Carlos Pistelli

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Rivadavia en Lauropa (1815-1821)

  Tengo vívidos recuerdos del año 1994. Calor feroz en la ciudad de la furia. Íbamos de acá para allá con mi viejo, porque había conseguido por ‘Clarín’ un buen departamento barato y bien ubicado en Mardel, para pasar las vacaciones de verano. Recuerdo haber paseado por un colectivo por media Buenos Aires, ladear las canchas de San Lorenzo y Huracán, y llegar a Once, donde bajamos.

En ese Mausoleo de mierda están los restos de Rivadavia. Lástima estar con poco tiempo, porque iríamos a mearlo. 

mausoleo

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 Mi padre fue un prócer. San Martín todavía lo cachetea en el cielo recordándole sus palabras.

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Rivadavia en London (1815).

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 Separado del mando, retirado de la política activa, sumado a la Lautaro para no perecer como los que morían por su mano cruel y resentida, le vino la posibilidad de su vida: Viajar a Lauropa.

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 Artigas se les ha adelantado a los logistas, enviando representación a Río, y Posadas, ni lerdo ni perezoso, manda una comitiva de lujo: Belgrano-Rivadavia.

 Estamos al finalizar el 1814. Fernando VII está de regreso en Madrid, y se predispone a recuperar sus colonias. Su hermanita querida, le escribe diciendo que ella fue su más fiel ladera. Y de paso le manda dos bombas más: Una copia del famoso Plano de Operaciones de la Junta de Mayo. Y que su principal autor es el jefe de la delegación rioplatense a Lauropa. Belgrano, y Rivadavia, en Río, escuchan del Embajador español, de primera mano, alguna zapateada de Artigas contra ellos. Villalba les cuenta en detalle, con una advertencia que hace a Madrid: Artigas es el más malo del mundo. Belgrano y Rivadavia se entretienen en Río esperando como surca el barco en España, y les llega un compañero de lujo: Manuel García, pecho frío para los asuntos de la Patria, según el propio Posadas.

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 Un par de sucesos dieron por tierra con el gobierno de Posadas, quien declina en su sobrino nieto político: don Carloncho Alvear.

 García viene con una carta tremebunda: Alvear le pide al Rey de Londres, que nos acoja (léase con la a, pervertido) en su seno. Rivadavia exulta de indignación: Jamás! Jamás se hará algo así prescindiendo de mí. Convence a García que no lo haga, aunque la noticia vuela porque siempre hay un alma maligna que la insinúa, y se queda con la carta en su poder. Podrá decir en el futuro:  “Yo salvé a la Patria”.

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 Llegan a Londres en marzo, en donde los recibe Manuelito Sarratea. Otro de estos pícaros ricachones porteños dados a entregarnos en consignación a Gran Bretaña. No sé que hacía Belgrano mezclado con estas gentes.

 En esos días Napoleón ha vuelto de Elba y arma un zafarrancho final para su gloriosa existencia. Sarratea se ha entreverado con un tal Cabarrús, y toda la América del Sur dependiendo de estos dos botarates.

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Instrucciones a Rivadavia.

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  Precisamente las instrucciones que recibió Rivadavia, fueron secretas, y se le ocultaron a Belgrano. La historiografía justifica las mismas, porque buscaban evitar que la famosa Expedición de Morillo llegaran al Plata. Peeroo:

 Que las miras del Gobierno, sea cual fuere la situación de España, sólo tienen por objeto la independencia política de este Continente, o a lo menos la libertad civil de estas Provincias. Como debe ser obra del tiempo y de la política, el diputado tratará de entretener la conclusión de este negocio todo lo que pueda sin compromiso de la buena fe en su misión. 

 Si peligrase el curso de la negociación, entonces hará ver con destreza que los Americanos no entrarán jamás por partido alguno que no gire sobre estas dos bases o la venida de un príncipe de la Casa Real de España que mande en soberano este Continente bajo las formas Constitucionales qe establezcan las Provincias; o el vínculo y dependencia de ellas de la Corona de España, quedando la administración de todos sus ramos en manos de los Americanos. (…) en quanto no comprometan la seguridad y libertad del país. Sobre estas dos bases girará el Diputado sus negociaciones… sin olvidar qe el tratado devera sancionarse en la Asamblea de los Diputados de estas Provincias por haberse reservado esta facultad.  (…) para sacar algún partido ventajoso qe asegure la libertad civil de estas Provincias, sin detenerse, en admitir tratados políticos y de comercio, qe puedan estimular su atención porque el fin es conseguir una protección respetable de alguna Potencia de primer orden, contra las tentativas opresoras de España.

http://www.argentina-rree.com/2/2-022.htm

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 Andá y fíjate quien nos puede amparar; Si Fernando sigue enojado con nosotros, presumí que nos la aguantamos como macho que somos, y no te detengas en medio en que algún Reisuelo poderoso de Lauropa nos banque, pa’ evitar que nos de la viaba.

  Sarratea, cortés, diplomático, tenía las cartas para la solución. Te acordás en Bayona, cuándo la vieja lo cacheteó mal al pibe?, Tengo un contacto poderoso, hijo de Bayona, llamado Conde de Cabarrús:
– Hostias, Manuel, Cabarrús es bonapartista y lo fueron de España por esas razones! No me gusta un comino lo que estás haciendo –
y pegó el portazo enojado.
– Los contactos los sigue teniendo, y le vamos a ofrecer a don Carlos IV, el genuino rey depuesto por el funesto Fernando, que su otro y leal hijo, don Francisquito de Paula, se convierta en soberano del Río de la Plata, Chile, Puno, Arequica, Cuzco, Malvinas, y todo lo que se te ocurra. Total, estos agarran viaje a cualquier cosa: Son borbones!
– Yo soy borbón, 
pudo decir Belgrano, voy a escribir una Constitución para convencerlos.

