Carlos Pistelli

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III. Congreso de Tucumán. Alocución de Belgrano.

  Es bien conocida la presentación de Belgrano el 6 de Julio de 1816 ante los congresales en sesión secreta. Podríamos decir que la charla con el prócer máximo de la Patria influyó para que finalmente declararan la Independencia. Era sábado, y el viejo y querido vocal de la Primera Junta, patriota sin igual, los exhorta de tal manera, que no había vuelta atrás, viejo: Es tiempo de declararla.

Manuel Belgrano 

  Belgrano vino a poner claridad entre tantos desbarajustes. Como bien dice Gabriel Turone, en su blog revisionistas: En la sesión secreta del 6 de julio de 1816, Manuel Belgrano –tal cual se dijo anteriormente- expresó sus puntos de vista sobre la forma de gobierno más conveniente según su visión de la realidad europea de ese momento. Belgrano propuso una monarquía moderada en la dinastía de los incas. Su propuesta contó con el apoyo de algunos diputados. Pero la opinión mayoritaria se inclinaba por la entronización de un príncipe europeo en una monarquía constitucional independiente de toda dominación extranjera. “Que había acaecido una mutación completa de ideas en Europa en lo respectivo a la forma de gobierno. Que como el espíritu general de las naciones, en años anteriores, era republicarlo todo, en el día se trataba de monarquizarlo todo. Que la nación inglesa, con el grandor y majestad a que se ha elevado, no por sus armas y riquezas, sino por una constitución de monarquía temperada, había estimulado a las demás a seguir su ejemplo. Que la Francia la había adoptado, Que el rey de Prusia, por sí mismo, y estando en el goce de un poder despótico, había hecho una revolución en su reino, y sujetándose a bases constitucionales iguales a las de la nación inglesa; y que esto mismo habían practicado otras naciones”; que “en su concepto la forma de gobierno más conveniente para estas provincias sería la de una monarquía temperada; llamando la dinastía de los Incas por la justicia que en sí envuelve la restitución de esta Casa tan inicuamente despojada del trono”. Este informe de Belgrano al Congreso fue comentado por Tomás Manuel de Anchorena a Rosas, en una carta fechada el 4 de diciembre de 1846.

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   El blog http://www.me.gov.ar/efeme/9dejulio/congreso.html resume del siguiente modo lo actuado por el Congreso hasta entonces:

Los diputados Esteban Agustín Gazcón, Teodoro Sánchez de Bustamante y José Mariano Serrano presentaron un plan aceptado por todos y cuyos puntos fundamentales fueron:

  1. Comunicarse con todas las provincias para insistir en la necesidad de unión y así enfrentar al enemigo externo.
    Declarar la Independencia.
  2. Discutir la forma de gobierno más conveniente para las Provincias Unidas.
  3. Elaborar un proyecto de Constitución.
  4. Preparar un plan para apoyar y sostener la guerra en defensa propia, proveyendo de armamentos a los ejércitos patriotas.

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  Pepe Rosa es más explícito, probando ser el maestro de la historiografía revisionista:

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  Pepe recuerda que solo los diputados de Tucumán y Jujuy tenían instrucciones de declarar la Independencia. Y es posible. Ahora, ¿iban a hacer semejante viaje para juntarse a comer empanadas, tomar vino y corretear las hermosas tucumanas, todos los muchachos?. La carne es débil, pero si los convocaron para algo, era para declarar la Independencia, que duda cabe.

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  Floria y García Belsunce hablan que en el Congreso actuaban tres grupos, pero que al menos en los hechos no actuaron “partidariamente”: los centralistas que respondían a Buenos Aires, Cuyo y algunos dispersos del interior (¿la Logia Lautaro renacida?), los altoperuanos, queriendo alguna autonomía de Buenos Aires, pero sin mostrar mayores reparos, y los cordobeses,  que eran minoría. Pero creo pasan por alto la importancia de Güemes y su liderazgo, con el cual, entiendo, los cordobeses buscaron liar su destino.

