Carlos Pistelli

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V. Joaquín Castellanos. El Yrigoyenismo.

  Son los radicales los que caminan aquel 26 de Julio de 1903. Son tantos como la foto lo indica. Una multitud. Una marcha que recuerda el ’90 con nuevos nombres: Son nuevos nombres para tener en consideración: Vicente Gallo, Camilo Crotto, José Luis CantiloDelfor del Valle (sobrino de Aristóbulo), Tomás Le Bretón, Fernando Saguier, el cordobés Pedro C Molina, los entrerrianos Leopoldo y Carlos Melo y Miguel Laurencena, el riojano Pelagio Luna, los santafesinos Ricardo Caballero, Ricardo Núñez y Manuel Menchaca, el coronel Blanco, correntino, Ramón Gómez, Elpidio González, el mendocino Néstor Lencinas, el sanjuanino Cantoni. Desde Europa acompaña el dandy Marcelo de Alvear, persiguiendo a su Regina. ¿Quién organiza el reencuentro? El caballero Juan Hipólito Irigoyen.150px-Manifestación_radical_Av_Alvear_Aniversario_R90_Caras_y_Caretas_1901

  El diputado Joaquín Castellanos los mira pasar sin concurrir. No es el Radicalismo del que formó parte. Por eso su ostracismo esos años.

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https://carlospistelli.wordpress.com/2016/07/15/iv-joaquin-castellanos-un-radical-bernardista/

https://carlospistelli.wordpress.com/2016/02/02/ochenta-anos-sin-don-hipolito/

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El Yrigoyenismo.

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 yrigoyen  Los conduce aquel antagonista de Joaquín, el sobrino de Leandro. Patrón del Radicalismo Bonaerense al que prefirió abandonar a su disolución para reconstruirlo. Es otro Radicalismo. Tiene la fibra romántica de aquel que reunió Alem en los ’90 y ahora se le agrega un contenido perdurable. La nobleza de los que ven en el Movimiento de Opinión, la Causa misma de la argentinidad. Un ‘temperamento’, como dirá Pellegrini, descorazonado.

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  El caudillo de calle Brasil, en el barrio Constitución de Buenos Aires, es un enigmático líder que elude a las multitudes, y los discursos arengatorios. Hace del silencio y del tú a tú, una forma existencial de jefatura. Docente por muchos años, dona su sueldo, ganándose un elogio del propio diario La Nación allá por 1886. Ha tenido una breve participación legislativa. Como diputado provincial republicano (1878-1880), y como diputado nacional roquista (1880-1882). Su arte envuelve. Ha cumplido rol destacado encolumnado detrás de su tío. Pero él necesita mandar.

  Es un hombre ético, austero, que hará de la moral su causa principal. Es hombre de principios, de aprender de la experiencia, de conocer profundamente a los hombres. Su tío, que ha tratado a los poetas Chassaing y Francisco Bilbao, posiblemente le regale un libro que sacude el ánimo del joven comisario de Balvanera: El Evangelio Americano. Es un catecismo libertario y democrático que hace mella en los emblemáticos jefes radicales. Hay frases que que arraigan en el pecho del futuro Caudillo: Yo soy el hombre, todos los hombres. Mi libertad es la libertad de todos. Lee a Bilbao con admirable consideración: “La causa más justa puede perderse, si los que son llamados a sostenerla, no sienten el impulso moral del deber, y ceden al deber, y ceden al egoísmo, indolencia o cobardía, traicionando sea el jefe, sean los subalternos, sean los pueblos. La causa más justa puede perderse, si sus campeones representan tal inferioridad numérica, de fuerza, de disciplina, de organización y de armamento que hagan la victoria imposible, pero el sacrificio obligatorio. (…) ¡Sí! es necesario no olvidar que la justicia puede ser vencida, y no ser como esos doctrinarios, eclécticos o charlatanes del progreso, que se imaginan o dicen para no hacer nada, que la justicia ha de triunfar por sí misma”.

http://www.monografias.com/trabajos104/francisco-bilbao-y-evangelio-latinoamericano/francisco-bilbao-y-evangelio-latinoamericano.shtml

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  En su retiro al recato producido con la finalización de su período en 1882, hasta su regreso con los cívicos, Yrigoyen se dedica a trabajar en el campo, y forjar una fortuna personal. No se le conocen vicios. Es austero, un estoico como Marco Aurelio. Un epicúreo. Como dice el pensador español Sánchez Vázquez, el epicúreo alcanza el bien, retirado de la vida social, sin caer en el temor a lo sobrenatural, encontrando en sí mismo, o rodeado de un pequeño círculo de amigos, la tranquilidad de ánimo y la autosuficiencia. De los estoicos aprende, que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan sólo siendo ajeno a las comodidades materiales, la fortuna externa y dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud. 

