Carlos Pistelli

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VIII. Cien años de la victoria nacional de 1916. Apuntes de una Política internacional.

  Alvear se indigna, se exaspera, no lo pueden contener. ‘Espere doctor, No se enloquezca’, musitó Pueyrredón, siempre cordial. Vestido de elegante frac, Marcelo se para y se dirige al atril. Lo agarra de las solapas, tironeándolo, al Presidente de la Asamblea y le espeta: “Ud le va a dar la palabra al representante argentino, porque somos un Gran País“. Marcelo habrá sido Marcelo, pero fue un patriota, canejo.

  Se conocía de antemano la posición argentina con respecto a la Sociedad de Naciones. Oponerse y retirarse si no iba a ser una Sociedad de las Naciones; tratadas como iguales. Alvear no quería y el Presidente de la República insiste. Se mandan comunicaciones. Idas y vueltas de comunicaciones de dos viejos amigos. Yrigoyen termina diciendo: “Hoy, mañana, pasado mañana pero algún día, los pueblos comprenderán. Y midiendo el abismo en que nos desenvolvemos hoy, se maravillarán de lo que somos actualmente. Que importa lo que digan, con tal que vayamos. Que importa, además, que brame la tormenta: Todo taller de forja parece un mundo que se derrumba. Y que importa, también, que seamos, hoy como ayer, seamos los mismos merodeadores del hambre y la sed humana. Una estrella brilla en el campo de nuestra ignominia. Créanlo, bordeando precipicios que apenas entrevemos al pasar, hacemos historia, que los siglos venideros, reconocerán grandiosa“.

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  Honorio finalmente habló. Y Argentina se retiró de la Sociedad de Naciones. Anunció, profético, el Oráculo, lo que devendría apenas 20 años después por esa actitud de los vencedores de la Gran Guerra.

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Yrigoyen en Casa Rosada.

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  El Caudillo Popular accedió al Gobierno ganando una gran elección, con problemas en el Colegio Electoral, con el Senado francamente en contra. Eso entorpeció la marcha de su gestión. Yrigoyen se las arregló en materia interna, mientras se desenvolvía en la diplomacia con mayor libertad. Dice el General Perón, que política es la internacional, que todo lo demás es cabotaje. E Yrigoyen, realizó una encomiable y brillante política exterior, de lo mejor de la larga Historia Argentina.

  El programa de gobierno del “Peludo” era la Constitución. ¿Era tan así?. Un Gobierno que anuncia en su primer día, Argentina deja de ser gobernada, para gobernarse así misma, venía a romper con todo lo establecido. Guardó cordialmente ciertas formas del Statuo Quo, que tanto se le criticará, y se lanzó al mundo con una premisa obsesiva en la mente del caudillo nacional: Argentina tiene un papel que cumplir, en América y en el mundo, de ribetes sanmartinianos.

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La Gran Guerra.

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  Don Victorino De La Plaza le entrega la banda el 12 de octubre de 1916. El salteño con aires de Lord Inglés, idioma que hablaba a la perfección, mantuvo la neutralidad con muchas críticas de la High Society porteña, que querían mandar cholitos a la trinchera. Yrigoyen mantuvo y profundizó la decisión argentina.

  Arreciaron las críticas al Peludo de Balvanera. Manifestaciones callejeras braman por ir a la guerra, e Yrigoyen se mantiene imperturbable. Hasta los siempre oligarcas, pero “pacifistas”, de los socialistas votaron la declaración de guerra en el Congreso a Alemania. Se conocen cables del Embajador alemán a su Gobierno, donde destrataba al Canciller Pueyrredón. Y, encima, el hundimiento del carguero “Toro” y el mercante “Monte Protegido”, por parte del Imperio Teutón. El Presidente, calmado, pidió reparaciones diplomáticas al Kaiser y el retiro del Embajador. En Cardiff, es hundido el vapor “Curamalan”, por la marina ‘aliada’, e Yrigoyen reclama duramente al Gobierno Francés, recibiendo una disculpas diplomáticas. La Guerra que se justifica es aquella que se pelea por la Independencia, y por eso el Presidente envía su apoyo a la Nación Belga, invadida por unos y otros. Yrigoyen sostuvo la neutralidad hasta las últimas consecuencias.

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  El pacifismo del Presidente no era por cobardía, como le denunciaron sus opositores; ni por conveniencia con la Gran Bretaña, como en el caso de don Victorino: Era una posición política. E Yrigoyen fue a fondo con la cuestión, provocando el retiro de la Sociedad, y la máxima argentina, que el Presidente robó a Sáenz Peña, “No estoy con nadie ni a favor de nadie, Estoy con todos, y a favor de todos”.

