Carlos Pistelli

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Frontón Buenos Aires. 13 de abril de 18990.

Fuente: René Orsi, Alem y Roca, Buenos Aires, Ediciones Theoría, 1994, págs. 392-en adelante.

  Durante el desarrollo del acto del 13 de abril, Emilio Gouchón leyó desde la tribuna la resolución adoptada por “los ciudadanos de la Unión Cívica” que se protocolizaba en esa asamblea:

  1. Constituir un Comité General que represente y presida la Unión Cívica en la capital e invite los demás ciudadanos de la República a organizar centros políticos que respondan a los propósitos que ella persigue, de acuerdo con los principios aclamados en el meeting de la juventud independiente, celebrado el 1° de setiembre de 1889, en el teatro Jardín Florida.
  1. El Comité General se compondrá de una Junta Ejecutiva y de una Comisión de Propaganda.
  1. La Junta Ejecutiva se compondrá de los siguientes ciudadanos: Presidente: doctor Leandro N. Alem. Vicepresidentes: doctores Mariano Demaría y  doctor Bonifacio Lastra. (Demaría era socio de Aristóbulo del Valle en el estudio jurídico y Lastra era hombre de estrecha vinculación con Mitre. R. O.) Tesorero: señor Manuel A. Ocampo. Vocales: doctor Francisco A. Barroetaveña, doctor José Juan Araujo, Enrique S. Quintana, Diego T. R. Davison, Emilio Gouchón, Jorge Morris, Manuel A. Montes de Oca y Ángel Casares, teniente coronel Joaquín Montaña y señores Tomás Santa Coloma, Fermín Rodríguez y Agustín Vidal (El tesorero Ocampo era hijo de quien había sido candidato a presidente de la Nación por los Partidos Unidos en 1886. R.O)  Secretarios: Docotores José S. Arévalo, Joaquín Castellanos, Alberto V. López, Abel Pardo y Narciso Sosa y señores Rufino de Elizalde, Cornelio Saavedra Zabaleta y Rodolfo Solveyra.
  1. Tendrán voz y voto en la Junta Ejecutiva los presidente honorarios de los Clubs Parroquiales, señores: Teniente general Bartolomé Mitre y Teniente general Juan Andrés Gelly y Obes y doctores Bernardo de Irigoyen, Vicente Fidel López, Aristóbulo del Valle, José Benjamín Gorostiaga, Luis Sáenz Peña, Pedro Goyena, Miguel Navarro Viola, Manuel Gorostiaga, Antonio E. Malaver, José Manuel Estrada y Mariano Varela.
  1. La Junta Ejecutiva nombrará las comisiones especiales que juzgare necesario.
  1. Compondrán la Comisión de Propaganda los siguientes ciudadanos: Comisión Nacional: (compuesta por cincuenta y seis personales encabezadas por los presidentes honorarios ya citados de los clubes parroquiales y algunos miembros de la junta ejecutiva); además se contaban, entre otros, los señores Miguel Estévez Seguí, Luis Lagos García, Juan José Montes de Oca, Juan Carballido, Francisco Ramos Mejía, Isaac P. Areco, Emilio Castro, Manuel Láinez, Ambrosio Olmos, Pastor y Felipe Senillosa, José María Rosa, Marco Avellaneda, Belisario Roldán, Juan José Romero, Manuel Obarrio, Emilio Lamarca, Leonardo Pereyra, Miguel Goyena, Francisco B. Madero, coronel Julio Campos, Adolfo Saldías, etc.
  1. Comisión local: integrada por cuatrocientas veinte y ocho personas, algunas de ellas componentes de los organismos anteriormente mencionados; entre ellos pueden recordarse a los señores Joaquín M. Cullen, Alejandro de Nevares, Federico Tobal, Enrique García Merou, Abel Ayerza, Emilio Mitre y Vedia, Juan Carlos Belgrano, Julio Pueyrredón, Damián Torini, Enrique S. Pérez, Antonio Lanusse, Eduardo Compmartín, Miguel Arturo de Gainza, José M. Drago, Juan B. Justo, Federico Ibarguren (h), Enrique Finochieto, Eduardo Oliver, Marcelo T. de Alvear, Santiago O’Farrell, Ángel Ferreyra Cortés, José Matías Zapiola, Ángel Moldes, Guillermo Udaondo, Modesto Sánchez Viamonte, Ángel Gallardo, Martín M. Torino, Mariano Saavedra Zavaleta, Manuel F. Escobar, Tomás Le Bretón, Juan Carlos Milberg, Carlos F. Videla, Julio Moreno, Remigio Lupo, Rodolfo Bunge, Demetrio Sagastume, Claudio N. Stegman, Augusto Belín Sarmiento, Julio Arraga, Delfor del Valle, Carlos M. Urien, Miguel Beccar Varela, Oscar Liliedal, Manuel J. Guerrico, Leandro Pereyra Iraola, Vicente Casares, Jorge Brown Arnold, José M. Mendía” y otros…

Por supuesto que la totalidad de las nóminas, más de quinientas personas (en las que no figura Hipólito Yrigoyen) fue aprobada por aclamación por los diez mil ciudadanos presentes en el local, desde que, a tenor de las crónicas, en la calle se apostaban además de ellos otros veinte mil concurrentes.