  Nos recuerda Juan Pablo Bustos Thames, que el fray Cayetano Rodríguez se indignó ante la protesta de ir a juntarse al Tucumán: “Ahora encuentras tú mil escollos para que el Congreso sea en Tucumán. ¿Y dónde quieres que sea? ¿No sabes que todos se excusan de venir á un pueblo á quien miran como un opresor de sus derechos que aspira á subyugarlos? ¿ No sabes que aquí las bayonetas imponen la ley y aterran hasta los pensamientos ? ¿ No sabes que el nombre porteño está odiado en las Provincias Unidas ó desunidas del Río de la Plata ? ¿ Qué avanzaríamos con un Congreso en donde no haya de presidir la confianza y la buena fe? ¿ Te parece que aquí mismo se desea la reunión en este pueblo? Pues te engañas… ¿Dices que no hay talentos? Sobran. Yo quisiera mejores corazones, buena fe, amor al bien común, unión, virtudes. Esto subroga muy bien á los talentos sublimes, á los grandes ingenios, y reniego de éstos cuando faltan aquéllo”.

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   Nuestro querido y nunca mejor ponderado don Felipe Pigna nos trae del recuerdo las palabras de Manuel Belgrano aquel 6 de Julio de 1816:

 Dijo: 1) que si la Revolución había merecido en un principio sim­patías de las naciones europeas “por su marcha majestuosa”, en el día y debido a “su declinación en el desorden y la anarquía… sólo po­díamos contar con nuestras propias fuerzas”; 2) que las ideas republi­canas ya no tenían predicamento en Europa y ahora “se trataba de monarquizarlo todo”, siendo preferida la forma monárquica-constitucional a  la manera inglesa; 3) que la forma de gobierno conveniente al país era, por eso, la monarquía “temperada” llamando a la dinastía de los Incas “por la justicia que envuelve la restitución de esta Casa tan inicuamente despojada del trono”, el entusiasmo general se despertaría en los habitantes del interior, y podía “evitarse así una sangrienta revolución en lo sucesivo”; 4) que España estaba débil por la larga guerra contra Napoleón y “las discordias que la devoraban’, pero con todo “Te­nía más poder que nosotros y debíamos poner todo conato en robustecer el ejército”; que Inglaterra no ayudaría a España a subyugarnos, “Siem­pre que de nuestra parte cesasen los desórdenes”; 5) que la llegada de tropas a Brasil no tenía miras ofensivas contra nosotros, y sólo “precaver la infección (del artiguismo) en el territorio del Brasil”; que el carácter del príncipe don Juan era pacífico y “enemigo de conquistas”, y estas provincias no debían temer movimiento de aquellas fuerzas.

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  Y finalmente, volvemos a citar a Felipe, queridísimo amigo si los hay, al recordarnos la visión de Mitre al respecto:

  El Congreso de Tucumán, a cuyo lado iba a ponerse Belgrano, era la última esperanza de la revolución: el único poder revestido de alguna autoridad moral, que representase hasta cierto punto la unidad nacional; una parte de las provincias se había sustraído a la obediencia del gobierno central, y éste, asediado por las agitaciones de la capital, y por las atenciones de la guerra civil, apenas dominaba a Buenos Aires. En tal estado estas cosas, la reunión de un congreso era la última áncora echada en medio de la tempestad.
  Aquel Congreso, que debe su celebridad a la circunstancia de haber firmado la declaratoria de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, representa uno de los más raros fenómenos de la historia argentina. Producto del cansancio de los pueblos; elegido en medio de la indiferencia pública; federal por su composición y tendencias y unitario por la fuerza de las cosas; revolucionario por su origen y reaccionario en sus ideas; dominando moralmente una situación, sin ser obedecido por los pueblos que representaba; creando y ejerciendo directamente el poder ejecutivo, sin haber dictado una sola ley positiva en el curso de su existencia; proclamando la monarquía cuando fundaba la república; trabajando interiormente por las divisiones locales, siendo el único vínculo de la unidad nacional; combatido por la anarquía, marchando al acaso, cediendo a veces a las exigencias descentralizadoras de las provincias, y constituyendo instintivamente un poderoso centralismo, este célebre Congreso salvó sin embargo la revolución, y tuvo la gloria de poner el sello a la independencia de la patria. La Asamblea de 1813 había constituido esencialmente esa independencia en una serie de leyes inmortales, y el Congreso de Tucumán al declararla solemnemente, no hizo sino proclamar un hecho consumado, y dictar la única ley que en aquella circunstancia podía ser obedecida por los pueblos.