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Conflicto con Norteamérica.

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  En la primera Conferencia ‘Panamericana’, fogoneada por los EEUU, y realizada en Washington, Argentina sentó posición de entrada. Estamos en el 1889. Roque y Manuel Quintana se vistieron de gala, y en vez de concurrir a la inauguración de la  misma, se pasearon en coche por la ciudad capital, ante la mirada de todos. El desprecio, era claro.

  Roca mantuvo esa postura nacional de enfrentamiento continental con Estados Unidos, que Roque obviamente mantuvo a rajatabla, con su América para la Humanidad. Llegaba el viejo Hipólito al Gobierno, y se esperaba mucho de él al respecto.

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  Lo primero que hizo el Presidente fue denunciar el Pacto ABC, argentino-brasileño-chileno, que ponía al continente suramericano bajo la tutela del tridente del sur, firmado por De La Plaza. Brasil, ya bajo la tutela norteamericana, no venía cumpliendo las cláusulas mínimas, y Chile había vuelto a su histórica posición antiargentina y anticontinental.

  El primer conflicto lo desata el Embajador argentino en Washington, Rómulo Naón, una promesa bernardista de los años de la gobernación radical (1898-1902), y claramente identificado en la línea antiyrigoyenista. Naón, diputado nacional, ministro de Figueroa y ministro plenipoteciario y luego embajador nombrado por Roque, estaba alucinado con don Woodrow Wilson, presidente yanqui (1913-1921). Wilson, intentando, intentando reitero, alejarse de la “política del garrote”, propiciaba un marco de acuerdo general, llamado “Pacto Panamericano de Paz”, consistente en: 1º) Garantías recíprocas tanto de independencia política bajo la forma republicana de gobierno como de integridad territorial, y 2º) Mutuo acuerdo de que el gobierno de cada una de las partes contratantes ejerce control total dentro de su jurisdicción de la fabricación y venta de pertrechos de guerra.

http://www.argentina-rree.com/8/8-034.htm

  El proyecto fue duramente criticado por distintos arcos de la política nativa, desde Manuel Ugarte, identificado con el Socialismo, y el ex canciller, ducho en la materia, Estanislao Zeballos, el rosarino llamado a grandes cosas que siempre golpeó las puertas equivocadas. Y, obviamente, Yrigoyen.

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  Naón era un lobbysta norteamericano en la propia sede argentina y se había interesado en mediar en la actitud de Wilson para con la Revolución Mexicana. Contaba Naón con el respaldo de Carlos Becú, nuevo canciller, y las seguridades de Wilson con el tema. Mas cuando éste rompió relaciones e ingresó en la Gran Guerra del lado británico, Naón quedó en orsai; Encima renunció Becú, por diferencias con Yrigoyen.

  El Presidente argentino adoptó entonces su pensamiento a la política internacional, y se abocó a la conformación de una Conferencia de países neutrales americanos. Naón se indispuso con el mandatario, y los Estados Unidos hicieron lo indecible para hacer fracasar la reunión. La senda americanista de San Martín, Rosas, y el propio Roca, tan antinorteamericano, encontraba cauce nuevamente. Horacio Oyhanarte, vocero de Yrigoyen en el Congreso, expresó: “El Congreso de Neutrales hará que la República Argentina no aparezca como una individualidad aislada, sino que conglomerará a su alrededor a todos los demás neutrales de América“. El lobby norteamericano hizo furor esos años. Si México envió sus delegados, y El Salvador prometió hacerlo, la idea no cuajó. A pesar de los esfuerzos argentinos que lograron media venia de Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay la misma no llegó a producirse. El “hispanoamericanismo” de Yrigoyen sufrió un duro revés.

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  Un nuevo episodio puso en jaque a Yrigoyen. Con motivo del ingreso de EEUU en la guerra, el gobierno yanky estipuló un patrullaje sobre el Atlántico del Sur y el propio Río de la Plata. Recibido en triunfo en Río de Janeiro, se decidió ir a Montevideo y Buenos Aires, casi que de prepo. Yrigoyen se agarró la cabeza. Un nuevo conflicto diplomático se debatía en ciernes. El Embajador norteamericano, Frederick Stimson, que tenía una pésima visión de Yrigoyen, le expresó al Canciller Pueyrredón que la flota del Almirante Caperton debía ser recibida en “invitación incondicional”. Stimson era la negación de la diplomacia, que aprovechaban britanos y teutones. Yrigoyen, simplemente se negó, con breves palabras. La Secretaria de Estado ordenó a Stimson negociar atento a la desconfianza argentina.  Y Stimson debió sofrenar sus ímpetus y en diálogo con Pueyrredón, lograr que la flora amarre en el fuelle porteño. Se lo tomó como una declaración de simpatías argentinas hacia los EEUU, y volvieron a arreciar las críticas de los que sostenían lo volátil que se tornaba la política internacional del “Peludo”.

