Carlos Pistelli

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El jaqueado gobierno de Irigoyen en Bs As, 1897-1902. Una ‘intransigencia’ rara.

Don Bernardo

IRIGOYEN, Libro de Pepe Rosa.

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  El 1° de mayo de 1898 don Bernardo de Irigoyen asumió la gobernación bonaerense. Estaba próximo a cumplir 77 años, pero no fue la edad un impedimento para una ejemplar tarea gubernativa. Fue, muy en cambio, las reglas políticas de su tiempo, un partido en crisis, y una Constitución vigente que complicaba el eterno presidencialismo nativo, una Constitución que establecía un gobierno parlamentario y municipios autónomos. Conformó gabinete con don Adolfo Saldías, historiador consagrado, alemnista, en Obras Públicas y Marcelino Ugarte, pellegrinista, en hacienda, ministros aprobados por la Legislatura. Pero Joaquín Castellanos, alemnista, designado en gobierno, ni Telémaco (sic) González para la jefatura policial lo tuvieron, quedando acéfalos los cargos largos meses.

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https://carlospistelli.wordpress.com/2015/12/27/v-don-bernardo-de-irigoyen-el-gobernador/

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Truquear para ascender.

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  Tras el fracaso de su candidatura presidencial, denominada “Acuerdo de las paralelas”, don Bernardo había desistido ya de impulsar su renombre en la política vernácula. Su partido estaba en crisis terminal, y sus allegados medraban algunos cargos que pudieran encontrar. Roca tenía asegurada su segunda presidencia, y, como siempre, se declaró prescindente de la cuestión bonaerense, que manejaba Carlos Pellegrini.

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  Gobernaba Buenos Aires (1894-1898), don Guillermo Udaondo, tras un acuerdo de su partido, el mitrista, con el vacuno liderado por Pellegrini, en desmedro de la UCR. Tres partidos disputaban Bs. As. y Udaondo chuequeaba de un pie, porque cada decisión de gobierno necesitaba acuerdo parlamentario, en donde era primera minoría, pero minoría al fin. Al promediar el segundo semestre de 1897, Udaondo urdió con un sector del autonomismo pellegrinista una componenda para sostener sucesor. Esperaba asegurar la elección del 5 de diciembre.

  El Radicalismo, dividido desde el Septiembre, estaba en pleno proceso de reorganización. 76 comités locales, de 92, se habían declarado por la Intransigencia Yrigoyenista (por Hipólito Yrigoyen, jefe bonaerense), obligando a don Bernardo, nominal Presidente partidario a nivel nacional, a reformular un Comité Provincia oficialista.

  Con la muerte de Leandro Alem, que antes, el 1° de julio de 1896, radicales bonaerenses y radicales nacionales andaban por caminos separados aunque mantenían la ficticia unión partidaria. En 1897, unas fraudulentas elecciones provinciales dieron una dura derrota del Radicalismo, e Hipólito instó a sus seguidores a no asumir las bancas obtenidas en protesta. Por apenas dos votos el Comité aprobó las palabras del ‘Jefe’, pero las bases, es decir, los Comités locales, se rebelaron y obligaron a Yrigoyen a volver tras sus pasos. Desde el bernardismo aplaudieron, y disfrutaron, la medida, y acusaron a Hipólito de no conducir electoralmente al partido, que venía mermando votos desde 1894. La ruptura de Septiembre, con duelo incluido, fue una devolución hipolitista de gentilezas al bernardismo. Desde entonces actuaron por separado.

  El 14 de noviembre, en La Plata, se reúnen los yrigoyenistas, dándole un duro golpe a su ‘Jefe’. Presentarán candidatos a electores, como se elegía indirectamente al Gobernador de turno. Los bernardistas, reorganizados, no hicieron menos.

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   Atento a la crisis de su partido, Pellegrini intentó infructuosamente impedir la ruptura. De resultas se conformó un Comité Independiente del PAN, presidido por el general Fco. Bosch. El “gringo”, rumió su fastidio, y se preparó para organizar la mayor componenda de la historia.

