Carlos Pistelli

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PERÓN y BALBÍN, la verdá de la milanesa

por Carlos Pistelli, 

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Perón y Balbín

Perón y Balbín

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   Espero que sepan disculpar el grandilocuente título que busca atraer público a la lectura. Hablando de ya no recuerdo qué, un comentario de un viejo y crucial amigo me permitió caminar con Simoncito por las calles del barrio de la Sexta para meterme de lleno en tiempos que no me gustan investigar. Los tiempos recientes. Se polemiza tan banalmente sobre temas tan apasionantes, que como no tengo certezas propias, sino lecturas de investigaciones, siempre siento que mi opinión al respecto está enviciada. Entonces no tengo certezas para discutir si expreso tal cosa, y por ahí me como una paliza histórica en un debate con Quien, que me obliga a bajarle los dientes, o buscar el hacha que tengo guardada. Así que avisados de antemano,

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PERÓN.

  El Perón que vuelve en el ’72 es el personaje político más importante de la Historia Argentina. Ha dejado de ser, si alguna vez lo fue, un líder partidario con apoyo masivo, un Caudillo popular con fines de un estadista. Se ha convertido en un Hombre que encarna en sí, las esperanzas de una Nación, de un Pueblo en su conjunto, y ya no como de sus bases populares.

  Como no es el Siglo que investigo, solicito se me exima de algunas reglas básicas de la Historia, y me permitan realizar paparruchadas al estilo PIGNA, Me dejan?

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  El Perón del ’72 puede que sea como el San Martín que desde el exilio entiende a Rosas como nadie. Puede llegar a decir, si me permiten ficcionar, Uds saben que tengo un partido que lidero, pero permítanme disentir, Yo no tengo más partido, que la grandeza de la Nación Argentina, emulando palabras del Libertador en su exilio. Por eso les reitero: Perón no es más el jefe partidario de las mayorías sociales, En 1972 es YA, el Líder de una Nación.

  Y como Líder de una Nación le preocupa la salud de la Patria, diagnostica y busca las maneras de encontrar remedios a las enfermedades de tantos gobiernos haciendo lo imposible para destruir la grande obra de 1946-1955. Yo no creo que Perón haya querido volver para ser Presidente, sino para encarnar ese liderazgo. Recorrer cada pueblo de la Argentina, y de aquí por América, para convencer uno por uno, de ser necesario, de lo que hace falta constituir. Perón comprende, a mi humilde entender, un problema que los historiadores nos creemos duchos, pero que lo entienda un político, y un militar, habla de su maravillosidad. Él entiende que los problemas argentinos tienen que ver con la inconstitucionalidad del Ser Nacional. ¿Qué sentido tiene resolver tal o cual cosa, si no entendemos por qué somos argentinos?. Perón estaba abocado a esta problemática trascendental, mientras daba la lucha diaria por mejorar la vida social de los habitantes del sud, advertir de los males del Imperialismo, y entender que los cambios profundos se hacen con sangre o con tiempo, y que él prefería con el tiempo.

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  No se si podrán compartir mi visión al respecto, pero es mi idea central del rol que pensaba ocupar Perón en el ’72. Dejar las pesadas cargas del gobierno en otro, mientras él se abocaba a este empeño fundacional. Un apostolado cívico, dijo alguno, porque el poder es apenas una realidad tangencial. No me vengan con que era “totalitario”. ¿Cómo si cabriese otra cosa?, La Historia Universal de la Humanidad es la de la intolerancia al mango: Si dos pueblos conviviesen, uno que cultiva zapallos, y el otro que cría vacas, la tolerancia hubiera sido, le cambio esto por aquello, así hacemos unos ricos pucheros cada uno a su estilo. NO. Uno de los dos pueblos arrebata al otro el zapallo o las vacas, y de paso a la jermu, a los pibes, y ya que estamos Ud. también que tiene la piel de otro color. No seamos ingenuos o hipócritas.

  No me vengan con que era ‘nazi’ o ‘facho’, Perón era Perón, y punto. Y en ese momento, comprendió que solamente tolerando diferencias que no fueran ancestrales, alguna que otra pildorita de saporaneado, y a hablar con todos, y que sea lo mejor para todos. Algunos aceptarán, otros no, pero la sagrada nacionalidad argentina es inviolable.

