraba abativo y acompañó a su viejo amigo hasta el hospital Ramos Mejía. Allí murió Bordabehere dando vivas al partido. Había terminado la sesión, y el debate.

   De La Torre había iniciado la contraréplica, diciendo, No olvide el Senado que me encuentro solo enfrente de un gobierno cuya mediocridad entristece. Ha visto en qué condiciones se ha desarrollado el debate. Planteado alrededor de cuestiones vitales del comercio de las carnes, se mantuvo en este terreno hasta que hicieron uso de la palabra los ministros del Poder Ejecutivo. Desde sus primeras sílabas pudo verse que no los traía un propósito de colaboración. La mayoría entró en el plan que podría llamar mordaza: el puñetazo sobre el pupitre de un senador, la apresurada protesta de otro senador y las vociferaciones destempladas del ministro de Hacienda exhibieron claramente el propósito de no permitirme aclarar la menor imputación del ministro de Agricultura.

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    El asesinato a Bordabere en pleno recinto parlamentario es el escándalo mayúsculo de la Historia del Congreso de la Nación. Un matón, comisario de baja estofa, vinculado a Duhau y al senador y estanciero Santamarina, asesinó a un Senador de la República sin que se le moviera un pelo al Presidente, y a muchos de los ahí sentados. Leopoldo Melo, ministro del interior, apenas hizo del escándalo una posibilidad política personal. De La Torre, vencido, dio por concluido el debate sesiones después.

  Se produjo el duelo con Pinedo, que tiró a matar, mientras el viejo Lisandro apuntó al aire. El viejo tribuno, estaba devastado interiormente. Siempre propenso a entrar en lapsus de melancolía y depresión, el episodio lo destruyó. Y en los primeros días de enero de 1937, ya sin ganas de seguir la lucha, renunció a la banca de Senador, que le correspondía por cuatro años más. El Fiscal de la República, había terminado.

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El Gobierno Ejemplar.

    Tras la derrota “electoral”, De La Torre esperó la asunción de Luciano Molinas en Santa Fe para que la Legislatura lo eligiera Senador Nacional, acompañado por Francisco Correa. Iba a cumplir su rol de “opositor” solamente para cumplir con su partido y sus amigos, porque él estaba retirado políticamente desde 1926. Un gran acto el 18 de Junio de 1932 pinta de cuerpo entero al PDP, su partido democrático: Un acto en defensa de las “instituciones”, porque se sabía que los radicales volvían a las andadas de sus mocedades para deponer a Justo, para no perder los cargos ganados en la elección fraguada.

MOLINAS

MOLINAS

   Igualmente, el gobierno santafesino de Molinas fue ejemplar. Impuso la vigencia la Constituciòn del “21” desde el 1º de enero de 1933. Era un constituciòn progresista para gobernar democráticamente: El presupuesto educativo se eleva al 25% del total, se creó el Departamento del Trabajo, se exigía el cumplimiento de la jornada de 8hs laborales, salario mínimo, y una bolsa de trabajo para desocupados, protegiendo los desalojos de familias pobres de casas impedidas de pagarse. Ético y austero, se bajo el sueldo, redujo los gastos protocolares, y declaró el cese del pago de la deuda provincial. Bajó el desempleo, con superávit fiscal y un desarrollo de obras pública que pusieron en primer orden a la vieja provincia de Oroño e Iriondo. A su vez, intervino en los asuntos agrarios, fijando tarifas mínimas para la cosecha, y una Ley de Arrendamientos Agricolas. Y es más, intentó llevar a cabo la última y postrera intentona Reforma Agraria que se llevó a cabo en Argentina. Y para no ser menos, creó el Instituto Experimental de Investigación Agrícola, una especie de INTA santafesino, 30 años antes de su creación.

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   El gobierno de hombres que esperaban esos días para dar la batalla soñada estaba un poco enmarañada, igual.

  El PDP era un partido minoritario en Santa Fe, sostenido en el renombre de Lisandro, que nunca había sido un tipo popular. Y encima tenían serias divisiones internas, que estaban ocultas a la multitud. A la vieja disputa de norteños con rosarinos, y católicos practicantes (como Molina) y agnósticos incurables (Como Lisandro y el vicegobernador Isidro Carrera), se sumaba una nueva generación de dirigentes (como los hermanos Mario, presidente pcial. del partido, y José Antelo, este último ministro de gobierno), que venían a pelear la conducción del movimiento a los viejos jefes (Bordabehere, entre ellos). Y para colmo de males, De La Torre era un líder más personalista que el propio Yrigoyen, y le abrió la función pública provincial a varios amigos del partido que no eran de Santa Fe, como Rodríguez Larreta o el propio Pepe Rosa, generando ciertos resquemores internos.