  Unión   Cívica   Nacional,   35.548;   Partido   Autonomista   Nacional,   23.031;   Nacionales Independientes,   8.327; Radicales   oficialistas,   7.248   y   radicales   intransigentes,   8.178. Según   dichos   resultados,   correspondía   dividirse los electores   de   la   siguiente   manera: UCN, 52; PAN, 31; Nacionales independientes, 10; UCR oficial, 6 y UCR intransigente, 15,   sumando   un   total   de   114   electores   razón   por   la   cual,   ninguno   de   los   sectores   en pugna tenía la mayoría para imponer su candidato, dice Fernando Barba en su artículo El gobierno de Bernardo de Irigoyen, las disidencias de la Unión Cívica Radical y el triunfo de los Partidos Unidos en la Provincia de Buenos Aires. Todo quedaba abierto, porque ninguno contaba con los 58 necesarios. Lo inexplicable, como siempre, es como el mitrismo no impuso voluntad.

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La muñeca pellegrinista.

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   Los autonomistas disidentes, considerándose árbitros de la situación, pidieron el premio mayor, deshaciendo la alianza con el oficialismo mitrista. Alguien le fue con el cuento a Roca, presidente provisorio por enfermedad del titular (Evaristo Uriburu), pero el “Zorro” volvió a declararse prescindente.

  Pellegrini afinó el lápiz. Por intermedio de Delfor Del Valle le ofreció el concurso de sus electores a Hipólito, quien desistió del mismo.PELLEGRINI Insistió, con otro propósito, para evitar el triunfo mitrista. Armó una estratagema de unir a los dos radicalismo, y sus partidarios, para ungir a nada más ni nada menos que a don Bernardo, reticente al principio. Todo el verano de 1898 se fue y se vino entre componendas, quedando desahuciado Udaondo, a quien no le faltaba cintura. Enfrente estaba el “Gringo”, que no es poca cosa. .

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   Don Bernardo quedó convencido, y ganó la elección. Sus partidarios apenas habían sacado el 8,80% de los votos. Las componendas que permitía los enjuagues en los Colegios Electorales daban para la cualquier cosa.

  61 electores eligieron a don Bernardo, en arreglos que hizo la Legislatura, coaligada de los dos radicalismo y el pellegrinismo, con tal de vencer a los mitristas, quitándoles a estos, algunos electores bien ganados. Bah ‘bien ganados’. Había distritos en donde había más votos que inscriptos a votar, y la legislatura dictaminó que se respetara el caso donde se diera que los votos eran menos a los inscriptos. De ese modo, se aumentó el caudal de electores pro-bernardistas, ganándoles la elección al mitrismo. Los ‘hipolitistas’ impusieron, tras dudas y del propio candidato, a don Alfredo De Marchi, amigo personal de Hipólito, como compañero de fórmula.

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  Pellegrini, quien se había burlado de las paralelas entre mitristas y radicales, presidía una de colectoras que dejaban a las paralelas hechas un poroto.

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El ‘intransigente’ Hipólito.

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  Triunfantes los “radicales”, Don Bernardo recibió el 16 de marzo a Hipólito, en lo que sería la última vez que se verían las caras. 

  ¡Qué sistema electoral tenía la Provincia! No es como ahora que se vota junto a la elección nacional dejando la autonomía electoral bonaerense en el rincón de los buenos recuerdos. Desde marzo de 1897, fueron cuatro veces a votar, y lo harían dos veces más, para computar seis en un año: A saber, legisladores provinciales, elección municipal, elección de electores para Gobernador, diputados nacionales, diputados provinciales (21/03/1898) y finalmente electores presidenciales.
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   Hipólito pidió la mitad de los cargos posibles y la jefatura de la policía, clave cargo, para su hermano Martín. Don Bernardo, que debía equilibrar con el pellegrinismo y sus propias huestes, no aceptó. ¡Y la intransigencia, Hipólito!. ¿En dónde había quedado?. El 21 reorganizó una fuerza que denominó Partido Radical, que se presentó el 27 sacando la friolera cifra del 20%. El bernardismo sacó menos de la mitad de esos votos. Ante el franco camino de disolución que corría el Radicalismo, Yrigoyen volvió tras sus pasos, y readoptó su posición original de táctica abstencionista. Le iba en juego, y tomando un porvenir desventuroso, la vida, de no hacerlo. Aún así, sufrió un nuevo levantamiento partidario, formándose un tercer radicalismo, equidistante del suyo y del bernardista, que entró en componendas con el mitrismo. Y no terminaba el mandato de don Bernardo, sin formarse una cuarta expresión partidaria, que respondía al caudillo Víctor Molina, futuro alvearista, viejo tertuliano de Alem.

