Carlos Pistelli

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Historia de Santa Fe (1851-1880), Cambio de mandos, 1867-1868.

 Algo sobre Adolfo Alsina.

      Las ligaduras de Mitre con el Brasil generan discrepancias en el seno del gobierno. El vicepresidente Marcos Paz, los ministros Rawson y el santafesino Lucas González; los encargados de la banca inglesa como Riestra o Manuel Quintana, prefieren otro curso de acontecimientos. Inglaterra tan interesada en la caída de Solano, no quiere ver en Asunción un virrey brasileño. Juega el ancho de la paz, una salida decorosa para todos menos para Pedro II. Un político que viene criticándolo se hace con un Club Político para enfrentarlo, y arma rancho aparte: Adolfo Alsina gana la gobernación bonaerense en 1866.

ALSINA

ALSINA

 Nacido en 1829, creció bajo la rigidez de acción del masónico de su padre, un ferviente antisanmartiniano. Joven pendenciero, putanero (1), se recibió de abogado sólo por la chapa que significa el título pues su vida era la política. Planeó matar a Urquiza, lo combatió en Cepeda y en Pavón, se distanció del Presidente para imponerse como caudillo porteño, y se terminó valiendo de Urquiza, Sarmiento y los viejos rosistas para dirigir la política nacional hasta su muerte en diciembre de 1877, cuando era candidato puesto a la Presidencia.

   No eran diferencias sustanciales las que lo diferenciaban de Mitre. Pero Alsina no era sectario: Por eso suma a los dejado de lados, y sus intereses no le impidieron sumar a los orilleros de la ciudad, vieja clientela electoral de Dorrego. Alsina, con ellos, tejió los hilos electorales. El mitrismo pegó el grito en el cielo: Ambas tendencias se acusaban mutuamente de cometer fraudes. Los alsinistas, más sinceros, recordaban que desde la elección de 1852 (en la cual el entonces coronel, y hoy presidente, desenterró muertos para ganarle al urquicismo), “todos hacíamos lo mismo”.

https://carlospistelli.wordpress.com/2016/01/14/historia-de-santa-fe-1851-1880-orono-de-santa-fe/

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   Don Adolfo tenía pasta para ser un caudillo popular, sino a lo Rosas, a lo Dorrego. Prefirió ser un politiquero con talento para los enjuagues de la política colonialista, en ese emporio mercantil británico quera la ciudad de Buenos Aires.

  [1] Adolfito concurría a “privados” donde era tratado como un Don de aquellos. Sus amigos no entienden que haga pública sus visitas higiénicas, pero el caudillo de las tertulias lo anuncia con provocadora actitud de macho, “Voy de las señoras”. “Se amanecía en tertulias y tenidas. Frecuentador de prostíbulos, mantenía cordialísimas relaciones con las madamas y pupilas”, lo ve Miguel Ángel Scenna: “El mito olvidado”, revista Todo es Historia, N° 127. “Se lo veía sentarse en su silla, charlando con ‘las señoras’; indiferente al carácter equívoco del establecimiento, saldrá rodeado de guapos y de hombres de acción”, lo recuerda Jorge Abelardo Ramos. Octavio Amadeo nos trae un paisaje contundente: “Nunca la palabra varón estuvo mejor empleada que en este ejemplar tan masculino de su especie. Su alma siempre estaba, como su casona, con todas las puertas abiertas, llena de sol y de amigos. Se acostaba a la madrugada”. (todo en Historia de la Argentina, Tomo I, Norberto Galasso, ediciones Colahue, páginas490) Era un conservador adelantado de los de la Década infame.
En estos tiempos que corren no se lo hubieran aceptado.

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Una alternativa al Pacto de Pavón.

oroño   Oroño (foto de la izquierda) era masón, y sus reuniones logísticas eran comentadas por una prensa de tintes chupacirios que le hacía oposición descarnada. No por nada el obispo de Santa Fe era Manuel Zavalla, cuñado de Iriondo. Si hasta febrero de 1867 manejó los temas con calma, a partir de entonces llevará todo al terreno de la confrontación sistemática.