  Yrigoyen no era volátil, Se manejaba en función de las circunstancias sin renunciar al Honor Nacional. Alemanes y británicos lo corrían por ese lado, sabiendo de su patriotismo. Stimson, nunca entendió eso de las soberanías de los países. Raras relaciones las argentinas-yankis de 1916-1921, con un pronorteamericano en Washington, un prepotente en Buenos Aires sin sentido de la finura, con un no yanky en Casa Rosada y un antiargentino en la Secretaria de Estado.

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  Naón renunció a la Embajada y se pasó a la oposición sistemática; Wilson sufrió un ataque  cerebral que lo postró, gobernando su señora el resto de su segundo mandato. El fracaso en Versalles del Presidente norteamericano, mostró a las luces cuanta razón tenía Yrigoyen. Pero la escalada diplomática entre los colosos del Norte y el Sur continental, continuaría.

 En los primeros días de enero de 1918, Yrigoyen firmó una venta de cereal, altamente ventajosa a nuestro país, con Gran Bretaña y Francia, rompiendo la neutralidad, pero que contó con un fuerte rechazo estadounidense. En los años del primer gobierno radical, Argentina tuvo con Gran Bretaña, balanza comercial superavitaria, al mismo tiempo que el gobierno argentino negociaba con la República Alemana y con los propios EEUU, nuevos acuerdos económicos. Yrigoyen se aprovechaba de las desinteligencias de las potencias, en procura de romper con la dependencia histórica del país, pero, a su vez, sentaba resquemores su actitud ‘independiente’. Las tormentas empezaban a desatarse sobre la Argentina, mucho antes de 1930.

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  Finalmente, vencidos los demócratas y arribando los republicanos al poder, una nueva etapa se inició. El “garrote” volvió con todo, pero “los vivos” del partido del Elefante, manejaron mejor sus relaciones con Argentina, aunque siguiera la rivalidad Panamericana/Hispanoamérica.

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La huella americanista.

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  Pese al fracaso de la conferencia de neutrales, Yrigoyen no cejó en su plan continental.

  El presidente oriental, Feliciano Viera, tenía razones para creer una invasión alemana al Uruguay. Y pidió comprarle armas a su hermano país rioplatense. Yrigoyen le contestó: “Sepa el Uruguay que Argentina no le venderá armas, Que si la invasión llegase a producirse, el pueblo argentino entero combatirá en defensa de la soberanía oriental”. Afirmó Yrigoyen, tras palabras de agradecimiento del Gobierno y las cámaras orientales:

 La feliz comunidad fraternal de nuestras naciones tuvo en aquel momento solemne -revelado por el excelentísimo señor presidente de esa nación y que ha motivado el pronunciamiento de la honorable Cámara-, la más profunda e imperecedera acentuación que, partiendo del luminoso pasado, orienta esclarecido todo el porvenir.
 Mi actitud de gobernante fue así la interpretación de la solidaridad que radica en el alma del pueblo argentino para el pueblo uruguayo y que yo experimento con la más efusiva complacencia.
 Expresados estos sentimientos, séame permitido afirmar mi credo americano por la sustentación fundamental de la soberanía de las naciones, en su consagración inmanente e inmutable, tal como la Divina Providencia las discerniera y el espíritu de cada una de ellas culminara, constituyendo unidas una de las más generosas entidades del mundo en el concierto de los bienes universales.

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  Yrigoyen procuró ganarse diplomáticamente a los gobiernos de América, confrontando con dos serias dificultades: Un elenco de embajadores que no se ajustaba a su plan; Y el lobby norteamericano, que pendulaba del garrote al préstamo de dólares tan necesarios para los gobiernos de América.

  Así y todo provocó bravatas que los yankis mandaban callar en las noticias de los periódicos de las capitales continentales.

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  En 1919 falleció el poeta mexicano Amado Nervo, embajador ante Buenos Aires y Montevideo. El presidente oriental envió de regreso los restos del poeta e Yrigoyen ordenó al Crucero 9 de Julio lo escoltara. Al regresar, el Comandante del 9 de Julio pidió instrucciones a Bs. As., pues debían parar en Santo Domingo a aprovisionarse de combustible.

   Capital de la República Dominicana, el hermano país estaba dominado por la ocupación yanki desde 1916. La bandera de las barras y las estrellas ondeaba en el Puerto Dominicano, pero hete aquí, ¿A qué bandera debo saludar, sr. Presidente?.