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  Jaqueado por dentro y por fuera, sin apoyos sólidos ni garantías permanentes, con la imposibilidad de acordar hasta sus ministerios en la Legislatura, don Bernardo se tomó una prolongada licencia ‘por salud’. De Marchi, con la venia del Gobernador, desplazó a los bernardistas del gabinete (Joaquín Castellanos, uno de ellos, no así Saldías) y procuró formar gobierno, entre otros, con Marcelo Alvear y Delfor Del Valle, hechuras hipolitistas. Estamos a enero de 1899. Fernando Saguier era cabeza del ‘entuerto’. Yrigoyen, resignado, ni mostraba ya signos de liderazgo entre sus fieles, en donde también se juntaban nada menos que José Luis Cantilo y Luis Monteverde, futuros gobernadores en sus tiempos presidenciales.

  A nada se llegó. Don Bernardo recuperó el cargo, pero no el gobierno, recostándose en el pellegrinismo. A veces se le acusaba de no saber mandar, y en otras se ponderaba su gestión acusando a la legislatura (dos veces intervenida por el Poder Ejecutivo Nacional) por obstruccionista. A tal punto de desgobierno se había llegado, que en las elecciones de marzo de 1899 se votó en paralelo.

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  En comicios organizados en parroquias e iglesias, votaban autonomistas y bernardistas. En mesas escolares, mitristas, autonomistas disidentes y radicales bonaerenses. ¡La cualquier cosa!. ¿A quién daría como válida la Junta Electoral?. El Gobernador se inclinó por la primera, pero al reunirse la Asamblea Legislativa, De Marchi presidió la que aprobaba la segunda. Fue de tal tamaño el escándalo, en tiempos escandalosos, que a Roca, presidente, no le quedó otra que intervenir la legislatura en la figura de Marco Avellaneda. Pero ni con eso terminarían los problemas de gobierno.

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Un gobierno ejemplar.

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  La gobernación de don Bernardo fue meritoria, tomando en cuesta este desastre administrativo, que pasaban por meses el no percibimiento de haberes, Como dice Leonardo Hirsch: “(..) promovió la creación de la “Dirección de Desagües” para enfrentar las inundaciones en el sur de la provincia; fomentó la investigación científica relacionada con diversos aspectos de la producción agropecuaria; impulsó la colonización en el oeste al dividir las tierras fiscales existentes en los partidos de Guaminí y Trenque Lauquen; amplió la red ferroviaria con la construcción de nuevas líneas; reglamentó la construcción de ferrocarriles económicos y se preocupó especialmente por la construcción de canales navegables“. Al finalizar su mandato, reprocharía con sorna a la Legislatura su labor inconclusa.

  Sus pocos fieles terminaron en un conglomerado electoral llamado “Partidos Unidos”, liderados por el caudillo roquista Félix Rivas, quien con la venia presidencial, se había rebelado al pellegrinismo, tras la ruptura Roca-Pellegrini en 1901. No son nombres de ocasión: Barroetaveña, Liliedal, Castellanos, Saldías, Alejandro Korn, notable intelectual de su tiempo, entonces radical, Manucho Iriondo, Matienzo, Rómulo Naón, Vicentito Gallo, De Marchi mismo. Saguier, solito y solo, mantenía con algunos pocos la ‘intransigencia’. Estos partidos unidos ganaron la gobernación, imponiendo a don Marcelino Ugarte en el sillón de Tejedor. Pero si Ugarte había ganado con cierta venia de Roca, eso no quitó que don Bernardo, electo senador nacional, siguiera oponiéndose al “Zorro”.

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  yrigoyenEsa trama de partidos que se deshacían a la semana del comicio, y a veces menos, demuestra que eran los acuerdos de notables, y ni eso, los que dirimían la verdá de la milanesa. Del Valle y Alem, románticos incurables, vencidos intentando formar un partido de opinión, parecían haber prefijado el camino radical con sus muertes, en 1896, de un partido llamado a disolverse para siempre. De no ser por el discípulo dilecto de ambos, aprendiz, de una vez por todas, que sus maestros no eran unos borrachines sin tino pa’ la organización. Había aprendido, en seis meses, en el descalabro al que había llevado a la UCR, que había que confiar un poco más en sus principios y valores, que en los curros que suele tener la política para sobrevivir. Hipólito Yrigoyen se preparaba para ser el Caudillo Popular que la República necesitaba.

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Páginas consultadas:

https://www.bancoprovincia.com.ar/Jauretche/revista-forjando/68

http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.229/pr.229.pdf

http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/hora.pdf

https://carlospistelli.wordpress.com/2015/12/27/v-don-bernardo-de-irigoyen-el-gobernador/

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