.

 Tocó a Leandro Alem, hacer uso de la palabra:

  “Una vibración profunda conmueve todas mis fibras patrióticas al contemplar la resurrección del espíritu cívico en la heroica ciudad de Buenos Aires. 
Sí, señores; una felicitación al pueblo de las nobles tradiciones, que ha cumplido en hora tan infausta sus sagrados deberes. No es solamente el ejercicio de un derecho, no es solamente el cumplimiento de un deber cívico; es algo más, es la imperiosa exigencia de nuestra dignidad ultrajada, de nuestra personalidad abatida; es algo más todavía, señores: es el grito de ultratumba, es; la voz alzada de nuestros beneméritos mayores que nos piden cuenta del sagrado testamento cuyo cumplimiento nos encomendaron.

    La vida política de un pueblo marca la condición en que se encuentra; marca su nivel moral, marca el temple y la energía de su carácter. El pueblo donde no hay vida política, es un pueblo corrompido y en decadencia, o es víctima de una brutal opresión. La vida política forma esas grandes agrupaciones, que llámeseles como ésta, populares, o llámeseles partidos políticos, son las que desenvuelven la personalidad del ciudadano, le dan conciencia de su derecho y el sentimiento de la solidaridad en los destinos comunes.

 ”Los grandes pueblos, Inglaterra, los Estados Unidos, Francia, son grandes por estas luchas activas, por este roce de opiniones, por este disentimiento perpetuo, que es la ley de la democracia. Son esas luchas, esas nobles rivalidades de los partidos, las que engendran las buenas instituciones, las depuran en la discusión, las mejoran con reformas saludables y las vigorizan con entusiasmos generosos que nacen al calor de las fuerzas viriles de un pueblo. 

  ”Pero la vida política no puede hacerse sino donde hay libertad y donde impera una constitución. ¿Y podemos comparar nuestra situación desgraciada, con la de los pueblos que acabo de citar? Situación gravísima no sólo por los males internos, sino por aquellos que pudieran afectar el honor nacional cuya fibra se debilita. Yo preguntaría: en una emergencia delicada ¿qué podría hacer un pueblo enervado, abatido, sin el dominio de sus destinos y entregado a gobernantes tan pequeños?
   Cuando el ciudadano participa de las impresiones de la vida política, se identifica con la patria: la ama profundamente, se glorifica con su gloria, llora con sus desastres y se siente obligado a defenderla porque en ella cifra las más nobles aspiraciones. Pero, ¿se entiende entre nosotros así, desde algún tiempo a esta parte? 

  ”Ya habéis visto los duros epítetos que los órganos del gobierno han arrojado sobre esta manifestación. Se ríen de los derechos políticos, de las elevadas doctrinas, de los grandes ideales, befan a los líricos, a los retardatarios que vienen con sus disidencias de opinión a entorpecer el progreso del país. ¡Bárbaros! Como si en los rayos de la luz pudieran venir envueltas la esterilidad y la muerte. Y ¿qué política es la que hacen ellos? El gobierno no hace otra cosa que echar la culpa a la oposición de lo malo que sucede en el país. Y ¿qué hacen estos sabios economistas? Muy sabios en la economía privada, para enriquecerse ellos: en cuanto a las finanzas públicas, ya veis la desastrosa situación a que nos han traído. 

  ”Es inútil, como decía en otra ocasión: no nos salvaremos con proyectos, ni con cambios de ministros; y expresándose en una frase vulgar: ¡Esto no tiene vuelta! 

  ”No hay, no puede haber buenas finanzas, donde no hay buena política. Buena política quiere decir, respeto a los derechos; buena política quiere decir, aplicación recta y correcta de las rentas públicas; buena política quiere decir, protección a las industrias útiles y no especulación aventurera para que ganen los parásitos del poder; buena política quiere decir, exclusión de favoritos y de emisiones clandestinas.
 
  ”Pero para hacer esta buena política se necesita grandes móviles, se necesita buena fe, honradez, nobles ideales; se necesita, en una palabra, patriotismo. Pero con patriotismo se puede salir con la frente altiva, con la estimación de los ciudadanos, con la conciencia pura, limpia y tranquila, pero también con los bolsillos livianos… (…)

 ”Tenemos que afrontar la lucha con fe, con decisión. Era una vergüenza, un oprobio lo que pasaba entre nosotros; todas nuestras glorias estaban eclipsadas; nuestras nobles tradiciones, olvidadas; nuestro culto, bastardeado; nuestro templo empezaba a desplomarse, y ya parecía que íbamos resignados a inclinar la cerviz al yugo infame y ruinoso; apenas si algunos nos sonrojábamos de tanto oprobio. Hoy ya todo cambia; éste es un augurio de que vamos a reconquistar nuestras libertades, y vamos a ser dignos hijos de los que fundaron las Provincias Unidas del Río de la Plata.”

ALEM

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