Carlos Pistelli

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IV. Joaquín Castellanos, un radical “bernardista”.

 Don BernardoTras padecer lo inimaginable, el Gobernador Irigoyen (en la foto, 1898-1902), decreta que el primer oficial de gobierno asuma interinamente el ministerio de gobierno. Es nada menos que Castellanos. Los padecimientos de esa gobernación tienen un breve sosiego, y Castellanos conduce el barco. Las peleas del Ejecutivo con el Legislativo están al orden del día, y eso pese a que Roca, Presidente, interviene dos veces la Legislatura. Pero tampoco Joaquín tiene éxito y manda la renuncia, que don Bernardo troca en una candidatura al Congreso para el período 1900-1904.

 

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“Las paralelas”.

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  Con la muerte de Leandro, los dos Radicalismos anduvieron en paralelo con el mismo nombre. La posibilidad del conflicto con Chile atenuó las pasiones políticas, y disimuló la crisis interna.

  En Yrigoyen la idea de abstención se había convertido en plan político. Pero la constitución política de la Provincia de Buenos Aires le dificultaba organizarla. La Constitución Provincial daba mucho poder a los municipios y a las legislatura, dejando al Gobernador, en un país tan presidencialista como el nuestro, un rol netamente atenuado. La posibilidad de ganar municipios y concejalías, en elecciones autónomas de las provinciales, daban un poder sostenido a los caudillos vecinales, que no querían perder lo ganado. E Yrigoyen, tan personalista en su conducción, debía transar a troche y moche constantemente.

  OLYMPUS DIGITAL CAMERAJoaquín, en tanto, continuaba sus labores como legislador. Y reconocía, a diferencia de Hipólito, “el Partido Radical ha hecho muchos acuerdos parciales con el partido vacuno, porque el Partido Nacional es en la provincia de Buenos Aires un partido popular que combate al igual del nuestro la situación de la provincia.” Para las elecciones de 1897, Yrigoyen propuso abstenerse pero los caudillos se le opusieron, teniendo que dar marcha atrás. La disciplina que Yrigoyen logró imprimirle a su partido contrastaba claramente con las tensiones y rivalidades que marcaron la vida de sus competidores cívicos y autonomistas, dice Roy Hora en su artículo  para el boletín del Instituto Ravignani. Pero las tensiones eran recurrentes. Y eso se sintió en 1897: La Prensa informaba que “entre las filas del partido radical en la provincia se está produciendo un vigoroso movimiento de opinión contrario al propósito anunciado de la renuncia de los representantes de ese partido en el seno de la Legislatura. La forma en que se produce ese movimiento es en notas dirigidas al Comité de la Provincia por los comités locales. Yrigoyen quedó en “orsai”. 

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  A principios de 1897, Castellanos recuperó su lugar político, tras casarse el 15 de marzo, en segundas nupcias con Benigna Elvira Uriburu, sobrina del Presidente. Aunque él reconocía que Alem escuchaba a don Guillermo Leguizamón, presidente del partido en Catamarca, y hombre fuerte del Comité Nacional, me inclino a creer que es un ejercicio de modestia de don Joaquín. Leguizamón se fue de la UCR tras tener gran rol, y se volcó al autonomismo. Por esa fuerza fue diputado en 1900.

  Se sabía que el Radicalismo andaba en algunas negociaciones con el mitrismo para las elecciones de 1898, partiendo de aquel plan de Alem con Del Valle. Y de la oposición del Comité Provincia. En el invierno de 1897 el nombre de Roca apareció como “el gran candidato”. Y su solo nombre reunió a toda la oposición, desde Mitre a don Bernardo, pasando por Vicente López y Roque Sáenz Peña. La pluma de Barroetaveña auspiciaba una nueva “Unión Cívica”. Un acto público contó con la presencia de diez miz personas, y Roque lanzó una arenga de guerra:

 “Yo no declino de mi credo político, que es un hecho atestiguado por la unidad nacional ; pero protesto de todo hombre que se erige en providencia de los pueblos con agravio de mi fe republicana y del alto concepto de la democracia.” Combato “regímenes personales o banderas partidarias que no compartan verdaderos anhelos de partido. Veinte años ha, pudimos conformarnos con un caudillo, pero veinte años después el país no lo tolera”

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   Pero era mezclar aceite con vinagre y agua, que hacen buena ensalada, pero Roca te deglutía en un asado metafórico. Pellegrini se las devolvió en el Teatro que proclamó al “Zorro”, y todo pareció calmarse hacia la nada.

