Carlos Pistelli

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El “incendiador”.

-Quemen todo, y rajemos.

    Tranquilamente pudieron ser esas palabras las que utilizó JUAN RAMÓN NEPOMUCENO GONZÁLEZ BALCARCE, (porteño, nacido el 16 de marzo (o mayo) de 1773, casado, dos hijos, una niña preciosa que se casa con el comodoro Poe, nada menos), tras tomar la decisión de destruir El Rosario en enero de 1819, y tomarse el buque el día 29 con destino Buenos Aires.

JuanRamonGonzalezBalcarce

BALCARCE.

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VIDA DE UN BOTARATE,

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   Teniente de Blandengues en 1789, Comandante de Armas de Tucumán en 1805, Ayudante de Campo de Liniers durante las Invasiones Inglesas, 2º Jefe del Regimiento de Húsares en 1808, lo ve la página genealogía familiar. Sobremonte, en pleno escape tras la entrada de Beresford, lo toma como ayudante y le encarga reclutar tropas.

 Sirve en las luchas al servicio de Liniérs, destacándose por su valentía. Sobremonte, exonerado en España, le recomienda al Virrey del Pueblo el ascenso por mérito de varios oficiales: Artigas, nada menos, Javier Díaz, futuro caudillo cordobés, otro vecino de la ‘docta’, Allende, Viamonte y Balcarce, que don Santiago cajonea sin más. 

  No pasan unos años que Allende y Liniérs son fusilados por un pelotón conducido por el propio Juan Ramoncito.

Cartel Cabeza de Tigre

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Belgrano, entre elogios y amonestarlo,

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  Tras participar de la asonada del 5 y 6 de abril que pone en funciones a Saavedra de su cargo de Presidente de la Junta, JR pasa a fomar parte del Ejército del Norte. 

  Belgrano, siguiendo las órdenes de Rivadavia, debía seguir camino a Córdoba en el largo éxodo norteño. Pero al llegar a Tucumán, y conseguir un triunfo en Las Piedras el 3 de septiembre, se dio a la tarea de librar combate:

  Son muy apuradas las circunstancias, y no hallo otro medio que esponerme á una nueva accion: los enemigos vienen siguéndonos. El trabajo es muy grande; si me retiro y me cargan, todo se pierde, y con ella nuestro total crédito. La gente de esta jurisdicción se ha decidido á sacrificarse con nosotros, si se trata de defenderla y de no, no nos seguirán y lo abandonarán todo, pienso aprovecharme de su espíritu público y energía para contener al enemigo, si me es dable, ó para ganar tiempo a fin de que se salve cuanto pertenece al Estado. Cualquiera de los dos objetivos que consiga es un triunfo y no hay otro arbitrio que esperarse. Acaso la suerte de la guerra nos sea favorable, animados como están los soldados y deseosos de distinguirse en una nueva acción. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza á protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos, con la esperanza de hacer tremolar sus banderas en esa capital. Nada dejaré por hacer. Nuestra situación es terrible, y veo que la patria exige de nosotros el último sacrificio para contener los desastres que la amenazan,

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  El empeño de Balcarce, dicho sea de paso, valiente y temerario en combate, indisciplinado y pendenciero a la vez, destacó en la campaña: Tanto en Las Piedras, como, enviado por Belgrano, organizando una tropilla en la propia ciudad tucumana, que alentó al General a presentar batalla, dado el entusiasmo popular. 

 Belgrano apreciaba el coraje y el patriotismo de Balcarce, como el de Dorrego, otro botarate que calzaba las mismas botas, pero ponía en franca duda la disciplina de JR. En el fragor de la batalla Balcarce, al mando de la caballería, por flanco derecho arrolló al enemigo. Mas sus hombres, la mayoría gauchaje que se incorporaba a la guerra en estas circunstancias, se alzó con un botín de guerra y desaparecieron del campo.

 Aún así, Balcarce, y en especial Dorrego, fueron adalides del triunfazo del 24 de Septiembre, el Sepulcro de la Tiranía

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  Participa del resto de la campaña y luego es diputado en la Asamblea del Año XIII. 

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Azote de los pueblos del Litoral,

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  Desde entonces participa en el movimiento represor del artiguismo. Destacado papel tuvo en las campañas 1818-1819, en donde el caudillo santafesino Estanislao López lo derrotó con su táctica de montoneras. 

 En Enero de 1819, Balcarce debe encerrarse en el Rosario, el principal poblado al sur de la provincia, que contaba con una población estable de 800 habitantes aproximadamente en su casco urbano. El mismo no consistía más que en unas pocas manzanas alredor de la actual Catedral, en donde se encontraba la pequeña capilla rosarina. La mayoría de sus casas eran construcciones de adobe y paja, muy precarias, y algunas un poco mejor de los “acomodados”, en especial los Tuella o los Echeverría, que habían prestado estrecha colaboración a los ejércitos independentistas, y se sentían más afines a Bs. As que a López. La ciudad inclusive había bailado los sones artiguistas con tal de emanciparse de la capital.

  Todas las campañas sobre Santa Fe, la de Balcarce no fue la excepción, y fue la pior, tenían la mesma característica: azote a los pueblos, robo descarado, violación sistemática de mujeres y niños, rajar cuando los santafesinos se organizaban. Todos fueron parte y responsable de lo mismo: Eustaquio Díaz Vélez, Dorrego, Viamonte, Balcarce. Todos. 

 

  Para 1819, López, que empezaba a destacarse como un gran caudillo y mejor jefe militar, cercó a Barcarce en Rosario, con fuerzas cinco veces inferiores. Balcarce no tuvo mejor idea para entretener a López y poder fugarse, que iniciar unos incendios en el pueblo. Fue arrasador. Salvando la pequeña capilla, El Rosario ardió por completo. No quedó nada en pie. Nada. La gloriosa comunidad que vistió de azul y blanco el firmamento de las Naciones del Mundo había desaparecido de la faz. Y sólo la obra de López y sus vecinos, la restauraron para que hoy siga levantando al viento la grandeza, y gloria, de otros tiempos.

  Rosario, ciudad cuya historiografía general bebe de Mitre que de sus grandes prosistas, ha decidido honrar esos días, como recuerdo imborrable de cosas que nunca deben volver a suceder: Y lo hizo dándole una calle céntrica a Juan Ramón Balcarce, dejando a López olvidado en el cajón de los recuerdos. ¡Tamaña infamia que debe ser reparada en inmediato por los hijos del Siglo XXI, antes que se cumplan doscientos años de la destrucción de nuestro Pueblo!

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 A Ud. lo convocamos, querido copaisano: A no perdonar,  y a enterrar en el olvido la calle Balcarce, en honor a Juan Ramón. Al menos que sea en honor de don Antonio, prócer de otra catadura, o de sus nietas, las propias nietas del Libertador San Martín. 

Balcarce.jpg

BALCARCE.

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