  Para hacerlo se necesitaba tiempo y empeño. Y si le sobraba para hacerlo, más allá de su edad y delicada salud, estaba el tema que la Argentina de 1972 era un quilombo de la san madre. Una Dictadura que no hacía pie, no encontraba consensos duraderos; Partidos políticos que huelen el final y se preparan a heredar el Titanic; y un Peronismo con sus vertientes infinitas haciéndole la vida imposible a Lanusse. Pero el viejo líder estaba convencido que podía, y casi que pudo.

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  Para eso buscaría a ese otro que siempre le hizo la contra cuanto pudo. Había recibido a Frondizi, pero el viejo ladino no contaba. Necesitaba a Balbín.

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BALBÍN.

   El chino de La Plata era todo lo contrario a Perón. Recto, militante, hombre de Partido. Se las ingenió en esos años difíciles para conducir un partido nacional por más de veinte años, recorriendo de punta a punta el país, sin ocupar cargos públicos. ¿Cómo se mantenía?, No interesa, No mamaba del Estado para hacerse un nombre.

  No las tenía todas consigo. Su partido había perdido las viejas banderas de Yrigoyen convirtiéndose en el partido de la Constitución y la República noble. Pero por quince años, prefieren la sintonía con los “colorados” de las FFAA que con el Peronismo. Son las contradicciones de un partido que ha perdido aquella virtud que Yrigoyen supo darle, de ser un Movimiento Popular defendiendo los intereses todos de la Nación. Conviven en el Partido tipos audaces como acomodaticios, como en todos los partidos. Nobles y herejes, Tipos capaces de liderar levantamientos populares, al menos acompañarlos, con aquellos que prefieren ocupar ministerios de algún gobierno dictatorial. El partido que lidera Balbín sigue siendo aquella afrenta que lanzó Pellegrini, “un temperamento”. Por eso podrán convivir De La Rúa y Alfonsín, lo hacían Balbín e Illía, Larralde con Sabattini, Perette y Zavala Ortiz con Del Castillo o Lebensohn. Porque Ud. podrá ser más esto que aquello, y al final a Ud le faltó valor aquí cuando, pero, recuerde, que, pero al fin de cuentas, “Somos todos radicales”, un abrazo, un vino, y putearlo a Perón.

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  El Radicalismo como partido, tenía todas las formas, pero seguía siendo una manera cultural de expresar las virtudes y los vicios de un país. Como el Peronismo, pero sin el Líder que veía más allá del tercer árbol del bosque.

   Cuando finalmente Balbín pudo ver más allá del tercer árbol del bosque, Se encontró en un lugar impensado. Dejaba de ser, por un momento, el jefe de un partido, y se convertía en el mejor socio que Perón pudiera encontrar para realizar la noble tarea que les esperaba a ambos: La consolidación final de la Causa Argentina. 

  No era tarea sencilla porque estoy seguro que cuando Perón dijo, “Hay que hablar con Balbín”, muchos deben haber pensado, “con ése”, y lo mismo le debe haber pasado a Balbín, “con ése”. Pero para establecer las bases duraderas de la argentinidad con la política como artífice del destino del Pueblo, porque para otra cosa la política no tiene sentido, al menos en estas sacras e innobles tierras del sur. Sí, sí ya sé: Un buen político hace rutas, baja la pobreza, reduce la mortandad infantil, confronta al analfabetismo. Pero si es incapaz de levantar la vieja bandera belgraniana, apenas será un buen esbozante de estadísticas. Para ser argentino, y hacer política,  perdonen que me vaya por las ramas, hace falta grandeza. Grandeza de miras. La grandeza de aquel que saltó la tapia, y del otro que lo esperaba sonriente. La grandeza de aprender a tolerar, sabiendo que el enemigo es otro, y nosotros apenas adversarios de una época, de un tiempo que no vale la pena recordar, tal vez para comprender presentes. ¿Ud de dónde es? De Lobos, Bueno, yo de La Plata, ya somos dos argentinos, y hace falta sumar millones más que lo comprendan. 

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  Por eso el ’76. Por eso lo que vino después. Pero para eso hay tiempo. Se las dejo para …

continuará.

1 comentario

  1. Me parece muy interesante su artículo. Hace ya tiempo estoy atrás de la historia de la reunión que mantuvieron Perón y Balbín. Sería interesantísimo para nosotros saber que sucedió y de que se habló en la misma. Tengo entendido que en esa reunión uno de los presentes fue Jorge Alberto Taiana, padre de Jorge Enrique Taiana. Tal vez sería importante si alguien lo conoce, incitarlo a contar lo que sabe de aquella reunión. No está demás decir que sería un aporte extraordinario.

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