Carlos Pistelli

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Aristóbulo Del Valle, parte VI, Un Radical revolucionario.

hipolitoyaristobulo

Hipólito y Aristóbulo

Las Revoluciones “desde arriba”.

  El país se conmueve. Como si vivieran Peñaloza o Varela, se levantan los pueblos de Cuyo contra la política portuaria y extranjerizante de Pavón y sus siguientes 30 años. Teófilo Saá levanta San Luís. Era hijo del general Juan Lanza Seca Saá, y lo acompañan en la patriada los apellidos tradicionales de la provincia: Leontes Videla, Nicolás Jofré, Víctor Lucero, Guillermo Levington, Domingo Flores.
  El 30, insurreccionan Santa Fe una conjunción de fuerzas radicales, mitristas y rifleros suizos del interior santafesino, simpáticos con el movimiento y descontentos con el gobierno provincial. El lunes 1º de agosto copan el gobierno y eligen una Junta Revolucionaria donde entran Mariano Candiotti, Lisandro de la Torre, coronel Prudencio Arnold, coronel Domingo González (padre de don Elpidio), Dermidio González, Ricardo Núñez, José Chiozza, entre otros. Apellidos federales algunos, liberales los otros.
  Pero la más espectacular de las revoluciones se da en la desarmada provincia de Bs. As. donde Hipólito Yrigoyen ha hecho las cosas más que bien. De los 92 poblados de la provincia, 90 caen en su poder producto de su sigilo y casi sin derramar sangre. Marcelo de Alvear, vuelto del boliche vestido de frac, toma la estación de Temperley y ya son 91 los poblados radicales. Sólo queda La Plata, custodiada por el gobernador Julio Costa y amenazada también por los levantiscos mitristas de Campos, el mismo del Parque. Pero la inmensa masa está con Yrigoyen y en el campamento radical, donde más que una Revolución, hay celebración popular. Un payaso famoso de la época, Frank Brown, divierte a los revolucionarios. El 6 de agosto, entran en La Plata, abandonada por Costa. Se elige gobernador provisorio al doctor Juan Carlos Belgrano. Alem y del Valle visitan el campamento. El éxito es total y la algarabía, inmensa. Hay celebraciones de un carnaval más que de revolución.

.

  Del Valle se presenta en el Congreso y repite palabras pasadas: “El mayor problema de nuestro país es que el gobierno va para un lado, y el pueblo por otro, es hora de aunar criterios”. Convenció a los congresales, crudos oligarcas, que sus palabras y su política sacarían adelante a la Nación. Y por las dudas se manda una de las de Moreno (Mariano, no Guillermo): una barra populachera y amenazante, chifla a los opositores y exalta a don Aristóbulo cuando se presenta a dar debate. Roca, en medio de semejante berenjenal, se esconde tras su banca de senador y termina renunciando el 2 de agosto, yéndose al recato de su casa.

  Pide la intervención militar para sostener a los revolucionarios, pero pierde la votación. Igualmente, una multitud lo saluda y premia su elocuencia, acompañándolo hasta la casa de Gobierno, donde les libera una arenga patriótica que queda para la historia: “Basta de gobiernos que quieran oprimir a los pueblos” (…) “Si el congreso nacional ha resuelto que no haya intervenciones, no ha podido ni podrá resolver que no haya libertades” (grandes aplausos) “La resolución del congreso se cumplirá, pero el poder ejecutivo tiene también facultades constitucionales, y ha de usar de ellas para arrancar hasta el último fusil que quede en las manos de los gobiernos q quieran oprimir a los pueblos”. (grandes aplausos y ovaciones). (pepe Rosa, Historia VIII, páginas 360 y en adelante).
  Sáenz Peña se queja entre sus íntimos. El viejo aristócrata se siente molesto de tener en Casa de Gobierno a esos pobretones que lo visitan asiduamente para saludarlo. Y, sobre todo, con Del Valle: que permitía todo con esa política plebeya y lo dejaba a él, como a un títere de intereses ajenos a su pensamiento.

.

Habíase terminado el ciclo político de Julio Argentino Roca…

.

