Carlos Pistelli

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#Morón. #Caseros. #Rosas. #Urquiza. Idea de una Nación.

 Caseros es una de esas batallas que además que se vencen, convencen, díjole Mitre a don Adolfo Saldías, que éste reprodujo en su libro. 

 El político o la persona en sí, que ocupa un cargo o tiene una cuota de poder, cuando hay cambios abruptos de mando, lo que busca es medrar con el nuevo orden de cosas “mantenerse a flote”. Son muy pocos, y esos los hace líderes, dirigentes, los que afirman “me importa un carajo que el viento nos sople en contra, marcharemos fieles a nosotros mismos”. La inmensa mayoría arranca pa’ donde indiquen los tiempos.

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  ¿A qué vienen estas expresiones?. Al postCaseros, a la generación que la podríamos llamar así, “los caseristas”.

 La guerra argento/brasileña terminó tan rápido, debido a los horrores del Restaurador en la conducción de la misma, que dejó a varios en orsai. Porque Caseros tiene una rareza que los historiadores niegan asumir, evitan, o ignoran discutir. ¿Por qué todo siguió igual derrotado Rosas?. 

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https://carlospistelli.wordpress.com/2017/02/03/moron-que-los-brasilenos-llaman-caseros-segunda-guerra-argentobrasilena/

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Ahondemos, 

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  Si uno va a Entre Ríos, en donde hay posiciones contrastadas, Urquiza es el Campeón provincial. Cincuenta años tallando en su historia, 30 conduciéndola. Urquiza, es Entre Ríos.

 Ellos van a justificar el paso de Urquiza en Caseros, aunque haya venido del brazo brasilero, como la amante despechada del Ogro Rojo. Al fin y al cabo, ese paso nos dio una Constitución. Dice Pepe Rosa, yo no le doy mayor asidero esta vez, que el pronunciamiento, y la alianza con el Brasil, se ocultó al Pueblo. Y que seguramente, triunfante, nadie le reprochó nada sobre, “Epa, Castellano, con los macacos?”. Ganó, y el que gana, impone.

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  La historiografía rosista, obviamente, lo acusa de traidor vendido al Brasil. Hay una carta de Urquiza, descubierto en sus tentativas por el apuro de unos de los muchachos en Montevideo, ratificando su lealtad a la Confederación, “Cómo piensan que puedo unirme al Brasil?!”. No es una carta en donde el Castellano revela que traiciona, es una carta de ocasión para dejar contento el letargo de Rosas. 

  El Rosismo Historiográfico tiene un problema. Analiza al Hombre, y da en  el clavo, tienen razón. Pero no analizan al Pueblo que lo ha constituido como tal.

  El Pueblo Entrerriano acompaña a su Caudillo en las guerras a Buenos Aires. En las tres: 1851-52, 1859, 1861. Pero le empieza a recular cuando Paysandú, los inicios de la Guerra al Paraguay, el desbande, y luego el golpe de gracia. Y aún en el golpe de gracia, el asesinato fue palaciego: Urquiza seguía siendo el Hombre, viejo y corrompido. Sólo cuando Sarmiento, Presidente entonces, decretó la intervención, y la guerra, Entre Ríos se movilizó, más por sí mismo, que por seguir al botarate de López Jordán. Hay cartas de éste y José Hernández explícitas contra Urquiza tras Pavón. Son los mismo que en el ’73 le escriben al Emperador brasilero para que los apoye en desmembrar la Prov. de Argentina. Así que tomen con pinzas las palabras de estos dos. El mismo Hernández que lo acusa por la muerte del Chacho y la derrota de Felipe Varela, es pluma de “La Capital” apoyando la candidatura presidencial del Castellano en el ’67. Hernández es el Borges Gaucho, léalo sin detenerse en sus posiciones políticas: son admirables en lo suyo, pero cuando piensan políticamente hacen más agua que yo, que no sé nadar. 

