Carlos Pistelli

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VII. Roca y LOS INDIOS. CONCLUSIONES.

 CampañaAlDesierto

  Fue, o no fue, genocidio la campaña del General Roca.

  El debate histórico en el marco teórico ha sido harto argumentativo. ¿A qué se denomina genocidio?. En el marco del derecho, el término empezó a acuñarse con motivo del Holocausto perpetrado por el Nazismo. Fue un jurista polaco, judío, Raphael Lemkin quien expresó:

La puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento.

.

  La ONU, en su resolución 96, reformulada dos años después, habla de

Artículo II
En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, cometidos con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
a) Matanza de miembros del grupo;
b) Atentado grave contra la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado forzoso de niños del grupo a otro grupo.

.

  Está claro que la definición de “genocidio” es moderna. La ONU la estableció para el Siglo XX en adelante, pero no fue para atrás. Pero unas palabritas en el debate, el genocidio ha infligido grandes pérdidas a la humanidad en todos los periodos de la historia, llevó a los historiadores a los libros y a los documentos. Y ahí, el debate que no tiene final.

 El holandés Pieter N. Drost dice que genocidio es:

la destrucción física deliberada de los seres humanos en razón de su pertenencia a una comunidad humana de cualquier tipo.

.

 El debate continuaba en el ámbito historiográfico. ¿Fue Hiroshima, ejemplo, un acto de genocidio?. Había que ampliar aquella definición jurídica de la ONU, y así llegamos a los autores Fran Chalk y Kurt Jonassohn:

El genocidio es tipo de masacre de masa unilateral con la que un Estado u otra autoridad tiene la intención de destruir a un grupo al que el mismo perpetrador ha definido.

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 Coincide el historiador francés Bernard Bruneteau:

 El interés de esta definición reside en que descarta el resto de violencias asimétricas (de tiempos de guerra o de insurrección) y nos orienta hacia la comparación entre los Estados que las ordena (totalitarios o no) o las autoridades que las inician (centrales o locales); entre los grados de explicitud de la intención de destruir y entre las condiciones ideológicas y políticas de la definición adoptada por el verdugo. La perspectiva comparada podrá entonces resaltar el elemento común (la intención de perjudicar a un grupo) y las diferencias que se juzguen o no esenciales, sea en la motivación ideológica (quebrar la oposición a un programa concebido como vital o eliminar a un enemigo percibido como mortal), sea en la puesta en práctica de la matanza (destrucción parcial o total).

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  Bajo esas definiciones, y más allá de lo extemporáneo, las carnicerías que van desde 1872 en adelante, cuando el poder de la indiada ha decaído totalmente, entran en el rótulo de ‘genocidio’. Eso no quita reiterar que los indios no eran ningunos bebés de pecho. Pero hubo un plan sistemático para erradicarlos de sus tierras.

  Esto nos abre una perspectiva de análisis, que, en la lectura que he compartido (básicamente ‘wikipedia’), no queda definida ni clara. ¿Podemos dividir genocidio en dos grandes ramas?. Una en donde en el proceso de una guerra, uno de los contendientes, teniendo superioridad numérica y armamentística, lleva la misma hasta las últimas consecuencias, sin pararse en medios; Con aquella que se realiza a grupos indefensos, como es el caso extremo del genocidio armenio, o el holocausto judío.

  En la Argentina previa a la carnicería final que encabeza Roca, había elementos que nos hacen suponer que esto venía pasando. La violencia política en nuestro país y en la región era casi una regla. El terror jacobino de los años revolucionarios, dosis de terrorismo de estado como se conocerá a lo realizado por el Proceso Cívico Militar de 1976, y la famosa ‘guerra de policía’ que lleva a cabo el mitrismo. En la guerra de policía, definen Mitre y Sarmiento, de lo que se trata es de quitarle sus banderías políticas a los montoneros del cordón cordillerano, quitándoles la posibilidad del ‘don de gentes’, y llevar la situación a quitarles la vida en donde se los encuentre: “lo que hay que hacer es muy sencillo”. Al definir el levantamiento político de un Chacho Peñaloza, como al de un simple criminal que no acata la ley, el trato militar termina siendo, “Alto, quien vive, y no dejar con vida a ninguno”. Se los enrostra Peñaloza en la paz de la Banderita, en un infructuoso intercambio de prisioneros, “Será cierto que los han matado a todos”. Y para colmo, las chinas que sobreviven son sometidas por las tropas vencedoras, y llevadas a casas de relajación, iniciándose un sistema que hoy se denomina “trata de blancas”, que no es ningún invento moderno.