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   Id y saludad el pabellón dominicano, en reconocimiento a su independencia y soberanía(1). Al entrar al puerto, el acorazado izó al tope la bandera del país hollado, saludándola con una salva. Corrió la voz por la ciudad, y personas fervorosas compusieron con trozos de tela una bandera dominicana que izaron en el torreón de la fortaleza(2). 21 salvas saludaron la gloriosa bandera caribeña, ante un espectáculo de fiesta popular que rompía las terminantes órdenes de toque de queda de la invasión. El primer cañonazo generó curiosidad entre algunos transeúntes. Corrieron al Puerto y observaron lo indecible hasta entonces: flameaba la bandera nacional vilipendiada por los invasores. La noticia corrió como reguero de pólvora. Las familias salieron de sus casa a celebrar el honor patrio, a despecho de las posibles amenazas. Un orador gritó en llantos: “Loor al presidente argentino Yrigoyen que nos ha hecho vivir siquiera dos horas de libertad dominicana”. Al recobrar su libertad en 1925, los dominicanos honraron a Yrigoyen poniéndole su nombre a una calle céntrica.

(2) http://www.terapiatanguera.com.ar/Notas%20y%20articulos/fraternidad_argentino_dom.htm

(1) http://diego-barovero.blogspot.com.ar/2015/01/el-americanismo-de-hipolito-yrigoyen.html

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  “Los pueblos son sagrados para los pueblos, y los hombres para los hombres“, resumiría Yrigoyen su postura internacional. Un montañés nicaragüense tomaría las armas por la liberación de la Patria. El nombre del Presidente argentino fue voceado en reiteradas ocasiones, como la única garantía honorable para conseguirla.

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El Radicalismo y Malvinas.

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  Para terminar estas apostillas, un párrafo disparador.

  A su llegada al gobierno, Alvear decidió romper toda comunicación con las Islas, a su vez que obstruía que las mismas lo hicieran con el resto de los países americanos. Eso llevó a una protesta británica que Marcelo muñequeó diciendo que “él no tenía nada que ver”. Zanjada la situación, Alvear mandó a Londres la siguiente comunicación: cumple a esta Cancillería manifestar que si bien es exacto que desde 1833 esas islas han estado bajo ocupación británica, no lo es menos que desde esa fecha y en diversas oportunidades el Gobierno Argentino ha protestado por dicha ocupación y por el acto originario que la determinó. Al Embajador británico en Bs. As. se le escapó entonces:

 Con respecto a las islas Falkland, siempre he considerado, desde que leí el memorándum de Bernhardt del Foreign Office de diciembre de 1910, que nuestro reclamo a las islas es en verdad muy débil. En realidad está basado sobre la fuerza y muy poco más. Esta opinión parece haber sido mantenida por sucesivos gobiernos británicos desde los días de Lord Palmerston, porque han realizado esfuerzos para evitar que la verdad sea proclamada. Me doy cuenta que las islas son de un valor estratégico vital para nosotros y que no podemos renunciar a ellas, sin importar lo justa o injusta que pueda ser nuestra posición. Todo lo que quiero es continuar la política de los gobiernos anteriores y permanecer en silencio. No creo que el gobierno argentino presente seriamente la cuestión a menos que los forcemos por resentirnos ante sus periódicas punzadas y sus periódicas reafirmaciones de su reclamo. (…) Mantenemos nuestro reclamo al mantener la ocupación, que es por lejos más fuerte que un número de notas que sólo pueden dar lugar a desagradables controversias y finalmente podrían llevar al gobierno argentino a la sugerencia de que se remita todo el asunto a la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

http://www.argentina-rree.com/7/7-101.htm

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   Yrigoyen mantuvo la protesta y la comunicó a Gran Bretaña. Su caída no desaceleró el conflicto. Pero será recién en 1946, cuando un diputado radical, Ernesto Sanmartino, el del “aluvión zoológico”, consiguió en el Congreso, y por unanimidad, y apoyo del General Perón, llevar el tema a la ONU para que fuera el organismo internacional quien diera soluciones al tema. Argentina quedaba a un tris, de recuperarlas diplomáticamente. Algo, como siempre en nuestra historia, mancó y seguimos en este stand by que no marcha ni retrocede. Ellos la ocupan ilegalmente, con el agregado de que la guerra “da derechos”; Nosotros reivindicamos que siguen siendo nuestras.

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    1. IX. Cien años de la victoria nacional de 1916. Los pilares del Yrigoyenismo. | ¿VALE LA PENA SER ARGENTINO?

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