Carlos Pistelli

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Estampas de Pueyrredón.

PUEYRREDÓN

                                             PUEYRREDÓN

 .

El Director Supremo que el Congreso de Tucumán elige hace doscientos años, era un patriota sagaz y empedernido, amén de un político sinuoso y de jugar contra los intereses populares. Héroe en las invasiones inglesas, salva parte del desastre producido en Huaqui, forma algún partido en Cordoba, se casa con la hija de uno de los ahorcados de la conjura de 1812, se las agarra con Monteagudo, tras caer derrocado; San Martín lo recupera a la causa patriota y lo hace congresal de Tucumán, por San Luis. Allí lo eligen Director Supremo, acuerda con Güemes, con Belgrano, con San Martín y el cordobés Díaz. Pero fracasa en su concordia con Artigas, quien le declara tras años de lucha:

 “¿Hasta cuándo pretende V.E. apurar nuestros sufrimientos? Ocho años de revolución, de afanes, de peligros, de contrastes y miserias debieran haber sido suficiente prueba para justificar mi decisión y rectificar el juicio de ese Gobierno. Ha reconocido él en varias épocas la lealtad y dignidad del pueblo oriental, y él debe reconocer mi delicadeza por el respeto a sus sagrados derechos. ¿Y V.E. se atreve a profanarlos? ¿V.E. está empeñado en provocar mi extrema moderación? ¡Tema V.E. sólo en considerar las consecuencias!

 Promovida la agresión de Portugal, V.E. es altamente criminal en repetir los insultos con que los enemigos consideran asegurada su temeraria empresa. En vano es que quiera su Gobierno ostentar la generosidad de sus sentimientos; ellos están desmentidos por el orden mismo de los sucesos y éstos llevan el convencimiento a todos de que V.E. se complace más en complicar los momentos que en promover aquella decisión y energía necesarias que reaniman el ánimo de los libres contra el poder de los tiranos.

 De otra suerte, ¿cómo podría V.E. haber publicado el pretendido reconocimiento de la usurpación de la Banda Oriental? Crímen tan horrendo no tiene ejemplo y solo pudieron realizarlo manos impuras. ¿Y V.E. se atrevió a firmar ese reconocimiento? Pero es explicable: él respondía a los misteriosos planes de V.E., derribando el obstáculo que se oponía a la iniquidad de sus miras. Los pueblos, entusiasmados por su libertad conquistada a prueba de grandes sacrificios, debían ser sorprendidos; los peligros aumentaron por instantes y ese reconocimiento, que será un eterno oprobio para su nombre, era el mejor apoyo a las ideas de V.E., apresurándose a dar este paso que manifiesta claramente el objeto de sus reservas teniendo por fin nuestra común perdición. En efecto: conociendo V.E. la dignidad de mi carácter y que un justo reproche debía responder a sus injusticias, siendo el resultado de sus perfidias, sin embargo, éstas fueron las bases de sus fundamentos en que debía adegurarse y escudarse contra los severos cargos de la neutralidad más vergonzosa.

 Invocando esa neutralidad, V.E. ha permitido autorizar el paso de la exportación de trigos a Montevideo, al mismo tiempo que nuestras armas afligían a aquella plaza. V.E. debe confesarlo, aunque pese a su decoro, siendo como es un hecho probado y lo es igualmente para mengua de su nombre, que V.E. ha permitido transportarlos a los pueblos orientales. También se creyó autorizado V.E. para disponer de la escuadrilla con el objeto de promover la insurrección de la Banda Oriental y con esa misma conduca fraguó V.E. el criminal proyecto de repetir por tercera vez nueva expedición contra Santa Fe y reanimar las intrigas del Paraná; por ello protegió V.E. a los portugueses prisioneros que fugaron de Soriano y se creyó autorizado para devolverlos al general portugués. ¿Y cómo no hizo lo mismo ese Gobierno practicando igual generosidad con el Jefe de los Orientales, devolviéndole las armas y útiles de guerra que iban en un buque que fue apresado por esa autoridad? También, en fin, logró V.E. mezclarse para avivar la chispa de la discordia, convirtiendo este país en un incendio: complotándose con los portugueses, tramar la deserción del regimiento de libertos, franquearles el paso y recibirlos en esa, como en triunfo. Un hecho semejante y de igual trascendencia no puede vindicarse sin escándalo. ¿Y V.E. es todavía el Supremo Director de Buenos Aires? ¡Un jefe portugués no habría procedido tan criminalmente!

 Por más que se pudiera hacer figurar el mérito y causas de nustras diferencias, la sana razón dicta que su discurso es inoportuno en presencia del enemigo y del extranjero ambicioso. He dado yo a V.E. más de una vez el ejemplo. ¿Y V.E. se atreve a insultarme? ¡Oh! qué dulce es el nombre de la Patria y qué áspero el camino de la virtud!