  Arreglado este punto capital, el Congreso formuló a la manera de tesis o problemas por resolver, el programa de sus trabajos legislativos, convocando a todos los ciudadanos a una especie de certamen político. Este programa comprendía el deslinde de las facultades del Congreso; la discusión sobre la declaración solemne de la independencia política de las Provincias Unidas; los pactos generales de las provincias y pueblos de la Unión como preliminares de la Constitución; la adopción de la más conveniente forma de gobierno; la Constitución adaptable a esta forma; el plan de arbitrios permanentes para sostener la lucha; el arreglo del sistema militar y de la marina; la reforma económica y administrativa; la creación de nuevos establecimientos útiles; el arreglo de la justicia; la demarcación del territorio; el repartimiento de las tierras baldías, y la revisión general de todo lo estatuido por la anterior Asamblea o por el Poder Ejecutivo, ya fuese en forma de leyes o de reglamentos.

  En medio de tantas facultades, el Congreso supo elevarse a la altura de la situación, dando nueva vida a la revolución y nuevo ser a la República, por un acto vigoroso, que hará eterno honor a su memoria mientras el nombre argentino no desaparezca de la tierra; el acto que aconsejaba la misma prudencia, porque era lo único que el Congreso podía mandar, por ser lo único que los pueblos estaban dispuestos a obedecer. Tal fue la declaratoria de la independencia.

  El Congreso de Tucumán, penetrado de las ideas antes indicadas, dio oídos al clamor universal de los pueblos, que pedían la emancipación de la España, y de acuerdo con sus dos ilustres sostenedores, San Martín y Belgrano, decidióse al fin a proclamar a la faz del mundo, la existencia de una nueva nación. Reunido en su sala de sesiones el día 9 de julio de 1816, se puso a discusión la cuestión de la Independencia del país, señalada en el programa de sus trabajos. Un pueblo numeroso llenaba la barra. Don Narciso Laprida presidía la sesión. Formulada por el secretario la proposición que debía votarse, interrogó a los diputados: “¿Si querían que las provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España”. Todos a la vez, y poniéndose espontáneamente de pie contestaron por aclamación que sí, “llenos del santo amor de la justicia”, según las palabras del acta, y uno a uno sucesivamente reiteraron su voto por la independencia del país, en medio de los aplausos y de los vítores del pueblo, que presenciaba aquel acto memorable. Extendióse en seguida el acta, en la que, “invocando al eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representaba”, el Congreso declaró solemnemente: “que era voluntad unánime de las Provincias Unidas de Sud América romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar sus derechos, investirse del alto carácter de nación libre e independiente, quedando de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exigiere la justicia”.

  El 21 de julio se juró solemnemente la independencia en la sala de sesiones del Congreso con asistencia de todas las autoridades civiles y militares de Tucumán, protestando todos ante Dios y la Patria, “promover y defender la libertad de las Provincias Unidas, y su independencia del rey de España, sus sucesores y metrópoli, y de toda otra dominación extranjera”, prometiendo sostener este juramento, “hasta con la vida, haberes y fama”.

( http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/independencia/el_congreso_de_tucuman_segun_bartolome_mitre.php )

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  La Revolución estaba así, junte los dedos índice y pulgar pa’ entenderlo, de declarar la Independencia. Y si algunas dudas les quedasen, mañana les cuento como los presionaba San Martín.

Continuará…

 

NOTAS AL RESPECTO:

http://esaviejaculturafrita.blogspot.com.ar/2012_03_03_archive.html

https://carlospistelli.wordpress.com/2016/07/04/ii-congreso-de-tucuman-por-que-no-participa-el-litoral/