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 ¿Por qué para Entre Ríos el enemigo es Buenos Aires, que no Paraguay?. Inclusive en las vísperas de Cepeda, Urquiza estaba por emprender una guerrita contra los López, que la muerte de Benavídez postergó unos años. ¿Por qué?. ¿Se lo han puesto a pensar?. Entonces “Morón-Caseros” no es solamente una batalla que cambia la Historia. Es un disparador presente, y permanente, sobre la idea que tenemos los argentinos sobre Nación. Y he aquí lo más importante, entonces. ¿Por qué para Felipe Varela, en su famoso manifiesto revolucionario, ‘Caseros está a la altura de Chacabuco y Maipú’?. ¡Nada menos!. ¿Los porteños son una mierda, entonces, son la antiargentinidad al palo?. ¿O ellos son verdaderamente la Argentina, y los trece ranchos éramos parte de esa inmensa porción americana sin destino?. Piénselo. Lo invito a hacerlo. 

 Con respecto al ladino Urquiza, con mis reconocimientos hacia su figura, me quedaré siempre con la lapidaria sentencia de uno que fue suyo mucho tiempo: “Libró tres batallas: Caseros para hacerse con el poder; Cepeda para hacerse una fortuna; Pavón para mantenerla”. Jay Bi Alberdi solía tenerla clara cuando no divagaba.

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“Los Caudillos”.

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  El siguiente disparador que les tiro, involucra a los caudillos provinciales. 

  Salvando a Pascual Echagüe, que además tenía rencillas personales con Urquiza, y eso que fue el que lo ascendió, y al cordobés López Quebracho, la Confederación Rosista se mantuvo intacta. Si hasta el mismo 3 de febrero todos eran rosistas, el propio Cafulcurá, cuando se enteraron, si te he visto no me acuerdo. Y esos Caudillos, el propio Cafulcurá a la distancia, Benavídez el más importante, se sentaron a tomar el té en San Nicolás, y pasaron por el besa manos. Una genialidad del Castellano, al que le sobraba talento político. 

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  Si el loco traidor unitario salvaje de Urquiza se unió al Brasil contra Argentina: ¿¿¿Cómo me explica ud. que la ponciopilateada haya sido la norma del ’52???. Ud lo debe estar pensando en este momento. Es cierto que los buenos oficios de Bernardo de Irigoyen, la gran promesa política del Rosismo, convenció a varios, trocando su chaqueta restauradora por una “libertadora”. Pero reitero. Si Argentina se jugó su existencia en Morón, cómo explicar a estos muchachos. 

  Pongámole, que nadie quiere perder el sillón donde se sienta. Pongámole. Pero es evidente, que el ‘pago chico’ termina tirando más que los intereses de la Gran Nación del Sud, que soñara San Martín convergiéndola en su sable, sable en poder del Restaurador. La grandeza de Rosas, no es anterior, es posterior a Caseros

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  Ese gaucho ladino, trampero, autoritario, sádico, honorable, respetuoso de las formas, patriota, fue el Forjador Argentino. Y me pondré la cucarda colorada, para terminar esas líneas que tiro al aire, para que las podamos discutir como argentinos que queremos ser, a pesar de todas las que hemos pasado.

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Con una cucarda colorada en el pecho…

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  … les digo que Rosas se entregó.

  Victorioso en la contienda con los anglofranceses, Rozas entró en un letargo mortal. Dos adversarios quedaban en el Plata para enfrentar al Dictador: Brasil, y los pobres montevideanos, causa a punto de fenecer. 