Iriondo

     IRIONDO

   Las elecciones que lo llevaron a la Gobernación fueron sangrientas y sostenidas por la Presidencia: No era popular el Clan Cullen, y si no es por ser gobierno y la venia de don Bartolo, eran “boleta”. Oroño particularmente mantenía negocios personales con el ‘Castellano’. Pero a medida que marchó su gobierno se diferenció del porteñismo, sostenido en Urquiza, prestando preciosas colaboraciones leales a Mitre, pero sin ser lacayo ni lame sobras. Algo que disgutaba, y mucho, a los mitristas más enconados.

   Cuando en 1866 Adolfo Alsina se hizo con la gobernación bonaerense, y Mateo Luque con la cordobesa, los tres empezaron a tenderse líneas entre sí, y con el auspicio del vicepresidente Marcos Paz. Eso dio lugar a una ruptura con el Castellano, y a que Oroño quedara pataleando en el aire.

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1867.

    No por nada el Obispo del Litoral, con sede en Paraná, será el que lidere las críticas al Gobernador. ¿A alguien se le puede escapar los pasos de Urquiza detrás del mismo?.

   Oroño no quiso entender que su impopular gobierno estaba salvaguardado en la entidad “moral” que todavía impone el General desde San José. El jefe político de Rosario, hechura oroñista, va de visita ese año crucial y trae buenas señales. Pero nunca fue el Castellano de jugarse por aquellos que no se sometieran a su voluntad. Al finalizar el 1867 pone plata en un matutino que venga a sostener su candidatura: “La Capital” de Rosario, dirigida por Ovidio Lagos, cuyo cofundador es Eudoro Carrasco, y primerísima pluma José Hernández.

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   ¿Qué llevó a Oroño, consagrado político, a cometer una torpeza y un empecinamiento en una confrontación con la Iglesia provocando su caída?. Evidentemente, una obsecación. Y eso dio lugar al resurgimiento de un partido popular y conservador, que se la tenía jurada desde siempre: Un caudillo al estilo de Adolfo Alsina, hábil para los tejes y manejes, cuya impronta patriótica nadie puede negar, y que hará de su antimitrismo su modus operandis: Nacía a la política grande de Santa Fe, don Simón de Iriondo.

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Conflicto con la Iglesia. 

    Desde febrero de 1867, decíamos, Oroño empezó a meterse en una encrucijada sin salida.

 El masón empieza a rodearse de jóvenes que no provenían de la provincia, tampoco de Rosario. Su todo poderoso ministro Juan del Campillo, muere en 1866, y lo reemplaza con Emiliano García, cordobés. Campillo había sido ministro de Urquiza en su presidencia, católico apostólico y romano, había ido a la Santa Sede a configuar lealtad confederativa. Con él y García, Oroño logró callar un tiempo a los chupacirios. Pero un suceso, si se quiere intrascendente, acometió a Oroño a su perdición:

  Según el doctor Martín Ruíz Moreno, entrerriano, a cargo de la Jefatura Rosarina desde 1867, fueron unos “colonos protestantes y católicos” los que le plantearon al Gobernador un delicado tema. ¿En dónde enterrar sus muertos si los cementerios eran propiedad exclusiva de los criollos católicos, admnistrados por la Iglesia?. Oroño decidió municipalizar los mismos para que fueran recibidos todos, cobrando derechos de alquiler. ¿No hubiera sido mejor crear nuevos cementerios y ahorrarse un lío?.