Problemas.

   En la provincia de Santa Fe la lucha fue franca y abierta. Por dos días resisten los gubernamentales, falleciendo 104 combatientes. En la provincia de Buenos Aires, mitristas y radicales inician una loca carrera a La Plata, en donde ha renunciado Costa hablando pestes de Del Valle. La renuncia hubiera encumbrado a la gobernación a un alto magistrado de origen radical, pero Hipólito rechaza la continuidad institucional. Alem, en cambio, la acepta. Se produce un primer cortocircuito no exento de improperios.

  Parece que pronto habrá otra lucha civil, y Del Valle corre a La Plata a evitar el derramamiento de sangre. El coronel Falcón, de próximo futuro negro, se prepara para tirotear a los mitristas. Fallecen 3 combatientes, llegando el ministro a poner orden y detener a Falcón. Los radicales entran en La Plata triunfantes. Campos no ocultó su disgusto.

.

La Revolución, ha prevalecido.

.

La traición de Lucio V. López.

    Contrariado entre apoyar a su amigo del alma, pero totalmente en contra de sus medidas, López telegrafía a Pellegrini, retirado en las termas de Rosario de la Frontera, Salta.

 Pellegrini lee el telegrama, y suelta, “lo voy a sacar a ese sonso de Aristóbulo”, y vuelve a toda marcha. El 2 de agosto está en la estación de Haedo, en donde lo aprisionan los radicales. 

.

La traición de Hipólito Yrigoyen.

    Capturado por los radicales, Pellegrini, muy enfermo, se da por vencido. 

  Retenido por los revolucionarios, se entera Hipólito Yrigoyen. Redacta una nota en donde se ordena su liberación, en nombre de la Junta Revolucionaria. Alvear se niega a firmar, provocándose una situación borrascosa. “Esto se arregla así”. Rompió la nota, e hizo firmar una con su sola rúbrica. Pellegrini tiene autorización de pasar.

.

   Evidentemente primó el humanismo de Hipólito, para quien derramar sangre o privar ilegítimamente de la libertad a un hombre del calibre de Pellegrini, gran amigo de su hermano Martín, no entraba en sus cabales. Pero si lo hizo por humanista, la decisión selló la suerte de Aristóbulo y de la Revolución.

.

La traición de Carlos Tejedor.

      Pellegrini se reúne con el ministro de la cartera política (López), con los congresales y con el Presidente. Todo estaba terminado. 

  Estos hombres del Régimen criticaban a los radicales por anarquistas contrarios al orden constitucional, pero cuando las papas quemaban, no dudaban en ‘cagarse en todo’. La gran victoria moral de don Aristóbulo fue lograr que ese Congreso del antipueblo debatiera las intervenciones militares que daban el gobierno al pueblo. Pero en su ausencia, y con la presencia de Pellegrini, reconsideraron las intervenciones, pasando por alto el hecho que una ley desechada pueda volver a tratarse en el mismo año.

  Vencedor del momento, Pellegrini, con la intervención en su mano, fue a verlo a Carlos Tejedor, suegro de Aristóbulo, ofreciéndole la intervención a Buenos Aires. Es el hombre, debió pensar Tejedor, que me birló la presidencia en 1880

.

  Pero Tejedor aceptar. Nuevamente se interpone en la carrera política de su yerno, sin importale más que sus ambiciones de figuración, él, ya un muerto político, seducido por los cantos de sirena de Pellegrini. Era el fin. 

.

La caída.

   Del Valle volvió raudo a Buenos Aires, y convocó a reunión urgente de gabinete. Por indisposición ‘personal’, Saenz Peña difiere la reunión unas horas.

   Del Valle reflexiona esas horas fatídicas del 11 de agosto. Alcanza a reunirse con DeMaría, y por intermedio de su esposa, puede anoticiarse de que Tejedor está firme en su resolución.

  El 12 a las 2 de la tarde está en Casa de Gobierno. Quintana y De María le apoyan. El Presidente le contesta no poder dar curso a su solicitud de “asumir la intervención provincial” (que pide Del Valle), “porque la ley se había dictado sobre la base de su compromiso con miembros del Congreso y otros caballeros, de que sería nombrado interventor el doctor Tejedor, y ¡qué no podía faltar a la palabra de honor que había empeñado!”.