  La guerra, último recurso ante la imposibilidad de acuerdos civilizatorios, trae aparejado una encrucijada para la humanidad. Se mata y se muere, en aras de pervivir, sobrevivir, y prevalecer. Se mata para no morir. Hay casos excepcionales, como el del Libertador San Martín, un extraordinario estratega militar que nunca cae en los vicios de la inhumanidad. Mas en las guerras civiles, eso se fue al carajo. Hay episodios dramáticos, donde la sangre vertida fue más allá de lo acostumbrado: La batalla de Gamonal, en donde López debe imponerse para detener la matanza; la carnicería que llevan a cabo Paz y Lavalle tras fusilar a Dorrego; las guerras encarnizadas de 1840 y 1841, como el caso de Acha o el coronel Maza; la saña de Urquiza para con los vencidos; Pozo de Vargas. Todo está tipificado, igualmente, en los dramas de las guerras civiles, con un asterisco para con lo que hace Lavalle, en donde entramos ya en un terreno fangoso. Eso nunca había pasado antes. El asesinato a mansalva de los gauchos que mueren reivindicando a Dorrego.

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  ¿Qué podía esperarse de esa sociedad violenta, que resuelve sus dramas derramando sangre a torrentes?. Poco. Hay períodos de pax romana, y luego volver a empezar. No hay un solo momento en la historia argentina donde la guerra no sea “tapa de los diarios”. Con su llegada al poder, y él mismo lo dice en algunos de sus discursos al Parlamento, Roca pone término a esa etapa. Se inicia una nueva, donde la violencia política ya se canaliza de otra forma.

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¿Roca, genocida?.

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  Y sí, hermano, que se haga cargo. No es el único, y no se comprende porque toda la responsabilidad ha caído sobre él. Inclusive Roca va a recibir a muchos de esos caciques vencidos, y les va a prometer tierras para sus gentes, que cumple a rajatabla. Aquella conversación de Mansilla con el ranquel Rosas, diciéndole que había huincas que creían en una coexistencia, quedó en páginas de un libro magnífico. Si la hubo, a la posibilidad, esa nunca fue la idea de la elite gobernante argentina.

 En la historia de la civilización, cuando una sociedad se impone a otra, lo hace sin medir consecuencias. Pero que sea norma, no signifique que uno tenga estar de acuerdo: Lo dice, y lo entiende. Lo explica. Son esos momentos donde uno duda de la humanidad del Hombre, y piensa que un digno perro callejero, tiene más cualidades que el hombre que tiene al lado.

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  Quise terminar las notas con estas líneas, pero estoy obligado a escribir una más. Esa donde deberé contar, qué pasó con las tierras usurpadas, y los indios que quedaron.

Continuará…

3 comentarios

  1. JOSE ANTONIO COREA MARTINEZ,,

    EL GENOCIDIO DE ROCA, MITRE Y SARMIENTO ENTRE OTROS, CONTRA LOS INDIOS, NO TENÌA, MÀS QUE EL PROPÒSITO DE ARREBATARLES SUS TIERRAS, PARA HACER SUS GRANDES HACIENDAS,,Y UTILIZARLOS LUEGO, COMO PEONES ,,,O SABANEROS,,O GAUCHOS,,INCLUSO AHORA,,LOS DESCENDIENTES DE ESTOS GENOCIDAS, DISFRUTAN DE GRANDES EXTENSIONES DE TIERRA, SOJEROS Y GANADEROS,,,SIN LEY, SOLO EL CUCHILLO Y LA HORCA,,

  2. santafemipais

    BRILLANTE
    Muestra con claridad la delgada línea cambiante entre genocidio y “bajas colaterales”. Se escribe desde el siglo XXI, y no cae en la trampa de la “historia whig” (definir ligeramente quienes son los malos y los buenos de la película) que nos aleja del pasado y nos impide comprender las acciones de sus protagonistas.
    Como especie (Homo Sapiens) somos tanto asesinos de nuestros primos (Homo neanderthalensis) como ángeles capaces de dar muestra del más generoso altruismo.
    Sin elegir el camino fácil de meter a todo el mundo en la misma bolsa, marca claramente las ideas e intereses en pugna.
    BRILLANTE.

  3. habria que preguntarles a los descendientes de los pueblos originarios que piensan al respecto, a los que les dasaparecieron ya sea asesinados, torturados, violados, padres hermanos hijos nietos abuelos

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