Carlos Pistelli

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#ELPACTOFEDERAL

            A contrapelo de lo que sentían y por lo cual luchaban las grandes mayorías, los congresales de Tucumán (1816) quieren salvar a la Nación ligándola a la suerte de los monarcas europeos. De los que supuestamente habíamos empezado a desvincularnos. Por eso se repetirán misiones diplomáticas al viejo continente buscándonos un buen rey que nos saque adelante.

La idea la trajo Belgrano y la fundamentó en sesión secreta ante el Congreso de Tucumán. A la mayoría de los congresales les pareció lo mejor para evitar que Fernando VII recuperara las colonias americanas. Si pudiéramos constituir una monarquía respaldada por alguna de las coronas de Europa acaso pudiéramos contener a don Fernando. Con la paz, dejaríamos de combatir por la emancipación, evitando tanta sangre derramada necesaria para construir la Nación.

Pero si el análisis pudiera llegar a ser sincero, útil y recomendable, los modos fallaron. La receta económica consistente en la supremacía de Buenos Aires chocaba con los intereses manufactureros del interior. Para sostener aquello, debían desaparecer los actores sociales que las representaban. Pero estos actores no querían desaparecer y terminarán imponiéndose al central poder entreguista en la batalla de Cepeda de febrero de 1820. Sin gobierno nacional, el país se “anarquizó” como dicen los literatos porteños, pero más bien desapareció. Sólo la férrea voluntad de los caudillos por mantenerse argentinos salvó a la Patria de su virtual desaparición, como le pasó a la Gran Colombia Bolivariana. Pero necesariamente se perderían Bolivia, Paraguay, la Banda Oriental y las Misiones Orientales.

El único con la capacidad y la fortaleza de unir a la Nación era José de San Martín. Pero en vez de obrar como Bolívar, es decir como Jefe político y militar, abandonó al país, cruzó la cordillera y salvó su honor y su gloria en las campañas libertadoras. Pero es lícito recordar que quien mejor se beneficiaba con tantísimas repúblicas desunidas entre sí era la Gran Bretaña. Acaso San Martín no pudo saberlo nunca. Acaso sí, y tendríamos a un farsante entre nosotros…

Destruida la Nación, desunida y bastardeada, fueron los caudillos federales, vulgares, auténticos demócratas del país, los que se hicieron con las veces de constituir la República. Eso se conseguiría tras una década de esfuerzo, a través de un Pacto igualitario y nacional, en 1831. Los años siguientes a ese 1831, la Argentina se decidió a defender lo conseguido con la firma de ese pacto, donde entraba gratamente el ideario de Mayo.

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Estanislao López,1830.

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            La muerte de Dorrego y el encumbramiento de Rozas, convierten al caudillo santafesino en el Jefe del Federalismo. Entrecerrado en su empobrecida provincia, se apresta al desquite contra los que le han arruinado, de momento, sus planes de organización nacional.

López ha sido ganado por la idea de un Gobierno Nacional regido por un Estatuto Constitucional, que sirva como ejes para el desarrollo nacional y social del país. Es posible que se sostuvieran tales ideas en la necesidad y conveniencia de las mismas para su propio liderazgo personal y político, y una mejora económica para su deteriorada provincia,

 

De momento, espera que se desenvuelvan las cosas en Buenos Aires, donde sospecha que el surgimiento de Rozas será una atemperación de sus proyectos, y en el interior, donde el bravo

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López, Rosas, y las tratativas del litoral.

 

Rosas, López y el correntino Pedro Ferré venían organizando el contragolpe a las pretensiones de Paz. Pronto el choque de intereses y personalidades se hicieron presente.

El duelo de López y Rosas continuaba un conflicto anterior entre Bustos y Dorrego. Querer organizar la república, o no. Dotarla previamente de tratados interprovinciales, para después formar gobierno acorde al dictado de una Constitución. López, jefe del Federalismo, quedaba desautorizado con los tratados de Cañuelas y Barracas, desacordes con los mandamientos de la Convención residente en Santa Fe. Ésta, entonces, desapareció del mapa. Rosas, pícaro siempre, alargaba la discusión en su provecho.

A eso habría que sumarle la negativa de Ferré a sumarse a lo que sería la liga federal. La postura de Corrientes chocaba con la de Buenos Aires y su diputado Roxas y Patrón. Mientras Ferré sostenía una política económica proteccionista, Roxas defendió el librecambio que beneficiaba exclusivamente a su provincia. Y detrás de esta postura estaba el mismísimo don Juan Manuel.