 Confiese V.E. que sólo por realizar sus intrigas puede representar el papel ridículo de neutral. Por lo demás, el Supremos Director de Buenos Aires no puede ni debe serlo.

 Pero sea V.E. un neutral, un indiferente o un enemigo, tema con justicia el enojo de los pueblos, que sacrificados por el amor a la libertad nada les acobarda; nada, tanto como perderla… La grandeza de los orientales sólo es comparable a su abnegación en la desgracia, ellos saben acometer y desafiar los peligros y dominarlos; resiten la imposición de sus opresores y yo al frente de ellos marcharé donde primero se presente el peligro. V.E. lo sabe bien y tema la justicia de la reconvención de los pueblos.

 Yo en campaña y envuelto nuestro país entre las sangrientas escenas de la guerra contra los injustos invasores; y V.E. debilitando nuestra decisión y energía, suscitando negocios que no dejan de excitar y probar nuestras justas sospechas. ¡Yo empeñado en rechazar a los portugueses y V.E. en favorecerlos! En mi lugar, ¿V.E. habría mirado con rostro sereno tantas desgracias? Confieso a V.E. que teniendo que violentarme no he podido dominar mi indignación para no complicar los preciosos instantes en que la Patria reclamaba la reconcentración de sus esfuerzos y por la misma razón invité a V.E. con la paz. ¿Y V.E. me provoca a la guerra? Abrí las puertas que debía mantener cerradas por razones poderosas; devolví a V.E. los oficiales prisioneros que aun no habían purgado sus delitos, ni sus agresiones y violencias. V.E. no puede negar ni desmentir esos actos de mi generosidad, sin que los haya igualado ni imitado después de us reiteradas promesas.

 Es verdad que V.E. franqueó algun armamento al sitio (de Montevideo) y Paraná, sin darme el menor conocimiento. Esta doble atención explica el germen fecundo de sus maquinaciones. Convenía a V.E. ponerse a cubierto de las responsabilidades de su inacción ante el tribunal severo de los pueblos. ¿Y cree V.E. eludirla con remisión tan mezquina y rastrera? ¿No acabamos de presenciar sus resultados en las conspiraciones del sitio y del Paraná? ¿Podrá ocultarse a los pueblos que siendo distribuídas esas armas sin el conocimiento de su jefe, esos debían ser los resultados? ¡Deje V.E. de ser generoso si han de experimentarse tan terribles consecuencias! ¡Deje de serviar a la Patria si ha de oscurecer su esplendor con tan negras acciones!

Tòcame antes de concluir expresar que no he perdonado medio ninguno para alcanzar la reconciliación y haciendo un paréntesis a nuestras diferencias invité a V.E. a ese objeto y por deber de sellarla o al menos alcanzar un ajuste preciso para multiplicar nuestros esfuerzos contra el dominio de Portugal. Tales fueron mis proposiciones de junio de este año; pedía al efecto dos diputados autorizados con plenos poderes para estrechar los vínculos de la unión. V.E., no desconociendo su importancia, se comprometió a remitir los diputados; obra en mi poder a este respecto la nota de V.E. datada el 10 del mismo junio. En consecuencia, anuncié a los pueblos el feliz resultado de mi proposición y todos esperaban con ansia el iris de paz y concordia. ¿Cómo era posible esperar que V.E. dejara desairado el objeto de los deseos de estos pueblos? Pero es un hecho, desgraciadamente, que ha sido otro el resultado y que hasta ahora nada ha hecho V.E. a este respecto. Sus procederes han sido muy al contrario de lo que esperábamos y nos prometíamos. Para eludir su compromiso V.E. debía escudarse con el pueblo mismo de Buenos Aires, inventando la vulgaridad de que yo había ofrecido a V.E. esos diputados que e esperaban con ese objeto.

 Mis palabras tienen el sello de la sinceridad y la justicia y si V.E. ha apurado mi moderación, mi honor reclama cuando menos mi vindicación. Hablaré por esta vez y hablaré para siempre. V.E. es responsable ante la Patria de su inacción y perfidia contra los intereses generales. Algún día se levantará ese tribunal severo de la Nación y administrará justicia equitativa y recto para todos.

 Entretanto, invito a V.E. a combatir al frente de los enemigos con decisión y energía y ostentar las virtudes de las almas patriotas que hacen glorioso el nombre americano”.

Purifiación, 17 de noviembre de 1817.

(Fuente: ANTONIO DIAZ, El General Artigas ante la Historia.)

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  Artigas había descrito al tipo. Un inactivo y pérfido secuaz, de esos que la historia hace prócer. Lo inentendible es como San Martín se equivocó con él.

Continuará…

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https://carlospistelli.wordpress.com/2016/04/19/historia-de-santa-fe-santa-fe-19-de-abril-de-1816-la-parada-de-vera-situacion-nacional/

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