Carlos Pistelli

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Dorrego, mártir del federalismo.

“Señor gobernador de Santa Fe, don Estanislao López.

    Mi apreciable amigo: En este momento me intiman morir dentro de una hora. Ignoro la causa de mi muerte; pero de todos modos perdono a mis perseguidores. Cese usted por mi parte todo preparativo, y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre. Soy su afectísimo amigo, Manuel Dorrego”.

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Manuel_Dorrego

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  Para noviembre de 1828, el ciclo político de Dorrego (1787) había acabado. Pero nadie esperaba su tremendo final. Final que desató un revanchismo político criminal de los “unitarios”, que, encima, abrió una etapa oscura en la Historia Argentina.

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Manuel Críspulo Bernabé Dorrego 

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  El 11 de junio de 1787 nació en Buenos Aires, ingresando al viejo colegio de San Carlos en 1803. Estudiaba jurisprudencia en Santiago de Chile, cuando desata la revolución juntista, de la que participa ardorosamente. Al regresar al páis, se enrola en la tropas de Cornelio Saavedra, que marchan a cubrir el desastre de Huaqui.

 Desde entonces desarrolla una meteórica carrera militar, como oficial del Ejército del Norte, héroe y crucial combatiente en las victorias de Tucumán y Salta, pero dejos de indisciplina, lo separan del mando de tropas, destinándolo, primero a Santiago del Estero, y luego a Buenos Aires.

 Combate al gauchaje “anarquista”. Tropelías en Santa Fe vienen de su mano;  Combate al artiguismo en la Banda Oriental, como segundo de su Jefe político, Miguel Estanislao Soler, sobrino, y heredero del poder político de Saavedra. En Guayabos, Rivera lo descalabra y se vuelve a Buenos Aires con el rabo entre las piernas.

 Empieza una provocadora carrera política, a los sones del desguazado “saavedrismo”. Denuncia, ahora desde la prensa, la traición porteña al artiguismo. Un héroe y hombre de la High Society portuaria se hace con el mando, y se vuelca a los adversarios de “clase”: Antonio González Balcarce. Balcarce se rodea de los Soler, Dorrego, Pagola, French, Manuel Moreno, quien ha saltado el charco de su hermano. Pero el Congreso de Tucumán ha nombrado Director de Estado a Pueyrredón, y Balcarce acata. No así Dorrego, quien encima le raja un insulto a don Juan Martín, partiendo a un destierro complicado. Salva la vida milagrosamente y termina en Baltimore, en donde estudia el federalismo norteamericano. Se hizo federal afuera, cosas del destino. 

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  Derrocado el Directorio, se vuelve al páis. Otra vez combate a los santafesinos, y su capacidad, y arrojo, lo convierte en Gobernador Bonaerense. Nuevamente las tropelías arrasan con mi provincia.

NOTA AL PIE: Ojo al piojo. Estanislao López no es ningún bebé de pecho, pero comparado con las acciones dorreguistas, que Francisco lo haga Santo.

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 Al lado de Dorrego destacan cuatro hombres, llamados a tener papel histórico de distinto valor: Pagola, Lamadrid, Martín Rodríguez, el traidor del norte, y el más destacado de todos: Juan Rosas, cuyos negocios lo asociaron al hermano de Dorrego, Luis.

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https://carlospistelli.wordpress.com/2015/12/03/historia-de-santa-fe-lopez-y-dorrego/

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 Don Juan Manuel, el más dotado de todos esos, y muchos más, lo llama a recomponer con López. Pero Dorrego carecía, y carecerá, del don del saber escuchar, don que todo político medio necesita tener. Lo separa a Rosas de sus tropas, y López lo deshace en la tremenda batalla de Gamonal, donde por poco no le prende. La fugaz estrella dorreguiana se desvanece y Rosas se entiende con don Estanislao. Esa alianza sella la suerte del Federalismo, y del país, por treinta años. 

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La formación del “Hombre” 

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 En esos años rivadavianos, Dorrego forja un nombre de oposición al régimen. Casado con Ángela Baudrix, tiene dos hijas, Isabel y Angelita. En 1824 nace Manuelito.

 Por esas cosas del destino, se encuentra en el Alto Perú, próximo a convertirse en Bolivia, en honor al Libertador caraqueño. Allí departe con Simón. Tiene palabras elogiosas hacia Bolívar. Algunos historiadores vinculados al unitarismo, comentan que lo que se habló allí era una intromisión bolivariana en nuestros asuntos domésticos, con la venia federal de los gobernadores de Santiago y Córdoba, Ibarra y Bustos, compañeros de armas de Dorrego en el norte. Algo de eso hubo.

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  Vuelve al páis, y a Buenos Aires, con un diploma que le entrega Ibarra: Diputado santiagueño al Congreso Nacional. Su voz, su poderosa oratoria, destaca en contra de Rivadavia. Dorrego se termina de convertir en el Campeón del Pueblo. Su impronta es popular, su carácter nacional. Es un americanista, causa de la que es héroe. Y con la caída del Presidente, su nombre es voceado por todos, para asumir la gobernación bonaerense, por segunda vez, en agosto de 1827.