http://www.revisionistas.com.ar/?p=1654

3 comentarios

  1. Norberto Briggiler

    Conclusiones sobre Fraile Muerto
    Si bien estoy un poco estancado por motivos personales (ni históricos ni políticos), algún tiempito me hago para despuntar el vicio, de modo que seguí sus pimporroteos por Fraile Muerto. En medio del asunto e llevé una sorpresa no esperada, y espero haberme equivocado.
    Parece que a don Pistelli le picó el bichito de la oratoria, que puede ser un sígno bueno o malo de su futuro. Leyendo las entradas en el blog, comentarios en face y la prensa bellvillense estoy casi tan a oscuras como antes. Por un lado me alegra la posibilidad de que el ejercicio de una oratoria satisfactoria sea signo de la aguda depresión política que le dio después del triunfo de Macri y su perrito faldero Sanz. Después me asaltó la duda, porque no sé interpretar la hospitalidad de sus anfitriones (presidente del Concejo Deliberante e Intendente) que entiendo que eran de la lista de Magneto.
    ¡Uy, uy, uy, uy, uy, uy,! Quise verificar sus exactas palabras en la última entrada y empecé como el difundido pájaro del Norte que ostenta tan intempestivo nombre. Un tremendo 404 (los canas de tránsito en la nube que hacen el papel de carroñeros) derivó una nueva redacción, con un conjunto de afirmaciones autoritarias, que me recuerdan los tiempos previos a la dictadura genocida. Contrastan mucho con lo que yo había leído de las entradas, aunque un alegre comentario lo permite recuperar parcialmente en
    http://www.informabellville.com.ar/?p=24520
    Ahora empieza a aclararse la cosa, y a reunirse con viejos recuerdos de mis épocas universitarias. Me refiero a los tiempos en que, en Santa Fe de la Vera Cruz, se parafraseaba a San Martín con ”Serás lo que debas ser, o si no serás abogado”. En el Colegio Nacional uno veía en el patio central a un nervioso Marcelito que hoy es embajador en Colombia, y a su hermano Alfredito que, cerca ya de la huída del gobierno por parte de Alfonsín, viaja a Mendoza para intentar arreglar un conflicto con docentes, pero huye de una delegación de padres (tenían detrás una columna de 2000 padres de todos los colores políticos), y resuelve el conflicto negociando con los gordos sindicales en Buenos Aires. Digamos que fueron dos fuertes defecciones al alfonsinismo público. Prefiero no profundizar en el origen político de una de las bases del MRC.
    Entonces le haré algunas observaciones, sin otro derecho que haber alentado la esperanza de que no se perpetuaría la división en el campo nacional y popular, y que habría radicales que caminarían junto a peronistas, formando la columna vertebral definitiva que alcanzaría la real libertad para nuestra nación. Esa que reclamaba San Martín como objetivo supremo, que reclamó como tres estentóreos toques de clarín López y Planes en el himno.
    Voy a recordarle algunos olvidos que desmienten alegres citas a Pigna y Mitre.
    La independencia no era el reclamo de los pueblos, los pueblos querían cambios sociales.
    La independencia fue el reclamo de los líderes que interpretaron y canalizaron ese reclamo con propuestas muy diversas, plasmadas en un plan de acción que no se cumplió porque no se podía cumplir con buena parte de los diputados elegidos en Buenos Aires independientemente de la provincia representada. El factótum del Congreso, Mariano Serrano, fue diputado por Charcas, plácidamente controlada por los realistas.
    El tiempo me permite solo un picadito de observaciones para hacer memoria, luego de recordar cuál era el factor que teñía todos los espíritus )y no sé por qué omitió su mención don Pistelli. Morillo, el Pacificador, había preparado una gigantesca fuerza expedicionaria para sofocar los rebelditos del Río de la Plata. Sin embargo, la expedición fue desviada a Tierra Firme (Venezuela y Colombia) por el renacimiento de fuerzas patriotas. El favor fue devuelto años más tarde con el triunfo en Maipú.
    Las provincias del litoral no enviaron diputados por sentido común, ya que tenían solamente dos posibilidades. Traición a sus ideas, o cana o boleta según antecedentes. Además, quién bancaría el liderato en la lucha contra realistas y portugueses.
    No se menciona la sesión secreta posterior, donde se pierden en el olvido.
    Voy a sintetizar otra ley bajo mi nombre, en nuestra política, basta morirse para ser beatificado. Y si se muere en la pobreza se llega a San Gardel. Por favor, al César lo que es de César y a Belgrano nunca el mito fundador (no fundante) de Mitre. Sería mejor decir una tradición inventada al estilo Hobsbaum. La figura no es San Belgrano, si tenemos en cuenta que terminó por obedecer la orden de mover un ejército contra los federales, comenzando por la provincia más pequeña, más joven más pobre y más devastada, Santa Fe. Comparemos con la conducta de San Martín que desobedeció lisa y llanamente. En cambio, escribió sendas cartas conciliadoras al Brigadier López y al Protector Artigas. Aunque fueron interceptadas y no llegaron a destino, no eran necesarias. Cuando San Martín regresa a Europa, recibe noticias del mal llamado presidente, el taimado Rivadavia lo esperaba para hacerle juicio, López ofreció acompañarlo. Volver a usar el palenque en medio de la plaza de Mayo no sería molestia excesiva.
    Respecto al plan de trabajo preparado por Medrano y compañía, José María Rosa se equivoca al descuidar el uso del lenguaje. El Congreso pasó por alto los dos primeros puntos del plan porque lo impuso la vida. Fernandito de España ya había comprometido el envío de una fuerza punitiva al Río de la Plata y nadie tenía la bola de cristal de que la Santa Alianza no daría bola.
    Aún así, la expedición se form´´o pero no partió por la insurrección de Rafael del Riego, un militar liberal que quería recuperar la Constitución de 1812, un militar liberal (tal como San Martín lo fue). Todos los puntos del plan posteriores se pueden englobar en prepara una Constitución más algunas leyes. La constitución se hizo siguiendo un esquema monárquico, sin poner nombre a la forma de gobierno y a los títulos de nobleza. De haberse aceptado, tal vez hoy admiraríamos a un vizconde de Fraile Muerto.
    Ojalá que lo escrito se deba a un gran error de mi parte.

