Carlos Pistelli

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III. ROCA y LOS INDIOS. Cafulcurá y los indios del Sud.

  El Napoleón de las Pampas, no está en los libros de Historia Argentina como merece. Cuestión racial, desinterés, personaje tratado como periférico, su condición de ‘no argentino’, pero la cuestión es que está más que lateralizado. Y es importante retomar el estudio de su carrera, para contar, un poco, los años de la guerra al ‘huinca’.

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malón

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Los indios al sur. 

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  Los españoles no pudieron conquistar y colonizar el cono sur americano. Desde el Pacífico al Atlántico mandarán los indios, como si Colón no hubiese llegado.

 La Patagonia, como se la conocerá, estaba habitada por distintas tribus y etnias. Desde los años españoles a los años independendistas, podemos relatar, de forma muy somera;

 En la Tierra del Fuego, los onas (selknam); un pequeño grupo corrido por estos, los haush (mánekenks); Hablaban dialectos de la “lengua chon” como se la conoce, que también hablaban los tehuelches del sur patagónico; bajo este nombre “tehuelche”, se distinguen los tehuelches, o patagones, propiamente dichos; los pampas (o ‘het’) y los querandíes, bravos estos, que son los que enfrentan a Pedro de Mendoza; los ranqueles, que cubrieron toda la llamada “pampa seca” y más; los pehuenches, sobre la cordillera y Chile; y los mapuches, o araucanos, como los llamaban los españoles, quien de Chile se trasladarían a ‘nuestro país’, en la llamada “araucanización“, imponiendo su lengua “mapudungun”: destacándose para nuestra nota, los borogas, que habitaron las “salinas grandes” del sudoeste de la actual pcia. de Bs. As.; Y los huilliches, comandados por el legendario Cafulcurá; ‘Vecinos’ de los borogas eran los pampas de los Catriel, que eran más de colaborar con los gobiernos de la pcia.

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Creencias mapuches. 

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  En su brillante libro primero de sus 13 de HISTORIA ARGENTINA, don Pepe Rosa le dedica sus líneas a la religión mapuche. Es posible que hayan quedado desactualizados, pero mire que belleza digna de ser leída:

Su religión reconocía a un Alto Dios creador, aunque no protector, llamado indistintamente ‘Toquinche’, “jefe de la gente”; ‘Chachao’, “padre de la gente”, o ‘Vuchpa’, “el gran viejo”. Cerca de los hombres, pero perdido en la noche y la naturaleza hostil, estaba el espíritu del mal, ‘Gualicho’, también llamado ‘Huecuvoé’, “el viejo que merodea por fuera”. Chachao no tenía culto; pero a Gualicho debería tenérselo propicio con ceremonias mágicas y ofrendas de alimentos.

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  Los araucanos hicieron del caballo la base de su economía. Fue su transporte, su comida, con leche de yegua alimentaron sus hijos, calzaron botas de potro y construyeron tolderías con sus cueros. Agricultores y sedentarios en Chile, en la Pampa fueron nómades y cazadores: levantaron las tolderías junto a las aguadas y ríos, que montaban y desmontaban según la caza de potros y la guerra con cristianos. Era tan rentable el contrabando y negocio de ganado, dice Norberto Galasso en su obra, que al final los indios dejaron de producir su propia economía para dedicarse de lleno al “malón” y a los negocios con los huincas. Ésa, afirma él, terminó siendo su perdición.

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Llegan los europeos. 

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ELCANO.ELCANO.

  Se sabe que Magallanes, al navegar el mundo, anda por estos lares al 1520. También sabemos que fue Juan Elcano el que terminó las peripecias de dar la vuelta al globo. Quien vuelve a aventurarse cinco años después, siempre con destino a Extremo Oriente, pasando a duras penas el Estrecho de “Todos los Santos”. Elcano no la cuenta, y muere enfermo en viaje.

   En 1534, el Emperador Carlos I, capitula en Simón de Alcazaba, el adelantazgo del Sur: Es decir, la Patagonia. Alcazaba intenta sentar poblaciones pero el frío y la interperie le conjugan contra. Funda Puerto de los Leones, en la actual pcia. de Chubut. No dura tres meses, que sus propios hombres le matan. Tampoco tiene suerte la expedición que arma el obispo de Plasencia. Y nadie, les diría. Ni el pirata Francis Drake, ni el extrafalario Pedro Sarmiento de Gamboa.