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Las plumas contra Dorrego 

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 Las plumas históricas se han ensañado contra el Héroe de Tucumán y Salta. Y cosas del destino, el libro que vendió más ejemplares sobre su vida, en el presente, es un protocolo de lo que no hay que escribir en Historia Nacional.

  Hernán Brienza, con que me une algún contacto personal, y a quien le tengo afecto, por qué negarlo, escribió un gran libro escritor sobre Dorrego, pero que tiene horrores y exageraciones increíbles. El Comandante Hugo Chávez elogió públicamente al libro, y al autor, incitándonos a su lectura. Eso prueba que fue un gran dirigente político de su país, y un desconocedor de Historia Argentina. El libro tiene errores de apreciación, y extrañas omisiones. Se habla del primer jefe que condujo un ejército liberador por Los Andes (sic), al hecho de cruzar una tropilla que vino auxiliar desde Chile a Buenos Aires; Se habla y se lo pondera como el verdadero adalid de las victorias de Tucumán y Salta, porque Belgrano estaba levantando polleras nomás en el norte; Habla de él como el creador de las guerrillas del Norte (desmerecimiento a Güemes); Se lo levanta como al primer federal argentino, porque Artigas entendía por federalismo lo mismo que yo de física cuántica (frase amiga); Se lo pondera como al primero que propone el voto popular masculino (se olvida de Artigas y sus mandatos para los Congresos de 1815; la Constitución Santafesina de 1819; la propia ley bonaerense de agosto de 1821); y por último intenta hacernos creer que el noble Dorrego fue el primer Líder Nacional y Popular, entiéndase nacional como territorial, cuando la Historia en sus hechos indica que a su fusilamiento, para mi pena personal, el gobierno pintaba para el desastre, entre otros puntos, por no ponerse de acuerdo con Juan Bautista Bustos, Exageraciones. Pero hay una omisión invaluable. El libro no menciona una sola vez, su famoso discurso “la aristocracia del dinero”, que fue la verdadera causa de su muerte:

 “Se les niega la ciudadanía, por ende el voto, a los jornaleros, a los peones, a los vagos, etc. pero se los enrola en las tropas que pelean las guerras nacionales. En cambio pueden votar los dependientes del gobierno, que pondrán empeño en continuar en sus funciones… Échese la vista sobre nuestro pobre país: véase qué proporción hay entre domésticos, asalariados y jornaleros y las demás clases, y se advertirá quiénes van a tomar parte en las elecciones. Excluyéndose las clases que se expresan en el artículo (de la ley) es una pequeñísima parte del país, que tal vez no exceda de la vigésima parte… He aquí, entonces, la aristocracia (señalando la bancada unitaria) la más terrible, porque es la aristocracia del dinero (el régimen mismo)… “He aquí la aristocracia del dinero. Excluidos los jornaleros, domésticos, los asalariados y empleados… quedan un corto número de comerciantes y capitalistas… Y en ese caso, hablemos claro: ¡el que formaría la elección sería el Banco!”. Y tras cartón, seguramente el Forreing Office, la Cancillería Británica, imponiéndoles a tal o cual, presidiendo al país como virreinato semi-colonial[1].

(1), de mi libro “Los Caudillos”.

 ¡Qué se le va a hacer!, Cosas piores hay. Pero notable que no esté ese discurso brillante y esclarecedor en el libro. 

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  Encima, el verdugo de Dorrego, es un brillante militar vinculado al heroísmo argentino. Y las plumas históricas han vindicado a Lavalle, quitándole el peso de la responsabilidad del asesinato. Su temeraria vida, su suicidio en Jujuy, y aquel escrito de Ernesto Sábato lo han ponderado magistralmente. Dorrego ha tenido que esperar añares para que se lo estimara como tal. La perdida estatua que lo recuerda en Retiro, camino a Plaza de Mayo, lo recuerda como el hacedor del Uruguay. La Historiografía liberal ha sido magnífica imponiendo símbolos falsos. Díganle, si no, a la familia Dorrego, cuyo Palacio Miró, levantado donde hoy se encuentra la Plaza Lavalle, debía despertar todas las mañanas con una estatua de don Juan Galo, plantada justamente enfrente del Palacio. Demasiado, muchachos, demasiado.

 Para el Revisionismo Histórico vinculado a la memoria de Rosas, Dorrego es un grano en el culo. ¿Hasta que punto Rosas estimaba al Coronel del Pueblo?. Le jugó con lealtad hasta que comprendió que era una causa perdida, y aún así, se la jugó por él, no una, no dos, cien veces. Dorrego camina a la muerte sin escuchar, como siempre, la voz certera de don Juan Manuel. El gaucho pícaro habrá querido plantar su asador en el Fuerte, pero siempre le dijo la posta. El Revisionismo ha sido duro con Dorrego, tal vez porque obstaculizaba el encumbramiento del Restaurador. Pero si así fuera, Rosas no apresuró su caída, ni mucho menos.