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    Desde ese momento, la crisis. Con motivo de la creación de una Escuela Agrónoma, que precisamente quiere instalar en el desusado Convento de la ciudad de San Lorenzo, estalló el conflicto. El obispo Gelabert lanza diatribas tras diatriba. Según el mismo Ruíz Moreno, Oroño le había entregado 500 morlacos para su “consagración”. Oroño no ceja en su empeño, y eso que José Ma. Cullen en representación de la Familia, Urquiza, y las propias voces del Gobierno Nacional le aconsejan aflojar. La idea era echar a los franciscanos del lugar, expropiando el lugar. En ese 1867 parte a Córdoba a reponer a Luque, y al regreso toma la decisión de su carrera: Ley de Matrimonio Civil. Gelabert arremete con furiosas misas: “anticristiana, anticatólica, antisocial, corruptora de la más saludable doctrina de la Iglesia y anticonstitucional”, dice De Marco. A Oroño no le tembló el pulso: Metió en cana a curas y a los periodistas que difundían sus ideas: Ovidio Lagos y Eudoro Carrasco.

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Elecciones presidenciales. 

    La elección de 1868 fue una de las seis más reñidas de la historia argentina(3). Porque definían cambios sustanciales de época. Tres candidatos fuertes dirimían la cuestión:

  • Los autonomistas lanzan al ruedo al gobernador porteño.
  • Urquiza cree llegada su nueva hora.
  • Desde el círculo presidencial levantan al canciller Rufino de Elizalde, yerno del jefe político brasileño. El país se opone, Alberdi el primero: El gobierno ha sido “el triunfo de los principios de la muerte, la disolución y la rebelión”. La desmembrada juventud federal lo levanta como caballito de batalla para no tener que acompañar la candidatura del ex presidente entrerriano. Teje y maneje.

   Sarmiento_MilitarEntonces surge el candidato que los oficialistas necesitan para suplir al impopular Elizalde, y contener a Alsina y a Urquiza: el “loco” Sarmiento. El gabinete (Rawson) acompaña al vice Marcos Paz para socavarlo al canciller. Por eso dejan hacer al joven Manuel Quintana en Buenos Aires. Y dejan hacer a Lucio V. Mansilla, quien levanta el nombre equidistante de Sarmiento en las tropas regladas. La oficialidad del ejército lo acepta: Elizalde es muy “brasileño”, y Sarmiento es provinciano en Bs. As, y porteño en las provincias, además de tener renombre en el exterior. El general Arredondo, custodio de la zona de Cuyo y La Rioja, se mueve por su candidatura. El general Wenceslao Paunero, ministro de la guerra, no puede contenerlo.

   (3) A saber: 1868, donde se impone Sarmiento; 1880, Julio Argentino Roca; 1916, Hipólito Yrigoyen; 1946, Juan Domingo Perón; 1963, Arturo Umberto Illía; 2003. Néstor Carlos Kirchner.

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   Las elecciones de 1868 carecen de sentido real. El ejército volcaba las urnas según indicara el jefe militar de la región. Arredondo jugó sus electores en pos de Sarmiento. Urquiza, con dineros de sobra, los de Córdoba, Entre Ríos, Corrientes, y Salta. El resto del país mantenía cierta fidelidad a la Presidencia. En Buenos Aires, Alsina hace votar lo que mande, y cuenta con Santa Fe. No había representatividad de las minorías, y el que ganaba se llevaba todo. Pero con cuatro candidatos parejos en votos e influencias, había que sentarse a hablar.

   Veinticinco electores reúne la provincia de Buenos Aires, Santa Fe, nueve; dieciséis Córdoba; treinta y cinco La Rioja y Cuyo; Veintidós, Catamarca, Santiago y Tucumán, hechura de los oficialistas Taboada; Urquiza tiene como propios los de Entre Ríos y Salta, diecinueve. Jujuy, con sus siete electores, espera el porvenir. Corrientes (12) dependía demasiado del ejército en guerra, y jugaría para Elizalde. Contando porotos, en julio de 1867:

-Sarmiento-Paunero, 35 electores;
-Urquiza, con 35 electores, los suyos más los cordobeses;
-Alsina-Oroño, 34;
-Elizalde, también acompañado por Paunero en la fórmula, 34.
-A la espera, Jujuy;

   Indefinición.