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 La cuestión es que Wellington lo hizo cagar fuego a Napoleón en Waterloo, y los planes de Sarratea finalizaron abruptamente.

 Eso le abrió el camino a Rivadavia, quien decidió hacer la mejor interpretación argenta para negociar con el gobierno español. En mayo de 1816 está en Madrid, esperando ser atendido por Pedro Cevallos Guerra, uno de los más ilustres y valientes en la guerra independentista hispana. Como la misión de los pueblos que me han diputado se reduce a cumplir con la sagrada obligación de presentar a los pies de Su Majestad las más sinceras protestas de reconocimiento y vasallaje, felicitándole por su venturosa y deseada restitución al trono y suplicarle humildemente que se digne, como padre de sus pueblos, darles a entender los términos que han de reglar su gobierno y administración, dice su carta de presentación al Rey. Cevallos lo fletó sin darle mayores preámbulos. El 15 de julio don Bernardino abandonaba Madrid. Seis días antes, la arenga de Belgrano surtía efecto, y declaramos nuestra Independencia. Sarratea burlose del obeso y pedante adversario en esos meses donde construyeron una duradera enemistad.

 Algo aprendió, dice Pepe Rosa, y corre por su cuenta, algo aprendió, insisto, Sarratea en Londres, y volvió un poco más patriota al año siguiente. Belgrano, frustadas las negociaciones con el intransigente bordador peneano en Madrid (1), volvió convencido que no era otra que la Independencia la solución a nuestros males, y con un Monarca de nuestras tierras.

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 Rivadavia, a título de qué, prefirió quedarse largos cinco años, sin más que cartearse con algunas eminencias pensantes europeas. Total, le pagaba el fisco sus vacaciones intelectuales.

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Un cachafaz.

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  Rivadavia quedó en París, nombrado Diputado de las Provincias Unidas ante las cortes europeas por Pueyrredón. Tuvo una entrevista con el viejo Marqués de Lafayette, toda una eminencia, y con un tal Marqués de Tracy.

 Tracy (1754-1836) no era ningún gilastrún. Había concebido el término “ideología” para establecer una escuela del pensamiento, que tendrá hasta influencia en Marx, inspiración en Augusto Comte, y Stendhal entre sus discípulos. Su idea es que nuestras construcciones intelectuales, nuestras doctrinas provienen de nuestras sensaciones. Dividida en tres partes de:
1) ideología (movilización de sensaciones),
2) gramática (facultades intelectuales)
3) lógica (metas perseguidas), es decir, reconstrucciones del conocimiento. 

 Básicamente, Tracy planteaba la proyección política de la Revolución: Defendía la distribución de poderes y la libertad política, considerando que ésta no puede florecer sin libertad individual y sin libertad de prensa.

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  Rivadavia quedó ensimismado de Tracy. Por intermedio de éste, tuvo acceso a don Benjamín Constant, nada menos, uno de los ilustres pensadores en París; Basureado por Napoleón, aunque éste lo usa en los “cien días”, amante de Madame Stael, con quien compartía sus “inquietudes feministas”.  Trató, aunque lejanamente, a Balzac, quien luego admiraría tanto a San Martín, y al propio Stendhal. París seguía siendo el farol del pensamiento, y Rivadavia no se resistió a su influjo.

 De vuelva por Londres, se entrevistó con Jeremy Bentham, creador del “utilarismo”: “Todo acto humano, norma o institución, deben ser juzgados según la utilidad que tienen, esto es, según el placer o el sufrimiento que producen en las personas; la mayor felicidad para el mayor número”. Bentham se daba el lujo de cartearse con Bolívar y censurar sus excesos autoritarios. Era visto como el “demócrata” del mundo conocido, pero eso no le impidió escribir su famoso “Panóptico”; Método para construir cárceles, y hasta fábricas, para controlar sin ser visto, a los presos. Lógica que se terminó convirtiendo en una filosofía de gobierno, como desenmascara el amigo pelado Foulcaut en su Vigilar y castigar. El método panóptico se utiliza para controlar pequeñas reuniones de personas, grupos, sociedades, como el Jefe que todo lo ve, y todo lo sabe, cohesionando grupos, sabiendo que correrse, apenas un milímetro del camino, significaba la expulsión de la pertenencia. Y básicamente para controlar masas de gentes.

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 Rivadavia no aprendió nada de las ideas demócratas en boga, de los antes mencionados. Todo lo farfarulló a su nefasta interpretación personal. Pero sí, aprendió como era eso del ‘panóptico’. Y cómo podía darle el control de una sociedad, tal vez un pueblo, y gobernarlo en consecuencia.

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Volver, 

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Yo adivino el parpadeo
De las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno
Son las mismas que alumbraron
Con sus pálidos reflejos
Hondas horas de dolor
Y aunque no quise el regreso
Siempre se vuelve al primer amor
La vieja calle donde el eco dijo
Tuya es su vida, tuyo es su querer
Bajo el burlón mirar de las estrellas
Que con indiferencia hoy me ven volver.

  A diferencia de Carlitos, Rivadavia no volvió con las sienes plateadas. Ni fue indiferente su regreso. Fue llamado por Martín Rodríguez, su viejo amigo, a la sazón gobernador de Buenos Aires. El pelandrún, estaba de regreso:

Continuará…

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(1) Fernando bordaba calcetines mientras los suyos morían en España, carteando felicitaciones a Napoleón por sus triunfos. Su “extenso” miembro viril parece que le dio infortunios a la hora de conseguir un sucesor a su corona. No hubo peor personaje histórico en la Historia Española que este botarate.

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