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  Entre los radicales, Alem lo ponderaba como a ninguno. Y es lógico, provienen de la misma clientela política. Yrigoyen es más Rosas en ese sentido, en el paralelismo histórico que no recomiendo realizar. Pero a veces, permítanme estas lucubraciones, aunque sepa que estén mal. Aquel Radicalismo reivindicaba más a Dorrego que a Rosas: a los de hoy creo que hasta Rivadavia les diría cipayos.

 A mí me gusta Dorrego, me encanta. Porque es un personaje fascinante. Y aún cuando contando estas líneas de su vida se me hayan escapado términos duros, quiero expresar que le tengo cariño. Por eso me duele su muerte, y lo que vino después, con la Dictadura de Lavalle, y su salvaje política de asesinato a los seguidores del gobernador fusilado. 

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  Podría seguir, pero ya he escrito artículos, algunos sacados textualmente de mi libro, sobre la marcha de su gobierno, y su muerte. Seguramente aparezcan al pie de la página. Cerraré estas líneas, con un recuerdo de Roberto Bardini en su artículo:

http://www.elortiba.org/dorrego.html#Fue_apóstol,_vivió_como_héroe_y_murió_como_mártir_

 José Manuel de Estrada (1842-1894), considerado uno de los más lúcidos intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX, escribió un homenaje a Manuel Dorrego que puede considerarse un conmovedor epitafio:
 “Fue un apóstol y no de los que se alzan en medio de la prosperidad y de las garantías, sino apóstol de las tremendas crisis. Pisó la verde campiña convertida en cadalso, enseñando a sus conciudadanos la clemencia y la fraternidad, y dejando a sus sacrificadores el perdón, en un día de verano ardiente como su alma, y sobre el cual la noche comenzaba a echar su velo de tinieblas, como iba a arrojar sobre él la muerte su velo de misterio. Se dejó matar con la dulzura de un niño, él que había tenido dentro del pecho todos los volcanes de la pasión. Supo vivir como los héroes y morir como los mártires”.

1 comentario

  1. Santafen

    Muy buen post, liberado de algunas comparaciones del pasado.
    ¡Clap, clap, clap, clap!
    Sin embargo, me permito sugerir que algunas advertencias innecesarias abren puertas a la insidia. Me refiero a “Estanislao López no es ningún bebé de pecho, pero comparado con las acciones dorreguistas, que Francisco lo haga Santo.” En esa época, todo líder político militar no era ningún bebé de pecho. Quien no acuerde con esta afirmación, basta que indique algunos contraejemplos a los siguientes ejemplos de la época: Napoleón y Wellington en la Europa de entonces, Bolívar, San Martín, Artigas, Belgrano, Güemes, Guazurarí, Varela, Peñaloza y todos los federales que se le ocurra, Rosas (federal porteño) y un Quiroga con renuncios (tal vez por su convicción unitaria superada por su respeto a lo popular) tampoco fueron bebés. Del otro lado ni hablemos.
    Las diferencias son una cuestión de actitud y de posición política en concreto. La tan despreciada documentación histórica abunda con ejemplos de la generosidad de López. En rara ocasión se permitió expresar el desprecio como la referencia a “… las miserables reliquias de un ejército de ladrones”
    Puedo apelar a alguien de quijotesca confianza para reafirmar mi idea, alguien que escribió “Un santafesino antilopecista llamado Juan José Obando, recupera Pergamino y Salto. En esas horas Alvear se encontraba en el campamento de López, y según Pepe Rosa, no había dejado defensas listas en San Nicolás. Dorrego cayó con todo el peso de su tropa sobre la ciudad, y entre el 1° y el 3 de agosto realizó una de las mayores depredaciones de las que cuenta nuestra larga historia de violencia política. Enterado del desastre, López estuvo a punto de formarle Consejo de Guerra y fusilar a Alvear.
    El 6 de agosto, López y Dorrego tuvieron una primera entrevista. El 8 sus emisarios. No hubo acuerdo posible. El 12 Dorrego sorprende el campamento federal obligando a López a replegarse al Carcarañá. Incendiar, robar mujeres, violar jóvenes, arrastrar familias enteras para concluir población y llevarse los pocos ganados, lo que verificó con tal prolijidad que mi ejército no pudo comer en tres días”, dice el Brigadier en oficio al Cabildo.” Quien escribió mi cita anterior, hasta se acordó de la mecánica cuántica
    López fue generoso hasta en sus tratos con Lavalle, quien introdujo el asesinato como forma de dirimir los conflictos políticos en nuestra historia.
    Y mi última observación es que Dorrego fue el mártir de una religión con abundantes pecadillos. Algunos de él y otros de sus panegiristas Hay algo que todavía no vi publicado: Dorrego “aprendió” el federalismo de EEUU en aquella época, que no era el federalismo de Artigas o el de la constitución santafesina de 1819. Era el federalismo bajo la forma de confederación. Eso cambió en EEUU mucho tiempo después, con la Guera de Secesión o Guerra entre los Estados. Constitucionalmente, el Sur tenía razón. Lincoln tuvo la muñeca para violar la constitución sin que se le desarme el Norte. El norte no era el bando abolicionista o antiesclavista, era el bando unionista. Que yo sepa, todavía no se estudió eso y la influencia que pudo tener sobre Dorrego,

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