Carlos Pistelli

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“Nace la esperanza”, para El Correligionario.

Nace la esperanza.

La Unión Cívica se hace radical.

Se nos ha llamado radicales intransigentes, y aceptamos el mote con orgullo, porque no vamos a transar con la ambición de los impaciente, ¡Y no hay quien pueda matar este espíritu llamado radical!,

Leandro Alem, arenga fundadora, 15-VIII-1891.

El larguísimo 1891,

 

ALEM

El 24 de marzo de 1891, vaya que pasaron cosas en esa fecha, Roca difunde en sus diarios, un mensaje que había mandado como ministro del interior a los gobernadores, dándoles la noticia del apoyo del partido Nacional (PAN) a la candidatura MITRE. La noticia cayó como un baldazo de agua fría en las filas cívicas, y por un mes, los ires y venires apasionaron los ánimos.

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La noticia daba por tierra por lo resuelto en la reunión cívica de enero. Un partido moderno basado en “La República Americana”, libro cabecera de la época: Convención Nacional como órgano máximo, Comité Ejecutivo de 56 miembros, programa político y plataforma electoral, fórmula presidencial: Bartolomé Mitre acompañado por Bernardo de Irigoyen.

Los cívicos,

 

Coexistían entre los revolucionarios del Parque diferentes extracciones, que detallaremos, a saber:

  • El grupo de ALEM, con jóvenes seguidores del Caudillo y Tribuno, dueño del caudal electoral del barrio de Balvanera, quien vivía su momento de gloria en la política porteña.
  • El grupo ‘republicano’ que sindicaba en DEL VALLE a su referente.
  • El mitrismo, su diario y su Jefe, que valía más que todos ellos sumados.
  • La referencia de don Bernardo de Irigoyen.
  • Los católicos, pocos, pero dicharacheros, de Miguel Estrada y Pedro Goyena, amigo de Alem este último.
  • Sectores vinculados a las elites provinciales que preferían recostarse en don Bernardo.
  • Jóvenes oficiales del Ejército que tenían sus simpatías hacia el nuevo movimiento.
  • y un nuevo grupo de tertulianos, que se nucleaba alredor del sobrino de Alem, Hipólito Yrigoyen, renuente al mitrismo.

Alem era nominalmente el Presidente de la Unión Cívica (UC), su jefe, su figura popular, pero todos esperaban el regreso del general Mitre de su viaje a Europa para saber hacia donde se iba. En una reunión particular, Del Valle le informa a Yrigoyen su idea de levantar la candidatura de Mitre para la futura presidencia. Yrigoyen se opuso en seco: “Hacerme mitrista es como hacerme brasileño”. Y le retruca a Aristóbulo que ese tipo de decisiones, para cambiar de verdad la política vernácula, debieran darse escuchando a la opinión, a sus bases políticas. Del Valle, viejo maestro que sabía escuchar, prendió de la idea. Y la llevó al seno de las deliberaciones que se venían dando. Alem saludó efusivamente las palabras de su amigo de toda la vida, le dio un abrazo afectuoso, y le dijo “Es por lo que venimos peleando desde siempre, Aristóbulo”. Finalmente, se tomó la decisión de convocar a una reunión de delegados provinciales que se darían cita en mi amada ciudad de Rosario, en el mes de enero de 1891.

Mitre se encontraba en el pináculo de su popularidad. Histórico para él, de gloriosas jornadas pasadas, pero visto por el gentío como un traidorcillo. Nuevas gentes, oleadas de inmigrantes con sus hijos, se sumaban a la política (¡Qué será de nuestro país cuando estos chicos crezcan!, dicen que se asustó Roca), y lo hacían en el partido de la opinión. El novel movimiento tenía sus referencias. Alem era la figura popular, don Bernardo su consular, Mitre el viejo Patriarca que marcaba el camino, pero de alguien nos estamos olvidando.

Y ese alguien siempre es Aristóbulo.

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Del Valle.

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Del ValleAristóbulo Del Valle fue la muñeca de la UC. Fue su armador, su mentor, su jefe detrás de las bambalinas, su voz en el Congreso, sus palabras las más escuchadas. Pero el tribuno popular cojeaba de una pata fundamental en esos tiempos: Era conciliador por naturaleza, por espíritu de grandeza, por personalidad. Y no corrían tiempos para “radicalmos”.