  No se sabe de donde salió, pero salió: Los radicales votarían a un mitrista en Provincia, Udaondo con su poderosa estructura a un radical, y don Bernardo, quien otro, para presidente. Se le llamó “Acuerdo de las Paralelas”. Para los radicales bonaerenses, era una afrenta. Bien lo sabía Joaquín. Para Yrigoyen, era la oportunidad de mostrar su liderazgo y su principios. 

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La parada de Hipólito. 

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   La mitología radical, que otra cosa, dice que Yrigoyen se opuso al acuerdo, declaró la abstención y disolvió el partido bonaerense. La realidad dista mucho de lo que la Historia cuenta.

  Los comités distritales le pusieron en una encrucijada. No iban a acompañarle en la jugada, sí en la intransigencia al Acuerdo con el mitrismo. Joaquín lo sabía bien. Por eso el Radicalismo bonaerense se reorganizó, siempre bajo su jefatura. 76 de los 92 distritos se reconocieron ‘yrigoyenistas’, obligando a don Bernardo a constituir un Radicalismo Oficial con la Presidencia de Castellanos, y Alejandro Korn entre sus vicepresidentes. ¿Pero qué se proponía Hipólito entonces?.

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  El Radicalismo se diluía hacia su virtual desaparición. No quedaban rastros de la fuerza electoral capaz de ganar comicios, y apenas se sostenía en distritos considerados propios. Para colmo de males, Udaondo se mantenía fuerte, y una parte del autonomismo rompía con Pellegrini, dejando su capital político a punto de perderse. El “gringo” siempre ducho para los enjuagues, reunió a su tropa, la convenció del camino a seguir, se reunió con Yrigoyen, a quien sedujo, y juntos, el PAN pellegrinista y los dos Radicalismos ungieron a don Bernardo como gobernador, siendo que carecía de votos propios de fuste, y sólo para entorpecer al mitrismo. Es increíble, todavía, como Udaondo, como buen mitrista, perdió una elección ganada.

  Pero aún así, las cosas no se solucionaban para la UCR. Empeoraban. Yrigoyen negoció, a nombre de sus partidarios cargos y puestos en la repartición pública, con don Bernardo, quien en un acto solemne y honorable, pero políticamente poco rentable, se negó. Yrigoyen pasó a la oposición e Irigoyen debió recostarse en Pellegrini. Hubo elecciones provinciales en marzo de 1898, ya electo don Bernardo, quien asumiría el 1° de mayo: El yrigoyenismo concurrió como “Partido Radical”, saliendo tercero con el 20% de los votos. El bernardismo no sacó ni el 9%. Ese gobernante sin apoyo electoral ni político, fue un karma. 

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  Seguimos dando vueltas con que se proponía Hipólito. Su táctica era la que cuentan los historiadores. Pero eso significaba boicotear, ya no a los bernardistas, a los propios!. Mientras don Bernardo apenas podía gobernar con una legislatura totalmente contra, y sus fieles se le rebelaban, Yrigoyen jugó la carta del vicegobernador Alfredo De Marchi, su amigo personal. 

  El complicado sistema constitucional obligaba a los gobernadores acordar en la Legislatura sus ministros. Irigoyen no pudo ni supo hacerlo, y elevó a Castellanos al ministerio de gobierno, por ser primer oficial mayor, por decreto. Tres meses Joaquín anduvo a los tironeos, cuando el Gobernador se ausentó por vacaciones, delegando en De Marchi, amplias libertades para actuar. Y éste depuso a Castellanos, reemplazándolo con conspicuos yrigoyenistas, Alvear y Delfor Del Valle, nada menos. Pero no cuajó, y don Bernardo repuso a Castellanos. Ése fue el fin del ciclo político de Yrigoyen en el Siglo XIX. 

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  Se retiró de la política activa, dejando a sus partidarios librados al azar. Que hicieran lo que quisiesen. Él se fue, pero todos quedaron. Y rodeando a Fernando Saguier, quien hacía malabares para mantenerlos unidos. 

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Ministerio de Castellanos. 

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   Ratificado, Joaquín condujo los primeros meses turbulentos del Gobierno. A su lado tenía a viejos radicales de Alem, como Barroetaveña, Saldías, Liliedal, De María (h), y algunos nuevos que se sumaban, como Vicente Gallo, Manucho Iriondo, Adolfo Mujica, Rómulo Naón, de cuño bernardista.