  En 1876, se inaugura en España la “Institución Libre de Enseñanza”, que giraba en torno a las ideas filosóficas de Karl Chistian Friedich Krause. Yrigoyen abrevió de esa escuela para dictar sus propios cursos. Su espíritu se encontró con una escuela del pensamiento que lo definía. Yrigoyen tuvo acceso directo a la obra el krausista español Julián Sanz del Río, que tuvo notable influencia en su tiempo, entre ellos sobre José Martí o el oriental Batlle y Ordoñez, la de Francisco Giner de los Ríos. El propio Alejandro Korn, radical vinculado a Castellanos, que recién abandonaría el partido en 1918, estaba influenciado por el ‘krausismo’. La ética por encima de todo, como una forma existencial. El hombre se desarrolla en sí mismo, y sólo trasciende en la obra de Dios. Un misticismo acompaña al krausismo. Todo eso, define a Yrigoyen, y al Yrigoyenismo.

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   Los radicales dan una Revolución en 1905; el presidente Figueroa los invita a negociar; y el gobernador bonaerense Ugarte los incita a una revolución. Pero Yrigoyen logra apartar a su partido de las transas de siempre, haciendo culto a la Intransigencia y a los principios. Recién cuando asume su viejo amigo Roque Sáenz Peña, en 1910, Hipólito se presta a sacar al Radicalismo de la abstención.

  El “personalismo” de Yrigoyen que nadie discute, no deja ser raro. No es un personalismo a lo Mitre o a lo Roca, a lo Alsina o a lo Pellegrini. Él manda, sí, pero se somete a la Convención Partidaria, a quien manda reunir para que se debata lo acontecer. En eso se parece a Artigas y a los viejos caudillos federales, de donde el Radicalismo hunde su interpretación patria, pese a ser un movimiento con ribetes del liberalismo político en boga. Tal vez sea esa mezcla, lo que defina al Yrigoyenismo.

  Lo increíble, es que quien mejor define a ese Radicalismo se mantiene apartado de su seno:

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Joaquín y el Yrigoyenismo.

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   Hondos desacuerdos lían a Castellanos con el sobrino de su maestro político, casi el padre que escogió en vida.

  En la década del ’90, pelean por la jefatura provincial. Diría que Alem se lo mete a Hipólito como un topo. Éste conduce el partido, es el que pone la guita; Joaquín es el líder parlamentario. A los dos los une la íntima pasión antimitrista. Pero si en Castellanos, como en Alem, Roca es el perverso jefe de un régimen, Yrigoyen, con sapiencia, sabe que el roquismo decantará en radicalismo más temprano que tarde. Esas peleas terminan con un partido en ruptura. Yrigoyen se abstendrá de componendas; Castellanos concurre al ‘pellegrinismo’ cuando el Gringo rompe con Roca.

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  Vuelve al país y sus amigos lo hacen diputado nacional en 1914. Vuelve a sentarse en la bancada radical. En Capital Federal, Yrigoyen no se mete. Ahí hay hechura adversaria. Es el ‘grupo’ azul que tiene en Leopoldo Melo a su baluarte. También está Gallito, su viejo colega bernardista. Ha muerto Roque, preside un salteño, un coterráneo, don Victorino De La Plaza.

  Veintiún años le lleva el Presidente a Joaquín. Edades tan distantes como sus posiciones políticas, aunque son salteños haciendo vida de porteños. Don Victorino, es un oligarca. Castellanos, un patricio que hunde su apellido en las legendarias huestes de Güemes, el centauro del norte, que él admira como a ninguno. Por sobre todas las cosas, Castellanos es federal. Por eso tal vez vea en Yrigoyen a un Rosas con fervor patriótico y popular pero unitario, que conculca las bases federativas de la argentinidad. Pudo ser un ‘latorrista’, pero no conjuga con el mitrismo liberal de Lisandro. Él es un patricio del pueblo, en quien confía como la base de la nacionalidad. Y el Pueblo, es Yrigoyen. ¿Envidia, rencor, viejas rencillas que no cierran?. Por eso cuando sus amigos lo hacen gobernador en 1918, los problemas resurgen, como nunca. El Presidente Popular, no se mete en Salta cuando elige mandatario. Pero el conflicto, no tardará en suceder.

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     Es apoteótico el arribo de Hipólito a la Presidencia. Jura en el Congreso y en andas el Pueblo lo lleva a la Casa Rosada. Castellanos le aplaude desde su banca, y defenderá mucha de sus iniciativas, con proyectos propios:

  • Indigenismo. Legislación laboral sobre el trabajo de los indígenas (agosto de 1817).
  • Reforma Agraria. Derechos sobre tierras fiscales de los arrendatarios y propietarios de territorios (junio de 1917).
  • Reforma Impositiva. Impuesto al valor de la tierra (Julio de 1917).
  • Reforma Constitucional. (agosto de 1917).

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    Trabaja de manera encomiable, entre achaques de salud. El 7 de enero de 1919, Manuel Carlés, interventor federal, le pone la banda de gobernador. Acaba por sentarse, en el sillón del gigantesco Martín Miguel de Güemes. Gobernaría, como su discípulo mejor.