    • Melina Perez

      Belgrano fue un gran hombre, más allá de todos sus errores militares, porque él nunca lo fue. Déjame contestarte que no estoy a favor de lo que dices, debes saber que Manuel Belgrano es quien nombra ‘Comandante Principal de las Milicias Patrióticas’ a Artigas para que proteja a la Banda Oriental, como también es quien no desobedece pero tampoco ataca y arrasa a los federales, es más, él manda a un pequeño grupo a Santa Fe, luego de varios días hacen el tratado de San Lorenzo y esto Belgrano mismo lo festeja en una de sus cartas dirijas a Guemes expresando que “su corazón ahora está mucho más tranquilo”. Belgrano se merece el “título” que tiene, y mucho más porque él pensó al país desde la política y siempre demostró saber bien lo que hace, ya que hoy en día sucede todo lo que Belgrano dijo en su tiempo, más precisamente 1800. No es lindo leer que solo San Martín se merece ser el padre de la república, ya que tanto él como Guemes y Belgrano querían una monarquía, aunque con un Inca, y él solamente participo en la batalla de San Lorenzo. Puede que esto se lea como algún capricho mío, pero me enoja leer que solo es San Martín y ni Belgrano ni mucho menos Guemes. Si bien entiendo que San Martín dijo que no a participar en la guerra civil, Belgrano solo obedeció a medias se podría decir, y avanzó hasta donde pudo en Santa Fe, tampoco quería participar en la guerra y él mismo se lo informa a Pueyrredón en una carta: “Hay mucha equivocación en los conceptos: no existe tal facilidad de concluir esta guerra; si los autores de ella no quieren concluirla, no se acabará jamás… El ejército que mando no puede acabarla, es un imposible. Su único fin debe ser por un avenimiento… o veremos transformarse el país en puros salvajes…” entiendo que la guerra civil era totalmente absurda, cosa que era verdad, al fin y al cabo parecíamos puros salvajes en nuestra propia guerra civil. Me parece que tanto Belgrano como Guemes y San Martín deben estar en el mismo puesto, los tres como nuestros padres de la patria, y por qué no también incluir a Artigas que se lo merece.

      Manuel Belgrano se quejaba a las autoridades nacionales de la inutilidad de esa guerra y advertía al gobierno que la población de las provincias estaban descontentas del centralismo. Y si, al fin y al cabo pareciera un capricho mío, lamento lo escrito principalmente, pero Belgrano es igual de valeroso que San Martín.

      Saludos.