   Del Valle intentó insinuar un pataleo, pero se dio cuenta que no había ambiente para convencer al Presidente. Dejó en secretaría su renuncia, en términos “enérgicos”. Don Aristóbulo cometió un pecado propio de su incapacidad, que llama la atención dado sus años de militancia. Hirió el orgullo del presidente dejándolo como a un pobre tipo, cuando debió manejarse con la muñeca de un político. El mismo error de Mariano Moreno con Cornelio Saavedra.

   Lucio V. López, amigo personal de Del Valle, también le jugó en contra. El presidente, molesto con esos compadritos que entraban y salían de la Casa Rosada, saludándolo como a “un viejito bueno”, hiriendo su investidura, se quejó a viva voz, y López llamó a Pellegrini a su lado. Fue un tremendo error de López. El escritor de la Gran Aldea, donde describió magistralmente el ambiente moral de la época, no comprendió su propio libro. Los mismos que volvía a apañar se le volvieron en contra, y en menos de un año, el bravo criollo que era, se batió a duelo contra un “pellegrinista”, perdiendo la vida. Don Vicente, su padre, Pellegrini, Del Valle y Alem le lloraron desconsoladamente en su entierro.

.

La noche del 11.

  En esa noche del 11 ha pasado de todo. DeMaría y sus allegados más cercanos intentan convencer a Aristóbulo de aprovechar la opinión pública en su favor, y dar el golpe de estado al Congreso, con el pretexto de la inconstitucionalidad de lo votado.

  Alem, De María, don Bernardo lo incitan a resistir. Tiene toda la baraja favorable: La multitud, el ejército, Roca desahuciado, Pellegrini muy enfermo, Mitre apagado, un presidente que no sabe donde caerse muerto. Pero del Valle no quiere dar el golpe de Estado que le piden sus amigos, pues se dice hombre de Estado. Tiempo después, le preguntaron lo mismo en la Facultad cuando profesor, Carlos Iranguren testigo. “Pude hacerlo —contesta— pero, ¿Les daría con autoridad moral la cátedra de Derecho Constitucional?”. Tuvo al Ejército, y al Pueblo en su totalidad a su lado. Su espíritu legalista primó sobre la Revolución gestada por él mismo. Un Alfonsín de pura cepa, que tampoco se la jugó contra los carapintadas en 1987, y así terminó. 

.

 Esa misma noche Alem ha llamado a Hipólito para ir juntos a convencer al ministro.

  Se sientan en el comedor, mientras Leopoldo Melo y Leandrito escuchan desde otra habitación.
Leandro le repite lo mismo que a del Valle.
-No estamos en Venezuela —responde don Hipólito— en donde las revoluciones son hechas por el ministro de guerra.
-Pero al final vos sos un cagón!
Hipólito se pone de pie embravuconado.
-¡Canalla!, le termina gritando el tío, señalándole la puerta de calle, entre Melo y su hijo que se interponen porque piensan en una pelea de a golpes de puño.

   Yrigoyen se retira para no volver a dirigirle la palabra jamás. Para tener en cuenta la veracidad de la charla, Leandrito seguirá a su primo en política. Melo será un enconado antipersonalista. 

.

Del Valle, como político, ha terminado. En la próxima entrega contaremos sus últimos años a modo de conclusiones.

.

 

https://carlospistelli.wordpress.com/2015/08/05/aristobulo-del-valle-parte-v-radical/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Mis Mentiras Favoritas

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Una chica trotamundos

CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

Pájaro Rojo

El blog de Juan Salinas, (a) "El Pájaro", "Beto", "Juanjo", etc

Ateneo del encuentro

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Proyecto Vertientes

El Blog del Río Paraná

HISTORIA Y DOCTRINA DE LA UCR

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

ESA VIEJA CULTURA FRITA

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Jose Luis Muñoz Azpiri

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

A %d blogueros les gusta esto: