Carlos Pistelli

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Encuentro en calle Cuyo.

 Caminaba de un lado a otro, enfundado en su chaqueta blanca. La barba le cubría toda la cara, respiraba como un niño resfriado, inquieto con la flema que le subía y bajaba. La cita horaria ya venía demorada, pero no le extrañaba. Hipólito Yrigoyen, se estaba haciendo rogar, y él, Leandro Alem, no era de los que se amilanan ante caciquitos de morondanga.

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https://carlospistelli.wordpress.com/2014/07/01/historia-del-radicalismo-las-peleas-de-alem-con-yrigoyen/

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ALEM Pensaba en la cobardía de Del Valle en no presentar batalla con el ejército y la opinión de su lado, cuando con don Bernardo, aunque ciertamente éste a desgano, lo incitaron a resistir. Empezaba a sentirse agobiado por las presiones populares, sus propios ensueños, sus frustraciones, la ansiedad de saber que todo está cerca, y también tan lejos.

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  Leandrito le alcanza un mate, lo acepta, le palmea el hombro, Lo ve haciéndose hombre, disgustado, todavía, con el cretino de Pellegrini que lo exoneró de la Escuela de Cadetes por participar en un acto cívico. Lo ve con ese amigo entrerriano y chamuyero, llamado Leopoldito Melo. ¿Piensa Alem, en Juana Iparraguirre, la madre de Leandrito?. ¿Quién es, Juana Iparraguirre en la vida de Leandro Alem?.

 Apenas sabemos que es la madre de Leandrito, nacido en Buenos Aires, el 22 de julio de 1875. Algunos autores hablan de un casamiento entre los padres del niño. Es posible, porque se requería para el ingreso del chico en el Colegio Militar. Aunque el buen nombre de Alem, siempre habilitaba un ingreso ventanero. ¿Era permitido, en esa élite del Colegio, un hijo natural?. Hay misterios no aclarados en la vida personal de Alem. ¿Por qué se cambia el apellido a Alem, siendo Alen, y sus hermanos, no?. ¿Qué extraño sino rodea la aureola consagrada del Apóstol de las Libertades Públicas?.

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 Oye el llamado a la puerta. Ya es de noche. Hipólito ingresa, le entrega su sombrero y bastón, su sacón y poncho a Leandrito, a quien estrecha la mano, y se dirige a la sala en donde le espera su tío. Da pasos firmes, que se oiga llegar. Leandro ordena cerrar las puertas, y lo último que ve Leandrito, es que se sientan, mientras apoya la oreja a la puerta, para oír, fisgonear, qué se dirán, los dos titanes, del Radicalismo.

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