      • Para comenzar, quiero destacar que buena parte de lo que dices en polémica conmigo no corresponde puesto que no pienso así, no lo he dicho ni lo he escrito. Más aún, con varias de las afirmaciones que hacés sobre Belgrano estoy de acuerdo. Realmente no sé por qué me atribuís tantas cosas que no corresponden. No te conozco, por eso no puedo decidir si esa tergiversación, deformación o invención de lo que opino es la falacia del hombre de paja, muy utilizada en la retórica de políticos.
        Me va a costar más trabajo pero voy a tener que mostrar que no es cierta tu afirmación de que “… él manda a un pequeño grupo a Santa Fe, luego de varios días hacen el tratado de San Lorenzo” Las fuerzas que mandó a Santa Fe podrán ser un pequeño grupo comparándolo con las fuerzas controladas por Buenos Aires, pero no con las de la provincia atacada.
        La historia completa es la siguiente:
        1) Artigas lideraba la resistencia a la invasión portuguesa, a sabiendas de que el gobierno de Buenos Aires era responsable en parte de esa invasión. A comienzos de 1818, Mariano Vera (gobernador de Santa Fe) no enviaba las tropas que pedía Artigas intentando evitar conflictos con Buenos Aires. Los santafesinos partidarios firmes de Artigas se movieron para que se reemplazara a Vera. El 14 de julio tomaron la Aduana, y se convocó a una elección de nuevo gobernador, elección en la que triunfó Vera. Sin embargo Vera insistió en su renuncia y se fue a Paraná con su familia. El Cabildo de Santa Fe intentó gobernar pero la división de la sociedad santafesina se profundizó. El Comandante de Armas de la Provincia, Estanislao López, terminó con la anarquía proclamándose Gobernador el 23 de julio. Más tarde se lo eligió formalmente, contando con un enorme apoyo popular.
        2) El Director Supremo Pueyrredón comienza a movilizar tropas PARA INVADIR Santa Fe. En septiembre de 1818 concentra en San Nicolás un “Ejército de Observación” (4000 hombres) bajo el mando de Juan Ramón Balcarce. Paralelamente el coronel Marcos Balcarce marchço hacia Entre Ríos. Completaron el despliegue contra Santa Fe tropas del Ejército del Norte y una flotilla que avanzó por el río Paraná.
        3) Es cierto lo que escribís sobre la posición de Belgrano en contra de la agresión al Litoral, pero Belgrano “terminó por obedecer la orden de mover un ejército contra los federales, comenzando por la provincia más pequeña, más joven más pobre y más devastada, Santa Fe”. Juan Bautista Bustos estaba al mando del contingente enviado por Belgrano. Pero también es cierto que San Martin desobedeció y no envió nada; ni poco ni mucho: nada
        4) Estanislao López tuvo que enfrentar una posición militar difícil, desesperante. Entre Ríos no podía ayudar en una acción de pinzas con fuerzas controladas por el Directorio porteño, con el hdp Balcarce atacando por el sur y Bustos por el oeste. Más detalles de todo el proceso y fuerzas de cada bando los podés encontrar en

        http://www.revisionistas.com.ar/?p=5316

        http://www.revisionistas.com.ar/?p=5344

        http://www.argentina-rree.com/2/2-033.htm .

        5) López no tenía educación, como militar empezó como Blandengue raso a los 14 años, y se unió al ejército conducido por Belgrano en 1810. Sin embargo posiblemente fue el estratega más sabio entre los caudillos, el táctico más efectivo al utilizar una formación militar poco ortodoxa (la montonera), y su vida política y militar resultó en medidas muy progresistas en muchos terrenos, además de inscribir en el festón del escudo provincial “Provincia invencible de Santa Fe” y ganarse el título de “Patriarca de la Federación” después de su prematura muerte. En la situación desesperante que estaba, el “ignorante” caudillo eligió el camino de la audacia y la defensa de la patria chica, ejecutando disciplinadamente un plan “suicida” para caballería liviana, una herejía militar, para terminar triunfando. Salvando las distancias, San Martín hizo lo mismo en Maipú, una herejía, cuando ordenó mover la reserva a la vista del enemigo para obtener un orden oblicuo y la victoria. En este caso también jugó la audacia, pero se trataba de la Patria Grande de San Martín, Bolívar y Artigas.