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  En 1604, se conoce que Hernandarias llega al río Negro. Pero no hay caso, pese a todos los intentos. La única que sobrevive, y llega a nuestros días, es Carmen de Patagones, fundada en 1779.

   La “pampa” se llena de ganado cimarrón. El caballo “bagual” buscaban los indios, la vaca el español. Hubo un status quo porque tenían intereses distintos, e inclusive acuerdos para que los españoles fueran a sacar ‘sales’ de las Salinas Grandes. Había respetos mutuos, y para los indios, el blanco era un peñi, dice Pepe Rosa, hermanos de un mismo Dios. Y pedían que se les respetase la invocación a Gualicho. Hasta aquí, todo bien. Pero para 1737 empiezan a escasear los ‘cimarrones’, y algunos indios se ‘adentran’ llegando a Arrecifes sin medirse en “mojones”, las delimitaciones de las “estancias”, y se llevan algún ganado. Sale una expedición punitoria que asesina a un pueblo que no tenía que ver con ese malón. Fue la guerra: Destruyen Luján y por Magdalena llegan a menos de 20km de Bs. As. y no la toman por un ‘tris’. Hay acuerdos con pagos de tributos, pero la guerra se inicia inevitablemente. En 1752, se fundan compañías de hombres que blanden sus lanzas los blandengues. Son los que llevarán la difícil y desigual guerra.

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Tiempos “independendistas”.

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  No hay mayores posibilidades para los distintos patrios de ir al sur. Las cosas siguen hostiles; La indiada, con la guerrilla realista de los hermanos Pincheira, en Chile, hace negocios de los malones. Empiezan a ser fundamentales, “el camino de los chilenos” y las “Salinas Grandes” al sudoeste de la actual pcia. de Buenos Aires.

  Hasta aquí llega el comandante Pedro Antonio García en 1810 en busca de sales para la ciudad. La guerra emancipadora y el inicio de los litigios civiles, descuidan la frontera sur, y la indiada aprovecha.

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Tiempos de malones.

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  El primer gran malón sucede en Diciembre de 1820. Los conduce el inefable de José Miguel Carrera.

  Carrera, prócer chileno, ha sido separado de su país por San Martín y O’Higgins, y vaga por Argentina en busca de aventuras y tropas pa’ pegar el regreso. Participa con los caudillos federales de las guerras de 1820, hasta que por el Tratado de Benegas, López lo separa de sus huestes. Despechado, y con un conocimiento de la campaña bonaerense, Carrera azota como nunca antes visto. El 3 de diciembre destruyen Salto, Carrera, 2 mil ranqueles y su terrible cacique, Yanquetruz. No dejan hombres con vida. Asolan también Rojas, Chascomús y Lobos. No dejan nada en pie.

  El gobernador flamante, Martín Rodríguez, sale en campaña en son de escarmiento, Juan Manuel de Rosas y Gregorio Aráoz de Lamadrid lo secundan. Aquel había firmado un pacto en Miraflores con “indios amigos”, pero precisamente, y de manera equivocada, Rodríguez escarmentó a esos indios en vez de los responsables del malón. Rosas, disgustado, echó su renuncia. Rodríguez realizó una matanza generalizada sin medirse ni pararse a meditar. Peones que trabajan en estancias ‘huincas’ fueron víctimas inocentes del escarmiento equivocado del gobernador. Desde entonces se desató una guerra furiosa e inacabable en revancha. Dolores, incipiente poblado, es destruido. Pergamino, puestos sobre el arroyo Pavón y Melincué caen también azotadas. Rodríguez sale, una y otra vez en campaña, con resultados dudosos. Aunque logra fundar la futura Tandil, no hay caso. La campaña bonaerense, es propiedad indígena.

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  Al llegar al gobierno el general Las Heras (1824), éste buscó recuperar la paz de otrora, enviando a Rosas en calidad de jefe de una expedición que pacte y logre acuerdos básicos. Se logró firmar un tratado de paz en la Laguna del Guanaco. Con Rosas marchan Felipe Senillosa, Ambrosio Cramer y Nicasio Del Valle. El trabajo de Cramer y Senillosa fue fundamental en delinear la ‘nueva campaña bonaerense’.

  Pero al arribar Rivadavia a la presidencia (1826) todo vuelve a empeorar. Nuevamente indios y realistas de los hermanos Pincheira acometen por el oeste, causando estragos. El “Presidente” envía en su castigo al coronel prusiano Federico Rauch.   Las cosas no son siempre favorables a los ‘huincas’: Del Valle, el comandante Morel y el futuro coronel Prudencio Arnold salvan la vida en la batalla de Toldos Viejos, en donde el regimiento miliciano es destruido. Rauch encabezó varias campañas, destacándose por matanzas indiscriminadas. Será el cacique Arbolito quien le de muerte en son de justicia cuando los tiempos de Lavalle.

