Carlos Pistelli

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Dos cientos años igual.

 Es la Causa contra el Régimen, díjole alguna vez el Caudillo krausista de calle Brasil.

 Esta casta que ha manejado la República desde Morón (Caseros, la llaman los brasileños), con algún break que pudo poner Urquiza, Yrigoyen o Perón, nunca ha perdido el poder. Posiblemente no hayan ejercido la Presidencia, porque el poder es otra cosa.

  Cuenta el historiador Vicente Fidel López, dado al industrialismo, pero vinculado a los estrados del poder, que aquella República Colonial Cerealera pagó cada dividendos de las pérdidas de la élite. Sin flota mercante, el alquiler del barco que se llevaba los productos de nuestro suelo valía poco menos que la mercancía que salía. El Estado garantizaba que nadie saliera perdiendo, pagándola el pueblo argentino.

 Desde tiempos inmemoriables la cosa es así. Mitre, Sarmiento, Alsina, Avellaneda, todos parte de una misma matriz. Endeudarse para formar el Estado Moderno, y hacer la vista gorda con los ultrajes extranjeros. Alguno que otro le salía el patriotismo (un Bernardo de Irigoyen, ejemplo), que callaba convicciones por el derecho de pertenecer. Nunca las inversiones extranjeras generaron empleo y desarrollo. Siempre fue el Estado. Ud. me dirá, bueno, que entre guita, así algo queda. Nunca quedó nada, doctor, Nunca. Eso de las inversiones extranjeras es el verso consagrado de la Historia Nacional.

 Vino Roca, una nueva esperanza, una nueva frustración. Pellegrini, Figueroa, Roque. Llega el Peludo.

  El Radicalismo era la Nación misma, pero le faltaban interlocutores válidos en los puestos del Estado. Hicieron lo que pudieron, con patriotismo y honestidad, y cuando se decidieron a librar la batalla nativa de Independencia Energética y Militar, con el petróleo, les dieron las hurras.

 La década del ’30, larga década que llegó hasta 1943, volvió las cosas a la normalidad con algunas medidas rescatables. Pero era de tal magnitud la corrupción, la inmoralidad y el fraude, que también los rajaron. Los rajaron porque Castillo se hizo el vivo varias veces con EEUU.

  Llegó el General. Con un plan, con una idea, con un sentimiento nacional y popular que le acompañó. Tuvo excelentes ministros y algunos que mejor no mencionar. Y finalmente lo fletaron. Andá a saber qué partido se estaba jugando entonces.

  Argentina entra en el FMI y en el mercado de capitales financieros, La deuda externa se torna incontrolable. Aún así, el viejito demócrata, gorila y austero, dio vuelta la tortilla, apenas un suspiro.

  Y luego el desbande. Y, fundamentalmente, un país que está pagando en el concierto de las naciones poderosas, hacerse la viva en Malvinas. El mundo está tan globalizado, que hablar de soberanía es casi un sueño rosista de mejores mansilladas. Pero siempre hay un margen para hacer las cosas mejor. Siempre.

  Y, entonces, el PRO. Aliado a lo que queda de las siglas del partido de Hipólito, con el concurso de amable de los que se dicen sucesores del General. Pobres viejos luchadores, la de herederos que dejaron.

  No es que el Presidente acaba de asumir, y lleva un año de gobierno. Pertenece a una casta que maneja el país hace décadas. Y en frente, unos atorrantes, del primero al último, que predicaban pueblo, y choreaban más que el Gordo Valor.

  Culpar al Pueblo de nuestros males, a nosotros mismos, es una respuesta sencilla, Como la de culpar también a una sociedad del privilegio que todas las hacen impunemente. Alguna vez, los historiadores, que decimos que nos la sabemos todas, debiéramos dejar de llevar flores al cementerio donde descansan nuestros gloriosos ancestros, y hacer algo más por el páis. Alguna vez en Argentina debiéramos dar debates de fondo, olvidando coyunturas, para evitar que se reiteren, una y otra vez, los mismos dramas que se vienen dando desde el 1810.

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Casita de Tucumán

Casita de Tucumán.

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 Doscientos años de Independencia, y las cosas siguen como entonces. Sumidos al capital financiero. Con un dato, al menos desolador. No los tenemos a San Martín, Güemes, Belgrano conduciendo la lucha. Alguna vez, alguna puta vez, debemos embanderarnos en ellos para librar la única batalla que merecen nuestras vidas: La de liberar a la Patria.

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