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Pastoral de Mitre.

   En esos momentos, desde el frente el Presidente da su opinión: En un llamado ‘testamento político’, censuró a Sarmiento, a Alsina y a Urquiza. Don Domingo le responde desde EEUU, “los culones (sic) de Buenos Aires sienten ya, donde les aprieta el zapato. ¿Quién me opondría un candidato rival? ¿Rawson, Elizalde, Paz, Alsina? ¿Con preferencia a mí?”. 

 Se voltean gobiernos como bolas de boliche. La Rioja, Córdoba, Corrientes cambian de manos en asonadas en donde Arredondo, Paunero y Urquiza hacen de todo. No hay claridad hacia el porvenir. 

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“La Capital”.

   En esos momentos Joaquín Granel, senador por Santa Fe, hechura de Oroño, hace lobby rosarino y se vota una ley por la cual Rosario será capital de la República. Andaban detrás de la idea el propio vicepresidente Paz, al cual el diario La Nación acusa de estar de acuerdo por intereses económicos personales.

 El 15 de noviembre de 1867, Urquiza ha sido convencido de las ventajas de un periódico que levante su candidatura presidencial en la ciudad, que haga lobby por la elección de la capital, y se oponga a Oroño: Es el diario La Capital, que todavía sale en nuestros días. 

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La caída de Oroño.

   Los pasos de Oroño venían pa’ la miércoles. Todo Santa Fe está en su contra, aún Rosario a la que creía su bastión. El 22 de diciembre estalla la Revolución.

  Parece que el levantamiento viene con olor a San José, al fin y al cabo pusieron plata en él Urquiza e Iriondo, los interesados en la materia. El ‘Castellano’ porque quiere los votos santafesinos para su candidatura; Iriondo porque quiere manejar la provincia, de una vez por todas. 

  Oroño está jugado. El conflicto con la Iglesia le ha enajenado los favores del Clan Cullen. Su intento de imponer sucesor (su primo Freyre), parecían difíciles. Y la alcurnia santafesina se la juega por Mariano Cabal, empresario, acreedor de los Cullen, y ligado a Iriondo. El clan conservador se lía al líder popular, dejando de lado al liberal liberalísimo.

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   Oroño pide la intervención, que Marcos Paz manda en la figura de Francisco Pico, quien se presenta con un ejército a reponer al gobernador. Hay acuerdos raros en esas noches calurosas de entre fiestas. Aquel se retira legando gobierno en José Ma. Cullen, y éste nombra a Iriondo -¡nada menos- ministro todo poderoso. Oroño se encuentra con Pico, y reasume el mando en Rosario; Mientras Cullen abdica e Iriondo hace nombrar, ante la acefalía, a un integrante de la Justicia, de apellido Braña. Dos gobiernos para una sola provincia.

 En esos momentos culminantes, de tironeos y algunos tiroteos, muere súbitamente de cólera Paz. No hay legislación al respecto, y debe volver Mitre de Paraguay. 

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   Mitre cambia gabinete, reasegura la candidatura Elizalde, pacta con Urquiza, y envía un nuevo interventor a Santa Fe: Eduardo Costa. El interventor se desinteresa de Oroño, y tranza con Cabal, quien le endulza el oído. El mandato provincial termina el 23 de febrero, y asumirá Camilo Aldao, hermano materno de los Cullen. Aldao preside las elecciones a gobernador y a electores nacionales: Sale ganador Cabal, y los electores votarán a Urquiza presidente.

    Así, con pena y glorias, ha terminado Nicasio Oroño su gobernación, quien se va a Buenos Aires como Senador Nacional despotricando contra Iriondo, Mitre y Urquiza.

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Elección presidencial.

   Con Mitre en la Presidencia, se da por descontada la victoria de Elizalde, apoyado precisamente por Urquiza. 