        6) Bustos se atrincheró en Fraile Muerto (8 de noviembre) y buscó enfrentar a López en campo abierto. El santafesino no aceptó ese reto y desató combates sorpresa de montoneras, hasta lograr dejar sin caballada y sin vituallas a Bustos

        7) Sin perder tiempo con Bustos neutralizado, López se dirigió a contener las tropas bajo el mando de Balcarce. Los detalles de fechas y lugares de combate durante estos meses tienen algunas confusiones, asociadas a la vertiginosa movilidad de Estanislao López. Hay contradicciones sobre si hubo un encuentro entre las caballerías el 17 de noviembre, en El Carrizal. El 27 de noviembre estaban a la altura de Santa Fe. López no pudo evitar el cruce del río Salado por Balcarce y la ocupación de Santa Fe. Concentró sus esfuerzos en proteger el éxodo de la población, que abandonó Santa Fe por el único lado que no tiene ríos o lagunas como límites. Es el lado norte, zona de bañados que llevaba hasta la guarnición de Blandengues en Añapiré.
        8) El retroceso defensivo de López es interpretado como un triunfo del jefe de la caballería de Balcarce. Pero al día siguiente (28 de noviembre), con su gente adecuadamente refugiada, dio una paliza a la caballería porteña. Balcarce y sus tropas quedaron sitiados por fuerzas menores, en una Santa Fe abandonada. También se cortó la comunicación con Buenos Aires de modo que Balcarce terminó abandonando a Santa Fe el 2 de diciembre, previo vandalismo e incendios en varios edificios. El ejército porteño en fuga, también castigó a Coronda. Finalmente se detuvo ocupando Rosario.
        9) Nuevamente sitiado por la movilidad santafesina, Balcarce termina abandonando Rosario, no sin antes ganar su derecho a figurar en una borgeana Historia Universal de la Infamia. Incendió la villa completa, quedando en pie solamente unas pocas casas de piedra y la capilla.
        10) Finalmente, Buenos Aires lanza una nueva invasión dirigida por Viamonte en febrero de 1819, que López rechaza más fácilmente que la anterior y pasa a ser considerado el guerrero excepcional que fue, adelantándose a que reconocerlo en su Historia de Belgrano los militares de carrera en el diseño de estrategias y tácticas. Pero la presión que soportan sus comprovincianos lleva a aceptar un armisticio en esta guerra que muchos santafesinos llaman “La guerra de los 7 años” El 12 de abril de 1819 se firma el armisticio o tratado de San Lorenzo entre Santa Fe y Buenos Aires. Han transcurrido 155 días desde Fraile Muerto

        Mi conclusión, examinando los hechos y sus consecuencias, es que es cierto cuando afirmas que Belgrano “no desobedece pero tampoco ataca y arrasa a los federales”. Lo que no es cierto es que mande un pequeño grupo y que transcurren “varios” días hasta la firma del armisticio de San Lorenzo.
        Belgrano envía una fuerza que contaba con el doble de tropas experimentadas comparadas con las de similar experiencia que respondían a López. Tus “varios” días son casi medio año durante el cual se rechazan dos invasiones porteñas, se libran muchos combates con tácticas adelantadas a la época. Lo más importante del error de Belgrano fue que posibilitó un ataque en pinzas que era muy difícil de combatir.
        Tanto la provincia de Santa Fe como las repúblicas platenses deben agradecer al destino al contar en la fecha precisa con un guerrero de la talla del Brigadier, acaudillando al gauchaje santafesino capaz de hacer estragos con armas primitivas, tanto que quien tenía una tacuara fuerte y una chuza resistente se consideraba afortunado, tan corajudo que hasta Mitre tuvo que admirarlos en su Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina.
        No se gana nada negando la realidad, y estoy persuadido que Belgrano se dio cuenta de su error, lo que lo transformó en un activo escritor denostando la intolerancia porteña.
        Debo citar como pésimo ejemplo o antecedente tu liviandad al tratar nuestra historia, opinando sobre temas importantes sin dar muestra de haber intentado un acercamiento previo, y exhibiendo una pobreza franciscana en rascar un poquito y respetar más nuestra historia.
        Si me preguntan sobre los “padres fundadores” de mi país no dudo y nombro a San Martín y a Belgrano (pero no a un mismo nivel)
        Podría continuar pero tengo prioridades. Agregaré la pregunta sobre qué tiene que ver Güemes en mi comentario. No recuerdo haberlo nombrado, al igual que no traté de desentrañar el aluvión de temas cruzados en tu comentario, y tampoco me interesa desentrañar expresiones de moda que se prestan a ser respondidas eligiendo 12 sanatas como posible respuestas a expresiones igualmente sanateras como pensar desde la política
        Saludos,

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