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  Finalmente, el diciembre de 1829, Rosas se hace con el gobierno, para contrarrestar el estado de las cosas.

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Los indios con Rosas.

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Don Juan Manuel

Don Juan Manuel

El taimado don Juan Manuel los conoce bien. Diferencia quiénes son unos, y quiénes son otros. Ya con eso, les lleva ventaja enorme a todos los que estuvieron antes que él. Tiene a su mano el diccionario escrito por él mismo en 1825. Reconoce a los indios que bogan en su pcia., que con buen trato, son sumisos, como Catriel y su gente. Al noroeste, los ranqueles, con sus caciques Yanquetruz y Pablo, que dan cobijo a los jefes unitarios como Manuel Baigorria, y a los cuáles detesta y busca la guerra. Los “manzaneros” en el Río Negro, que son los que manejan el peaje del contrabando de ganado. Los que responden a los Pincheira, ya en franca disolución. Los “borogas” de Martín Rondeao, jefe que le es hostil, e Ignacio Coliqueo. Y en especial, un grupo de ladrones dedicados al contrabando, parándose en la isla Choele-Choel, mandados por un famoso jefe llamado Chocorí, a quien Rosas acusa de todos los males y de incitar a los demás.

Juan Catriel, el viejoJuan Catriel, el viejo

 Buscaba don Juan Manuel contenerlos con subvenciones: “las prestaciones anuales” de vacas, yeguas, azúcar, tabaco y aguardiente. Pero cuando la cosa se ponía espesa, el garrote y a la guerra. El 11 de junio de 1830, en plena ruptura de los gobiernos del Litoral con la Liga del General Paz, indios ranqueles realizan una matanza de jefes federales en Malargüe, entre ellos el gobernador depuesto de Mendoza, Corvalán, y el congresista de Tucumán, Juan Agustín Maza. El general José Félix Aldao, al ocupar la gobernación, salió en campaña punitiva. En medio de la guerra entre federales y unitarios, los ranqueles aliados con Rondeao saquean Río IV, capturando a jefes unitarios y se los envían a Rosas. Pero el Restaurador desconfía, busca desunirlos, y al finalizar su mandato, organiza con Manuel Bulnes, futuro presidente chileno, Facundo Quiroga y Aldao una campaña ofensiva que descalabre de una vez el poder de los indios.

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Campaña al desierto (1833)

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   Al finalizar 1831, los federales se imponen en el litigo civil, y los chilenos consiguen un resonante triunfo sobre los Pincheira, en enero de 1832, arrasando con todos. Este triunfo alertó a Rosas. Porque fue conseguido precisamente en Neuquén, territorio de la Confederación. Había que apurar los trámites, porque los pícaros chilenos podían venirse del otro lado cordillerano, a quedarse con todo.

 Facundo comandará la campaña, al menos nominalmente. El general Aldao, caudillo mendocino, encabeza la “División Oeste”, que no consigue más que avanzar sobre tierra libre, y se vuelve. La división centro, comandada por Ruíz Huidobro, hombre de Quiroga. Ésta columna debía enfrentar al poderosísimo Yanquetruz. Pero sucede que el segundo de la columna, uno de los hermanos Reinafé, cuyo hermano es gobierno en Córdoba, alerta a los ranqueles de la expedición. Quiroga ordena volverse y provocar una asonada contra los gobernantes, en Río IV. Los Reinafé, sostenidos en Estanislao López, reprimen la sublevación. Y desde entonces, las tirantes relaciones López-Facundo tendrán su correlato: Barranca Yaco en 1835.

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  Tocó a Rosas el peso de la campaña, conducida con extraordinaria aplicación. Un elenco de oficiales de relieve le acompañan, además de ingenieros, marinos, médicos, sacerdotes, agrimensores, baqueanos, además de sumar a los indios de Catriel. Toda una empresa colonizadora!. Pacheco da con los indios de Chocorí y los aniquila. Manuel Gálvez expresa que captura al jefe, Difiere Rosa. La cuestión que ya no mandará más, y lo sucede su hijo, Sayhueque, que normaliza relaciones con el Gobierno, mandando en “el país de las manzanas”, por Neuquén. Rosas se da por satisfecho, aunque sabe que ni Yanquetruz ni Rondeao se terminarán sometiendo.