  Para colmo de males los ‘pellegrinistas’ del gabinete tampoco se mostraban dóciles. Don Marcelino Ugarte, atropellado, voraz, soberbio, hacía lo que se le cantaba, y terminó renunciando con estridencias y duras palabras contra el Gobernador. Pellegrini debió recurrir al Presidente (Roca) para que interviniera la Legislatura. Pero así y todo los caudillos autonomistas empezaban a mostrar el mismo estado rebelde que había sufrido Yrigoyen. Uno en particular, Félix Rivas, manejaba buena cuota de poder.  

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  Vencido por la realidad, Joaquín convocó a la Convención Provincial para aunar esfuerzos comunes con Pellegrini. Pero sucedió lo indecible. Sus propios fieles se rebelaron, rompiéndose el pequeño partido en dos, entre “coaligados” y “legislativos”, aún con los intransigentes que quedaban. Los legislativos hicieron causa común con el mitrismo. Ese partido era un desastre. Para colmo de males, el caudillo de San Pedro, dueño del distrito, Víctor Molinas, rompió con el bernardismo también. Vencido y deprimido, Castellanos echó la renuncia, que don Bernardo compensó con una banca en el Congreso Nacional. 

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Diputado y exilio interno.

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  Apenas presenta siete proyectos según consta en la página citada abajo, al cerrar la nota, una poniéndole gravámenes a la tierra pública. Terminó su mandato sin pena ni gloria, con algún debate perdido, compartiendo cartel con algunos viejos amigos. Se dice deprimido y en el ocaso. A los 43 años se cerraba un ciclo de su vida, y pasa a un estricto ostracismo. Primero vuelve a su provincia, donde corretean sus tres hijos, Joaquín, Julio y Elvira, y luego se pega un viaje a Europa. Se diría que los años en política,se han terminado para siempre.

Continuará…

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http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2008/09/27/joaquin-castellanos-una-estampa-cincelada-en-roca-2/

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http://www.archivodiputados.gob.ar/congrea/wwwi32.exe/%5Bin=affiche1.in%5D?t2000=%28%22CASTELLANOS,%20JOAQUIN%22%2F%28201%29%29&t2001=%28%23CASTELLANOS,%20JOAQUIN%23%2F%28201%29%29&t2002=%28201%3DCASTELLANOS,%20JOAQUIN%29&t2003=20&t2004=1

3 comentarios

  1. Algo gracioso, nada polémico
    Literalmente, escribiste “orsai” que es como pronunciábamos la falta “fuera de juego” cuando jugábamos en patas en la calle de tierra. Resulta que para la ultima edición del Diccionario de la Real Academia Española hubo algunos cambios respecto a las ediciones anteriores. Los yoyegas se terminaron de convencer de que el colonialismo cultural que defendieron con uñas y dientes nunca logró existir. Decidieron entonces que el castellano era un idioma pluricéntrico y no unitario, y se formalizó la idea de trabajar en conjunto. Por un lado la Real Academia Española y por el otro la republicana ASALE (asociación de veintipico academias de la lengua de los países hispanohablantes más las dos academias de EEUU y Filipinas) ya trabajaron juntas en la última edición (2010) del DPD (diccionario panhispánico de dudas). En la última edición del DRAE (Diccionario de la RAE) se volvieron populistas y oficializaron la versión castellana de “off side”, pero… mearon fuera del tarro. La palabra oficial de nuestro idioma es “órsay”, acentuada en la letra o. Resulta que se guiaron por cómo pronuncian los mexicanos, sin prestar atención a deportes que no sean el fútbol, tales como el rugby. No sé de dónde sacaron los mexicanos la acentuación, pero dicen “futbol” (acento prosódico en la o) y “órsay”. Los genios académicos se olvidaron de cómo pronuncian todos los demás países y oficializaron una palabra que me suena ridícula, hasta que me acuerdo del rugby. Resulta que para el rugby hubo dos traducciones al castellano del reglamento de World Rugby. Creo que la destinada a España puede haber perdido vigencia. Se criticaba a la traducción válida para casi todo el mundo hispano por estar llena de anglicismos. El pequeño detalle es que la traducción preferida en la península estaba llena de galicismos. Placaje, talonero, ensayo, melé, puntapié de botepronto, medio melé, etc. Va ofrecimiento vía mensaje

Trackbacks

  1. V. Joaquín Castellanos. El Yrigoyenismo. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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