Carlos Pistelli

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Aristóbulo Del Valle, el Tribuno de la Nación. Parte I.

Aristóbulo_del_Valle

DEL VALLE,

  Buenos Aires. 29 de enero de 1896. Un hombre obeso y barbón empieza a sentirse mal. Un dolor de cabeza empieza a apretujarle los pensamientos. A él, el pensador de los que quedan, en aquel partido popular llamado a grandes cosas pero que se desvanece entre peleas internas y miedo al ser gobierno.  Siente como un estrujamiento que lo empieza a dejar sin aire, ahogándose en la búsqueda de volver a respirar. Un hilo de sangre recorre su masa craneana, como una inyección eléctrica que empieza a desconectarlo de aquel verano del ’96. No son sino dos segundos de su vida, de sus cortos, y largos, 49 años y trescientos veinte días, que empiezan a finalizar. Rememora en absoluta soledad sus días de gloria y oprobiosa ruina. Sus amigos, su mujer, a la que todavía ama, como si fuera la primera vez. De todo lo que le falta hacer, de la candidatura que le ofrece ese amigo entrañable a la Presidencia.

  Todavía da un suspiro entrecortado, y, fulminado, cae sobre el escritorio donde corregía unos últimos exámenes. Sus amigos cercanos le habían pedido que dejara de laburar un poco para recomponer su mala salud. Pero Aristóbulo Del Valle, profesor de Derecho Constitucional, no puede sustraerse a su trabajo, y, a su pasión, el derecho.

              Acaba de morir, el mayor Tribuno de la Nación Argentina.

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Juventud y familia.

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            El 15 de marzo de 1845, en el pueblo de Dolores, provincia de Buenos Aires, nace Aristóbulo Del Valle, hijo de Narciso, coronel de Rosas, y doña Isabel Valdivieso. A Narciso le tocó, como segundo de Prudencio Rozas, combatir el levantamiento de los “Libres del Sud”, en 1839, de sus vecinos Pedro Castelli y Ambrosio Cramer, el primero hijo del vocal de la Primera Junta, sobrino y primo de los Terrero, familia estrechamente ligada a don Juan Manuel.

 El movimiento que contaba con muchos adherentes al Rosismo, uno de sus hermanos quedó implicado y el Restaurador lo declaró “desnaturalizado”, se inició a fines de octubre de 1839. Lavalle los acaba de dejar en banda, y los asustados estancieros apresuraron un movimiento de insurrección que no contaba con medios para subsistir. Manuel Rico, segundo de Del Valle, levanta las tropas, pero no pasa de dos semanas que el movimiento es liquidado. Para evitar nuevos levantamientos, y desarticular el poder de sus adversarios, Rosas encomienda a Del Valle (“nadie mejor que él”, dice la autora Olga de Ragucci[1], la única biógrafa de Aristóbulo), la formación de nuevos partidos, y de allí surgen catorce partidos, un juez de paz, seis alcaldes y doce tenientes (Ragucci, o.c. páginas 18 en adelante).

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            Narciso Del Valle tuvo once hijos. Tres con su primera esposa, paranaense, casorio del cual Lucio Mansilla fue testigo. Cuatro con Isabel, entre ellos Aristóbulo. Y cuatro, también, con una ‘querida’. Aristóbulo tuvo diez hermanos por parte de su padre, y uno más, pues su madre volvió a casarse.

      Aristóbulo creció entre algunos padecimientos, pero no fue pobre. Sí, con la caída de Rosas, quedaron desamparados ante los poderes oficiales, corifeos mitristas, y don José Martínez de Hoz, primer presidente de la Sociedad Rural, realiza un pleito para desalojarlos. Si pesó en su vida el desprecio vivido al ser hijo de uno de los coroneles mimados por Rosas, desconocemos. Así como podemos agregar, Aristóbulo no guardó un amor filiar duradero, como reprochándole, acaso, esos años duros. En eso se parece, al amigo y hermano de la vida, condiscípulo de estudios, con quien formará entrañable sociedad popular. Estamos hablando de Leandro Alem.

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Del Valle y Alem.

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            Nacidos para ser amigos, hermanos, compañeros de andanzas, correligionarios, un origen similar, romanticismos compartidos, pero en sí, el carácter bonachón, ahora sí, tras una crítica pasada sobre Castelli, el carácter bonachón y don de gente de Aristóbulo pudo escrutar el carácter huraño y mal llevado de miércoles de Leandro.