  Espía por una hendija metafórica de la Patagonia. Un cacique mapuche se adentra en territorio argento. Parece que Rosas se lo permitió, a cambio que hiciera cagar fuego a los borogas. Y parece que el cacique, cumplió.

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Y en eso llegó Cafulcurá. 

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  Cuarenta años dura su influencia en la región. ¿Quién cornos es Cafulcurá, o, mejor dicho, Callvucurá?

  El cautivo Santiago Avendaño, pasó siete años en sus tiendas. Lo describe así: “Calfucurá… era dotado de esa fibra y osadía, que era necesaria para conquistar grandes fines; y de un mozo que corría por aquí y por allá en busca de juegos y diversiones, resultó un héroe. Su poder usurpado tomó una solidez que hasta hoy es el coloso temido de las indiadas vecinas aunque formen naciones independientes. Su carácter embustero, supersticioso y salamero lo hace más temible aun, tanto que sus mismos subordinados, no dejando de quejarse de él, se guardan bien de pronunciar una palabra, porque lo creen adivino. Y él mismo blasona de tener esa ciencia. He oído decir que Calfucurá es afortunado en todo porque sus obras le son sugeridas por Dios, con quien tiene sus entrevistas. La franqueza con que se brinda a quienes lo tratan, jamás ha sido motivo para que le falten el respeto; por el contrario hay indios quienes haciéndose los humildes, se excusan de ser vistos por el caudillo, porque el respeto hacia él raya en el temor. El jamás es indolente a la miseria ajena. Trata a todos bien y con amabilidad. Por eso se sostiene, gobierna y se le respeta. Si no fuese así, lo habrían arrastrado ya a la cincha…”.

  Otro cautivo, el francés Augusto Guinnard, lo ve: El conjunto de la fisonomía de este jefe, aunque con cierta dignidad, recordaba perfectamente, sin embargo, al tipo de los patagones occidentales, a quienes remontaban su origen. Como ellos, era de alta estatura, tenía los hombros muy anchos, el pecho arqueado; la espalda estaba un poco agobiada; el paso pesado, casi dificultoso, pero gozaba todavía de todas sus facultades; con la excepción de dos dientes perdidos en un combate en que le habían partido el labio superior, este viejo los poseía casi intactos todavía……este hombre, en realidad más humano que sus semejantes, me trató casi con dulzura y me prometió su apoyo….”. 

  En carta a Urquiza, Cafulcurá le dice: Cuando era joven, era diablo; ahora soy hombre de edad con experiencia: no hablo mal de ningún cacique, ni de ningún infeliz. En el sitio “imágenes de la frontera” de la cual saco estos testimonios, se dice que “dice también el Cacique Callfucurá que la ración y regalos que se le hacen todos los meses no tiene que agradecerlos, pues es pago de arrendamientos por sus tierras ocupadas. (…) Así, mientras en Buenos Aires se discutía y se seguiría discutiendo si era honorable `comprar´ la paz del indio con vacas y otros regalos, el cacique da vuelta el significado de ese envío y lo convierte en un pago por el arrendamiento de tierra indígena”. En la misma carta al “Castellano”, el Gran Gulmen expresa: “Bartolomé Mitre y Buenos Aires quieren agarrarme y Rivas y Machado dicen que cuando me agarren, Calfucurá verá a dónde irá a parar. Pueden venir a ver si me agarran. Nunca me han de agarrar; nunca… A mi también querían embromar como chiquito: ellos creen que yo soy un zonzo: pero soy más fino que ellos: que no me agarrarán así no más….el coronel Rivas, bajo sus tratados de paz, me quiere engañar para poder agarrarme o correrme; pero es más fácil que yo lo engañe y lo corra”. No le faltan talentos, ¡Le sobran!. En 1873, al finalizar ya su extenso dominio, le escribe a Sarmiento, presidente (1868-1874): “(…) nada sacamos matándonos unos a otros… Es mejor que vivamos como hermanos en una misma tierra. Pido a Usía que lo piense lo mismo, que Usía nada saca si nos hacen la guerra… Excelentísimo Señor, si tocante a la población de la que dicen que es por sus órdenes: en eso pido que se resuelvan. Nosotros que somos los dueños de esta América, no es justo que nos dejen sin campo”. 

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  “Los dueños de esta América…”. Así escribía este Napoleón del Sur.