 .

    En enero de 1933, no terminaba de funcionar la Constitución, que el ministro Antelo le pega una trompada a su par de hacienda, Alberto Casella, en plena comisión legislativa. “Sunescándalo!”, diría Pino. Casella le fue con el chisme a Bordabehere, éste a Lisandro, y éste pidió la renuncia de Antelo a Molinas. Y éste se la pidió al ministro, y éste renunció, sin aceptar un ofrecimiento en la Corte Suprema que le ofrecieron. De comadres.

  El sábado 14 de enero El Litoral, diario santafesino, consigna un acto de desagravio a Antelo de sus partidarios, y el Lunes 16 insiste: “De La Torre ha dejado de tener el antiguo ascendiente entre sus partidarios que le diera prestigio”. Una bomba que a nadie escapó era una artera crítica al viejo jefe. Éste respondió por los medios. Pidió la renuncia de jueces participantes en el desagravio, porque no correspondía a la división de poderes, entre ellos Larreta y Rosa. Era mucho, y estalló una crisis con los Antelo en franca desobediencia partidaria, dejando a Molinas a dios rogando para gobernar. Carrera, fue a pedirle rectificara a Lisandro, que montó en cólera, provocando la renuncia del Vicegobernador, y la ruptura partidaria.

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   Cojeaba el PDP, cuando un suceso cambiaría la historia personal de Lisandro.

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El “Debate de las Carnes”.

 El debate de las carnes queda circunscripto a las repercusiones del famoso pacto Roca-Runcimann, que merece una nota aparte. La oligarquia premió al ministro inglés con el nombre de un pueblo en el sur santafesino.

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  Lisandro En 1934 se sabe que los frigoríficos ingleses, beneficiados exclusivamente por el pacto, exportaba ilegalmente y mentía en sus balances, encima, para no pagar los impuestos correspondientes. Una comisión investigativa se forma en el Senado y De La Torre participa de la misma. Con la ayuda de un contador honesto, Palacios, obreros de los frigoríficos y estibadores del puerto que dieron pruebas del escándalo, De La Torre arreció sus críticas al Gobierno. Documentos escondidos se encontraron en el barco Norman Star, y de allí el escándalo siguió en sesiones consecutivas donde el Pueblo llenaba las gradas del Senado para vivar el patriotismo y la honradez de Lisandro. Fue el momento cumbre de su carrera parlamentaria, y política, que le volcaron el fervor popular en tiempos difíciles. En tiempos de negociados explícitos que ensuciaban a todos los componentes de la política vernácula, desde el Presidente hasta el mismísimo Marcelo Alvear, presidente radical. De La Torre fue el oasis entre tanto pantano. Se le dio un título que perdurará en la Historia: Fiscal de la Patria. Nunca se lo perdonaron sus amigos del Jockey Club: Lo hicieron a un lado, arrastrándolo a una soledad política y personal que lo llevó a recordar a Yrigoyen, para decir: “Tenía razón Hipólito, son un régimen falaz y descreído”.

    Le intervinieron Santa Fe, cuando era seguro vencedor de la contienda electoral a la Gobernación. Le mataron al amigo dejando impune el caso. Destrozado anímicamente, renunció a su banca y se retiro al recato de casa de calle Esmeralda y diagonal norte.

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   Supo la muerte de su madre, que lo entristeció profundamente. El 5 de enero de 1939, en su casa de calle Esmeralda, se pegó un tiro en el corazón. El viejo tribuno, ponía triste final a su vida, completamente vencido por el Régimen que le hizo pagar cada una de sus intervenciones políticas presentes. Se había apagado, la vida del más brillante de los políticos que dio la ciudad de Rosario a la Nación.

2 comentarios

  1. Carlos Pistelli

    Reblogueó esto en ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?y comentado:

    El más brillante político rosarino se suicidó hace 77 años.

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  1. Cien años del PDP, martes 23 de julio de 1935. | Carlos Pistelli | Carlos Pistelli

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