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  Al terminar 1850 Rosas cumplía 57 años. Aunque joven todavía, el cansancio mental empezaba a presentarse incómodo. La muerte de Encarnación, el amor de su vida, y en 1838, lo recluye para siempre. Noctámbulo como me gusta vivir, se levantaba a las 12 del mediodía y trabajaba hasta altas horas de la madrugada. Cada día se tornaba más ermitaño y desconfiado. Manuelita, su hija, manejaba la corte rosista y el Pueblo que le adoraba hasta el delirio no tenía contactos con él. El político realista y práctico, lleno de pragmatismo, no entendió lo perjudicial de su encierro ideológico y personal. El personalismo criollo que tantos resultados le había dado adelgazaba ahora sus planes. Entrecerrado en una óptica que le había dado grandes resultados, tampoco Rosas tenía que realizar un giro de 180 grados. El Dictador, sin sostenes constitucionales más que el articulado del Pacto Federal y abusando de la Suma del Poder Público, debió entrever que toda obra necesita “librito” para sostenerse en el tiempo. Porque todo librito, quiéramos o no, te establece una base formal. Y eso finalmente generaría una dirigencia a la altura de los acontecimientos. Porque 1850 no era 1835, y las justificaciones de la “Carta de Figueroa”. La fortaleza montada por el Dictador estaba sostenida en su persona. Sin él no valdría nada. Debió darse a la tarea de la organización constitucional, acallando con ello a díscolos patriotas. Rosas debió llamar a sancionar Constitución, aunque le doliera el alma hacerlo.

  Algo hubo. Para finales de 1850 reúnen en Buenos Aires representantes del todo país bien dispuestos a consolidar la obra del Restaurador. Se dan a la tarea de convencer a Rosas de las mieles de una Constitución y convencerlo que asuma la Presidencia de la República. Rosas dio largas al asunto, y se encontró con el pronunciamiento entrerriano. Y la increíble caída.

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  ¿Se entregó, cansado, viendo que Urquiza era un buen heredero?. 

 No lo había tratado personalmente más que unas veces en 1841. Él, capaz de encontrarse con López, Quiroga, Dorrego, Ferré, Lavalle, Oribe, etc., no volvió a verse las caras con el Castellano. Por ahí, quien te dice, como me contara Juan C. Serqueiros hace unas semanas, si ese encuentro mano a mano, de tú a tú… Pero la historia no es lo que pudo ser, como me dijo JuanCa. Es lo que es.

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[1] Por el libro de Alberdi.

[2] “Ese tratado es la única Ley Fundamental de la República, el único vínculo que ata las provincias argentinas, el único fanal que ha ardido constantemente en medio de la horrible borrasca en que nos hemos agitado, azotados por el viento furibundo y nadando en un mar de sangre. Todas las constituciones nacionales, todos los tratados interprovinciales, todo ha naufragado, menos esa ley, ese pacto social federativo que es la piedra angular sobre la cual se quiere hoy construir el edificio de la organización nacional”. Bartolomé Mitre (1862).


La Guerra, y la derrota de un país.

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  Si damos asidero a las páginas de Salvador Ferla en “Historia Argentina con humor y dolor”, pocos quieren una nueva patriada del Restaurador. Exhaustos de veintipico años de guerras a muertes, los pueblos desean la paz. Bravuconadas de Rozas al Imperio posibilitaron una nueva contienda internacional.

  Hay errores de cálculo, letargos inexplicables, decisiones inconcebibles en él. Mansilla, que no era trigo limpio pero conocía a Urquiza de temprano, y Oribe, lo incitan a acabar con el Castellano antes de que se arme. No hizo nada.

 Le habíamos ganado a la flota compuesta por los dos países más importantes del mundo, ¿Qué carajo nos podían hacer setecientos macacos en barquitos último modelo?. Les entregó el Paraná. Y luego, fue un desfile del talento militar del Castellano. 

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  No fue un triunfo brasilero, fue una derrota argentina.

 Se entregó. Como el Yrigoyen del ’30, como el Perón del ’55. Por la conciencia de esos grandes hombres, como el inmenso San Martín de Guayaquil, pesan otras decisiones que los dramaturgos de interné, creemos errores. Argentina siempre se ha recuperado, porque somos un Pueblo gigantesco, os juro que sí. Y con el recuerdo del Restaurador, los invito a seguir luchando, desde donde podamos, para revertir esa batalla que fue, más que la derrota de Rosas, la de una Nación. La de una Nación que no se resigna a ser, a pesar de todas las cagadas que nos mandamos para que no sea, lo que finalmente, debemos ser. 

Rosas

2 comentarios

  1. Salvador Ferla:Historia Argentina con Drama y Humor

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  1. #Morón. #Caseros. #Rosas. #Urquiza. Idea de una Nación. | Carlos Pistelli | Carlos Pistelli

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