Del Valle y Alem formaron una sociedad como la de Brindisi y Babington, Guillermo y Palermo, Ortega y Gasset. Nadie los entendía sin el otro. Y sus dos máximos discípulos, Lisandro e Hipólito, marcaron las primeras décadas del Siglo XX. ¡Mire si esa sociedad política no habrá sido importante!.

Ambos eran románticos en sus procederes, ambos venían de familias rosistas, ambos eran extraordinarios litigantes, ambos le debían a Sarmiento y a Adolfo Alsina buena parte de sus carreras. Alem era el puntero del doctor; Del Valle la muñeca del Caudillo.

En marzo de ese larguísimo ’91, arrasan en las elecciones a senadores nacionales, siendo los dos electos. Apoteótico, también, fue el recibimiento a Mitre llegado de Europa. Desconsolador el saberse el “acuerdo”.

Alem queda estupefacto. ¡No puede creerlo!. Del Valle, siempre conciliador, busca tender puentes: Sabe que Roca se regodea con la ruptura que se avecina. Solamente un hombre, que ya es El Hombre, mantiene la calma, como si supiera lo que va a suceder.

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Hipólito,

YrigoyenyAlem

No crea Ud. que el Yrigoyen de los ’90 era el que fue después. No era popular. Era un perfecto desconocido, al que se lo tenía, como mucho, como al sobrino del bohemio. Pero quienes le trataban, quedaban maravillados. Una chispa prendía cuando Yrigoyen les hablaba.

Fue comisario por indicación de Alem, y luego legislador provincial por mano de Aristóbulo. Versaba conocimientos financieros, y tenía como cabecera el famoso libro del ministro de hacienda de Urquiza, ‘Organización del crédito’: Mariano Fragueiro, el Alberdi economista de la Confederación. En 1880 se produce el primer cortocircuito entre los tres: Alem se va a su casa con el advenimiento de Roca; Del Valle será su más brillante opositor en el Senado; Hipólito? diputado nacional roquista. Luego se va a su casa, a hacer guita con la ‘invernada’, y a dedicarse a la docencia. La Nación elogia al joven maestro que donaba sus sueldos de manera caritativa.

Por eso llamó la atención que a finales de abril, el cuarentón Yrigoyen pida “en nombre de la juventud”, una reunión con el presidente partidario. ‘Trapisondas familiares’. “Doctor Alem, debemos ir a las elecciones con la fórmula del Rosario”. Y Alem, ni lento ni perezoso, se mandó un “manifiestazo”: Soy decidido adversario al acuerdo. La cosa se tensionó a más no poder.

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Otoño de árboles desnudos,

Roca renuncia al ministerio, para ponerse en campaña como presidente del PAN. Pellegrini, Presidente de la República, hostiga a gobernadores díscolos. Mitre observa como se viene a pique su popularidad. Alem y Del Valle tienen duras discusiones internas.

Del Valle no quiere aceptar lo evidente, y Alem quiere llevarse como un toro el mundo por delante. Las provincias manejadas por Roca se muestran reticentes a ir con Mitre. Don Bernardo empezó a frecuentar senadores y diputados que les daban garantías contra el acuerdo. Se creyó que el derrumbe del acuerdo auspiciaba el triunfo de una época distinta, de una forma moderna de hacer política, de un patriotismo que finalmente llegase al poder. Pero, enfrente de ese anhelo, seguía estando Roca en pie. Y el ‘Zorro era el Zorro’.

delvalle.roca

La ruptura,

adolfo Saldias

En los primeros días de junio, la ruptura se informaliza. El mitrismo arma rancho aparte, formando Comité de campaña propio. Alem convoca a reunión de Comité Ejecutivo. Del Valle se opone: Debe convocarse al órgano máximo del Partido, es decir, a la Convención. “No me vengas con artilugios legales, ahora, Aristóbulo”.

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Joaquín Castellanos, un abonado de este autor, declama: “Que no nos llamen Radicalismo, ese mote es un calificativo impopular y el que consiga arrojarlo al enemigo, lleva una buena ventaja en la jornada”. Fíjense como de ‘chiripa’ terminamos teniendo nombre. El Comité se reúne el 25 de Junio.