Ferré perdió la partida culpando, en parte, a la inacción del Caudillo santafesino al procurar su auxilio. No eran tiempos de discutir políticas económicas, habrá respondido López, alineándose en la postura de Unión propuesta de Rosas. Unión contra los unitarios, y bajo su órbita personal.

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Oncativo y la Liga del Interior.

 

            Paz ha logrado forjar una alianza más amplia. Los salteños al mando de Gorriti se le unen cuando comprenden que no comulga con los “rivadavianos”. Igualmente su situación es inestable. Rodeado por Ibarra, López y especialmente la liga de Quiroga todo depende de una nueva victoria en el campo militar. En tanto, Facundo ha movido cielo y tierra. Logra formar un nuevo y gran ejército. Decide invadir Córdoba por dos frentes: él mismo desde el sur, su amigazo Villafañe desde el norte. En vez de dividir sus fuerzas, Paz espera a Facundo en Oncativo.

López y Rosas han enviado emisarios de paz. El cordobés los aprovecha. Los envía al campamento de Facundo. Mientras éste los recibe, ataca por sorpresa. Quiroga no logra recomponerse y Paz lo descalabra.

Han terminado los tiempos de las bravuras del tigre y correrán los tiempos del zorro Paz. Quiroga irá con un disgusto mayúsculo a Buenos Aires responsabilizando a Rozas y López de sus derrotas. Con don Juan Manuel recompone la relación. Con el santafesino nunca más.

            Tras Oncativo las situaciones del interior pasaron a control del General Paz. El gran estratega de las guerras civiles del unitarismo lograba imponerse en el cordón cordillerano convirtiendo a Córdoba en el centro de sus acciones. Envió misiones diplomáticas a López y Rozas quienes con elegancia dieron largas a los enviados. Haciéndose nombrar en ejercicio del Supremo Poder Militar estableció la liga unitaria.

    En tanto que los logistas de siempre incitaban a Lavalle a sublevar Entre Ríos, los federales desacordaban entre sí los caminos a seguir. Aprovechando entonces los unitarios. Auxiliados esa vez por don Ricardo López Jordán y el joven Justo José de Urquiza, cayeron vencidos no sin zarandear la situación de los gobernantes entrerrianos. Estaba con los insurrectos también el Presidente uruguayo, Fructuoso Rivera. Era la alianza de heterogéneas fuerzas.

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Pacto Federal del 4 de Enero de 1831.

 

          Todo 1830 discurre en que harán los federales del litoral para recuperar las regiones que controla Paz. Ya está Quiroga entre ellos. También Ibarra y los hermanos Reinafé de Córdoba, que quedaban como jefes de la provincia mediterránea al morir Bustos. Hubo que superar escollos.

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No era un secreto el enojo de Facundo tras Oncativo. Responsabilizaba tanto a López como a Rosas de su derrota. Don Juan Manuel supo congeniar pronto con el riojano. No ocurrió lo mismo con don Estanislao. Así lo describía el Patriarca “este riojano nos dará trabajo” mientras Facundo lo llamaba sarcásticamente “Gigante de los santafesinos”.

A eso habría que sumarle las comentadas diferencias entre Santa Fe y Corrientes con Rosas. López, federal de vieja data, quería la organización del país por medio de una Comisión Representativa que Rosas negaba en su solo provecho, sosteniendo que el país no estaba preparado para ello. A punto estuvo de naufragar la alianza de los caudillos del litoral. Encerrado en su óptica porteña, don Juan Manuel puso en peligro la ya difícil situación del federalismo.

Los levantamientos en Entre Ríos le hicieron cambiar el parecer. Congenió con el díscolo Quiroga y cedió a las pretensiones de López. Porteño pero político al fin cedía posiciones para ganar poder. El 4 de enero de 1831 se firmaba el Pacto Federal, institución que uniría al país e instrumento por el cual Rosas, forjaría la Soberanía Nacional y el sentimiento de la nacionalidad tantas veces buscada. Se creaba la Comisión Representativa y se nombraba a Estanislao López, General en Jefe del Ejército Federal.