Continuará…

1 comentario

  1. Detalles, ojo con los detalles. Perturban el efecto que debe tener una publicación acertada como ésta.
    No entro en aspectos históricos de menos de un siglo de existencia, salvo excepciones producto de mucha familiaridad o bien resultado de lejanía cultural (esto es un elogio a Yrigoyen). Por ahora, omito referirme a la primera elección ganada por el radicalismo bajo la ley Sáenz Peña. Creo que ese proceso fue muy ilustrativo de las contradicciones que aquejarían al Radicalismo durante décadas. Si se me escapó, por favor aviso y disculpas porque eso no fue un detalle. Si hay varios detalles que merecen ser mencionados para tratar de corregir en el futuro.
    En este post arregló el pastiche hecho con Krause y el Krausismo, quien no fue español ni se involucró en la política americana (se murió bastante antes de que existiera el Krausismo). Bien por la corrección, no emito juicio sobre cuánto influyó en Yrigoyen el misticismo, pero me parece exagerada la influencia mística en una personalidad bien terrenal como la del Peludo )esto es un elogio a don Hipólito). aunque es cierto que abrevó en el Krausismo, si abrevió no lo sé, pero hubiera sido beneficioso. También sería beneficioso que se consiguiera algún asesor ortográfico y gramatical porque sus posts resultan inferiores al corazón de sus escritos, esté de acuerdo yo o no lo esté. Sugiero por ahora escribir cien veces “abrevó, no abrevió”.
    Para un historiador no mitrista, debería ser difícil citar a Chassaing. Nuestra principal marcha en honor de nuestra bandera tiene una pifia peligrosa porque enquistó en los argentinos una idea errónea de consecuencias imprevisibles pero que alguna vez habrá que corregir. Si quiere le dejo la “primicia” pero no se puede aceptar una grotesca mentira en el final y culminación de la letra de “Mi bandera”. Los tres versos finales no tienen nada que ver con la realidad, y soy de los convencidos de que solo la verdad nos hará libres.
    “…después de haber cruzado el Continente,
    exclamando a su paso: ¡Libertad!¡Libertad! ¡Libertad!”
    Yo lancé un globo de prueba al incluir la bandera del Ejército Expedicionario del Perú en la salutación que hice a los peruanos por su 9 de Julio. Es la bandera de Chile con la concesión de dos estrellitas m´s, que supongo debemos a que O´Higgins seguía a la cabeza de Chile. La bandera argentina no flameó más allá de Chile por la jugada de San Martín que le permitió continuar al frente del ejército, con O´Higgins como jefe político. Me refiero a la maniobra del acta de Rancagua, cuando San Martín zafó de su desobediencia debida a Buenos Aires. Chassaing debió vivir en un iglú o ser elegido por Mitre en mérito a una boluditis crónica que afectara al poetastro. Y no estoy seguro de que la bandera de los Andes flameara en Maipú. Si se toca el tema entre un chileno y un argentino se agarran a las piñas, aunque el argentino actúe de buena fe. Yo tuve la suerte de recibir un premio en la escuela primaria que me alertó para el futuro, ·San Martín, Aníbal de los Andes, escrito por el venezolano Cova.
    La bandera argentina figuró como mucho, como bandera de Regimiento (no es la Bandera Nacional, aunque sea idéntica).
    Por supuesto, en el año 1826, ya comenzaba la mistificación en Buenos Aires, donde la Gazeta Mercantil de Buenos Aires, que refiriéndose a 96 Granaderos a Caballo enviados por San Martín a Quito. La Gaceta escribía, años después, “Unidad no incorporada al ejército del Perú que portaba estandarte propio según se indica: Tenemos el honor de haber recibido los restos del Ejercito de los Andes, conducidos desde el Perú por el coronel de granaderos a caballo D. Félix Bogado (…) si, a esos que han conducido en triunfo el pabellón argentino hasta Quito y que han sabido derramar su sangre por la libertad de la patria en Junín y Ayacucho (…) Gaceta Mercantil de Buenos Aires, 17 de enero de 1826”, En esa oportunidad eran conducidos hacia Quito por Juan Galo Lavalle, bautizado años más tarde por uno de sus más conspicuos copartidarios “La espada sin cabeza” Pasó Quito y participó en el combate de Ríobamba, donde brilló por su valor y capacidad de caudillo. Decidió el combate con una caballería inferior en números pero que confiaba ciegamente en el caudillo que sería el asesino que inauguró la liquidación de opositores políticos como forma de lucha republicana legítima. A pesar de todo, Lavalle fue un valiente guerrero, muy exitoso al mando de caballería. Su gran fracaso ocurrió en Puente de Márquez, enfrentando al gobernador de origen más humilde y más ninguneado, que recibió refuerzos de Juan Manuel de Rosas
    El resultado de este combate se debió por: la superioridad numérica de los federales pero principalmente por su táctica de desbordar los flancos del ejército enemigo, con lo cual amenazaba no solo desbordarlos sino el cortar su línea de retirada.
    Efectivamente, una componente del Yrigoyenismo fue el liberalismo político en boga, QUE NO TUVO NADA QUE VER CON EL MITRISMO. El Mitrismo fue liberalismo económico condensado en una bandera: el control y manejo de la aduana.

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