   Pocos argentinos se le comparan en genio. Por eso, la seguiremos mañana…

 

Continuará…

PUEDE INTERESARLE:

file:///C:/Documents%20and%20Settings/Usuario/Mis%20documentos/Downloads/Lenguaraces%20egregios.pdf

https://carlospistelli.wordpress.com/?p=3834

http://indigenas.bioetica.org/not/nota26.htm#_Toc104130348

http://www.revisionistas.com.ar/?p=6396

file:///C:/Documents%20and%20Settings/Usuario/Mis%20documentos/Downloads/44500466-Sobre-la-araucanizacion-de-las-pampas.pdf

 

2 comentarios

  1. MUY BUEN POST. CREO QUE ESTÁN CUBIERTAS LAS OMISIONES DE DÍAS ATRÁS Y SE HAN USADO MATERIALES MÁS RECIENTES, CON CUANTO MENOS MENCIONES A LAS FUENTES. ESTA OPINIÓN ES LO PRINCIPAL.

    Pero hay aspectos que, si bien no son el nudo de la publicación, afectan negativamente el desarrollo de ella.
    Los más peligrosos son dos falacias o preparación para falacias.
    El primero es la vieja cantinela de la supuesta presidencia de Rivadavia expresada con mucha claridad en el párrafo que comienza “Pero al arribar Rivadavia a la presidencia (1826) todo…” Rivadavia es un héroe de lo antipopular, antiamericanista y hay que terminar con una mentira que vive por haraganería intelectual de quienes coincidimos con San Martín. Si Rivadavia fue presidente, con suerte y viento a favor, lo fue de Buenos Aires.
    El texto es un ejemplo típico de argumento ad antiquitatem, falacia lógica consistente en afirmar que algo es cierto sobre la base de que ha sido repetido durante mucho tiempo. Yo hubiera podido ser más breve y contundente con un ejemplo clásico del siglo XX, pero no puedo traer a colación crímenes horrendos que estoy seguro que Carlos denuncia y rechaza como todo ser humano decente.
    El segundo desliz peligroso es endilgarle a Estanislao López el crimen de Barranca Yaco con el párrafo que comienza con “Los Reinafé, sostenidos en Estanislao López, reprimen la sublevación. Y desde entonces…” Esto es agregar al ninguneo un inicuo falso testimonio. ¿Se quiere seguir con el tema? Debatámoslo, y se verá que a López se lo incrimina con retórica. Pero si nos atenemos a los hechos probados, al juicio realizado (tanto por su forma como por su fondo), a las declaraciones del asesino material, al turbio desarrollo del juicio y condena, y al criterio que ha sido la mejor guía para quienes buscan actuar con justicia en cualquier tiempo y en cualquier lugar (cui bono, ¿a quién beneficia?) veremos que a López ni si quiera se lo puede acusar. Es un crimen que posiblemente nunca podrá ser resuelto, pero el gran sospechado siempre será el porteño con pilchas de federal, Juan Manuel de Rosas.
    Los dos aspectos que termino de cuestionar, agregan un pecado a Carlos: la mención de ambos no agregó ni quitó nada al tema del post. Quiero pensar que se usó un material viejo en un tema poco tratado por Carlos, y quedaron un par de oraciones de tiempos más juveniles, pero con más dependencia ideológica de la historia rosarina. El propio Carlos hoy admite sin falso pudor y con mucha honestidad intelectual ese problema que todos los santafesinos debemos superar, tanto los del centro y norte como los del sur provincial. Ojalá así sea.

    Lo que sigue es para intentar ayudar el tránsito de lo bueno a lo excelente.
    Carlos se curó en salud al reproducir la descripción hecha por Juan María Rosas de las creencias místicas de los mapuches: afirmó que el texto estaba atrasado, y coincido cambiando un adverbio. Esa descripción no está bastante atrasada sino muy atrasada. Hoy sabemos y apreciamos mucho más la cultura mapuche gracias a los esfuerzos de investigadores chilenos. Algo similar ocurre con la otra gran cultura india que tenemos: la guaraní. He tenido la fortuna de que en la casa de mi abuelo materno existía toda una colección de libros para niños y adolescentes sobre cuentos y leyendas guaraníes.
    No me quiero extender más allá de la importancia de investigar el papel central de nuestro país en las culturas mapuche, guaraní y quechua (a la que se debe sumar la quichua de Santiago)
    Ya revisaremos todas.

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  1. IV. ROCA y LOS INDIOS. Cafulcurá, el Gran Gulmen del Sur. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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