El PACTO resumía el espíritu de todo lo expresado y sentido por los hombres y mujeres que habían salido de Uruguay acompañando a Artigas y del norte siguiendo a Belgrano y forjando a Güemes. Era la Patria misma, en su previo surgimiento cuando éramos colonia y cuando llegamos a Nación. Era la Identidad, el Sentimiento y la Emancipación. Era la Argentina.

¿Era…

Mejor digamos ES.

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El Federalismo en 1831.

 

            Como el país mismo, tres cabezas quedaban como tales dentro del trípode federal. Si antes lo integraron Bustos, Dorrego y Estanislao López, ahora acompañarían al santafesino, Rozas y Facundo Quiroga.

El Quiroga derrotado en Tablada y Oncativo se refugia en Buenos Aires. Para reconstruir su poder, debe armar tropa con los presos que le da Rosas a desgano. El famoso “Tigre de los Llanos” ha hecho buenas migas con don Juan Manuel y residiendo en la vieja capital virreinal sintió el gustito de la vida “fashion” de los porteños. O no tanto.facu2

El Quiroga que reside en Buenos Aires es la figura más popular del país. Detrás de él legendarias anécdotas que lo pintan de cuerpo entero. Pero el Facundo de Buenos Aires ha dejado de ser – si nunca lo fue – el personaje barbárico que pintan los relatos unitarios y se ha convertido en un estadista. Y ha visto de las buenas mieles que podrían dar al país la constitución de la República organizada y sostenida por los pueblos. Confronta, debe hacerlo, con Rozas. Pero he ahí la disociación que perduraba cuando el asesinato en Barranca Yaco. Si Facundo aceptaba la postergación constitucional esgrimida por Rozas, en cambio le reclamará el auxilio a las economías regionales. Con lo que repetía una vieja frase hecha: Los del interior artesano estábamos mejores cuando éramos colonia. Que significaba que el poder omnímodo de Buenos Aires lo absorbía todo. Y Rozas, estaba al frente de tal poder entonces. Rozas no logra convencerlo y es Facundo el que le gana el debate: Al país no solamente le hace falta su constitución política, También debían resolverse las cuestiones económicas fundamentales. Eran las mismas expresiones del correntino Ferré, pero sostenidas en la hidalguía y fortaleza de Facundo.

Facundo logrará rehacer la “Federación” de gobiernos que le deben el cargo. Ubica en ellos a las mejores eminencias de las provincias: el tucumano Alejandro Heredia es uno de ellos. El “hijastro” de Quiroga como se lo llamaba sarcásticamente, era de las mejores mentes dentro del Federalismo. Es indudable que si sus lugartenientes comprendieron de la postergación del Ordenamiento Constitucional para mejores tiempos, le exigieron a Facundo tratara la resolución de los problemas de las economías regionales. La muerte de Quiroga les privó del mejor de sus caudillos.

Rosas decreta la Ley de Aduanas en 1835 como compensando el reclamo de Facundo y el de Ferré. Pero quedaba en pie la resolución de López y los doctrinarios.

Rosas, en su maquiavélica comprensión del juego político dentro de los federales, cree seducir a Quiroga mostrándolo magno en Buenos Aires. Pero el poder de Facundo estaba incólume allá tierra adentro. Y como él mismo dijera, dejaría de lado su pensamiento en pos de las mayorías.

    La situación de López era distinta. Aunque mejor dotado para confrontar con Rosas, y más federal que Facundo, era menos genial que el riojano y sobrevivía políticamente de los subsidios que la provincia de Buenos Aires otorgaba regularmente. Cuando López intentó coalicionarse junto a los antirrosistas, don Juan Manuel lo extorsionó con cortarle los suministros mensuales. Y entre arriesgarlo todo y quedarle nada, don Estanislao cedió. Con él, junto a él, el Federalismo más puro del Plata.

Ni Facundo buscó el concurso de López, ni éste pudo convencerlo de la acción común. Timorato y secuaz de Rosas, lo entendían a don Estanislao más allá de Córdoba; de traidor a la Causa y lacayo de Don Juan Manuel, hablaban los santafesinos de Quiroga. El viejo divide y reinarás de los ingleses, Rosas había llevado a cabo a la perfección. Salúdeme al gigante de los santafesinos, se burla Facundo; Este riojano nos dará trabajos, se queja López, y ambas manifestaciones terminan en las sonrisas del gaucho pícaro…

 

   los tres

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