Los mitristas, once en total, se van, en medio de violentas acusaciones. Quedaban 44, y Alem, que preside. Castellanos y el coronel Mariano Espina arengan por la ruptura: Del Valle rechaza, reitera sus argumentos. Se tiran sablazos oratorios. Se vota, 22-22. Alem llama a cuarto intermedio.

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La madrugada del 26 es harto tensa. No hay punto intermedio, y Alem se presenta taciturno, dubitativo, les diría. Hay que volver al recinto del teatro céntrico que albergaba a los cívicos. Del Valle presenta una moción de cuatro puntos. E insiste con convocar a la Convención Nacional para que decida. “La fórmula de enero”, es su propuesta. Castellanos rechaza en absoluto, y se vota: 22-22. Alem tiene que desempatar.

Y Alem vota la ruptura. Seremos la Intransigencia. Del Valle, vencido, renuncia al partido, a su banca en el senado, y a la política. No tiene 45 años, y siente que su vida pública ha terminado.

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Cosas del destino, Yrigoyen votó la propuesta Del Valle. La Convención Nacional debe ser la que resuelva como órgano máximo esta situación. Alem e Yrigoyen, por segunda vez quedaban en posiciones encontradas. No pasó a mayores. Todavía. Luís Sáenz Peña, íntimo amigo de don Bernardo, debe renunciar a la presidencia bonaerense de la UC. Hay que elegirle reemplazo. Unos mozuelos de Rojas traen una propuesta. Una de ellas, hace presidente del partido a Hipólito, con la indudable venia de Alem, arreglo familiares de los que venimos hablando. La otra…

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La Unión Cívica Radical,

 Un cívico llamado Juan Oyhanarte, de la ciudad de Rojas, director del diario “La Verdad”, se llega a Buenos Aires anoticiado de la ruptura. O el hombre entendió mal las palabras de Castellanos, o verdaderamente era un profeta. “Le he puesto al comité intransigente, en divergencias al acuerdo, el aditivo radical”. Yrigoyen lo abraza. El nombre cunde, se propaga, se hace fuego en el alma de los intransigentes que rechazan estruendosamente a Roca y a Mitre.

Alem, ajeno al asunto, poroteando a los convencionales convocados para agosto, recibe a Castellanos en su casa de calle Cuyo, hoy Sarmiento. “Ha visto, doctor Alem, ¿Cómo se nos dice en la calle?”. Alem se irgue. “Ese mote se volverá bandera, Joaquín, ese mote no nos detendrá jamás”.

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El mote se volvió causa, y la Causa se hizo Patria. Aunque Alem, y con él Yrigoyen, seguirán llamando Unión Cívica a secas al movimiento, porque entendían que eran la justa continuación de la reunión del Jardín Florida, el apodo se tornó inmensamente popular. Se hizo Pueblo y se volvió esperanza. Esperanza que germina en comités de todo el país que no se resignan a perder la aureola nacida con Alem y con Hipólito. Aureola en boina y blanca, facón y revolver, Revolución y Democracia, la Unión Cívica Radical.

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Apostillas,

El 15 de agosto, tras largas noches de reunión en Convención, Alem proclamó el programa del Radicalismo, y su fórmula presidencial: Irigoyen- Garro, cívico tucumano de andar por Córdoba. El movimiento regenerador de la Unión Cívica se ha producido levantando como banderas estas cuatro ideas primordiales:

  • Austeridad en la función pública,
  • Libertad electoral,
  • Impersonalismos en la dirigencia, (palabras que traerán tantos dolores futuros),
  • y sentimiento nacional.

El Radicalismo ya tenía con qué enamorar al Pueblo Argentino, y el Pueblo Argentino causa para enderezar su historia. Somos la Nación misma, en busca de su destino.

Lamentablemente, Juan Oyhanarte, padre y abuelo de insignes radicales, no alcanzó a ver el triunfo final de “La Causa”. Fue asesinado por matones conservadores el 1° de marzo de 1896, en las elecciones de ese año. Un saludo, y un recuerdo, al mártir que honró con su vida, una historia que acabamos de contar.

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