      Cuenta Álvaro Yunque en su maravillosa, y tendenciosa y exagerada biografía de Alem,

(…)
-¡Soy el hijo del marzorquero!
-¿Quién se acuerda ya de eso?
-¡Yo!… Pero si mi padre fue calumniado, si afrentaron mi nombre, ¡yo lo honraré con mi solo esfuerzo!
-La vida te ha dado talento, Leandro, y vos te empeñás en emplear raciocinio en martirizarte. Sos como un niño que en vez de jugar con su juguete lo empleara en pincharse con él y hacerse sufrir. Sos como un niño, y sos mayor de edad.
-Aristóbulo: con tu elocuencia vas a convencer a otros. A mí, no. Yo pensaré siempre con mi cabeza, no con la tuya ni con la de los demás!.

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Del Valle-Alem, página historia y doctrina de la UCR.

Del Valle-Alem, página historia y doctrina de la UCR.

  En el estilo teatral de Yunque se prefigura el estilo de los dos. Elocuente, franco, abierto, Del Valle. Huraño, caprichoso, y dado a victimizarse, de Leandro Alem. La capacidad de ambos, su honestidad incorruptible, y su patriotismo, pondrá fuego a prueba la amistad de ambos, y su temple a la hora de defender la argentinidad.

 En 1865 Aristóbulo se casa con la sobrina predilecta de Carlos Tejedor, el Catón unitario del antirrosismo. ¿Fue tanto así el desprecio en Buenos Aires a los hijos de la Dictadura?. ¿Tanto como para qué Tejedor entregue en matrimonio a una de sus sobrinas, a las que crió como a sus hijas, al hijo del coronel preferido del Tirano?. Vamos. Empecemos a escribir en serio la historia de nuestro país.

 En 1865 Leandro corre a la guerra del Paraguay, donde concurren tantos condiscípulos de Aristóbulo. Marquitos Paz y Dominguito mueren, Leandro vuelve convaleciente. Allí está el amigo del alma cuidándolo.

  En 1868 fallece la madre de Aristóbulo. Allí está Alem.

 En 1869 se reciben de abogados entre la generación mayúscula de la Universidad de Buenos Aires: Pellegrini, Mariano DeMaría, otro de sus grandes amigos, Dardo Rocha, Victoriano De La Plaza, José Terry, Delfín Gallo, Quirno Costa, Juan José Romero, Carlos D’Amico, Pedro Goyena, Eugenio Cambaceres, etc. La tesis de Aristóbulo versa sobre “intervención del Gobierno Federal en el territorio de los Estados”; la de Alem, sobre “Las obligaciones naturales”.

 El 17 de agosto de 1871 los dos andan de farra, cuando un amigo en común les dice que andan buscando al doctor Alem. Concurre a la comisaría donde le buscaban, temeroso de algún pleito iniciado. El gesto acongojado de un joven de consiferable altura que los espera la entrada les dice todo. “Mamá Tomasa ha muerto”, les dice. Los tres ingresan para ver el cuerpo inerte, y los tres se abrazan para sollozar y darse las fuerzas del caso.

 También en ese año presiden un comité barrial de lucha contra la fiebre y el cólera que casi mata a Alem. El nombre de los jóvenes empezaba a sonar, y no debe haber faltado una recomendación de Tejedor para su yerno. Del Valle es elegido convencional constituyente para reformar la Constitución de la Provincia.

En 1872 abren su primer club político, dentro del alsinismo, para sostener la presidencia de Domingo Sarmiento.

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  Al impulso de su juventud, una palabra del suegro, sus tertulias con el Presidente, que recibe a los jóvenes para discurrir “sobre todo”, de las recomendaciones del regresado a la política, Vicente Fidel López, al cual llamará ‘maestro’, y será entrañable amigo de su hijo Lucio, y su propio empuje, Aristóbulo es diputado provincial en 1872, al lado de Alem, Rocha y Pellegrini.

     Han llegado los tiempos de hablar del Aristóbulo parlamentario, el Aristóbulo político que defenderá al Pueblo y a la Nación desde la tribuna con la elocuencia de su oratoria, y el poder de su intelecto. Al calor de sagrados días de la formación del Estado, los invito a esperar la próxima entrega.

ARISTOBULO DEL VALLE (4)

[1] Aristóbulo Del Valle en los orígenes del Radicalismo, CEAL, Buenos Aires, 1987.

(2) El joven que esperaba a Alem y Del Valle en la comisaría, es Hipólito Yrigoyen.

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