 Adolfo Alsina hace números, entre partidarios que se dan vencidos. En febrero declina su candidatura y apoya la de Sarmiento, desconcertando a propios y extraños. Será Sarmiento-Alsina. Aún así, no la alcanza. En abril se votan los electores, y los números barajados dan Elizalde-Victorica, yerno de Urquiza, 83 votos; Sarmiento-Alsina, 60, aunque se desprende que cuyanos y riojanos votarán a ganador. Pero nadie contaba con la astucia alsinista.

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   En medio de un otoño que transcurre en calma, Alsina lanza en sus diarios una bomba: Le ofrece sus votos a Urquiza, con tal que no gane Elizalde. El Castellano, vanidoso, acepta gustoso y le ofrece la vicepresidencia. Mitre colapsa: Se la han hecho. Mitristas y urquicistas se dicen de todo, se gritan de todo, se agarran a las patadas, y deshacen su alianza. ‘Apóyeme, don Bartolo’, ‘Urquiza nos ha dado el corte de mangas profetizado’, le dice Costa a Mitre. 

  Los electores alsinistas lo van a ver, uno por uno, a consultarle qué pasa: 

-Nada ha pasado, muchachos, voten como les he mando: Sarmiento a presidente, Alsina para vice.

  Y lo dejan sin entender.

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   No había ofrecimiento. Una bomba de humo que divide a sus rivales, mientras cohesiona a los propios: Sarmiento será el próximo presidente. Mitre se la traga entera; Urquiza, mejor entendedor, saluda la jugarreta del Gobernador, y se pone a sus órdenes. 

 El compadrito los acaba de cagar.

ADOLFO ALSINA, Gdor bonaerense, Vicepresidente de la república.

                                                            ADOLFO ALSINA,
                                                             Gdor bonaerense,
                                                    Vicepresidente de la República.

   

1 comentario

  1. Norberto Briggiler

    Desconozco si se va a tratar en otros posts, pero durante este período se produce el primer casamiento civil e interreligioso de la época. Se produjo poco antes de la Ley de Matrimonio Civil promulgada por Nicasio Oroño en la colonia Esperanza. Un inmigrante de origen tirolés, Luis Tabernig (católico como todo austríaco de la época) era hombre destacado dentro de la Colonia, viudo con tres hijas. Se enamora de Magdalena Moritz, protestante alemana- “que hacia 1870 querían casarse y la Iglesia se los impedía. A pesar de todo, el amor –como ocurre siempre- ganó. Y delante de los vecinos de su pueblo, Colonia Esperanza, Santa Fe, la pareja se comprometió públicamente a formar una familia. Fue el primer matrimonio civil de la Argentina, mucho antes que se legislara –en 1888- sobre el tema. Fue el triunfo de la realidad sobre la intolerancia”. Tabernig se apoyó en costumbres ancestrales centroeuropeas, reuniendo a los habitantes de Esperanza en torno a lo que bautizó “Árbol de la libertad”.Si bien hay opiniones encontradas fruto de versiones documentadas y de versiones orales, es un hecho significativo puesto que señala un comienzo de la intervención en temas políticos que excedían el ámbito de las colonias. Esto va a ir creciendo hasta llegar, por ejemplo, a protagonizar una de las Revoluciones se Santa Fe en 1893. Tanto el escenario del conflicto (colonia Humboldt) como la fuerza armada que puso en vereda a tropas nacionales proveniente principalmente de la colonia valesana San Jerónimo Norte. Mucha más información sobre este tema se encuentra en “Artículos relacionados con la cuestión del primer matrimonio civil efectuado en la Argentina” (http://www.zingerling.com.ar/museo/casamiento.htm) y en “Primer casamiento civil en la Argentina” (http://www.zingerling.com.ar/obras/primercasamiento/aloisymagdalena.htm) donde se cita una referencia confirmatoria de Gastón Gori, el historiador más importante del proceso inmigratorio en Santa Fe y de la actividad depredadora de La Forestal.

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